«Un arranque demoledor bajo el sol de Clisson»
Crónica de PolMetalhead
Fotos de Floopy
Volver a Clisson cada mes de junio es más que asistir a un festival, es reencontrarse con una forma de vida. El Hellfest no solo celebra la música extrema, la abraza, la exalta y la convierte en un universo propio, donde el calor, el barro, el fuego y el metal se funden en una experiencia irrepetible. Y este 2025 no fue la excepción. El cartel prometía, el ambiente era eléctrico desde el primer minuto y las expectativas estaban por las nubes.
El primer día arrancó con todo el misticismo habitual: una mezcla de emoción, nervios y la certeza de que algo inolvidable estaba a punto de comenzar. Los escenarios imponentes, las esculturas metálicas, el olor a cerveza y a tierra mojada. Todo estaba en su sitio. Y desde las primeras notas bajo la carpa del Altar, quedaba claro que nadie venía a calentar motores. Las bandas salían con todo, el público respondía sin reservas y el Hellfest 2025 echaba a andar con fuerza.
Un día de descubrimientos, confirmaciones y alguna que otra sorpresa inesperada, que nos recordó por qué este festival es uno de los mejores del mundo. El jueves fue solo el principio, pero ya dejó huella.
Disconnected:
No todos los días una banda se gana al público del Hellfest sin estar siquiera en el cartel original. Disconnected lo hizo. Confirmados a última hora tras la caída de Walkways por un corte en el tráfico aéreo, los franceses irrumpieron en el escenario Altar con la firme intención de que nadie olvidara su nombre. Y vaya si lo lograron.
Jueves, 16:00. Aun con el sol alto y las energías intactas, nos refugiábamos bajo la carpa mientras se abrían las puertas del festival. Y entonces, sin florituras ni discursos, estallaron los primeros acordes. El sonido era atronador, y la banda se presentó con una sencillez escénica que contrastaba con la potencia de su directo, sin adornos, solo ellos y su arsenal de metalcore.
Abrieron con «Life Will Always Find Its Way«, dejando claro desde el primer segundo que venían a por todas. El riff inicial nos sacudió como una descarga eléctrica, y la voz de Ivan Pavlakovic rugía con una mezcla perfecta de agresividad y melodía. La respuesta del público, más numeroso de lo esperado para esa hora, fue inmediata: pogos espontáneos, puños al aire.
Con «King of the World« y «That’s How I’ll Face the End«, el combo de riffs pesados y estribillos épicos alcanzó su primer gran pico. El bajista Florian Mérindol se adueñaba del espacio, moviéndose con furia de un lado al otro mientras la batería marcaba un ritmo seco y aplastante que te atravesaba el pecho.
La banda no necesitó artificios. En «Arise« y «The Only Truth«, el trabajo de guitarras fue impecable, alternando melodía con agresión en un equilibrio que manejan con esta naturalidad.
Hubo mención breve a la oportunidad de estar allí, agradecimiento incluido, pero sin detenerse demasiado. Disconnected venía a tocar, no a hablar. Cerraron el set con «Unstoppable«, dejando claro que esa palabra les venía como anillo al dedo. El público, ahora totalmente entregado, pedía más.
Para ser la primera banda del día y en una franja nada fácil, lo que hicieron fue espectacular. De esas sorpresas que hacen grande al Hellfest. Yo, desde luego, no solo les perdono haber sustituido a Walkways, les doy las gracias. Quiero verlos de nuevo, esta vez con más tiempo y con un público aún más preparado para lo que saben hacer, arrasar.
Seven Hours After Violet:
Con un calor abrasador cayendo sobre el recinto principal, fue el turno de Seven Hours After Violet, el proyecto liderado por una leyenda como Shavo Odadjian (System of a Down), y desde luego demostraron que no estaban allí para rellenar espacio.
Sin adornos, sin humo, sin fuegos artificiales. Solo una pantalla al fondo con su logo y la música como única protagonista. Y eso bastó. El sonido fue limpio y atronador, y la banda mostró desde el primer minuto que tenía bien aprendido el oficio de los grandes escenarios. Había sol, sí, pero también había peso y actitud.
Abrieron con “Paradise”, un arranque efectivo que encendió los motores con su riff pegajoso y esa voz rasgada tan característica. Desde ahí no aflojaron: “Alive”, uno de los mejores momentos del set, fue vibrante, con un ritmo que invitaba al movimiento pese al calor, y “Go!”, explotó con una energía cruda que levantó al público de golpe.
Más adelante llegaron “Float”, con un tono más melódico, y “Cry…”, más densa, más oscura, que marcó uno de los puntos más intensos del concierto. El grupo no abusó de poses ni de discursos, pero había entrega en cada nota, y eso se notaba.
En el tramo final, “Glink”, “Abandon” y “Radiance” mantuvieron firme el pulso del show. Y cuando cerraron con “Sunrise”, la descarga fue increíble. Una canción poderosa, llena de tensión y con un final que dejó muy buen sabor de boca incluso entre quienes no conocían a la banda.
Hellfest les brindó un espacio privilegiado, y Seven Hours After Violet lo aprovechó con solvencia. Directos, efectivos y con una propuesta que respira identidad. Sin necesidad de artificios, demostraron que el nu metal sigue vivo… y con mucho que decir.
Mental Cruelty:
Había buen ambiente bajo la carpa del Altar cuando los polacos Mental Cruelty hicieron su aparición. El calor, aunque presente, era más soportable que horas antes, y el público ya estaba totalmente metido en faena. La expectación era real: quienes les habíamos visto en salas sabíamos de lo que eran capaces. Y aunque el set fue una descarga de brutalidad absoluta, hubo un detalle que impidió que la experiencia fuese redonda.
El sonido. O más bien, la voz. Desde los primeros compases, especialmente en “Midtvinter”, quedó claro que el gutural de Lukas no terminaba de romper con la potencia habitual. Las guitarras eran afiladas, la batería un martillo pilón, la puesta en escena feroz, pero la mezcla no acompañó, y la voz quedó demasiado baja, casi enterrada en algunos momentos. Una lástima, porque fue precisamente en Salamandra, meses atrás, donde la banda me conquistó gracias a ese equilibrio perfecto entre técnica y violencia.
Aun así, Mental Cruelty salieron a matar desde el minuto uno, y lo dieron todo con la entrega que los caracteriza. Su blackened deathcore de tintes sinfónicos sigue siendo una de las propuestas más devastadoras de la escena actual, y temas como “Obsessis a Daemonio” o “Zwielicht” mantuvieron bien alto el nivel de intensidad.
Pese a los problemas de sonido, fue un concierto muy bueno, que dejó al público satisfecho y con ganas de más. En mi caso, me quedo con el recuerdo de su bolo en sala como referencia, pero no tengo duda, quiero volver a verlos pronto. Porque cuando el sonido acompaña, Mental Cruelty es una apisonadora.
Kim Dracula:
El Mainstage estaba a reventar a las 19:00 cuando Kim Dracula salió a escena. El ambiente era eléctrico, cargado de expectación, y desde el primer segundo quedó claro que estábamos a punto de vivir algo único. Lo que ofreció el australiano fue, sin exagerar, uno de los mejores conciertos del día y un firme candidato al top 10 del festival.
El show arrancó con “Intro” y “Land of the Sun”, y desde ahí la locura fue en aumento. Con “My Confession” ya teníamos a Kim completamente desatado, teatral, exagerado, absolutamente poseído. Su presencia escénica dominaba todo el escenario, y el público no podía quitarle los ojos de encima.
El setlist fue una montaña rusa: la versión de “The Bard’s Last Note” (de Ricky Desktop) nos pilló por sorpresa, “Superhero” y “Drown” reventaron los graves, y “Undercover” añadió una capa más de oscuridad. Cuando llegó “Seventy Thorns”, muchos esperábamos la aparición de Jonathan Davis, que tocaba ese mismo día con Korn. No ocurrió. El tema funcionó igual, pero la decepción flotó unos segundos en el aire.
A partir de ahí, el show no dio tregua: “SAY PLEASE!”, “Luck Is a Fine Thing (Give It a Chance)”, “The Turn:”, “Divine Retribution”, “Industry Secrets”… una tras otra, cada canción caía como un mazazo, mezclando caos y melodía, todo envuelto en una puesta en escena rompedora. Y aún quedaba más.
La versión de “Paparazzi” (Lady Gaga) fue otro de esos momentos extraños que funcionan solo cuando alguien como Kim los ejecuta sin miedo. Cerraron con “Reunion and Reintegration”, “Make Me Famous” y “Killdozer”, en un tramo final que dejó el escenario temblando.
Un concierto inolvidable. Intenso, épico, con una puesta en escena imponente y una propuesta que no se parece a nada más. Kim Dracula vino a incendiar el Hellfest, y lo consiguió.
Airbourne:
Con un ambiente perfecto para el rock and roll, llegaba el turno de Airbourne, una de mis bandas favoritas en directo y, sin duda, una apuesta segura para prender fuego al Mainstage. Era la cuarta vez que los veía, y una vez más, lo volvieron a hacer: diversión, sudor, cerveza y un sonido vibrante.
Arrancaron con “Ready to Rock”, una declaración de intenciones como pocas. El riff inicial ya desató el primer pogo y la entrega del público fue total desde ese mismo momento. Sin tregua, encadenaron “Too Much, Too Young, Too Fast”, “Breakin’ Outta Hell” y “Back in the Game”, un bloque que elevó aún más los ánimos. Con “Back in the Game” especialmente, la locura se desató: saltos, gritos y ese espíritu de fiesta salvaje que solo Airbourne sabe provocar.
La banda no aflojó el acelerador en ningún momento. Siguieron con “Girls in Black”, y llegó el turno de “Gutsy”, su último single hasta la fecha, que sonó como si llevara años en su repertorio: contundente, vibrante y 100 % marca de la casa. Después, “Live It Up” reavivó aún más el fuego, y con “Runnin’ Wild” cerraron por todo lo alto.
Airbourne no inventan nada nuevo, pero lo que hacen, lo hacen de forma impecable: directo al pecho y sin adornos. Una vez más, me fui de su concierto con una sonrisa de oreja a oreja. Airbourne siguen siendo una garantía absoluta en vivo. No fallan. Y si alguna vez me vuelvo a cruzar con ellos en un cartel… allí estaré.
Imminence:
Con un ambiente cargado de energía positiva, Imminence saltaban al escenario con la firme intención de dejar su huella. El público respondió desde el primer momento, metidísimo en el show y entregado a una banda que lo dio todo sobre las tablas. Para mí era la primera vez que los veía en directo, pero ya te adelanto algo: no será la última. Los volveré a ver en Villena, en el Leyendas del Rock, y la cuenta atrás ya ha empezado.
El concierto fue una descarga brutal de metalcore moderno, potente y melódico, de esos que combinan la agresión con la épica sin perder fuerza. El sonido fue espectacular: limpio, afilado, cada golpe de batería te sacudía el pecho y las guitarras iban al cuello. Pero si hubo algo que elevó el concierto por encima de la media fue su actitud en escena, completamente volcados, sin bajar la intensidad en ningún momento.
Y si algo marca la diferencia en esta banda es su vocalista, Eddie Berg, que no solo canta con una intensidad brutal, sino que incorpora el violín en directo, elevando la atmósfera a otro nivel. Verlo tocar esas partes melódicas mientras canta usando el micro del propio violín fue uno de esos momentos especiales que no se olvidan. Un detalle único que aporta una dimensión distinta dentro del género y refuerza ese toque dramático tan característico en su música.
El setlist fue demoledor de principio a fin: abrieron con “Temptation”, siguieron con “Desolation” y “Heaven Shall Burn”, encadenando tres puñetazos directos. Luego cayeron “Beyond the Pale” y “Death by a Thousand Cuts”, esta última con una carga emocional muy potente.
El tramo final con “L’appel du Vide”, “God Fearing Man”, “Death Shall Have No Dominion” y “The Black” fue impecable. El cierre con este último, uno de mis temas favoritos del nuevo disco, fue simplemente brutal.
La puesta en escena, sin grandes adornos, funcionaba a la perfección. Eran ellos y su música. Y bastaba. Imminence vinieron a Clisson con el cuchillo entre los dientes y se llevaron por delante a todo el que se cruzó en su camino.
Till Lindemann:
Tenía muchas ganas de ver este concierto. Nunca había visto a Rammstein, así que ver a Till Lindemann en solitario me hacía especial ilusión. El ambiente era buenísimo, el público estaba muy metido y la expectación era evidente. Todo apuntaba a algo grande… pero no terminó de funcionar.
Abrieron con “Zunge”, seguida de “Schweiss” y “Fat”, y aunque el sonido era bueno y la música, que me gusta, sonaba como debía, hubo algo que no me atrapó. La puesta en escena no me convenció. Visualmente, no me pareció potente ni coherente con lo que esperaba. Esperaba algo más elaborado, más teatral o impactante, y lo que encontré fue una estética algo fría, sin alma.
Siguieron con “Altes Fleisch”, “Allesfresser” y “Golden Shower”, y aunque los temas funcionaban, yo no terminaba de conectar. No me gustó la actitud de Lindemann sobre el escenario, una mezcla de desdén y distancia que no ayudó nada a generar conexión con el público, al menos desde mi percepción.
En el tramo final llegaron “Sport frei”, “Blut”, “Praise Abort” y “Du hast kein Herz”, pero ni siquiera con los temas más conocidos se rompió la barrera. Cerraron con “Skills in Pills”, una curiosísima versión de “Entre dos tierras” de Héroes del Silencio, e “Ich hasse Kinder”, pero ya para entonces mi sensación no había cambiado.
Una pena, porque tenía muchas expectativas. Me gusta su música, pero en directo no me transmitió nada. No descarto darle otra oportunidad en otro contexto… pero esta vez, no fue, una pena.
Rise of the Northstar:
No estaba en mis planes ver su concierto completo. Rise of the Northstar tocaban antes de Korn, y como tenía pensado verlos la semana siguiente en el Rockfest de Barcelona, decidí reservarme y quedarme algo lejos para asegurar una buena posición para los de Bakersfield. Aun así, desde la distancia, los disfruté bastante.
Entraron en el cartel apenas un mes antes por la caída de Ultravomit, y lo cierto es que supieron aprovechar la oportunidad. La entrada con pirotecnia marcó el tono desde el primer segundo: agresivos, visuales y con una puesta en escena muy cuidada.
El setlist fue una descarga continua de energía: “Nekketsu”, “Welcame (Furyo State of Mind)”, “Crank It Up” y “Here Comes the Boom” retumbaron incluso desde el fondo. Aunque los vi mejor en Barcelona y ahí sí los viví de cerca, el show en Clisson fue sólido, contundente y cargado de actitud.
La segunda mitad del concierto mantuvo el nivel con temas como “One Love”, “Showdown”, “Neo Paris”, “Bosozoku” y “Demonstrating My Saiya Style”. Cerraron con “Rise” y “Again and Again”, dejando a su público bien arriba.
Fue un buen adelanto para lo que vendría en Rockfest. No me arrepiento de haberlos visto así, desde lejos, pero con ganas de revancha total en primera fila unos días después.
Korn:
Korn era uno de los nombres que más esperaba en este Hellfest. Verles en este escenario, con esa producción, rodeado de miles de personas, era algo que llevaba tiempo imaginando. Y la realidad no decepcionó: fue una apisonadora sonora, una celebración total del nu metal en su máxima expresión.
Después de la decepción el pasado año con Avenged Sevenfold llegaba con miedo a ver a los americanos, no quería otro chasco con un cabeza de cartel, pero por suerte esta vez me fui muy contento.
Abrieron con “Blind”, y con solo escuchar el “Are you ready?”, el público estalló. La locura se desató en segundos. Le siguieron “Twist”, “Here to Stay” y “Clown”, una secuencia demoledora que no daba respiro. Era imposible no dejarse llevar por ese ritmo sucio, denso, inconfundible.
La conexión entre banda y público era absoluta. Jonathan Davis dominaba el escenario, y aunque no hablaba mucho, su sola presencia lo decía todo. La banda sonaba enorme, con un equilibrio perfecto entre potencia y claridad. Temas como “Got the Life”, “Did My Time” y “Shoots and Ladders”, con guiño a “One” de Metallica, fueron auténticos cañonazos.
El repertorio fue un viaje por toda su trayectoria: “Cold”, “Ball Tongue”, “Twisted Transistor”, “A.D.I.D.A.S.”, “Dirty”, “Somebody Someone”… cada tema era recibido con una mezcla de nostalgia y energía renovada. La gente coreaba, pogueaba, y vivía cada momento como si fuera el último.
El final fue sencillamente espectacular: “Y’All Want a Single”, “4 U”, “Falling Away From Me” y “Divine” justo antes de su gran himno “Freak on a Leash”. Pusieron punto final a un concierto perfecto. Un cierre a la altura de una banda que sigue siendo imprescindible en directo.
Korn no vinieron a cumplir. Vinieron a arrasar. Y lo consiguieron. Cabeza de cartel a la altura de su posición.
Electric Callboy:
Era la banda que más ganas tenía de ver en todo el día. Electric Callboy no son solo uno de mis grupos favoritos: son energía, espectáculo, fiesta pura. Después de haberlos visto una vez antes y quedarme completamente alucinado, tenía claro que esta vez no iba a ser distinto. Aunque aquella primera vez fue insuperable por sorpresa y frescura, lo que ofrecieron en Hellfest 2025 fue, sin duda, uno de los conciertos más potentes del día.
Desde el primer segundo, aquello fue una explosión. Abrieron con “Elevator Operator” y la carpa se vino abajo. El público estaba entregadísimo, y la banda salió como una apisonadora. Enlazaron con “MC Thunder II (Dancing Like a Ninja)” y “Spaceman”, con toda la pirotecnia, humo, luces y esa estética entre absurda y espectacular que tan bien manejan. Era imposible no sonreír, no moverse, no gritar.
Uno de los momentos más curiosos fue su versión de “Still Waiting” de Sum 41, que ahora cobra aún más sentido con la incorporación de Frank Zummo (exbatería de Sum 41) a sus filas. Fue un homenaje tan inesperado como emocionante, encajado con total naturalidad en medio de una fiesta sin control.
Después de eso vino el caos total. “Hypa Hypa” desató un pogo masivo, “Revery” aportó un toque más melódico sin bajar la intensidad, y “Everytime We Touch” convirtió la carpa en una rave metalera, con miles de voces coreando el estribillo a pleno pulmón como si fuera el fin del mundo.
A estas alturas del set, entre el confeti, el fuego, las explosiones y el humor, el concierto ya era una celebración colectiva. Pero aún quedaba pólvora. “Pump It” fue otro de los grandes momentos, con su energía desbordante, y “Hurrikan” no se quedó atrás. El grupo no aflojó ni por un instante.
El tramo final fue directamente una locura: “Mindreader”, “MC Thunder”, “RATATATA”, “Tekkno Train” y “We Got the Moves” cerraron un show redondo. El público estaba en trance. Bailando, gritando, saltando. Electric Callboy no tocaron un concierto: montaron una fiesta gigantesca, y todos fuimos parte de ella.
Aunque no me sorprendieron tanto como la primera vez, lo de Hellfest fue apoteósico. Un espectáculo sin fisuras, una entrega total, y una banda que está en el mejor momento de su carrera. No vinieron a cumplir. Vinieron a reventarlo. Y lo consiguieron.
El jueves en Hellfest 2025 fue un arranque perfecto: metalcore, fiesta, emoción y una sucesión de conciertos que dejaron huella. Desde la sorpresa de Disconnected hasta la demolición final de Electric Callboy, fue un día de esos que hacen que volver a Clisson cada junio sea una necesidad vital, no una opción. Y aún quedaban 3 días más de disfrute.

