
«La nostalgia dosmilera está en auge y The Rasmus no han querido perderse la fiesta»
Crónica por PolMetalhead, Fotos oficiales de la banda
The Rasmus no son el estilo que suelo escuchar normalmente. Yo vengo del heavy metal, ese es mi terreno, y esto es casi pop-rock. Dicho esto, me gustan mucho y al ver que venían a Barcelona no me lo pensé dos veces. Una pena que en un principio iban a venir con teloneros pero finalmente no fue así. Aun así cumplieron con creces.
Los capitaneados por Lauri Ylönen abrieron cerca de las 20:30 con «Break These Chains» y quedó claro enseguida que en directo son otra cosa: más pesados, más crudos, con un punto metalero que en el disco no se nota tanto. Siguieron con «Guilty» y «No Fear» manteniendo ese pulso alto, y con «Time to Burn» y «Justify» el concierto fue subiendo de marchas.
«Bullet», «Still Standing» y «Shot» llegaron una tras otra, sin apenas respiro, manteniendo ese toque más metalero que tanto me sorprendió. «Rest in Pieces» e «Immortal» fueron las siguientes en caer tirando de esa energía. Mantuvieron el ritmo hasta que con «October & April» bajó el ritmo justo lo necesario. Un respiro melódico antes de que «First Day of My Life» volviera a hacer estallar la sala entera. Se notaba mucho cuando tocaban temas de su disco Dead Letters.
Con «Creatures of Chaos» y «Not Like the Other Girls» llegó el tramo más nuevo del show, la carta de presentación de Weirdo, su último trabajo de estudio. Que, la verdad, aguantó bien el tipo al lado de los clásicos. «F-F-F-Falling» nos llevó de vuelta a los The Rasmus de los años 2000. Volviendo con «Banksy» a la etapa más reciente. Tras estas llegaba el momento de escuchar uno de mis temas favoritos de la banda, y a juzgar por el recibimiento también el de muchos, «Livin’ in a World Without You».
Ahora «In My Life» que fue el previo perfecto para lo que venía. Y lo que venía era ni más ni menos que «In the Shadows». El punto álgido de la noche sin discusión. Un tema que es el himno de una generación y que marcó una época, con este llegaron al estrellato. La atmósfera en este punto se sentía eléctrica.
Cerraron la primera parte del show con «Weirdo», dándole al disco nuevo el cierre que se merecía. Volvieron para los bises con «Sail Away», y remataron finalmente un concierto muy notable con «Love Is a Bitch».
Fue en ese tramo final donde pasó lo más curioso de la noche: Eero, el bajista, contó que antes siempre se lanzaba a hacer crowdsurfing con el público, que llevaba tiempo sin hacerlo, y esa noche lo hizo. Se tiró y la gente lo llevó en volandas por toda la sala. Mención aparte merece el bolazo que se marcó su guitarrista Emppu, que lleva en la banda desde 2022 y es una máquina.
Me gustaría destacar la duración de cerca de 1 hora y 45, raro para bandas de este estilo. Gran espectáculo de una banda que, gustándome, no había seguido mucho nunca pero que después de este bolazo deberé tener en el punto de mira.

