“La revolución grunge que destronó al Rey del Pop”

Grunge – EE.UU.

Escrita por Crom

En enero de 1992, Nirvana logró lo impensable: Nevermind, su segundo álbum, alcanzó el número 1 en la lista Billboard 200, desbancando del trono nada menos que a Michael Jackson y su disco Dangerous. Este hecho simbólico marcó un cambio de guardia en la música popular: los excesos pulidos del pop ochentero y el glam metal daban paso a la crudeza grunge de unos chicos de Seattle con vaqueros rasgados y camisas de franela. Editado el 24 de septiembre de 1991 bajo el sello DGC/Geffen, Nevermind fue creciendo de boca en boca gracias, en gran medida, al fenómeno de “Smells Like Teen Spirit” en MTV, que llevó el sonido “under” a los hogares de millones de personas. De la noche a la mañana, Nirvana pasó de la escena alternativa a encabezar charts mundiales, vendiendo eventualmente más de 30 millones de copias en todo el mundo. Como diría el propio bajista Krist Novoselic años después: “Nirvana no buscó el mainstream, el mainstream buscó a Nirvana”.

Ahora bien, el éxito masivo de Nevermind no se debió a la mercadotecnia milagrosa ni a concesiones comerciales evidentes, sino a la calidad y autenticidad de su propuesta musical. Kurt Cobain (voz y guitarra) tenía el don de crear melodías pegajosas envueltas en guitarrazos distorsionados, combinando la sensibilidad pop con la furia del punk. Al unir fuerzas con Dave Grohl, quien debutaba aquí como baterista de Nirvana aportando una pegada demoledora, y con el sólido bajo de Krist Novoselic, el trío halló la fórmula perfecta: canciones contundentes, catárticas pero también extrañamente accesibles. La producción de Butch Vig en los míticos estudios Sound City logró un equilibrio ideal entre lo áspero y lo pulido: a diferencia del sonido más crudo de Bleach (1989), en Nevermind cada riff y redoble suena poderoso y claro, apto para las radios de rock de la época pero sin perder la rabia esencial. El productor supo canalizar la energía de la banda sin domesticarla por completo – Nevermind es un álbum que suena abrasador y honesto, con himnos que invitaban tanto a headbangear en la habitación como a conquistar el mainstream.

Entrando en materia, Nevermind nos regaló una colección de canciones que ya son historia de la música. Desde el arranque con “Smells Like Teen Spirit”, queda claro que estamos ante algo especial: un riff de guitarra sencillo pero incendario, un beat marcial que explota en un estribillo imposible de no corear – esta canción se convirtió en el grito de guerra de la Generación X y en uno de los mejores openers de disco de todos los tiempos (¿quién no ha sentido un escalofrío con esos acordes iniciales?). Le siguen otros himnos infaltables: “In Bloom”, con su melodía pegadiza y una letra irónica que se mofa de quienes cantan sus canciones sin entenderlas; “Come As You Are”, sostenida en ese inconfundible riff de bajo con efecto chorus, que invita a la aceptación y cuya atmósfera más calmada mostró la versatilidad del grupo; o “Lithium”, construida sobre la dinámica de calma tensa en las estrofas y explosión emotiva en el coro, reflejando como pocas el vaivén entre la apatía y la euforia. Todas ellas se convirtieron en clásicos instantáneos que sonaban en radio a todas horas, llevando el espíritu del rock alternativo a un público masivo.

Pero Nevermind no sería el discazo que es sin sus contrastes. Junto a esos cortes más melódicos, Nirvana desata su faceta más salvaje en temas acelerados heredados de su raíz punk. “Breed” o “Territorial Pissings” son torbellinos de energía cruda: guitarras abrasivas, bajo atronador y la batería de Grohl martillando a todo trapo, sobre los que Cobain grita con fiereza casi desgarradora. Estas canciones, menos radiables quizá, dejan en claro que a pesar del salto a una multinacional, Nirvana no perdió ni una gota de actitud. De hecho, la banda cierra el disco con “Something in the Way”, un track sorprendentemente intimista: Cobain casi susurra sobre una guitarra acústica minimalista, adornada con un melancólico violonchelo, creando una atmósfera sombría que contrasta con la rabia precedente y nos muestra la vulnerabilidad del artista. (En algunas ediciones, tras un largo silencio, aparece el hidden track “Endless, Nameless”, un caótico estallido de ruido que rompe abruptamente el hechizo; Nirvana siempre dispuesto a sabotear las expectativas).

En cuanto a letras, Cobain se alejó de los clichés del rock festivo: aquí se habla de apatía, alienación, dolor y sarcasmo. Sin embargo, lo hacía de forma abstracta, con metáforas y frases sueltas que permitieron a una generación entera hacer suyas las canciones sin necesidad de grandes alardes poéticos. ¿Quién no ha cantado “I feel stupid and contagious, here we are now, entertain us” sin saber exactamente qué demonios quería decir Kurt, pero sintiendo esa mezcla de hastío y desafío en la sangre? Esa autenticidad visceral en la temática conectó profundamente con los jóvenes de los 90, cansados de la superficialidad. Nevermind supo capturar ese sentimiento colectivo de desencanto y transformarlo en arte sonoro pegadizo.

El impacto de este álbum fue sísmico. Tras su arrasador éxito, el mapa del rock cambió: las radiofórmulas abrieron paso a otros grupos de Seattle y alrededores. Gracias a Nirvana, bandas como Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chainsemergieron con fuerza en la escena mainstream, consolidando el dominio del rock alternativo en los años 90. Al mismo tiempo, muchas de las coloridas estrellas de hair metal que habían reinado en los 80 vieron eclipsado su brillo ante la nueva ola grunge más oscura y real. Nevermind fue el ariete que tumbó la puerta, demostrando que el público ansiaba algo con más sustancia y sinceridad. Y su legado no se detiene en la anécdota histórica de haber destronado a un gigante del pop: décadas después el disco sigue sonando con frescura. Está certificado 13 veces platino en EE.UU. (¡13!) y supera los 30 millones de copias vendidas globalmente. A finales de 2024 cumplió la asombrosa marca de 700 semanas en la lista Billboard 200, prueba de que nuevas generaciones continúan descubriéndolo y conectando con él. Estamos ante un álbum imperecedero, de esos que definen época y cuyo impacto cultural va más allá de los números: Nevermind puso voz a los que no la tenían, unió a marginados y rebeldes bajo acordes simples pero emotivos, y cambió para siempre el rumbo del rock. Pocas veces un disco ha representado tan fielmente el sentir de toda una generación. En resumen, si los años 90 tuvieron una banda sonora de cabecera, esta obra maestra de Nirvana bien podría ser la elegida. Here we are now, entertain us… ¡Y vaya si lo consiguieron!

Canciones:

  1. Smells Like Teen Spirit

  2. In Bloom

  3. Come As You Are

  4. Breed

  5. Lithium

  6. Polly

  7. Territorial Pissings

  8. Drain You

  9. Lounge Act

  10. Stay Away

  11. On a Plain

  12. Something in the Way

Nirvana son:

  • Kurt Cobain – Voz, guitarra

  • Krist Novoselic – Bajo

  • Dave Grohl – Batería

Grabado en Sound City Studios (California) en mayo-junio de 1991. Producido por Butch Vig; mezclado por Andy Wallace. Publicado el 24 de septiembre de 1991 por DGC Records.

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