Delirante historia del Heavy Glam Rock de los años 80.

Por Rockberto.

Reportajes sobre lo que fue la era dorada del Glam Metal ha habido muchos de buena calidad y otros con menos calidad.

Nothin´ but a good time (título tomado de la famosa canción de Poison) es de los mejores, si no el mejor (no puedo decir eso porque no he visto todos). Desde luego, os puedo decir que es el mejor que he tenido el placer de ver.

El documental tiene 3 capitulos de entre 45 y 50 minutos cada uno en los que repasa lo que fue el origen, la eclosión y la inevitable caída de un estilo de música que reinó en toda la década de los 80 y que tanto nos marcó a un montón de teenagers como el que suscribe.

Lo mejor de este documental es que tiene protagonistas que vivieron esta historia de primera mano. No es una simple review de lo que se supone que pasó, no. Aquí tenemos testimonios de gente que lo vivió en primera persona como Bret Michaels (Poison), Rudy Sarzo (Quiet Riot y Whitesnake), Tracii Guns (Guns N´ Roses y L.A. Guns) o Mike Tramp (White Lion), por sólo nombrar unos cuantos.

Pero, siendo importantes los comentarios de estos grandes artistas, las mejores historias son las contadas por la gente que trabajaba tras bambalinas, es decir Alan Niven (manager de Guns N´ Roses o Great White) o Doug McGhee (mánager de Kiss, Bon Jovi y Mötley Crüe).

Impagables las anécdotas que cuentan de todas estas bandas y las locuras que cometían.

Desde el comienzo de todo, la firma de Van Halen por una multinacional, hasta el primer número uno de heavy metal de la historia, el histórico “Metal health” de Quiet Riot” la serie esboza una serie de capítulos que abarcan desde las multimillonarias ventas de bandas como las citadas o Leppard y Crüe, hasta la caída final, después de tres oleadas de grupos que terminaron por dinamitar la escena con una gran explosión final llamada “Smell like teen spirits” de unos tal Nirvana.

Peleas entre líderes de bandas, anécdotas delirantes y el reconocimiento más que evidente de que la mujer en este tipo de música fue utilizada como un objeto en más de una ocasión.

Aquí no hay medias tintas, los protagonistas cuentan sus propias historias (si no me creéis, escuchad la increíble e infumable historia de Jack Russell, cantante de Great White) con una crudeza que resulta hiriente en el mejor de los casos, aunque contarlo le deje en mal lugar al protagonista.

Si eres seguidor de este movimiento, igual ya conoces casi todas las historias que se cuentan en la serie, pero el ritmo y la manera de contarlo (incluidos unos divertidos dibujos animados) es vertiginosa y atractiva.

Si no seguiste este movimiento, pero te gusta la música que estas bandas hicieron en su día es un documental también muy recomendable.

No quiero profundizar demasiado en las explicaciones por no hacer spoilers, pero sorprenderá a más de uno.

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