«Queroseno que Aviva La Rabia Infinita de las Calles»

Pais: EE.UU. – Género: Hardcore 

Escrita por Butch

(Si eres amante de Kublai Khan TX, Municipal Waste, Sacred Reich o de Get the Shot, de Paleface Swiss, o lo fuiste de Biohazard, Sick of It All o incluso Dog Eat Dog, sigue leyendo. Si no, vete a la siguiente reseña o hazte un batido de proteinas con kombucha y kale, es bueno para algo, seguro)

El lanzamiento de Valley of Death II (enero de 2026) nos devuelve felizmente a los cabreados Lionheart, puro Hardcore Beatdown de la Costa Oeste americana. Tras el éxito de su predecesor en 2019, la banda californiana regresa con un trabajo que no intenta reinventar la rueda, sino aplastarla con más fuerza. El álbum es una ráfaga de apenas 23 minutos donde predominan los riffs pesados, las voces cargadas de rabia contra la sociedad y breakdowns diseñados para el mosh pit. Yo personalmente ya necesitaba recuperar la fe en la fiereza metálica contestataria.

La formación actual de la banda se mantiene liderada por laagresiva voz de Rob Watson. Lo acompañan Evan White y Rob McCarthy en las guitarras, Travis Pacheco al bajo y Jay Scott en la batería. Esta alineación ha logrado perfeccionar un sonido que mezcla la crudeza del hardcore neoyorquino con el groove metálico de Oakland, demostrando que se puede crear belleza y melodía a través del “angst” que tan bien definió Henry Rollins.

Dentro de un largo muy, muy recomendable, tres canciones destacan por detalles particularmente interesantes. En primer lugar, «Chewing Through the Leash» cuenta con la colaboración de Matt Honeycutt (Kublai Khan TX), cuya voz añade una capa de violencia sonora extra que encaja  con la agresividad de Valley of Death II. Por otro lado, «No Peace» se arriesga con una atmósfera más oscura, utilizando voces sampleadas y un tempo que roza lo asfixiante, alejándose momentáneamente del ritmo frenético de este largo. Finalmente, el cierre con «Death Grip» sorprende al incluir a Kevin Skaff (A Day To Remember), quien aporta un toque melódico sutil pero poderoso, cerrando el álbum con una energía rompehuesos.

En conclusión, Valley of Death II es una declaración de principios: Lionheart no ha venido a andarse con chiquitas, sino a reafirmar su legado. Con la producción de Jamey Jasta (Hatebreed) y la mezcla del aclamado Will Putney, el disco suena masivo pero moderno, manteniendo la esencia callejera que define al beatdown. Es un trabajo recomendable para quienes buscan música que sirva de combustible para el gimnasio o para desfogar tensiones, confirmando que, en el valle de la muerte, Lionheart siguen teniendo una voz necesaria. Recuerda que gran parte del legado del Hardcore viene de la rabia antifa, anti-sistema, donde gentes de la calle observan día a día cómo se degradan las calles con violencia, droga, asesinatos e inseguridad. Ese caldo de cultivo se canaliza en pura rabia melódica. Una delicia, vamos.

Al comparar Valley of Death II con su predecesor de 2019, la evolución se aprecia sutil pero contundente. Mientras que el primer Valley of Death sentó las bases de un sonido más pulido y directo, esta segunda entrega saca un lado mucho más oscuro. La banda ha sacrificado parte de la velocidad «punk» que asomaba en sus inicios para centrarse en un Beatdown Hardcore puro, donde el peso de los instrumentos tiene una presencia física  abrumadora. Si el disco de 2019 era un puñetazo rápido, este nuevo trabajo es una presión constante y pesada. O sea,,si has flipado con Municipal Waste en Cartagena en 2025, o Biohazard, prepárate para disfrutar como perrico lamiéndose las partes.

Para lograr este pepinazo de disco,que lo es, la banda volvió a confiar en la «realeza» del género. El disco cuenta con la produccion de Jamey Jasta (líder de Hatebreed), quien ha sabido canalizar la agresividad de Rob Watson de forma magistral. La grabación se llevó a cabo en los Dexters Lab Recording Studios en Milford, Connecticut, bajo la ingeniería de Nick Bellmore. Esta combinación ha resultado en una producción cristalina, pura, donde cada golpe de batería suena como una detonación controlada, alejándose de las producciones excesivamente procesadas de otras bandas de metal moderno. No quiero malhablar de nadie pero qué cojones, los últimos 100 discos de metalcore por ejemplo.

Estilísticamente, Rob Watson ha perfeccionado su estilo de spoken-word agresivo que alterna con gritos desgarradores. Su fraseo es rítmico, casi como un rapero de la vieja escuela pero con la potencia de un motor diésel, lo que facilita que los estribillos se conviertan en himnos de estadio. Y ojalá los veas en estadios pronto.

El sector riffazo a cargo de Evan White y Rob McCarthy se aleja de los solos virtuosos para enfocarse en el «chugging». Utilizan una afinación extremadamente baja y un tono muy saturado de medios, creando riffs rítmicos que actúan más como percusión que como melodía. Y esto en cortes como el homónimo del disco (vaya cepazo), brilla.

Intento aprender a tocar la batería, y por eso me suelo fijar en los baquetas. Y lo de Jay Scott es la leche, el tipo brilla por su uso de los dobles pedales en ráfagas cortas como si fueran dos conejos fornicando. El sonido de snare es seco a rabiar, lo que acentúa ese sentimiento de urgencia y violencia callejera que caracteriza a Lionheart.

Esta es música de las calles, para las calles. No doy notas, pero esto es un sólido 8/10 o un 8,5/10. Aunque ojo, si te pilla un día barriendo o fregando, o lavando platos, y te apetece ponerte los cascos a toda ostia mientras haces estas cosas, será entonces un 9,9/10. Pruébate.

 

Lionheart (Los californianos, no los de Reino Unido) son en 2026:

Rob Watson: Vocals

Evan White: Guitar

Rob McCarthy: Guitar

Travis Pacheco: Bass

Jay Scott: Drums 

 

   Tracklist : 

Bulletproof

Chewing Through the Leash (feat. Matt Honeycutt)

Ice Cold

Valley of Death II

No Peace

Roll Call

Salt the Earth

Release the Dogs

In Love with the Pain

Death Grip (feat. Kevin Skaff)

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