«Ancestros: Dinamitando los límites del metal»

Escrita por Bjorn

El metal extremo nació para romper moldes, incomodar y llevar la música hasta lugares donde pocos se atrevían a entrar. Pero ¿qué ocurre cuando sus propias reglas empiezan a quedarse pequeñas? Desde Sevilla, Ancestros llega dispuesto a ponerlas patas arriba con Blasfemia Austral, un álbum que mira de frente a las raíces más salvajes del género para lanzarse sin red hacia un territorio mucho más oscuro, extraño e imprevisible. Seis composiciones y cerca de cincuenta minutos de música que no buscan ponérselo fácil al oyente ni ofrecerle un camino despejado. Aquí no hay concesiones: hay que entrar, dejarse arrastrar y aceptar que no encontremos la salida.

Ancestros no es una banda al uso. Su propuesta reúne a once músicos vinculados a proyectos como Orthodox, Pylar, Teitanblood y Voidescent, nombres que ya dejan entrever por dónde van los tiros. Sin embargo, reducir Blasfemia Austral a una simple suma de influencias sería quedarse en la superficie. El grupo recoge elementos del metal extremo más primitivo y abrasivo, pero los retuerce hasta construir un lenguaje propio, donde las guitarras disonantes, la percusión cambiante, las voces desgarradas y las texturas electrónicas se cruzan sin pedir permiso. Hay ecos de Hellhammer y Bathory, pero también una voluntad experimental que mira hacia territorios más retorcidos, cercanos a la asfixia sonora de Portal o a la oscuridad de Deathspell Omega. Las referencias sirven para orientarnos; no para explicar por completo lo que sucede aquí.

El concepto de Blasfemia Austral tampoco se conforma con invocar oscuridad por el simple placer de hacerlo. Ancestros construye un paisaje de horror geológico, un mundo donde la tierra, la memoria y las fuerzas que precedieron al ser humano parecen reclamar su lugar. El desierto aparece como un espacio sin refugio, un territorio hostil en el que las certezas se desmoronan y nuestra presencia pierde toda importancia. Las ideas vinculadas al realismo especulativo, la cultura megalítica y el tenebrismo barroco alimentan esta visión, pero el grupo no necesita convertir el álbum en una clase de filosofía para transmitir su esencia: lo importante es la sensación de estar ante algo inmenso, ancestral e indiferente a nosotros. Algo que estaba ahí antes de nuestra llegada.

El viaje arranca con Orbitor, una auténtica inmersión en las entrañas de este universo. La composición abre la puerta a un escenario hostil, donde las voces, las guitarras y la percusión se entrelazan en una estructura que avanza a golpes, cambia de dirección y se resiste a cualquier intento de control. No hay una ruta cómoda ni un estribillo al que agarrarse: la música se retuerce, golpea y nos obliga a mantener los sentidos alerta. Y, cuando parece que empezamos a reconocer el terreno, Incognitum Hactenus nos empuja todavía más lejos. El propio título apunta hacia aquello que permanece desconocido, hacia una realidad que escapa a nuestra comprensión y que no piensa ofrecernos respuestas. La incertidumbre deja de ser una amenaza distante y se convierte en el motor de esta travesía. A partir de ahí, el recorrido avanza de forma natural hacia Salmodia Aberración, donde la imagen de un canto ritual se mezcla con la de una ceremonia deformada, algo que conserva la solemnidad de lo ancestral, pero ha perdido cualquier rastro de paz. El rito ya no protege: invoca, perturba y abre la puerta a fuerzas que quizá sería mejor dejar dormidas. Al otro lado nos espera Sangre Solar, una de las imágenes más contundentes de este viaje conceptual. La sangre nos devuelve a nuestra condición material; el sol representa una potencia descomunal que existía mucho antes de nosotros y que continuará ardiendo cuando nuestra historia se haya extinguido. La vida y la destrucción quedan así unidas bajo una misma fuerza, recordándonos que no somos el centro de nada, sino una presencia diminuta dentro de un universo que no necesita nuestra existencia. Y cuando esa inmensidad parece haberlo devorado todo, Pálida Luz introduce un último destello entre las sombras. Apenas una claridad capaz de abrirse paso en medio de un paisaje irreconocible, una señal que invita a seguir avanzando sin garantizar que al final nos espere algo mejor. Porque la luz también puede revelar aquello que preferiríamos no ver. El trayecto desemboca en Black Drone Templexity, un cierre cuyo título evoca una oscuridad persistente, hipnótica y compleja, como si todo lo anterior terminara fundiéndose en una misma masa sonora. Ya no queda un lugar seguro al que regresar ni una explicación sencilla que ordene lo vivido. El viaje concluye, pero el desconcierto permanece. Y ahí está una de las claves de Blasfemia Austral: no llevarnos de la mano, sino enfrentarnos a un mundo que se niega a obedecer nuestras reglas.

Todo este planteamiento exige una producción capaz de sostener el caos sin convertirlo en una maraña indistinguible. La grabación, mezcla y masterización de José Antonio Muñoz en Desmodus Sound forman parte de esa arquitectura sonora, mientras que la portada de Gonzalo Santana completa la identidad visual del proyecto. La música no pretende ser un mero acompañamiento de un concepto intelectual: su razón de ser está en la fricción, en la sensación de amenaza y en esa impresión de que algo enorme se mueve bajo nuestros pies. Los sintetizadores y las texturas electrónicas amplían el paisaje, mientras que la instrumentación más orgánica aporta un peso físico que impide que todo se pierda en la abstracción. El resultado apunta a una experiencia que pide tiempo, atención y varias escuchas para empezar a descubrir sus diferentes capas.

Eso sí, conviene tener algo claro: Blasfemia Austral no parece interesado en conquistar al oyente a la primera ni en facilitarle la digestión. Su naturaleza experimental y sus estructuras imprevisibles pueden levantar una barrera para quien busque canciones directas, desarrollos reconocibles o una recompensa inmediata. Pero esa dificultad también forma parte de su identidad. Ancestros no parece querer demostrar que puede tocar más rápido, sonar más oscuro o acumular más elementos que nadie; su apuesta consiste en utilizar el metal extremo como materia prima para construir algo que desborde sus fronteras habituales. Y esa ambición solo tiene sentido cuando existe una idea detrás que sostenga el viaje.

Con Blasfemia Austral, Ancestros se adentra en un terreno incómodo, abrasivo y cargado de imágenes, donde el metal extremo se convierte en una herramienta para explorar algo más grande que la propia música. No es una propuesta pensada para todos los públicos. Su fuerza reside en la voluntad de arriesgar, en la ausencia de caminos fáciles y en una identidad que busca abrirse paso entre la violencia sonora y la experimentación. Dinamitar los límites del metal es una declaración ambiciosa; conseguir que esa explosión tenga sentido es el verdadero desafío. Ancestros apuesta fuerte y nos invita a cruzar la frontera. A partir de ahí, cada cual tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar.

Mi veredicto: 7,5/10.

ANCESTROS reúne a once músicos procedentes de diferentes proyectos de la escena experimental y extrema. Aparecen identificados por iniciales, pero las fuentes no revelan sus nombres completos. 

Iniciales Instrumento(s) Proyecto relacionado
RP Guitarra y sintetizadores ORTHODOX, PYLAR
FV Guitarra y voz VOIDESCENT
JV Batería VOIDESCENT
MP Violín y mandolina PYLAR
CT Sintetizadores modulares y zanfona TEITANBLOOD
GP Batería y percusión PYLAR
JP Bajo y voz PYLAR
XP Voz 2020
FH Sintetizadores HOLY HEX
PS Sintetizadores ESPIRICOM
AG Sintetizadores GU VO

Set list — Blasfemia Austral

  1. «Orbitor» — 10:31
  2. «Incognitum Hactenus» — 7:10
  3. «Salmodia Aberración» — 5:43
  4. «Sangre Solar» — 13:27
  5. «Pálida Luz» — 6:38
  6. «Black Drone Templexity» — 4:39

Blasfemia Austral se publicará el 16 de noviembre de 2026 a través de Cyclic Law.

VIDEO OFICIAL:

Deja una respuesta