
«Si algo funciona, ¿por qué tocarlo?»
Escrita por Mike Young
La vez que vi a Airbourne fue en la sala Razzmatazz de Barcelona, en 2016, durante la gira de Breakin’ Outta Hell. Han pasado casi diez años, pero todavía recuerdo aquella noche como un concierto tremendamente enérgico. Y es que Airbourne es una de esas bandas que terminan de cobrar sentido cuando las ves sobre un escenario. Riffs sencillos, estribillos enormes y una energía capaz de convertir cualquier sala en una fiesta.
Quizá por eso tenía bastantes ganas de escuchar su nuevo disco. Han pasado siete años desde Boneshaker y, después de tanto tiempo sin material nuevo, tenía curiosidad por saber qué me iba a encontrar. La primera sensación con Airbourne ha sido buena. Es uno de esos discos que entran solos y, cuando quieres darte cuenta, prácticamente se han terminado. Aunque también me ha pasado algo curioso: en algunos momentos apenas he sentido el salto entre una canción y otra. El disco fluye, pero quizá demasiado. La base compositiva, el sonido, los riffs y las estructuras se mantienen tan cerca durante buena parte del álbum que algunos temas terminan mezclándose entre ellos.
Comparar a Airbourne con AC/DC a estas alturas no supone descubrir absolutamente nada. Esa influencia siempre ha estado ahí y seguramente seguirá hasta el fin de los días. Tampoco creo que quede demasiado por inventar dentro de un género como el hard rock, especialmente cuando partes de un sonido tan marcado. El problema, al menos para mí, aparece cuando esa influencia pesa tanto que en determinados momentos del disco no puedo evitar pensar directamente en Angus Young y compañía. Y no es que quiera que Airbourne deje atrás esas influencias, ni mucho menos. Simplemente quiero encontrar también ese pequeño toque que hace que una canción sea inequívocamente suya. Algo que ya han conseguido muchas veces. Back in the Game, por ejemplo, no reinventa absolutamente nada. Tiene los mismos ingredientes básicos del hard rock de toda la vida, pero tiene personalidad, pegada y, sobre todo, suena a Airbourne.
Tampoco necesito que de repente se conviertan en los Dream Theater del hard rock. Sería absurdo pedirles algo así. Pero escuchando este disco sí tengo la sensación de que tienen recursos de sobra como músicos y compositores para llevar su fórmula un pequeño paso más allá sin perder aquello que los hace reconocibles. También entiendo perfectamente aquello de «si funciona, no lo toques». Airbourne conoce a su público muchísimo mejor que cualquiera de nosotros y sabe qué funciona cuando se sube a un escenario. Seguramente buena parte de sus seguidores tampoco quiera que cambien demasiado. Y detrás de un disco hay muchas decisiones de la banda, productores, discográfica y demás gente que desde fuera ni conocemos.
Quizá también haya cierta deformación profesional por mi parte y por eso sea más exigente con lo que escucho. Como músico y DJ, me cuesta hacer dos cosas exactamente iguales simplemente porque la primera haya funcionado. Siempre intento que la siguiente tenga algo diferente, aunque sea una pequeña idea. Por eso, mientras escuchaba el disco, no podía evitar pensar qué pasaría si Airbourne se permitiera jugar un poco más con los límites de su propio sonido.
Porque «si funciona, no lo toques» está muy bien. La pregunta es: ¿cuánto tiempo puede seguir funcionando si nunca lo tocas? Y ojo, nada de esto significa que estemos ante un mal disco. Ni mucho menos. Hay canciones que funcionan realmente bien. Bogotá (la canción, la ciudad todavía la tengo pendiente) fue una de las que más me llamó la atención desde la primera escucha. También Send Me to Rock ‘N’ Roll Heaven, que aporta algo diferente por todo lo que representa y por el homenaje que hay detrás del tema. Son precisamente canciones como estas las que demuestran que Airbourne tiene personalidad de sobra para no vivir permanentemente bajo la sombra de sus influencias.
En el otro extremo está la canción navideña. Me parece curiosa y desde luego consigue romper con la homogeneidad del disco, pero sinceramente no termino de verla dentro del conjunto. Es diferente, sí, pero eso no significa necesariamente que encaje. Y seguramente muchas de estas canciones tendrán una segunda vida cuando lleguen al escenario. Ahí Airbourne juega con ventaja. Después de verlos en directo sé que una cosa es escuchar uno de sus riffs desde casa y otra muy distinta vivirlo rodeado de gente, con Joel O’Keeffe recorriendo el escenario sin parar un segundo.
Después de varias escuchas, Airbourne me parece un buen disco. Se disfruta, entra fácil, tiene momentos muy buenos y seguramente varias canciones acabarán funcionando de maravilla en directo. Pero también echo de menos la pegada que encontraba en algunos de sus trabajos anteriores y, sobre todo, algo más que diferencie unas canciones de otras. No quiero que Airbourne deje de sonar a Airbourne. Todo lo contrario. Quiero descubrir hasta dónde puede llegar Airbourne sonando a Airbourne.

Banda:
Joel O’Keeffe – Guitarra y voz
Ryan O’Keeffe – Batería
David Roads – Guitarra y coros
Justin Street – Bajo y coros
Track list:
1. GUTSY
2. Alive After Death (Last Plane Out)
3. Here She Comes
4. Kid In A Candy Store
5. Sky High
6. Who Put The Rhythm In You?
7. Christmas Bonus
8. Last Man Standing
9. Rock ‘N’ Roll Ya
10. Bogota
11. Hells Got No Vacancy
12. Send Me To Rock ‘N’ Roll Heaven

