
“Cuando la guitarra tocó el cielo. La llama eterna del virtuosismo»
Neoclassical Power Metal/Shred – Suecia
Escrito por Crom
Hay discos que te explotan en la cara, que abren puertas y que, sin saberlo, cambian tu forma de escuchar, de ver, de entender la música. En mi caso, con Yngwie J. Malmsteen y su debut en solitario con Rising Force me ocurrió eso. Un disco con el que comencé a amar la guitarra, cuando en mis inicios, era tan necesario el mensaje, el ideario rockero que fue lo que me enganchó al Metal, y los instrumentos eran algo accesorio. Este disco lo cambió todo para mi, y a partir de él comencé a disfrutar del virtuosismo de otros guitarristas como Jason Becker, Marty Friedman, Joey Tafolla, Tony MacAlpine, Joshua y tantos y tantos otros… Por supuesto también de Steve Vai y Joe Satriani.
Tengo una historia con este disco que carece de interés en esta reseña, pero que me apetece compartir, compré el vinilo en una tienda de Tenerife al inicio de mi servicio militar allí, y lo guardé en una pequeña taquilla donde tenía mis escasas pertenencias, lo veía cada día, pero no puede escucharlo hasta seis meses después que volví a casa en Murcia con un permiso… ¿Sabéis la expectación que me generó? Muchos de vosotros seguro que no, los que habéis crecido con Spotify, pero en los 80, la música solo la podías escuchar en formato físico. Así que sí, fue y es un álbum muy importante para mi.
Corría 1984 y Yngwie, con 21 años recién cumplidos, ya era una estrella de las seis cuerdas. Tras su paso fugaz por Steeler y su explosión absoluta junto a Graham Bonnet en Alcatrazz, donde nos dejó boquiabiertos con ese Evil Eye en vivo que parecía un conjuro más que una canción, decidió que era momento de volar libre. Lo que parió fue un álbum instrumental (con un par de canciones cantadas nada más y nada menos que por Jeff Scott Soto) que más que un disco parecía una declaración de intenciones lanzada al cosmos: “el shredding ha llegado, y yo soy su profeta”.
La intro de Black Star ya te pone en aviso. Hay algo diferente aquí. Esa mezcla de lirismo barroco, dramatismo neoclásico y velocidad quirúrgica es puro Yngwie. Aún hoy, ese tema tiene una fuerza mágica. Le sigue Far Beyond the Sun, un clásico absoluto, eterno. Si eres guitarrista, esta canción te persigue. Si no lo eres, te seduce igual. El fraseo, el vibrato, ese punto entre arrogancia y belleza… no hay nada que sobre. No hay tregua. Solo vértigo y emoción.
Now Your Ships Are Burned es uno de los dos cortes cantados del disco. Aquí entra en escena un joven Jeff Scott Soto, con una voz cruda y poderosa, muy diferente al estilo más melódico que desarrollaría después. El tema mezcla partes vocales con pasajes instrumentales que parecen retales de una ópera eléctrica. Evil Eye, por supuesto, no podía faltar. Es la pieza con la que muchos conocimos a Yngwie, y sigue sonando con esa aura de jam maldita, de invocación oscura desde los trastes más agudos del diapasón.
El disco sigue con Icarus’ Dream Suite Op. 4, una de mis favoritas. Trágica, preciosa, cargada de esa tensión que solo un amante de Paganini, Blackmore y Bach podría componer. Se te mete dentro. As Above, So Below recupera el tono más hard rock, con Soto otra vez al frente, demostrando que podía rugir con estilo, y con un riff principal que te atrapa desde la primera vuelta.
Little Savage es adrenalina pura. Un tema instrumental que bien podría sonar como fondo de una persecución por los cielos de Asgard. Cambios de ritmo, escalas imposibles, melodías hipnóticas. Casi te da miedo aplaudir después. Y por último, Farewell, una miniatura acústica que cierra el disco como si Malmsteen, después de arrasar el mundo con truenos, nos acariciara con la yema de los dedos. Breve, íntimo, perfecto.
Lo más bestia es que esto era solo el principio. Rising Force fue nominado a un Grammy, y aunque no ganó, sí dejó claro que el rock instrumental podía estar en boca de todos. El impacto fue inmediato: miles de guitarristas colgaron sus púas y decidieron que había que estudiar, que había que correr más, pero también sentir más. Porque Yngwie Malmsteen, en este disco, lo hace todo. Corre, sí. Pero también emociona. Provoca. Hipnotiza.
Muchos lo acusarían después de repetirse, de encerrarse en su propio ego barroco, de no evolucionar como otros contemporáneos suyos (Satriani, Vai…). Pero aquí, en este debut, todo era nuevo, todo era verdad. No había vicio ni rutina. Solo pasión, hambre, talento, y una guitarra que parecía tener vida propia.
Rising Force no es solo un disco de guitarra. Es una obra fundacional. Un meteorito que cayó sobre el mundo del rock en los 80 y lo partió por la mitad. Es el primer ladrillo de un imperio. Y aunque ese imperio haya tenido grietas después, lo que se construyó aquí es indiscutible. Si no lo has escuchado aún con atención, hazlo. Y si lo conoces, ya sabes que vuelve solo. Como los grandes.
Listado de canciones
- Black Star
- Far Beyond the Sun
- Now Your Ships Are Burned
- Evil Eye
- Icarus’ Dream Suite Op. 4
- As Above, So Below
- Little Savage
- Farewell

Músicos
- Yngwie J. Malmsteen – guitarras, bajo (excepto en As Above, So Below), Moog Taurus, productor
- Jens Johansson – teclados
- Barriemore Barlow – batería
- Jeff Scott Soto – voz en Now Your Ships Are Burned y As Above, So Below


