
«La Rabia no desaparece con al edad»
Rap Metal – Suecia
Escrita por Butch
El regreso de los suecos Clawfinger con Before We All Die (esperado a finales de 2025 pero que nos llega ahora en Febrero) marca el fin de un silencio discográfico que parecía lamentablemente anunciarnos el adios de otra banda icónica.
Porque la palabra que mejor define a estos vikingos piraos es “icónicos”; Motivos varios, subjetivos seguro, siendo para mi el principal este: Todo metalero que lleve en este mundillo del GRAN RUIDO desde al menos 1995 en adelante, conoce ese momento allá por el ‘97 con Two Sides, así rollo muerte de Bamby o la de Freddie Mercury. No inventaron la rueda con esto de meter rap y demás, pero los coros femeninos árabigos y ciertas licencias nos mostraron que arriesgaban, y que tenían toda la cara del mundo para pelear su puesto en la escena. Nunca han sido persistentes o constantes, pero esa chispa efímera de genialidad les tocó una vez.
Y seguramente la vida toda sea esa chispa, verla, sentirla, que te acaricie. O te pegue un rampazo.
Fieles a su espíritu crítico antifa, este álbum es una bofetada de Rap-Metal industrial que demuestra que el paso del tiempo no ha suavizado su mensaje político. Más viejos pero no más suaves. El disco se siente como un regreso a las raíces de Deaf Dumb Blind, pero con una producción adecuada a 2026 que adapta esa mezcla de cinismo y honestidad brutal que los hizo únicos a la época post #MeToo y de fin del Viejo Orden.Todos sabemos que la canción bandera suya, “Nixxxr”, hoy lo tendría complicadillo para ser ni siquiera publicada. Yo mismo me he cagado y no la he escrito… así nos va.
La formación de la banda se mantiene como un bloque inquebrantable de veteranos, liderada por el incisivo Zak Tell en las voces, cuya cadencia rítmica sigue siendo una de las más reconocibles del género. En las guitarras encontramos a Bård Torstensen, el cerebro tras los riffs percutores, acompañado por André Skaug al bajo y Jocke Skog en los teclados y programación, piezas clave para el sonido industrial de Clawfinger. Completa la formación Micke Dahlén en la batería, aportando la pegada orgánica necesaria para equilibrar tanta electrónica.
El disco presenta un repertorio cargado de denuncia social, como no podía ser menos con los autores de himnos como Nixxxr (Sí, lo se, pero paso de líos).
De este listado, tres temas capturan la esencia del álbum por motivos distintos. Before We All Die, la pista que da nombre al disco, destaca por un estribillo hímnico que recuerda a sus mejores tiempos, con una letra que reflexiona sobre el colapso climático. Under the Gun es una colaboración explosiva con Max Cavalera, donde el groove del brasileño se fusiona con el sonido industrial sueco en un estallido de furia contra la violencia armada. Por último, Digital Chains, incluye un interesante experimento sonoro con sintetizadores retro-futuristas que critican nuestra adicción a las redes sociales, mostrando una faceta más experimental.
En comparación con su última entrega de estudio de hace años, Life Will Kill You (2007), este nuevo trabajo es notablemente más pesado y menos melódico. Mientras que aquel disco tenía tintes de rock alternativo, Before We All Die abraza la distorsión y los ritmos de caja de ritmos machacones.
Producido íntegramente por la propia banda en sus Fear and Loathing Studios en Spånga, Suecia, el álbum goza de una independencia creativa total. Las voces de Zak Tell suenan más graves y autoritarias, las guitarras han simplificado sus líneas para centrarse en un ritmo hipnótico, y la batería se entrelaza con una programación industrial mucho más presente y agresiva.
Pero necesitas una mirada al pasado para entender por qué este regreso toca el corazoncito de los rudos jevis ochenteros y noventeros (No tengo ni puta idea de eso de Boomer o Gen Z o a saber, y tampoco ganas de ponerme al día, para mi Rammstein o SOAD son lo novedoso todavía hoy o sea que creo que no tengo remedio):
Para entender el peso de Before We All Die (2026), es necesario mirar hacia atrás y ver cómo Clawfinger ha pasado de la provocación juvenil a una rabia madura. La comparativa entre su nuevo material y sus hitos históricos revela una banda que mantiene el mismo dedo corazón levantado hacia el sistema. No esperes educación para no ser cancelados. Ellos no saben (todavía) de esto.
La sombra de «Nigger» (1993) vs. «Scum» (2025)
En su debut Deaf Dumb Blind, Clawfinger lanzó Nixxxr, una canción que hoy sería casi imposible de publicar sin un contexto previo masivo. En aquel entonces, Zak Tell utilizó el insulto racial más doloroso para crear un himno antirracista (basado en sus influencias del hip-hop neoyorquino como Public Enemy), chocando frontalmente con la extrema derecha sueca.
La evolución en su estilo nos muestra que, a diferencia de sus primeros discos donde el bajo de André Skaug y el rap de Zak eran los protagonistas absolutos sobre una base casi funk-metal, en el nuevo disco la influencia de Jocke Skog (teclados/programación) ha tomado el mando.
En conclusión, Clawfinger ha vuelto para recordarnos que el Rap-Metal no era una moda, sino un arma de comunicación. Con una ejecución técnica impecable y una rabia renovada, el disco se posiciona como un testamento sonoro ante un mundo al borde del abismo. No buscan sonar como las bandas jóvenes de hoy, sino recordarle a todo el mundo quiénes fueron los arquitectos de este sonido, cerrando el álbum con una fuerza que justifica cada año de espera.
Y con una mala leche de cojones, todavía a sus añicos. O a pesar de ellos. Y este es su triunfo.
Clawfinger hoy son:
Zak Tell – Voces
Jocke Skog – Keyboards
Bard Torstensen – Rítmica
André Skaug – Bajo
Micke Dahlen – Batería

Tracklist:
Censored
Before We All Die
Digital Chains
The New Divide
Fake News
Broken Mirror
Under the Gun (feat. Max Cavalera)
Lies & Greed
Human Waste
Final Call

