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«Salvaje, provocador y eterno»

Heavy Metal – EE. UU.

Escrita por Crom

Cuarenta años han pasado desde que W.A.S.P. nos diera la última orden con su segundo álbum The Last Command, lanzado un 9 de noviembre de 1985. Solo había transcurrido poco más de un año desde su explosivo debut W.A.S.P.(1984), aquel disco que nos voló la cabeza con himnos como I Wanna Be Somebody y L.O.V.E. Machine, poniendo a Blackie Lawless y compañía en el mapa del Heavy Metal. La banda angelina regresaba en el 85 por todo lo alto, bajo la producción de Spencer Proffer (famoso por el Metal Health de Quiet Riot) y con formación renovada: entraba el baterista Steve Riley (ex-Keel) aportando pegada y contundencia tras la marcha de Tony Richards, mientras que este sería el último disco con el guitarrista fundador Randy Piper en sus filas. Junto al carismático y estrafalario Blackie Lawless (voz y bajo) y el imponente Chris Holmes a la guitarra, W.A.S.P. grabó un álbum que combinó a la perfección la crudeza shock rock de sus inicios con un sonido más pulido y melódico. La portada ya lo decía todo: Blackie posando desafiante, ondeando una bandera con el logo ensangrentado de la banda, como proclamando que venían a conquistar el mundo… Que él venia a conquistar el mundo. Y vaya si lo hicieron: este disco alcanzó el #49 en Billboard y con el tiempo sería Disco de Oro, demostrando que tras la polémica imagen (eran blanco de la censura del PMRC por sus letras subidas de tono) había calidad y garra para dar y tomar.

Entrando en materia, The Last Command arranca con uno de los mayores clásicos de la banda. Wild Child abre el disco con esa vibra libre y rebelde, un medio tiempo heavy con alma de himno motero que te invita a sentir el viento en la melena. Las guitarras de Chris Holmes y Randy Piper tejen un sonido expansivo, y aparece Blackie Lawless con su inconfundible voz rasposa y salvaje, aullando «I’m a wild child, come and love me». ¡Cómo me gusta este tema! El estribillo es de esos que se te quedan grabados a fuego, melódico pero cargado de actitud, ideal para cantarlo a voz de cuello. Además, trae un solo de guitarra espectacular que pone la guinda.  Tras ese inicio inmejorable, el disco acelera y endurece con Ballcrusher y Jack Action, dos trallazos macarras y cañeros marca de la casa. Aquí la base rítmica de Steve Riley mete caña sin piedad con doble bombo y redobles agresivos, mientras Holmes y Piper se lucen con riffs pegajosos y esos coros de pandilla ideales para cantar con una cerveza en alto. Son temas gamberros y divertidos, puro heavy ochentero desenfrenado.

Pero W.A.S.P. también sabía escribir sobre algo más que fiesta y mujeres: ahí está Fistful of Diamonds, que brilla con luz propia. En esta canción Blackie habla sobre la codicia y la locura por el dinero, con una letra que pone el dedo en la llaga sobre los excesos de la riqueza (¿quién dijo que estos chicos no tenían mensaje?). “Money makes me crazy, money drives me insane… I want a fistful of diamonds”, canta Blackie con fiereza, y el tema suena precisamente a eso: ambición desmedida hecha música. Musicalmente tiene uno de los riffs más potentes del disco y un estribillo ambicioso como su título, imposible no cantar ese “fistful, fistful of diamonds” mientras flipas con el feeling del solo de guitarra. Es quizá menos conocida que los singles, pero a mí siempre me ha parecido de las más sólidas del álbum, diferente en su temática y con una garra tremenda que demuestra la versatilidad de la banda. Para cuando llegamos al ecuador del disco, W.A.S.P. nos tiene bien agarrados, y entonces deciden llevarnos de juerga al viejo oeste. Blind in Texas es el himno fiestero por antonomasia del grupo: un medio tiempo hard rockero aderezado con cowboys, Jack Daniel´s y mucho sentido del humor. Arranca con ruido de bar y campanas de armonica, y enseguida Blackie entra desgañitándose sobre resacas infernales en el desierto tejano. El riff es sencillo pero efectivo, de esos que hacen mover la cabeza sin darte cuenta, y el estribillo… ¡madre mía, qué estribillo! “I’m blind in Texas!” grita Blackie, y responden los coros juerguistas de fondo “Texas!”, creando uno de los momentos más divertidos y coreables del disco.  Con su rollo desenfadado, este tema se ganó un puesto de honor: fue single, tuvo un videoclip memorable rotando en la MTV (con la banda de parranda con indios y vaqueros, pura diversión),.

Pero no todo iba a ser desenfreno; la banda también sabe ponernos los pelos de punta bajando las revoluciones. Cries in the Night aporta el toque más oscuro y emotivo del álbum. Ya habíamos tenido Widowmaker antes mostrando el lado dramático de Blackie, pero personalmente esta canción me llega más adentro. Comienza suave, casi susurrando, con unas guitarras arpegiadas que crean atmósfera, y Blackie Lawless cantando en un tono más contenido, transmitiendo una sensación de desolación. La letra nos habla de alguien al borde del abismo, «oyendo llantos en la noche» y luchando por no rendirse a la locura de sus propios demonios. Es una balada heavy atípica, muy melancólica y con un punto tenebroso; por momentos incluso coquetea con un aire doom ligero entre solos sentidos y la batería marcando un pulso contenido. Blackie pone toda su alma en la interpretación, demostrando que detrás de la imagen de tipo duro también había vulnerabilidad. Puede que en su día no fuera la canción más famosa del álbum, eclipsada por los temas más fiesteros, pero con los años muchos fans la han reivindicado. Yo entre ellos, porque este corte le da al disco una profundidad emocional que pocos grupos de su escena se atrevían a mostrar entonces. Eran los ´80, y había que ser muy duro si eras heavy, jaja.

El tramo final de The Last Command remata la faena por todo lo alto. Primero tenemos la canción título, The Last Command, que es otro momentazo a destacar. Aquí la banda entrega un medio tiempo poderoso con un feeling épico: tiene un aire marcial en la base rítmica y un Blackie casi arengando a las huestes metaleras con ese estribillo grandilocuente. Las guitarras de Holmes y Piper atruenan al unísono creando un muro de sonido, y el coro tiene ese rollo de himno de batalla que te eriza la piel. No me extraña que muchos la consideren de las mejores de W.A.S.P. (hay quien dice que es su segunda mejor canción, solo por detrás de Hellion, casi nada). Después, enlazan con Running Wild in the Streets, que acelera el tempo de nuevo y nos pone a mil por hora. Es un corte rockero y macarrón, con ese estribillo sencillo y efectivo, y aquí hay un detalle curioso: en los coros de fondo colaboraron Carlos Cavazo y Chuck Wright (guitarrista y bajista de Quiet Riot, colegas de la banda y del productor Spencer Proffer). Un guiño entre bandas de la época que los muy frikis apreciamos, y que le añade aún más buen rollo a la canción. Para cerrar, los angelinos nos sueltan Sex Drive, la más gamberra de todas: riff vacilón, letra pícara y provocadora (muy en la línea shock rock sexual que les dio fama) y un Blackie desatado invitándonos a este último “viaje” lleno de lujuria y risas. Sex Drive cierra el álbum dejándonos con una sonrisa malvada en la cara y con ganas de más, mucho más. Es un final de disco por todo lo alto, encadenando tres trallazos que no dan tregua y que te dejan la adrenalina a tope.

A modo de conclusión, solo puedo quitarme el sombrero (o mejor dicho, el sombrero tejano lleno de calaveras que llevaría Blackie 😜) ante The Last Command. Este álbum fue recibido con entusiasmo por los fans en su día – no olvidemos que gracias a él W.A.S.P. se coló en las listas y se fue de gira a lo grande, abriendo para KISS en estadios y llevándose de calle a todo el que les veía. La crítica “seria” quizá nunca les dio el crédito que merecían por prejuicios hacia su imagen provocativa, pero el tiempo pone cada cosa en su lugar: The Last Command es hoy por hoy un clásico indiscutible del Heavy Metal de los 80. Su impacto histórico se nota en muchas bandas que han citado a la banda como influencia, en cómo esos coros de Wild Child o Blind in Texas siguen sonando en bares de rock y en playlists de todo buen metalero que se precie. Blackie Lawless, único miembro original que aún mantiene vivo al grupo, sigue girando (problemas de espalda mediante, el tío es duro de roer) y en sus conciertos actuales no pueden faltar varias de estas joyas, coreadas por varias generaciones de fans. Y es que The Last Command, cuatro décadas después, suena tan fresco y potente como en 1985. Pocos discos capturan tan bien la esencia de una era: aquí tienes rebeldía, himnos pegadizos, excesos ochenteros y también sentimiento y calidad compositiva. Por todo ello, se merece un puesto de honor en nuestra sección de Discos 10

Canciones:

Wild Child

Ballcrusher

Fistful of Diamonds

Jack Action

Widowmaker

Blind in Texas

Cries in the Night

The Last Command

Running Wild in the Streets

Sex Drive

W.A.S.P. son:

Blackie Lawless – Voz principal y bajo

Chris Holmes – Guitarras

Randy Piper – Guitarras, coros

Steve Riley – Batería, coros

Carlos Cavazo (Quiet Riot) – Coros en «Running Wild in the Streets»

Chuck Wright (Quiet Riot) – Coros en «Running Wild in the Streets»

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