
Hoy cumple años Fortu, vocalista y compositor de Obús; Judas priest publica el single «Diamonds & Rust»; se lanzan «Long Way Home», el octavo álbum de estudio de Dokken, «Power of the Dragonflame», el quinto álbum de Rhapsody Of Fire y Black Label Society lanza The Blessed Hellride en 2003.
Fortu Sánchez: voz irreverente del heavy estatal
Fructuoso “Fortu” Sánchez no es solo el cantante de Obús: es, directamente, uno de los rostros más icónicos del heavy metal español. Nacido en Burgos en 1954 pero criado en Vallecas, su historia es inseparable de la España obrera de finales del franquismo y la transición. En un barrio duro, marcado por la precariedad y la calle, la música fue su salvavidas. Una guitarra en su infancia canalizó su energía y lo apartó de un entorno complicado, marcando el inicio de una vocación que acabaría definiendo toda una escena.
Desde muy joven empezó a tocar en bandas como Nudo o Luz, pero su verdadero salto llegó cuando empezó a componer y encontró a los músicos con los que formaría Obús. En 1981 nace la banda, en pleno auge del heavy metal en España, y desde el primer momento Fortu se convierte en su gran bandera. No era solo una voz potente: era actitud, calle y conexión directa con el público. Su forma de cantar —rasgada, directa, sin artificios— encajaba perfectamente con letras que hablaban de vida cotidiana, rebeldía y supervivencia.
Los primeros años de Obús fueron explosivos. Discos como Prepárate, Poderoso como el trueno o El que másconsolidaron a la banda como uno de los pilares del heavy estatal, rivalizando directamente con Barón Rojo. Su directo era puro espectáculo: escenarios grandes, actitud desafiante y una energía que arrasaba. Fortu se convirtió en el frontman perfecto: provocador, carismático y cercano, capaz de liderar masas sin perder ese aire de tipo de barrio que nunca olvidó sus raíces.
Más allá del éxito, su figura representa también una manera de entender el rock. Mientras otras bandas buscaban internacionalizarse cantando en inglés, Obús —y Fortu como voz visible— defendieron el castellano como idioma del heavy, conectando con el público local de una forma mucho más directa. Esa decisión marcó su identidad y ayudó a construir una escena propia, con personalidad y orgullo.
Como muchos pioneros del género, vivió el declive del heavy en los años 90. Obús se disolvió temporalmente y Fortu exploró nuevas etapas, incluyendo su paso por Saratoga y proyectos en solitario. Pero nunca se desligó del todo del metal: en 1996 regresó con Obús, demostrando que su vínculo con la banda y con el público era indestructible.
Su carrera también ha tenido un lado inesperado: su exposición mediática en televisión y su faceta más personal. Lejos de diluir su imagen, esto lo convirtió en un personaje aún más cercano y humano, acercándolo a nuevas generaciones que quizá no vivieron la explosión del heavy en los 80. Aun así, sobre el escenario sigue siendo el mismo: intensidad, entrega y verdad.
Con más de cuatro décadas de trayectoria, Fortu representa algo más que música: es símbolo de resistencia. Mientras muchos contemporáneos desaparecieron, él ha seguido activo, girando, grabando y defendiendo el rock con la misma pasión. Su legado no está solo en los discos, sino en la actitud que transmitió: la de una generación que encontró en el heavy una forma de identidad, orgullo y libertad.
Hoy, Fortu sigue siendo eso: la voz irreverente del heavy estatal, un frontman de los de antes, de los que no se fabrican… se forjan.
Judas Priest y su legendaria versión de «Diamonds & Rust»
En abril de 1977, Judas Priest sorprendió al publicar como sencillo «Diamonds & Rust», adaptación del clásico de Joan Baez. La banda había grabado una primera versión en 1975, pero el productor Roger Glover insistió en volver a registrarla para el álbum Sin After Sin. El resultado transformó la balada folk en un himno metálico: guitarras afiladas, batería contundente y un Rob Halford inspirado hicieron de este tema uno de los mejores «covers» del heavy metal. La propia Joan Baez se declaró admiradora de la reinterpretación. Desde entonces la canción se ha mantenido en los repertorios en vivo de Judas Priest, incluso en formato acústico, y ha aparecido en numerosos recopilatorios.
Dentro de las versiones que se han realizado la más conocida es la que grabó la banda de heavy metal Judas Priest para el disco Sin After Sin de 1977, del cual se extrajo como sencillo. Originalmente se había grabado en las sesiones del álbum Sad Wings of Destiny a fines de 1975, pero fue descartada casi al final de la producción. Sin embargo, en 1977 cuando se registraba el álbum Sin After Sin, el productor Roger Glover decidió regrabar dicha versión ya que la consideró buena para el listado de canciones.
Desde entonces el tema ha sido considerada como uno de sus mejores covers y se ha incluido en varios álbumes recopilatorios y en álbumes en vivo como es el caso de Unleashed in the East de 1979. Durante los últimos años la banda ha grabado una versión acústica que generalmente es tocada en vivo. Cabe señalar que en la edición española, las canciones fueron tituladas en el idioma español como «Diamantes y Moho» y «Disidente Agresor».
En una entrevista a Joan Báez se le consultó sobre esta versión y mencionó:
¡La amo!, estaba tan sorprendida cuando la escuché por primera vez que me dije esta es una maravilla. Es muy raro que la gente versione mis canciones, tal vez por un par de razones. Una de ellas es porque son muy personales, que no tienen la calidad universal de otros artistas. Pero siempre es halagador cuando alguien lo hace.
Dokken regresa a sus raíces con Long Way Home (2002)
El 23 de abril de 2002, Dokken publicó Long Way Home, su octavo álbum de estudio y un trabajo clave dentro de su etapa moderna. Tras los experimentos de finales de los 90, especialmente con Shadowlife, la banda buscaba reencontrarse con su esencia, aunque el resultado fue un disco que combinaba nostalgia, madurez y cierta búsqueda de identidad en una nueva década.
Grabado entre 2001 y 2002 y producido por el propio Don Dokken, el álbum presentaba una formación renovada: el guitarrista sueco John Norum (Europe) y el bajista Barry Sparks se unían al núcleo formado por Don Dokken y Mick Brown. Este cambio aportó un aire distinto al sonido de la banda, especialmente en las guitarras, donde Norum imprimió un estilo más melódico y clásico, alejado del virtuosismo agresivo de la etapa con George Lynch.
Musicalmente, Long Way Home se mueve entre el hard rock melódico característico de Dokken y un enfoque más suave y accesible, reflejo de los tiempos y de la evolución personal de Don Dokken. Temas como «Sunless Days», «Little Girl» o «Magic Road» muestran esa dualidad: riffs reconocibles, pero con una producción más pulida y menos agresiva que en los años dorados. El disco también incluye la versión de «Heart Full of Soul» de The Yardbirds, un guiño al pasado del rock que encaja perfectamente con el tono general del álbum.
A pesar de que muchos fans esperaban un regreso más contundente al sonido ochentero, el álbum refleja algo más profundo: una banda que ya no necesita demostrar nada y que opta por una aproximación más introspectiva. Las letras, más personales, hablan de paso del tiempo, relaciones y reflexión, alejándose de la temática más juvenil de sus primeros trabajos.
En términos comerciales, el disco tuvo un impacto moderado, con unas 410.000 copias vendidas en todo el mundo, lo que evidencia que Dokken seguía teniendo una base sólida de seguidores, aunque lejos del éxito masivo de los años 80. Aun así, Long Way Home consolidó la continuidad de la banda en el nuevo milenio y sentó las bases para su siguiente etapa.
Con el paso del tiempo, este álbum ha sido revalorizado por muchos seguidores como una obra honesta, quizá menos explosiva, pero sincera. No es el Dokken más salvaje, pero sí uno más maduro: una banda que mira atrás sin renegar de su legado, pero que también acepta el paso de los años y evoluciona con él.
En definitiva, Long Way Home no fue tanto un regreso triunfal como una declaración de resistencia: Dokken seguía en pie, adaptándose a los nuevos tiempos sin perder del todo su identidad.
Rhapsody of Fire culmina su saga con Power of the Dragonflame (2002)
El 23 de abril de 2002 (tras su edición europea en marzo), los italianos Rhapsody —posteriormente conocidos como Rhapsody of Fire— publicaban Power of the Dragonflame, su quinto álbum de estudio y el capítulo final de la mítica “Emerald Sword Saga”, una de las historias conceptuales más ambiciosas jamás desarrolladas dentro del power metal.
Este disco no solo cerraba una saga iniciada en 1997 con Legendary Tales, sino que representaba la culminación de todo el estilo que la banda había ido perfeccionando durante años: una mezcla explosiva de power metal veloz, influencias neoclásicas y arreglos sinfónicos grandilocuentes.
Musicalmente, Power of the Dragonflame es probablemente el trabajo más completo y maduro de aquella primera etapa. Aquí Rhapsody logra equilibrar todos sus elementos característicos: riffs rápidos, solos virtuosos de Luca Turilli, teclados orquestales de Alex Staropoli y la poderosa voz de Fabio Lione. Pero además introduce un tono más oscuro y agresivo que en entregas anteriores, con canciones como «When Demons Awake», donde incluso experimentan con matices cercanos al black metal sin perder su esencia épica.
El disco está repleto de momentos clave dentro del power metal sinfónico:
«Knightrider of Doom» y «The March of the Swordmaster» destacan por su velocidad y energía;
«Lamento Eroico» muestra una faceta más emotiva y melódica;
y el tema título «Power of the Dragonflame» funciona como uno de los grandes himnos de la banda.
Pero el punto culminante llega con «Gargoyles, Angels of Darkness», una pieza de casi 20 minutos que cierra tanto el álbum como la saga. Este tema resume todo el universo creado por la banda: narración, coros épicos, cambios de ritmo y un desarrollo casi cinematográfico que conecta todos los capítulos anteriores en un final grandioso.
La producción, a cargo de Sascha Paeth y Miro, eleva aún más el resultado con coros sinfónicos, instrumentos clásicos y una atmósfera que acerca el disco más a una banda sonora que a un álbum convencional de metal. Esto ayudó a definir el sonido del power metal sinfónico moderno, influyendo en decenas de bandas posteriores.
Con el paso del tiempo, Power of the Dragonflame ha sido reconocido como uno de los grandes discos del género, llegando incluso a ser considerado entre los mejores álbumes de power metal de todos los tiempos.
Tras este lanzamiento, la banda cerró una etapa y comenzó una nueva saga conceptual, demostrando que su ambición creativa no tenía límites. Pero para muchos fans, este álbum sigue siendo el punto álgido de su carrera: el momento en el que Rhapsody llevó su propuesta épica, fantástica y desbordante al máximo nivel posible.
En definitiva, Power of the Dragonflame no es solo un disco: es el final de una leyenda dentro del metal, una obra que convirtió la fantasía en música y el power metal en pura épica.
2003 – Black Label Society lanza The Blessed Hellride
El 22 de abril de 2003, Black Label Society publicaba The Blessed Hellride, su cuarto álbum de estudio y uno de los trabajos más representativos de la banda liderada por Zakk Wylde. Tras el intenso 1919 Eternal del año anterior, este disco supuso un paso adelante en cuanto a cohesión, identidad y madurez dentro del sonido del grupo.
Grabado entre 2002 y 2003 y producido por el propio Wylde, el álbum mantiene la base de heavy metal con influencias de southern rock y groove, pero introduce una mayor variedad de matices. The Blessed Hellride combina canciones pesadas y directas como «Stoned and Drunk» o «Doomsday Jesus» con temas más melódicos y reflexivos como «Dead Meadow» o la propia «The Blessed Hellride» . Esta dualidad se convertiría en una de las señas de identidad del sonido de Black Label Society en adelante.
Uno de los grandes momentos del disco es «Stillborn», el single más conocido del álbum, que cuenta con la colaboración de Ozzy Osbourne en los coros. Aunque su nombre no pudo utilizarse en la promoción por cuestiones contractuales, su participación quedó acreditada en el libreto y aportó un valor simbólico enorme, reforzando el vínculo entre Wylde y el universo de Ozzy . La canción se convirtió en uno de los temas más populares de la banda y ha permanecido como pieza clave en sus directos.
Musicalmente, el álbum refleja una evolución importante en la composición de Wylde. Sin abandonar los riffs pesados ni su característico uso de armónicos, el guitarrista apuesta por estructuras más accesibles y una mayor carga emocional. La influencia de Black Sabbath sigue presente, pero se mezcla con elementos de hard rock clásico e incluso toques acústicos y melancólicos que amplían el espectro sonoro del grupo.
Otro aspecto destacable es la versatilidad instrumental de Wylde, que en este trabajo vuelve a encargarse de múltiples funciones: guitarras, voz, bajo e incluso piano, acompañado únicamente por el batería Craig Nunenmacher . Esto refuerza el carácter personal del álbum, prácticamente concebido como una extensión directa de su visión artística.
Con una duración cercana a los 45 minutos, The Blessed Hellride es un disco compacto, sin apenas relleno, que muchos fans consideran uno de los más sólidos de su discografía. Supuso además la consolidación definitiva de Black Label Society como una banda con identidad propia dentro del metal contemporáneo, alejándose progresivamente de la sombra de Ozzy para establecer su propio legado.
Con el paso del tiempo, este álbum ha quedado como una referencia dentro del catálogo de Wylde: un equilibrio perfecto entre crudeza, melodía y actitud. No solo reafirmó el rumbo del grupo, sino que definió el sonido que marcaría sus trabajos posteriores.
En definitiva, The Blessed Hellride no fue solo otro disco más en la carrera de Black Label Society: fue el momento en el que Zakk Wylde encontró el punto exacto entre fuerza y emoción, consolidando un estilo que aún hoy sigue siendo reconocible al primer acorde.
Otras efemérides rockeras de este día
- 1976 – KISS obtiene disco de oro por Destroyer. Su cuarto álbum de estudio, producido por Bob Ezrin, alcanzó rápidamente medio millón de copias gracias a clásicos como «Detroit Rock City» y la balada «Beth».
- 1996 – Stratovarius publica Episode. Quinto disco de los finlandeses, primero con Jens Johansson y Jörg Michael. Mezcla power metal veloz con melodías neoclásicas y contiene los sencillos «Father Time» y «Will the Sun Rise?».
Estas efemérides demuestran la diversidad musical asociada al 23 de abril: el nacimiento de un icono del heavy metal español, una versión que redefinió un clásico folk, el regreso de una banda histórica de hard rock y el final de una saga épica en el power metal.

