
«Pogos, hermandad y thrash metal: una noche para reivindicar la escena underground»
Crónica escrita por Isa M., fotos de Crom
Hay conciertos que destacan por el nombre de las bandas y otros que lo hacen por el ambiente que se genera entre ellas. Las Spanish Thrash Metal Brotherhood Sessions pertenecen claramente al segundo grupo. La Sala Spectrum acogió el pasado 30 de mayo una reunión de la escena thrash underground nacional, con cuatro bandas que comparten una misma filosofía: pasión, cercanía y apoyo mutuo.
Desde los manchegos Kickin’ Kidneys hasta los murcianos EvilacT, pasando por los navarros Electrikeel y los cartageneros Vatican Spectrum, la velada fue una auténtica celebración de esa palabra que aparece en el propio nombre del evento: Brotherhood (hermandad). Camisetas de unas bandas lucidas por miembros de otras, elogios constantes entre grupos y un público dispuesto a dejarse la piel en cada pogo fueron la mejor prueba de ello.
KICKIN’ KIDNEYS
Los encargados de abrir fuego fueron los albaceteños Kickin’ Kidneys, que demostraron desde el primer minuto por qué se están ganando un nombre dentro de la escena. A las diez en punto arrancaban con una puntualidad casi quirúrgica, dejando claro que aquello no iba a ser una noche para quedarse quieto.
Tras los primeros temas, la banda agradeció su regreso a la murciana sala Spectrum, donde ya habían dejado buenas sensaciones meses atrás durante el HMC Spectros Festival. Lo que vino después fue media hora larga de energía desatada.
Gran parte de la culpa la tuvo Víctor, un bajista incapaz de permanecer demasiado tiempo sobre el escenario. En Dethrone The Tyrant se lanzó entre el público mientras un pogo se formaba a su alrededor, y repetiría la jugada varias veces durante el concierto.
En una de ellas incluso terminó tocando prácticamente tumbado en el suelo, adoptando posturas imposibles mientras seguía disparando notas con total naturalidad.
El grupo fue enlazando canciones hasta llegar al bloque final, formado por los temas de su EP Rotten Souls. Fue entonces cuando protagonizaron uno de los momentos más recordados de toda la noche. Presentando Hops In The Mosh, el cantante recordó que venían de La Roda, tierra de los famosos miguelitos. Acto seguido invitaron al público a montar un circle pit alrededor de su compañero Javier, que apareció repartiendo los dulces entre los asistentes mientras
giraban a su alrededor. Thrash metal y repostería manchega compartiendo protagonismo en la misma canción. Difícil superar eso.
La banda insistió varias veces en una idea que terminó definiendo perfectamente su actuación: «corto pero intenso». Y razón no les faltaba. Apenas treinta y cinco minutos después de empezar llegaba Rotten Souls, último tema de la noche, con otro de los guitarristas bajando junto al público mientras los asistentes se agachaban esperando la explosión final.
Cuando terminaron, uno se quedaba con ganas de más. En poco más de media hora dejaron una impresión magnífica gracias a una combinación de frescura, actitud y una energía contagiosa. Además, resulta especialmente esperanzador ver a músicos tan jóvenes defendiendo el thrash metal con semejante convicción. Si mantienen esta actitud, tienen mucho camino por delante.
ELECTRIKEEL
Si Kickin’ Kidneys apostaron por la cercanía y el cachondeo, los navarros Electrikeel optaron por una estrategia mucho más sencilla: salir al escenario y arrasar. Con un formato de trío compuesto por Xabier Recalde al bajo y voz,
Asier Bendoiro a la guitarra y voz y Jon Laguna a la batería, la banda apareció acompañada únicamente por un par de roll-ups y una colección de riffs afilados capaces de cortar el acero.
Desde Kingslayers quedó claro que no habían venido a perder tiempo. De hecho, apenas se detuvieron entre canciones.
Cuando tomaban el micrófono era únicamente para anunciar el siguiente tema antes de volver a acelerar. «Como no tenemos mucho tiempo y queremos tocar mucho», comentaron antes de presentar Solve Et Coagula, tema que da nombre a su segundo trabajo.
Caballo Blanco, Feel The Eel, Flesh Dematerializer o Egomaniac Frenzy fueron cayendo una tras otra mientras los pogos no daban tregua en las primeras filas. De hecho, por momentos parecía que el público estaba decidido a competir con la banda por el protagonismo de la actuación. Me gustó especialmente ver a Jon Laguna luciendo una camiseta de EvilacT, la banda que cerraría la noche. Un pequeño detalle que resumía perfectamente el espíritu de compañerismo que flotó durante todo el evento.
Antes de la recta final lanzaron una pregunta al público: había dos opciones para afrontar la última parte del concierto, dejarse el cuello en los pogos o montar una conga. La respuesta fue la esperable en una noche de thrash. Con Till We Die y Outlaws From Outer Worlds encararon la despedida antes de cerrar con Death In Plastic. Un concierto directo, sin adornos y sin pausas innecesarias.
VATICAN SPECTRUM
Pocos minutos antes de la medianoche llegó el turno de Vatican Spectrum, banda a la que tengo especial cariño. Han tocado en mi tierra alfarera y los he visto en varias ocasiones en directo y puedo decir que cada vez los disfruto más. Además de buenos músicos, son excelentes personas. Los cartageneros aparecieron rodeados de calaveras, cruces invertidas y simbología satánica, transformando la Sala Spectrum en una especie de templo pagano del thrash metal. La ocasión además tenía un componente emocional añadido, ya que se trataba de la despedida en Murcia de Grego, bajista de la banda.
Nada más aparecer, Jesús Ortiz lanzó una declaración de intenciones: «Somos Vatican Spectrum y hemos venido a confesaros». A partir de ahí comenzó un espectáculo que fue mucho más allá de la música. Cáliz en mano, repartieron «sangre» entre algunos asistentes marcándoles la frente mientras sonaban los primeros compases de Satanic’s Cry.
El repertorio estuvo muy centrado en Satanic Mantra, su último trabajo, aunque también hubo espacio para piezas ya habituales de su directo. Entre tema y tema, Jesús aprovechó para lanzar mensajes contra las guerras y dejar claro su rechazo a cualquier conflicto armado antes
de arrancar Brutal War. Como frontman volvió a demostrar por qué conecta tan bien con el público. No dejó de moverse ni un segundo, bajó varias veces a mezclarse con los asistentes y terminó incluso echándose la sangre del cáliz por encima en uno de los momentos más visuales de la actuación. Guillermo Arnaldos y el propio Jesús construyeron un sólido muro de guitarras, mientras Grego y Víctor sostenían una base rítmica contundente. Fue una actuación intensa, oscura y cargada de simbolismo, pero también especialmente emotiva por el contexto. Se notaba que la banda estaba disfrutando del momento y que el público quería acompañarlos hasta el final del ritual.
EVILACT
La responsabilidad de cerrar la noche recayó sobre los locales EvilacT, que volvieron a demostrar por qué son una de las bandas murcianas más activas y comprometidas con la escena.
Poco antes de la una de la madrugada arrancaban con material de su último trabajo, Futuro: Amenaza, un disco que prácticamente monopolizó el repertorio de la noche.
Ya desde el primer momento apareció otro detalle que reforzaba el espíritu de hermandad del evento: Richard lucía una camiseta de Kickin’ Kidneys mientras subía al escenario. Un gesto sencillo, pero muy representativo. Además, la incorporación de José a la guitarra permitió recuperar la formación de cuatro miembros, algo que se notó especialmente en el peso y la contundencia del sonido.
Temas como Resistencia, Aquel Que Está Vacío o Bienvenido al Matadero fueron cayendo uno tras otro. Precisamente al presentar esta última, bromearon diciendo que era una canción con la que más de uno se sentiría identificado al regresar al trabajo el lunes por la mañana. Tras elogiar a las bandas que les habían precedido sobre el escenario también bromearon con que les estaban haciendo parecer «los AC/DC del thrash». La solución llegó rápidamente en forma de Foso de Sacrificio.
Más allá de la música, EvilacT transmite algo muy valioso: autenticidad. Se nota que viven la escena desde dentro, que apoyan a otras bandas y que entienden el metal como una comunidad antes que como una competición. Eso conecta de inmediato con el público y los hace especiales en una escena cada día más complicada para los músicos que crean y defienden sus propios temas.
Cuando sonaron los últimos acordes de Celdas Rotas, Perros Sueltos, la sensación era la de haber asistido a una de esas noches que justifican por sí solas la existencia de las salas pequeñas y de la escena underground. Cuatro bandas y muy buen rollo. Exactamente lo que prometía el cartel.

