“Boll, el regreso del desastre”

Escrita por Christian Darchéz

Calificación: 2/10 – Género: acción

Con la nueva peli del sucesor de Ed Wood —y me refiero al director alemán y responsable de arruinar en el pasado varias sagas muy queridas de videojuegos con las pelis más horribles jamás hechas— pasaron cosas muy locas en el camino, y mucho más interesantes que la peli en sí. Primero es que, en su Alemania natal, la peli fue prohibida, dado que la consideraron demasiado violenta y ofensiva contra los inmigrantes, por lo que Boll recurrió a los tribunales, en los que terminó perdiendo, y calificó el hecho como una “censura política”. Es acá donde entra el magnate ultraderechista y mejor amigo de Donald Trump, Elon Musk, que, aparentemente, no le importó que Boll en la peli, sin ninguna sutileza, trate de “inútil” a Trump: le dio el visto bueno al director para que la compartiera completa en X (ex-Twitter, para el despistado), para que fuera descargada de forma gratuita durante 48 horas. El boca a boca convirtió no solo a la peli en la nueva sensación, sino que hizo que, de la noche a la mañana, Boll pasara de ser uno de los directores más odiados del cine a ser el representante del cine más políticamente incorrecto y antiwoke. En lo personal, aunque no comulgo para nada con la agenda de corrección política que aún prima en Hollywood, debo decir que, con películas como este mamarracho llamado Citizen Vigilante como alternativa antiwoke, estamos al horno.

La trama tiene a Sanders (Armie Hammer), un exsoldado que, cansado de la inseguridad, los casos de homicidios y violaciones por parte de los inmigrantes, como de la inacción de las autoridades, decide hacer justicia por mano propia, liquidando él mismo tanto a inmigrantes como a jueces garantistas que liberan a criminales como si nada. Está bien, puedo llegar a entender que mucha gente crea que la gran mayoría de los inmigrantes cometen delitos —tanto menores como graves—, y esto se debe también a que muchos medios de derecha tienden a exagerar cifras, dejando de lado crímenes cometidos por ciudadanos locales, o que otra gente crea que se trata de sesgo y estigmatización alimentados por medios afiliados a la izquierda, que tienden a minimizar o directamente dejar pasar ciertos hechos, como, por ejemplo, crímenes entre gente de la comunidad LGBT. Es todo un tema para hablar largo y tendido, pero es interesante lo que plantea la premisa. El problema es que a la peli la dirige Uwe Boll. Citizen Vigilante es el sueño húmedo de todo antiwoke, puesto que tenemos a un protagonista que mata gente, tanto a los que él considera el cáncer a extirpar como a policías que solo están haciendo su trabajo; insta a la gente a que haga algo para cambiar las cosas; contrata prostitutas y pretende desalojar a gente que no le paga la renta y a la que, si a lo mejor está mal económicamente, quiere darle una patada en el culo. Desde el lado de la actuación, Hammer —que viene cancelado en Hollywood por supuestas acusaciones de canibalismo— interpreta a un sucedáneo de lo que fue Charles Bronson en el pasado con las pelis de Death Wish o el mismo Frank Castle/Punisher, y, aunque nunca se caracterizó por ser un actor de grandes dotes, hace lo que puede con el guion pobre con el que le tocó trabajar. El principal problema de la peli es que su dirección es horrible: Boll propone una narración no lineal, con varios saltos en el tiempo, como si se tratase de un Paul Thomas Anderson pasado de LSD, y tomas largas y aburridas que se podían haber resuelto en pocos segundos. Un recurso que Nicolas Refn —director que tampoco es santo de mi devoción— maneja mucho mejor. Costas Mandylor, que es un actor más experimentado que Hammer, está prácticamente pintado al óleo en casi toda la peli y su participación no tiene razón de ser. Desde los aspectos técnicos, puedo entender que se hizo con muy poca plata y que se vea cutre es casi una excusa, pero las pocas escenas de acción que tiene la peli son bastante pobres en su ejecución. Visto desde esa perspectiva, el poco presupuesto no es una excusa, ya que Isaac Florentine, en la productora Millennium, suele manejar presupuestos muy acotados, pero es todo un iluminado a la hora de rodar escenas de acción, cosa que Boll está muy lejos de ser. A eso sumémosle la falta de sutileza de Boll con el mensaje que propone con la peli y las estadísticas que brinda el director al final de la misma, cuyo método de redacción parece copiado de algún informe de La Derecha Diario —un medio afiliado al Gobierno de Javier Milei—. Vuelvo a repetir: la intención de visibilizar una problemática real fue noble; el problema es cómo Boll la llevó a cabo.

La peli, pese a todo, está teniendo una buena recepción y lleva recaudados unos 67 millones de dólares en las plataformas de streaming on demand, lo que podría significar el mayor logro para el director alemán en toda su mediocre carrera. No lo voy a negar: Citizen Vigilante, aun con todo eso, podía haber sido una buena peli, pero, en su lugar, se trata de otra muestra enorme de incompetencia por parte de Boll como narrador y ahora como comunicador social. Y no me vengan con boludeces como: “¡Ay, sos de la generación de cristal!”, ya que, por ejemplo, la secuela políticamente incorrecta de Shaft (2019) estuvo mucho mejor hecha y hasta fue más entretenida, cosa que Citizen Vigilante está a años luz de ser…

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