¿Quién dice que el Heavy Metal melódico no sigue enganchando?

Escrita por Julia López, fotos de Antonio Expósito

El pasado jueves 9 de octubre de 2025 la sala Garaje Beat Club de Murcia se preparó para una velada muy especial: el concierto de Dynazty junto a Kilmara. Era la segunda fecha de la gira española Game of Faces Tour 2025, organizada por la promotora Z Live On Tour en colaboración con RTN Touring. Desde primera hora de la tarde, se respiraba un ambiente de emoción entre los fans que hacían cola; no eran muchos aun, por lo temprano de la hora, en Murcia somos muy nocturnos, pero se notaban las ganas de buena música. 

La Garaje Beat Club es un recinto de aforo medio, unas 600 personas, y es una de las mejores salas del país en sonido e iluminación. Aunque no se llenó hasta la bandera, presentaba una buena entrada de metaleros de todas las edades, creando una atmósfera cálida y expectante. Siendo yo bastante joven, me sentí arropada entre la multitud; veía a veteranos con parches en sus chaquetas y a otros de mi edad, pocos, eso sí, hacemos mucha falta, todos impacientes por disfrutar de los conciertos, sobre todo de Dinazty, ya he visto al vocalista con su otra banda, Amaranthe, y quería verlo liderando la suya propia.

Kilmara

A las 20:30, las luces bajaron y Kilmara tomó el escenario para abrir la noche. Los barceloneses llegaban como artistas invitados, presentando su reciente álbum Journey to the Sun (2025), un trabajo de heavy/power metal con toques modernos que había despertado interés en la crítica. Desde los primeros compases, la banda dejó clara su intención: riffs contundentes, melodías cuidadas y mucho oficio sobre las tablas. Se notaba que jugaban “en casa” (dentro de la escena nacional) y salieron con ganas de ganarse al público murciano.

El set de Kilmara fue compacto y sólido, centrado principalmente en Journey to the Sun. Para sorpresa de algunos, el vocalista Dani Ponce no pudo estar presente por motivos personales, pero su sustituto Héctor Llauradó (Whirlwind) asumió el papel con gran solvencia. “My Haven” fue el tema elegido para arrancar, y desde ese momento quedó claro que Héctor estaba a la altura de las circunstancias. Armado con gafas de sol y mucha actitud, llenó el hueco de Dani sin titubeos. Su voz potente brilló especialmente en canciones como “Journey to the Sun” y “Wildfire”, que sonaron atronadoras y llenas de energía. La base rítmica, con Didac Plà al bajo y una batería contundente, sostuvo cada tema sin fisuras, mientras los guitarristas Carles Salse y John Portillo alternaban solos melódicos y duelos de riffs para deleite de los presentes

Aunque su actuación no fue muy larga (unos 35 minutos), supieron aprovechar cada segundo. No hubo relleno ni momentos muertos: enlazaron himno tras himno, demostrando que tras más de dos décadas de carrera mantienen una identidad firme y ganas de crecer. Para cuando cerraron con “Wildfire”, ya habían cumplido con creces su misión de caldear el ambiente. Kilmara se despidió con aplausos sinceros del público; a pesar de la situación atípica de la voz suplente, dejaron claro que son una banda profesional y entregada, allanando el terreno perfectamente para lo que venía a continuación.

Dynazty

Con puntualidad casi nórdica, a las 21:30 llegaba el turno de Dynazty. Las luces se apagaron por completo y una breve intro (con fragmentos orquestales épicos) dio paso a la entrada súbita de la banda sobre el escenario. Me emocioné cuando vi aparecer a Nils Molin, seguido de Love Magnusson (guitarra), Mikael Lavér (guitarra), Jonathan Olsson (bajo) y Georg Härnsten (batería). Abrieron fuego con “In the Arms of the Devil”, y de inmediato la sala entera fue territorio Dynazty. Era solo el comienzo, pero el sonido ya era arrollador y nítido, con las guitarras afiladas y la voz de Nils sonando dominante sobre la mezcla. Pude sentir cómo el suelo retumbaba ligeramente bajo mis pies: Dynazty llegaba en plena forma y dispuestos a darlo todo.

Desde esos primeros instantes, Dynazty demostró por qué se ha convertido en uno de los referentes del metal melódico europeo actual. La ejecución técnica de todos los músicos fue sobresaliente: cada riff y cada solo se escuchaban con claridad, la base rítmica era precisa y poderosa, y la voz de Nils Molin –afinada, expresiva y llena de fuerza– sobresalía con una facilidad pasmosa incluso en los agudos más exigentes. Nils se desenvolvió como un verdadero frontman carismático, sin necesidad de poses forzadas; se le notaba sonriente, cercano y pletórico, disfrutando del show tanto como nosotros. Su capacidad para interactuar de forma espontánea quedó clara cuando, tras las primeras canciones, nos saludó en español con un “¡Buenas noches Murcia!” y agradeció la presencia de todos. El setlist de Dynazty fue un viaje cuidadosamente equilibrado entre novedades y clásicos de la banda Tras la inicial “In the Arms of the Devil”, atacaron con “Game of Faces”, tema que da título a su último álbum, seguido de “Natural Born Killer” y “The Grey”, que a estas alturas ya podemos considerar nuevos clásicos en su repertorio. 

El bloque central del concierto mantuvo la intensidad por todo lo alto. “Waterfall” trajo elegancia melódica sin bajar revoluciones y con “Call of the Night” y “Firesign” la sala se convirtió en una fiesta: cientos de puños en alto marcando el ritmo y el estribillo de “Call of the Night” coreado como un himno. La compenetración entre los miembros de Dynazty era digna de admirar. Love Magnusson y Mikael Lavér, las dos guitarras, se lucieron no solo ejecutando riffs impecables, sino también coordinando coros y moviéndose por el escenario con total entrega. Por su parte, Jonathan Olsson al bajo aportó solidez en cada nota, con un sonido grueso que hacía retumbar el pecho, y Georg Härnsten en la batería marcó una pegada constante y potente sin necesidad de excesivas florituras. El resultado era un sonido compacto, demoledor y a la vez lleno de matices, manteniendo la sala en tensión y energía constante. Hacia la mitad del concierto llegaría uno de los momentos más especiales de la noche, en el que Dynazty nos sorprendió con un medley instrumental. Love y Mike se quedaron solos al frente para un duelo de guitarras, intercambiando solos y riffs en un toma y daca virtuoso. Este medley incluyó fragmentos de dos temas emblemáticos de la banda (reconocí partes de “Instinct” y “The White”) y, para deleite general, un pequeño guiño al clásico “Highway Star” de Deep Purple en su tramo final. Los fans enloquecimos al identificar ese homenaje inesperado al rock setentero.

Tras ese paréntesis acústico, la recta final del concierto volvió a pisar el acelerador. “Yours” dio paso de nuevo a la electricidad, enlazando con “Call of the Night” y la pegadiza “Firesign”, que nos devolvieron al terreno del heavy melódico festivo. Un breve solo de batería mantuvo la adrenalina en alto – Georg aprovechó para exhibir técnica con redobles y doble bombo sin saturar en ningún momento – y sirvió de introducción a “Presence of Mind”, uno de los temas insignia de la banda, que sonó impecable. Este tema cerró el grueso principal del show, cumpliéndose aproximadamente una hora de concierto. La banda abandonó el escenario momentáneamente, mientras todos los presentes gritábamos “¡Otra, otra!” con todas nuestras fuerzas, negándonos a que la noche terminase ahí. No hubo que esperar mucho. En cuestión de un minuto, Dynazty regresó para los bises, y vaya bises: la potente “The Human Paradox” abrió la tanda final con un golpe de energía que volvió loco al respetable. Le siguió “Devilry of Ecstasy”, otro cañonazo metálico que combinó riffs veloces y estribillos coreables; a esas alturas yo ya estaba afónica de tanto cantar, pero no importaba. La comunión entre banda y público era total. Nils aprovechó entre canción y canción para presentarnos a cada miembro del grupo: uno por uno fueron recibiendo ovaciones enormes, en especial Georg cuando Nils bromeó sobre su doble papel como batería y “teclista secreto” de la noche. Se notaba un ambiente de camaradería fantástica sobre el escenario, los músicos se abrazaban y aplaudían entre ellos mientras recibían nuestro cariño.

Finalmente llegó “Heartless Madness”, anunciada por Nils como “la última de la noche”. Pero resultó ser una versión extendida y muy especial de este tema – prácticamente un gran acto final lleno de interacción con el público. Desde el primer estribillo, la banda nos animó a cantar todos juntos y dividieron el micrófono hacia distintos lados de la sala. Coreamos “woah-oh-oh” a todo pulmón, primero las voces de un lado, luego las del otro, compitiendo por quién sonaba más fuerte. Los músicos alargaron la sección central de la canción para jugar con nosotros en estos coros, convirtiendo la sala en un karaoke multitudinario y fiestero Admito que estaba eufórica dando palmas y saltando, contagiada por la energía de la banda. Nils Molin, con un carisma arrollador, dirigía este coro masivo como un maestro de ceremonias, sonriendo y logrando que absolutamente nadie se quedara callado. Fue un final divertidísimo, aunque reconozco que “Heartless Madness” se alargó quizá en exceso repitiendo una y otra vez el estribillo. Entiendo que querían exprimir al máximo la participación del público, y vaya si lo lograron, pero como crítica constructiva hubiese preferido que tocaran otro tema adicional en vez de prolongar tanto este final (¡era la emoción de fan queriendo más y más canciones!). Aun así, cuando a las 23:00 horas cayó el último acorde y la banda se despidió definitivamente, el estallido de aplausos indicó que habíamos vivido algo grande.

Salí de la Garaje Beat Club con una sonrisa inmensa, los oídos zumbando y el corazón lleno de emoción. Afuera apenas llovía, después de algunas alertas al final aquí en la ciudad el tiempo se portó, hable con otros fans, con mi padre, todos estábamos de acuerdo en que fue una noche única, otra experiencia más en la sala que mi padre considera su casa, y que yo la siento un poco mía también. Este concierto de Dynazty con Kilmara en Murcia fue algo más que música en directo; fue una experiencia compartida entre banda y público, entre amigos y desconocidos unidos por el metal melódico. Para mí, como joven apasionada que sueña con seguir escribiendo muchas crónicas más, quedó claro que no importan los años que tenga uno, la calidad de un buen concierto se siente en el alma. Y la de esta noche quedará grabada en la mía para siempre. ¡Que vuelvan pronto, porque aquí tendrán siempre un público entregado esperando repetir la hazaña! 

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