“Última batalla del guerrero celta”
Hard Rock/Heavy Metal – Irlanda del Norte
El octavo álbum de estudio de Gary Moore, After the War, se lanzó el 25 de enero de 1989 a través de Virgin Records, cerrando con broche de oro la prolífica etapa hard rockera de los años 80 para el maestro norirlandés. Producido por Peter Collins, este disco supuso la última incursión de Moore en el rock duro convencional antes de sumergirse de lleno en el blues con Still Got the Blues al año siguiente. Para la ocasión, Moore reunió prácticamente al mismo equipo de Wild Frontier(1987), incorporando esta vez a un batería de lujo: Cozy Powell tras los parches, acompañando al fiel bajista Bob Daisley y al multiinstrumentista Neil Carter en teclados y coros. La portada, con fotografía de John Claridge, nos muestra a Moore posando con su guitarra en un escenario de posguerra, una metáfora visual acorde al tono anti-bélico del álbum. Y tras estos detalles previos, ¿nos acompañas a revivir After the War canción a canción, ahora que cumple 37 años?
El disco se abre de forma atmosférica con Dunluce (Part 1), un breve instrumental de aires celtas titulado en honor a un castillo irlandés, que sirve de intro épica antes de desatar la artillería pesada. Acto seguido irrumpe After the War, el tema título, con poderosos riffs y un estribillo grandilocuente apoyado por los teclados de Carter. Moore canta con garra sobre las secuelas de la guerra y la inutilidad del conflicto —“After the war, who will you be fighting for?”cuestiona enfáticamente en la letra—, y la batería de Cozy Powell aporta contundencia marcial al ritmo. Desde el inicio quedan claras las virtudes del álbum: producción pulida de enfoque melódico pero con la guitarra de Gary siempre al frente, combinando la destreza técnica con feeling en cada solo, y una voz entregada que, sin ser su faceta más famosa, transmite la emoción necesaria a cada canción.
Con Speak for Yourself aumenta la intensidad: es un corte de hard rock directo, acelerado y de espíritu combativo, en el que Moore deja uno de los riffs más aguerridos del disco. Aquí la base rítmica Daisley/Cozy Powell brilla por su eficacia, sosteniendo la canción con solidez mientras Gary lanza punteos eléctricos. El estribillo es pegadizo y desafiante, y cuenta con coros potentes (incluyendo la voz grave de Andrew Eldritch, vocalista de The Sisters of Mercy, como curiosidad). Tras ese arranque arrollador, Livin’ on Dreams aporta un matiz más melódico y accesible. No en vano fue uno de los singles tardíos del álbum, mostrando un lado más AOR en su estructura. Con un ritmo más moderado y letra optimista sobre perseguir sueños, esta canción se queda a medio camino entre balada y medio tiempo rockero, con un estribillo amable y tarareable. Moore adorna el tema con un solo lleno de feeling, recordándonos que puede ser virtuoso sin sacrificar la emotividad.
Uno de los momentos más destacados llega con Led Clones, sátira divertida y mordaz en la que Gary Moore parodia a aquellos grupos de finales de los 80 acusados de imitar a Led Zeppelin (como Kingdom Come). Musicalmente, Moore recrea un sonido al estilo Zeppelin – riffs pesados y cadencia hard rock clásica – pero dándole su toque personal. La guinda la pone Ozzy Osbourne compartiendo las voces principales; sí, el mismísimo Madman participa aquí como invitado de lujo, añadiendo su inconfundible timbre en un dueto único. El resultado es un tema vacilón y potente a la vez, con violines incluidos y un coro coreable que sacará una sonrisa a quienes capten las referencias. En contraste, The Messiah Will Come Again nos muestra el lado más emotivo e instrumental de Moore: se trata de una versión del guitarrista blues-rock Roy Buchanan, una pieza totalmente instrumental donde Gary deja que su guitarra “hable” y transmita sentimiento puro. Sobre una base lenta y atmosférica, Moore exprime cada nota con pasión y maestría, logrando un corte casi místico que pone los pelos de punta y anticipa, de cierta forma, el camino bluesy y sentimental que emprendería en sus trabajos posteriores.
En la recta final del álbum encontramos temas que exploran distintos matices del hard rock. Running from the Stormrecupera la velocidad y energía: es un trallazo de hard rock/metal melódico muy en la onda de los 80, con Neil Carter doblando a los coros y teclados discretos pero efectivos. Aquí Gary vuelve a desatar su faceta más heavy, recordando por momentos a su anterior Run for Cover en el frenético solo y en la potente base rítmica que sostiene toda la canción. Por su parte, This Thing Called Love aporta un respiro fiestero y desenfadado; es un tema de hard rock de corte más americano, con un groove contagioso que evoca a Van Halen en sus momentos más alegres. Moore demuestra versatilidad, entregando riffs rockeros con sabor añejo y un estribillo divertido, mientras intercala licks de guitarra llenos de picardía. Sin perder la coherencia del álbum, esta canción añade variedad y demuestra que Gary también sabía pasarlo bien entre tanta épica bélica.
Ready for Love mantiene ese toque americano, acercándose incluso al boogie hard rock de unos ZZ Top ochenteros. Fue otro de los singles destacados, con su ritmo medio tiempo bien marcado por el bajo de Daisley y una melodía muy pegajosa. La voz de Moore aquí suena más suave y bluesera, preludiando quizás su transición inminente al blues. El solo de guitarra, sin embargo, sigue destilando puro rock y encaja a la perfección con el aire seductor de la canción. Y llegando al clímax emocional del disco, nos encontramos con Blood of Emeralds. Este tema épico de más de 8 minutos es una sentida carta de amor a Irlanda (la “tierra de esmeraldas”) y un homenaje directo al gran Phil Lynott, amigo y ex compañero de Moore en Thin Lizzy. La canción combina pasajes melódicos y nostálgicos con arranques de fuerza, mientras Gary canta sobre recuerdos compartidos y la pérdida de ese hermano de sangre verde. “You lived each day like there was no tomorrow… in your eyes all I could see was sorrow”, confiesa Moore con la voz cargada de emoción en uno de los versos más conmovedores. Musicalmente, “Blood of Emeralds” también destila ese aroma celta en algunos fraseos y coros, conectando con la esencia que Moore ya mostrara en Wild Frontier. El solo de guitarra aquí es de los mejores del álbum: sentido, largo, lleno de matices, como si Gary estuviera despidiendo a su amigo a través de las seis cuerdas. Sin duda, un final apoteósico en lo artístico y en lo personal.
Para cerrar el círculo, Dunluce (Part 2) despide el álbum tal como empezó, con otra pieza instrumental de corte celta que sirve de epílogo. Es un outro sereno y bello, casi cinematográfico, que nos va bajando el telón después de tanta intensidad. Cuando termina, uno se queda con la sensación de haber viajado por un carrusel de estilos y emociones: desde la rabia antibélica y la furia del hard rock hasta la nostalgia y el sentimiento a flor de piel.
After the War fue en su día un disco de transición y despedida a la vez. Moore puso aquí toda la carne en el asador, entregando un trabajo variado y muy completo que, visto con perspectiva, cierra magistralmente su etapa rockera de los 80. No intentó hacer un Wild Frontier parte II; al contrario, optó por un enfoque más directo en algunas canciones, sin renunciar a sus raíces celtas ni a experimentar con diferentes sonoridades. El resultado es un álbum que quizás no tuvo el éxito comercial masivo de otras obras (ya asomaban nuevos tiempos y corrientes en el rock a finales de los 80), pero que conquistó a sus seguidores europeos –fue Top 5 en países como Alemania y Suecia– y se ha ganado con los años el estatus de clásico de culto. 37 años después, After the War sigue sonando fresco y auténtico: los temas más cañeros han aguantado muy bien el paso del tiempo, y las piezas melódicas y emotivas continúan erizando la piel. Probablemente los fans que crecimos con el Moore guitarrero sentimos algo agridulce al despedir esta faceta suya, pero también reconocemos que no pudo haber mejor cierre de capítulo. Gary Moore se despidió del Hard Rock a lo grande con este álbum, para luego renacer como un mago del blues. Y aunque la “guerra” terminara en 1989, este disco nos recuerda que el legado rockero de Moore permanece vivo, combatiendo el olvido con riffs inmortales y emocionándonos como el primer día.
Canciones:
Dunluce (Part 1)
After the War
Speak for Yourself
Livin’ on Dreams
Led Clones (voz compartida con Ozzy Osbourne)
The Messiah Will Come Again (instrumental, versión de Roy Buchanan)
Running from the Storm
This Thing Called Love
Ready for Love
Blood of Emeralds
Dunluce (Part 2)
Gary Moore 1989:
Gary Moore – Voz principal y guitarra
Neil Carter – Teclados y coros
Bob Daisley – Bajo
Cozy Powell – Batería

