
«Mi segundo día en Rock Imperium 2025 – ¡Seguimos disfrutando… a pesar del calor!»
Crónica Julia López, Fotos Crom
No eran ni las dos y ya me escocían los hombros por el sol, pero el viernes prometía tanto que me puse la cremita factor 50 y tiré para dentro. El primer petardazo llegó con
DrunkSkull, los paisanos que parecen vivir a base de Red Bull y riffs. “God Of Thunder” fue el aviso de que no habría tregua: Raúl “Chucky” gruñía, Alejandro le soltaba solos cada vez más épicos y el bajo de José Antonio retumbaba como si la tierra se quejara del calor. Entre “Nightmare”, el galopón “March Of Iberians” y el cierre doble “Run For Your Life”/“Look At Me”, los pocos valientes que estaban pegados a la valla (yo siento admitir que estaba a la sombra de los árboles), terminaron cabeceando como si los hubieran puesto a las nueve de la noche. José Antonio casi lloró cuando dijo que ese era su sueño: yo, a mi edad, también firmaría vivir algo así.
Ni cinco minutos de sombra y ya estaban Oniric Prison desplegando su laberinto sonoro. Empezaron con “Blood Manifest”, todo círculos de guitarra y baterías afiladas. Gerardo se turnaba riff y voz, Javier Blanco se marcaba armonías imposibles y, en medio, “Cave Of Snakes” rugía atronadora El clímax fue “Portrait Of A Liar” enlazado con una guiñada al riff de “Rock You Like A Hurricane”: buen preludio del huracán teutón que nos esperaba de noche. Poca gente —el sol castigaba—, pero los que resistimos lo gozamos en versión premium.
Cambio de continente y de película con los japoneses Head Phones President. De repente, la tarima parecía un videoclip J-rock: Anza salió chillando “¡Hola España!” y “Stand In The World” reventó los subgraves. Ella se contorsiona, se tira al suelo, se agarra a la valla… El bajo retumba bien alto, pero aun así distingo la melodía oscura de “Change The Game” y la atmósfera rara de “The Moon Chase Me”. El final con “Can You Feel It” y “Alive” fue un pogo casi tribal: brazos, saltos y gente con camisetas de anime mojadas de sudor. Salgo medio sorda, pero feliz.
Sin pausas dramáticas, Italia se adueña del escenario con Secret Rule y su metal sinfónico de luces y sombras. Angela Di Vincenzo llega elegante, saluda con un “Dai!” y arranca “One More”. Al principio la guitarra está altísima y la voz se pierde, pero para “I Am” ya suena todo en su sitio. Cuando explican que “Just A Sacrifice” es primicia mundial, la gente se arrima a ver si pilla vídeo. A mí me atrapa “The Song Of The Universe”: estribillo coreable, cierre a capela y piel de gallina. “Destruction” sube las revoluciones, “Time Zero” mete mano a nuestro sentido del ritmo y el estreno “Echoes Of The Earth” se queda pegado como chicle en la oreja. Antes de irse, Angela nos hace saltar al ritmo de “dai, dai, DAI” y nos deja el corazón a cien.
A eso de las siete, Hitten convierten el escenario en una portada de vinilo ochentera: humo, telón propio y la intro “Prelude To Passion”. “While Passion Lasts” me sacude las cervicales, “Mr. Know It All” me engancha con su estribillo descarado y “Blood From A Stone” confirma que Alex Panza es un híbrido entre Tony Moore y Bruce Dickinson juvenil. Johnny Lorca se pasea como si hubiera nacido con la guitarra puesta y Willy Medina aporrea la batería sonriente mientras lanza baquetas al aire. En “Eyes Never Lie” se me salen los “oh-oh-oh” de lo alto que la cantan, y cuando llega “In The Heat Of The Night” se va la PA unos segundos; ellos siguen tocando igual y, cuando el sonido vuelve, el público grita más fuerte. Fin con “Built To Rock” y una pose final que merece póster.
Necesitaba un respiro y lo encontré en 91 Suite, que son como un frappé de melodic rock para la garganta ardiente. Empalman “Seal It With A Kiss” con “Times They Change” y ya estoy cantando aunque solo me sé la mitad de la letra. Jesús Espín tiene la voz intacta y se mueve entre Iván y Paco, que intercambian solos con una clase brutal. “Starting All Over” suena a himno veraniego, y “Give Me Your Heart” —recién salida del horno— muestra que el futuro disco promete. El cierre con “Wings Of Fire” mientras nos vuelcan manguerazos refrescantes fue como ducharse en Detrás Del Escenario, versión luz de atardecer.
Ocho y pico, luces neón y la intro futurista de Amaranthe. El telón de “The Catalyst” sube y “Fearless” detona confeti invisible. Primeros dos temas con sonido raruno, pero a mitad de “Damnation Flame” todo hace clic. Elize resplandece —literal, su chaqueta reflecta los focos—, Mikael escupe guturales que dan miedo y Nils domina la valla en “Viral”. “The Catalyst” y “Re-Vision” dejan claro quién manda en el metal pop actual. “Strong” me hace levantar el puño, “Amaranthine” arranca coros tiernos y el combo “That Song” + “Drop Dead Cynical” convierte el recinto en discoteca metalera: todos saltando, Olof lanzando púa al aire, selfie gigante y promesa de volver.
Con Stryper, el ambiente cambia a misa rockera. El inicio con “Sing Along Song” fue caótico por la mezcla, pero el público suplió decibelios cantando. “Calling On You” mejora la cosa, “Divider” muestra la versión moderna y heavy, y “Loud ’n’ Clear” desata nostalgia nivel lágrimas. Michael Sweet reparte biblias mientras afina agudos imposibles; “Soldiers Under Command” convierte la explanada en ejército de coros y el final con “To Hell With The Devil” es un karaoke multigeneracional. Si arreglan los problemas de sonido, volverán a volarnos la cabeza.
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Las diez y veinte: las pantallas se encienden con la historia de Scorpions y un planeta-escorpión girando. “Coming Home” arranca y se me encoje la barriga; Klaus Meine aguanta el tipo mejor de lo que muchos quisiéramos a su edad. “Gas In The Tank” confirma que sus temas nuevos también valen, “Make It Real” lleva la fiesta retro y “The Zoo” hace temblar el asfalto. “Coast To Coast” es mi momento zen: cierro los ojos y me dejo llevar. El medley setentero (“Speedy’s Coming” incluida) es un regalo para frikis de la era Uli. Baladas “Send Me An Angel” y “Wind Of Change” convierten miles de móviles en constelaciones. Después, Mikkey Dee revienta la tragaperras luminoso-Motörhead y nos lanza a “Big City Nights”. Cuando el escorpión mecánico se alza en “Blackout” me siento en un parque temático del heavy. Rematan con “Rock You Like A Hurricane”; yo canto tan fuerte que me mareo. Un 60.º cumpleaños de colección.
A medianoche larga, Gloryhammer suben un castillo de cartón piedra, invocan a Tom Jones de intro y ya voy riéndome. “The Land Of Unicorns” nos pone a trotar, “He Has Returned” suena épica con coros de cerveza y “Wasteland Warrior Hoots Patrol” desata un mar de “Hoots!”. Sozos Michael aguanta agudos legendarios, Paul Templing y Mike Barber suben y bajan escaleras como caballeros en misión galáctica y un orco con saxofón inflable se lleva la foto del día. “Universe On Fire” prende, “Gloryhammer” nos hace alzar el martillo imaginario y “The Unicorn Invasion Of Dundee” es el fin de fiesta friki definitivo.
Pensaba que mi cuello ya no daba más, pero a la una y media aparecen Decapitated y su técnica quirúrgica. “Cancer Culture” arranca con pulso de metrónomo asesino, “Earth Scar” va tan rápida que ni las luces la siguen y “Never” provoca un wall of death razonablemente civilizado para la hora que es. Vogg se luce, Eemeli gruñe con acento demoníaco y yo aguanto hasta la última nota, porque mañana dormiré todo el bus de vuelta.
Epilogo con sneakers polvorientas: cuando salgo, el puerto de Cartagena huele a brisa mezclada con fritanga y polvo de pogo. El viernes fue una montaña rusa de thrash, sinfonías, hard rock vintage, pop-metal fluorescente y power metal con unicornios. Me late el corazón todavía más rápido que los dobles bombos y pienso que, si así suena la segunda jornada, qué demonios tendrá preparada la tercera. Spoiler: mi yo de dieciséis años no se va a rendir a mitad de camino. Nos vemos al pie de la valla.

