«Slipknot cumplen en el día más ambicioso de la historia del Resu»

Texto por Jose Meh (verde) y Zoe Lilith (naranja)

Fotos de Zoe Lilith.

(Nota: no hay fotos de Slipknot porque nadie podía hacer fotografías a su show excepto los fotógrafos que ellos mismos decidieron, en portada tenéis a Matt Heafy de Trivium porque… no sé, nos cayó simpático y también dieron un buen bolo)

Y así, sin comerlo ni beberlo, nos encontramos ante el tercer día del Resurrection Fest. Parecía que acabábamos de llegar a Viveiro y ya vislumbrábamos en el horizonte el ocaso de la decimocuarta edición del festival, maldita sea. Pero bueno, que aún quedaba tralla por caer, el viernes nos enfrentamos a la jornada más ambiciosa de la historia del Resu pues, por fin, tras años y años pidiéndolos y viendo imposible traerlos, finalmente Slipknot iban a tocar en Viveiro. Pero ojo, cuidado, que antes de los de Iowa (y después) hay mucho que comentar.

Servidor entró en faena sobre las 15:30 cuando Megara iban a conquistar el Ritual Stage. Personalmente es una banda cuya propuesta musical no me apasiona, pero quería ver si había algo más ahí para que hayan llegado a ser una banda ciertamente reconocida y con una legión de seguidores bastante apegados a ellos. Y bueno, pues me encontré con una banda con una imagen muy trabajada, basándose en su concepto de crear un mundo paralelo a Alicia En El País de las Maravillas lleno de locuras e idas de olla que retorcían cualquier atisbo de cordura de la historia, (en su web está la explicación real) con la que Megara dieron un show muy visual, con la participación de actores y actrices que aportaban el punto teatral aún con el riesgo de que aquello les quitase demasiado tiempo dentro de sus 40 minutos para lo estrictamente musical pero, claro, al final uno ve que esto forma parte de la idiosincrasia de la banda y fue lo que nos presentaron en plan de «esto es Megara y aquí te mostramos lo que hacemos». En lo musical, canciones sencillas, cañeras y directas, con Kenzy estirando su repertorio de registros vocales al máximo y liderando con cierto carisma el cotarro mientras presentaban el material de su último álbum de estudio “Aquí Todos Estamos Locos”. Fue un show curioso, la banda transmite profesionalidad y mima su imagen y su propuesta para que vaya todo a una y desde luego se les ven posibilidades de llegar aún bastante más lejos por todo lo que ofrecen.

Sin pararnos a pensar mucho más, nos acercamos al Main donde iba a actuar una banda que mi cabeza ya relaciona directa e inconscientemente con el festival, es el caso de los madrileños Brothers Till We Die quienes, con su Hardcore bruto de manual, iban a poner el escenario patas arriba y sus seguidores iban a acabar con el poco césped que quedaba frente al principal. Venían presentando su nuevo álbum, que salía ese mismo viernes 5 de julio, y salieron con una motivación tan bestia que al segundo tema el cantante ya saltó sobre el público. Abrieron con Kingdom of Filth, ya de su nuevo álbum, para seguir con los riffacos gordotes de Hand To Hand y Llorando a Los Muertos, sin dar tregua y metiendo buena cera. Es un rollete que en casa no me lo suelo poner, pero que siempre mola verlo en directo y más en el Resu, territorio natural del Hardcore. Temas cortos y rápidos como Psalm 55 o The Thin Line Between Death and Immortality siguieron con la fiesta, celebraron la salida del nuevo álbum brindando y regando a la peña con Champín y cerraron, con Agony Loves Me, un show muy entretenido y que cumplió de sobras su objetivo de abrir con fuerza un Main Stage que iba a tener que aguantar algo gordo (y no me refiero a Chuck Billy de Testament, ese va mañana).

Y, siguiendo la racha, vamos con otra banda cuyo nombre me sonaba de haberlos visto frecuentemente moverse por festivales y demás pero que nunca me había parado a escuchar, es el caso de la banda de Vitoria-Gasteiz Childrain, quienes, la verdad, me volaron la puta cabeza. Venían presentando “The Silver Ghost”, su reciente LP estrenado este mismo año, y lo hicieron abriendo con los tres primeros temas de este álbum, Wake The Ghost, Saviors Of The Earth y The Valley Of Hope, tres temas que empezaron a mover a la peña, que sonaron como una apisonadora y cuyos potentes riffs te obligaban a mover el cuello quieras o no. Lo hiceron de puta madre, una puesta en escena currada y contundente y buenos temas que funcionaron como Matheria Act. 1 (el único que me dio tiempo a escuchar antes del festival) y Awakening, con la que cerraron un magnífico bolo. Al nuevo disco ya le he dado un par de vueltas y habrá que comentarlo próximamente en la web, pero antes volvamos al Main Stage, donde una banda muy querida por el respetable del Resu volvía tres años después, los británicos While She Sleeps, uno de los valores más en alza del Metalcore, venían en la gira de su reciente “So What?” y lo hacían con la dolorosa ausencia de su vocalista habitual Lawrence Taylor por problemas de voz, formidablemente sustituido por Scott Kennedy de Bleed From Within, quien fue consciente de su papel y cantó de lujo pero no quiso acaparar un excesivo protagonismo, dejando este a los miembros de While She Sleeps. Esta vez, la banda de Sheffield sonó diecisiete veces mejor que la anterior, fue un golpazo sónico con mucho más cuerpo y unas guitarras más sólidas que cuando los vimos en 2016. Con un setlist acortado por las circunstancias, la banda fue un chutazo de energía y temas como Anti-Social, una aplastante Brainwashed, Civil Isolation o la siempre coreadísima Four Walls, clasicazo imprescindible de la banda, hicieron cantar, saltar y circlepitear al respetable. Está claro que es una banda que gusta y que cae bien, ahora mismo son uno de los valores más sólidos del Metalcore y están jugando bien sus cartas, sobre todo si logran mantener un directo tan explosivo como este que ofrecieron en Viveiro, que creo que era lo que les faltaba para dar un paso más hacia delante. Silence Speaks y Hurricane pusieron el punto final a un buen show que me hizo recuperar mi relación con ellos, una pena la ausencia de Lawrence, creo que el tío tiene un carisma brutal, pero tiene que cuidar su técnica vocal y no romperse, que While She Sleeps puede sobrevivir un rato sin él, pero su presencia siempre es necesaria.

Mientras tanto, estábamos en el Chaos Stage con unos The Black Panthys Party llenos de energía, dándolo absolutamente todo con el público y sin pelos en la lengua. Así fue la divertida, directa y desenfrenada actuación de esta banda de punk que ya repetía por tercera vez en el festival. Nos hablaron de la libertad de expresión, se rieron de la política y la monarquía y por supuesto de la Iglesia y, aún con todos los mensajes, su intención estaba clara, divertirse ante todo, algo que nos demostraron desde el primer minuto. Nunca podremos olvidar cuando hicieron que una veintena de personas les siguieran en su propio wall of death, llamado wall of pez, que consistía en ir arrastrándose por el suelo en vez de corriendo. Terminaron su show invitando a los asistentes a acompañarlos en el escenario y nos fuimos al Ritual Stage a ver a Serrabulho. Fiesta ravera estilo grindcore con esta banda portuguesa, a cada cual más loco y a cada show más bestia. Frikismo y metal, unidos en lo más absurdo que te puedes encontrar sobre un escenario, pero muy efectivo. La puesta en escena, el sonido atronador de los guturales de cerdito y además lanzando relleno de muñecos, flotadores y demás parafernalia. Con todo eso, apenas nos acordamos que en el Main Stage habían tocado While She Sleeps hace nada y menos y en seguida llegaban nuestros amigos de Trivium.

Aquí viene cuando ya me separé de mis coleguillas, siempre me pasa cuando me marcho al Desert Stage, pero es que quería quitarme una espinita. Quienes leísteis la crónica del año pasado ya visteis el cabreo que me pillé por la putada de cambio de horario y escenario que le cayó a Santo Rostro, una de las bandas que más me atraían de la letra pequeña del cartel. Pues, ahora sí, pude verlos bien, ellos tenían esa misma sensación de querer quitarse la espina y , joder, qué diferencia de un bolo a otro. Pusieron a tope la maquinaria riffera y estaban cómodos, contentos y atronaron que dio gusto con temas de su reciente (y apabullante) The Healer como One Small Victory o Cut My Hand, el cover de Forever My Queen de los míticos Pentagram, en el que salió a escena el vocalista de Cabeza de Caballo para interpretarlo con la banda, y más temas cargados de distorsión y pasajes pesados como la recién estrenada Vacío Inicial, Telarañas o Annual. Fueron pura actitud, con una puesta en escena muy activa y acabaron juntando una buena cantidad de peña frente al escenario. Cuando todo iba sobre ruedas, los ocho minutazos de Blood Run, tema que funciona genial para cerrar su show, dieron carpetazo a un magnífico bolo de esta banda de Jaén de la que finalmente puedo decir, con propiedad, que tienen un directazo del copón. Punto para el Resurrection Fest para volver a traerlos y compensarles el mal trago que tuvieron que pasar en la anterior edición del festival, esas cosas al final se tienen en cuenta.

Así como acabó Santo Rostro, tocaba volver al Main para una prueba de fuego, y es que tengo un problema personal con Trivium. Seguro que a muchos os pasa que hay bandas que dices ‘joer, si es que son buenos, pero no me entran ni a hostias’, ¿Verdad? Pues eso me pasa con los de Matt Heafy, por eso quería verlos en directo, a ver si me cambiaban el punto de vista, no sé. Lo cierto es que dieron un buen show, similar al de Gojira del día anterior, con una puesta en escena ambiciosa, columnas de humo y luces que a las 19:15 ya empezaban a dar algo de su función. Era el último show de la gira en la que venían presentando su exitoso The Sin And The Sentence, el cual copó buena parte del setlist, sobre todo al principio con el tema título y Beyond Oblivion. También hubo tiempo para que la peña cantase los ‘hits’ clásicos de la banda como Strife, Pull Harder on the Strings of Your Martyr (uno de los pocos temas que sí escucho habitualmente, temazo) mientras Heafy interactuaba en un perfecto castellano con ese gracioso «vamos cabrrronasos» que soltó varias veces. Sonó bien, la banda se divirtió y sus seguidores también hasta que, finalmente, In Waves, el tema más coreable de la banda e ideal para cerrar, hizo explotar el recinto. Estoy seguro de que los fans salieron más contentos que un testigo de Jehová en una fábrica de timbres, el bolo fue bastante bueno y, aunque sigo sin hacerme fan, respeto algo más a esta banda a la que la gracia de nombrarlos los sucesores de Metallica les hizo un daño tremendo pero del que se han recuperado para convertirse, de alguna forma, en ellos mismos.

Tiempo para la trallaca, esto es un vaivén de intensidades, amigos. El Technical Death Metal de los madrileños Wormed aterrizaba por tercera vez en Viveiro y esta sí, hoy sí iba a verlos. Esa vertiente tan enrevesada y técnica del Metal Extremo me cuesta, pero Wormed lo hacen tan de puta madre que hay que verlos y es que, el simple hecho de verlos machacar sus instrumentos calzándose temas como Multiverial Reionization o Pseudo-Horizon, es un espectáculo genial. El sonido era muy salvaje, igual demasiado, notaba como me entraba por las orejas y me salía por la nariz atravesándome por dentro, pero qué más da, esto es lo que pide uno a Wormed, quienes repartieron una zapatilla apocaliptico-futurista de acojone, entre intros y metiéndonos en su mundo, zurraron más temarrazos como Neomorph Mindkind, Tauchotrone o Techkinox Wormhole, con la que remataron su aplastante bolo. Incluso los Resukids se subieron al escenario a partirse el lomo con la banda de la capital lo pasaron teta, ingenuas criaturas, fijo que alguno ya hizo el pre-order de Metaportal, su nuevo EP que sale el 19 de julio. Bolazo importante de una banda que, a sus veinte años de carrera, cada vez es más internacional… y bien merecido lo tienen.

En el Chaos Stage, los galeses Venom Prison demostraron poder y brutalidad con el vozarrón y el talento de su vocalista Larissa Stupar. A pesar de coincidir con Arch Enemy, hicieron que el Chaos Stage fuese testigo de lo que son capaces de hacer, hasta se podría decir que les sobraba escenario de lo bien que lo hicieron. No necesitaron una puesta en escena memorable, sólo un pedazo de sonido y mucha actitud.

La ya mítica banda anteriormente capitaneada por Angela Gossow y actualmente por Alissa White-Gluz, Arch Enemy, hicieron su aparición estelar en el Main Stage para ofrecernos un show dentro de lo habitual en ellos. A pesar de que su setlist estuvo bien repartido entre canciones anteriores a la llegada de Alissa y temas ya más recientes, no ofrecieron un espectáculo fuera de algo sencillo, ella era la que más animaba a los presentes que, a pesar de estar bastante lleno, no terminaban de conectar con ellos. Tampoco destacaron en sonido. Lo único destacable de esta actuación fue el gesto mundialmente conocido ya del público con un fan con una discapacidad que nos llenó de felicidad y demostró al mundo que ya está muy desfasada la imagen del metalero satánico que quema iglesias. Sin embargo, de forma medianamente decente disfrutamos de temas como Nemesis, War Eternal, First Day in Hell o You will know my name.

Y, como ya he dicho, esto es un vaivén. Contando con que a Arch Enemy los tengo más vistos que los capítulos clásicos de Los Simpson y su directo cada vez me transmite menos, me fui al Desert Stage a hacer tiempo hasta que salieran Avatar y ahí encontré el amor verdadero, amigos. Los portugueses The Black Wizards, quienes con su Stoner psicodélico me atraparon enseguida. Lo tenían difícil, competir con los de Alissa White-Gluz, Jeff Loomis y Michael Amott es jodido, ya visteis que con ellos surfeó hasta un chaval en silla de ruedas (momentazo, grande Alex) pero el estilo de los portugueses, ideal para quien guste del Stoner y la psicodelia, es para dejarte hechizar en esa atmósfera colorida que genera, sobre todo, su vocalista y guitarra Joana Brito, una chica sencilla, como sus compañeros, que simplemente tocaba la guitarra y cantaba como los dioses sin más alardes innecesarios. Sus compañeros de banda estaban algo más paradetes, dejándole todo el protagonismo a ella, un peso igual excesivo para una persona siendo cuatro en la banda, pero ella lo llevó bien y con temas como la maravillosa I Don’t Mind encandilaron al modesto público ahí presente. La pena fue que el país de Avatar me llamaba y hay que rendir pleitesía al rey (para uno que me cae bien), por lo que no pude verlos acabar y tuve que marchar antes de que tocasen el último tema pero, amigos, el rato en que los vi fue para no olvidarlo y tenerlos en cuenta para un futuro, pues me parecieron una banda tremendamente interesante.

Volví para el Ritual cantando Nemesis de Arch Enemy, la única que escuché a medias, y me posicioné para que la curiosidad matase al gato. He leído maravillas del directo de Avatar y quería saber qué había ahí aunque eso conllevase acabar viendo a Slipknot desde Pontedeume más o menos. Y bueno, vi un show de circo (no lo digo despectivamente, es un poco lo que hacen) de una banda que coreografía el caos bajo el rollo del país de Avatar y su rey, que no es otro que su guitarrista. Buen show, movimientos de melena ultracoordinados como buena banda sueca, y cortes de éxito inmediato como Statue Of The King o Let It Burn, con la que le di varios latigazos de melena a los que me rodeaban (mil perdones, pero es que esa coreografía es contagiosa, joer), funcionaron muy bien entre los plebeyos del Rey del Avatar Country (otro tema coreadísimo). La potentísima Hail The Apocalypse iba a ser la que cerrase el curioso show de una banda que, si tira por sus derroteros más cañeros y evita ciertas idas de olla, tiene mimbres para gustar a mucha peña y llegar lejos. A mi me dejaron un sabor de boca cojonudo, sinceramente.

Y era el turno para la banda que más se ha reclamado para que encabece el Resurrection Fest. Tras las buenas sensaciones que dejó el año pasado Stone Sour, era turno de ver al hermano mayor, era el momento de que casi treinta mil almas se congregasen frente al escenario para conocer el portentoso directo de Slipknot. La banda liderada por Corey Taylor, con sus máscaras, su parafernalia y sus pintas de maníacos se presentaba en Viveiro con toda su producción para hacernos volar las cabezas. Tras un For Those About To Rock se jamás se había hecho tan eterno, People=Shit y (Sic), dos de los temas más cafres de la carrera de los de Iowa, ponían a prueba los cimientos de Celeiro, Viveiro y Covas. El escenario constaba de unas plataformas iluminadas sobre las que se movían los músicos, con los percusionistas haciendo el burro y un juego de luces poderoso, en ese sentido el principal del Resu ha evolucionado una barbaridad, proporcionando una escenografía brutal en todo el festival. Si bien es cierto que había un vacío entre las plataformas y las luces que quedaba feo y solo lo llenaban momentáneamente las llamas, que en temas como Before I Forget sumaron un punto más al espectáculo, pero no habría estado mal una pantallita con imágenes random, solo para darle más vistosidad al rollo, pero bueno, que estuvo bien así, tampoco nos pondremos exquisitos. Lo importante es que hitazo tras hitazo como Psychosocial, The Devil In I, Prosthetics o Vermilion, Slipknot resonaban con un efecto karaoke poderoso e incluso los que estaban en el Ritual esperando a Cradle Of Filth se cantaron más de una. El sonido era poderoso, la banda tenía al público ganado y se confirmó con Duality antes de los bises con ese estribillo tan conocido por todos. Finalmente, Spit It Out y Surfacing cerrarían un show grandilocuente de la banda americana que, pese a sus alardes de estrellitas con el tema fotos, cumplió de sobras las expectativas de muchos de los que habían pagado su entrada principalmente por ellos.

El día se iba acabando, pero aún quedaba por ver a Cradle Of Filth en el Ritual Stage, era un solape doloroso, pues me apetecía ver a Converge (y he leído que estuvieron enormes) pero la curiosidad me llevó más a ver a las huestes de Dani Filth. Y lo cierto es que no fue su show más brillante, el sonido estaba como medio apagado, las guitarras/bajo sin fuerza, comidos por el teclado y la batería, y las voces tanto de Dani como de Lindsay iban y venían. Visualmente sí quedó bien, el juego de luces y la puesta en escena de la banda cumplieron de sobras, pero a su vez me dieron un poco la sensación de ver a una banda en piloto automático, cumpliendo su papel y pensando en el show del día siguiente en Barcelona. No fue excesivamente destacable, la verdad.

Y, para acabar mi parte de turra, tocaba fiestón en el Main Stage, me apetecía ver a The Ocean, pero a esas horas el cuerpo me pedía otra cosa, me pedía tralla directa, que es lo que iban a ofrecer Crisix en el show más ambicioso de su trayectoria, que ya va por los once años de antigüedad. Con Javy Carry recuperándose de una lesión, Arnau se encargó de sustituirle en las baquetas y más allá de eso vimos el habitual show de Crisix, energía frenética, riffs afilados y Juli Bazooka presidiendo con su carisma y su siempre peculiar voz. Temas a zapatilla de toda su carrera como Leech Breeder, Xenomorph Blood, Rise Then Rest, Conspiranoia o Brutal Gadget, atronaron y generaron pesados mosh pits pese a que las piernas de muchos suplicaban indulgencia. Tras Get Out Of My Head, en la que hicieron agacharse y saltar a la peña, vino el clásico intercambio de instrumentos entre los miembros para tocar un medley de (You Gotta) Fight For Your Right, 2 Minutes To Midnight, Walk y Seek & Destroy, algo que siempre queda divertido y le da un aire diferente a los show de la banda de Igualada. Bridaron con Jagermeister, se lo pasaron de puta madre, nos lo hicieron pasar de puta madre y The Great Metal Motherfucker, el football of the death de Bring ‘Em to The Pit y, por supuesto, su himnazo Ultra Thrash, el tema que les define totalmente como banda, fueron cerrando un frenético bolo de Crisix, que ya son una banda de primer nivel dentro de la nueva ola del Thrash europeo, no en vano se han cascado Hellfest, Graspop y se van a Wacken el mes que viene. Algo tienen, tronco, para haber llegado a donde han llegado y es un directo apabullante, unos temas efectivos, una necesaria humildad y un carisma de ese que no se compra ni se finge.

Y, finalmente, presentando su último trabajo de estudio tituado ‘Pelagial’, The Ocean ofrecieron uno de los conciertos más aclamados de toda la edición del festival. Habían pasado ya muchos años desde su primera aparición en Viveiro, pero los berlinenses no decepcionaron, sino que más bien todo lo contrario, enamoraron aún más con su brillante actuación en el Desert Stage que se les quedaba sumamente pequeño. Todo era perfecto, la puesta en escena, el sonido y las luces, todo estaba en perfecto equilibrio, todo estaba en orden. Era como un orgasmo sensorial. El progresivo de los alemanes marcó a muchos con este directazo por absolutamente todos los aspectos técnicos de la formación. Temas de sus primeros trabajos junto a algunos más recientes, fueron combinándose durante su show. Pero el broche final con ese potentísimo breakdown, fue lo que nos dejó a todos ya con la mente en otro lugar del mundo tras la majestuosidad y virtuosismo de los riffs y de las composiciones, en general, de cada tema.

Semimuertos pero con una sonrisa en la cara, así enfilábamos la tienda de campaña tanto los que nos dejamos las piernas con el show de Crisix como los que volaron con el viaje extrasensorial de The Ocean, que cerraban una jornada potente de conciertos con Slipknot mandando sobre un montón de grandes bandas. Ahora quedaba el asalto final, joder, y eso que seguíamos pensando que acabábamos de llegar…

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