
“El discazo que da la felicidad.”
Reseña de Sikanda
Metal – España
Sober son una de esas bandas un tanto controvertidas de las que parece que solo dan lugar a dos opciones: o los amas, o los odias. En este 2026 cumplen 30 años de carrera así que al menos no se les puede negar que saben lo que hacen, te llegue a ti o no. Y es que uno no alcanza una carrera musical tan dilatada sin trabajo y esfuerzo. El disco que sirve para celebrar semejante aniversario lleva por título “Anandamida” que resulta que es una molécula que produce nuestro cuerpo a la que se le llama la de la felicidad. Y te aseguro que eso es lo que sientes tras escuchar los once temas que lo componen. Además, supone la entrada de Juan Sánchez (y la despedida de Antonio Benardini) que se une a Carlos Escobedo y Manu Reyes en lo que será la nueva etapa de la formación.
Este Anandamida se abre con la canción que le da título al álbum y ya desde este corte descubres letras que son pura poesía, con frases que te marcan desde la primera escucha y que describen situaciones por las que hemos podido pasar todos. Algo que seguirá ocurriendo con el resto de temas. Arranca con sonidos de reminiscencia oriental que irán apareciendo de nuevo, y con una mezcla entre el metal, el rock pesado, lo industrial, cierto aire orquestal y las guitarras al más puro estilo heavy. La voz de Carlos resulta un tanto sombría y poderosa. Destaca también en este corte el coro de voces infantiles cantando el estribillo que le aporta un toque diferente.
El siguiente en sonar es “Mi refugio” con ese tono oscuro y melancólico que caracteriza a la banda. Es de esos cortes que se quedan en tu cabeza a la primera escucha. No es excesivamente largo, como ningún tema del disco y la producción subraya cada sonido, cada nota, cada capa de instrumentos. El bajo y la batería aparecen dándolo todo en el inicio de “Dile al miedo” que avanza hacia el groove para volverse más melódica en el estribillo. Una canción con una letra muy potente, que rezuma optimismo y fuerza y que debería ser de obligada escucha con frases tan demoledoras como “Es más fácil enfrentarse a o que duele que regalar tu libertad”.
Con sonido de metal electrónico llega “Indestructible” que tiene una parte con las voces dobladas y en la que reaparece el coro de niños. La guitarra tiene unos riffs espectaculares y realiza un gran trabajo. Cuenta con una parte más tranquila y pausada hacia el final que no le resta ni un ápice de fuerza. “Efímero” es una canción más directa, con ritmo muy marcado por la batería y con una línea de orquestaciones que le aporta ese aire más íntimo y suave.
“En la orilla” es uno de esos temas que ya te impactan desde la primera escucha y cuanto más los oyes, más te gustan y más aprecias los matices. Es grandilocuente, también con esas orquestaciones características de la banda, con capas y capas de sonido que se empastan perfectamente para formar un medio tiempo en el que también hay una parte que parece acústica y en la que se juega con los silencios. Una letra preciosa que habla de superación y de avanzar, aunque sea poco a poco. Una idea que realmente predomina en todo el disco. “Cae el telón” nos devuelve a ese sonido más potente, al empleo de sintetizadores, para una canción que cuenta lo que pasa con la persona que hay detrás del músico cuando se baja del escenario. Un tema sin duda de los más personales que haya compuesto la banda.
“Círculo rojo” arranca más sucio, más pesado, de nuevo con ese deje un tanto groove y el bajo del propio Carlos muy marcado, como ocurre también en “Cuatro paredes”. Este vuelve a ser un corte más melódico, con un estribillo pegadizo para un tema que habla de ese lugar que tenemos dentro de nosotros o a nuestro alrededor donde ser felices y ser nosotros mismos.
“Infinito” con Alba Moreno, una vocalista que ha colaborado con grupos como Lépoka o Mago de Oz, es toda una sorpresa. Una canción de tintes oscuros, cargada de sentimiento, fuerza y la magia del contraste entre las dos voces. Uno de esos temas de los que escuchas unos segundos y reconoces perfectamente como de Sober por su sonido, su cadencia, su tono.
Y para cerrar, pues un broche perfecto con un sencillo como es “El beso de Judas” una letra que describe a la perfección esa situación que, casi todos habremos vivido, que es la traición de alguien al que apreciábamos. Seguro que si la escuchas se te representa la cara o el nombre de alguien. Es otro de esos temas que puedes escuchar en bucle, con su riff potentísimo, su estribillo pegadizo con la voz de Carlos expresando ira y dolor, el afilado solo y los sonidos machacones que ponen un cierre fantástico a este disco de la molécula de la felicidad. Y me reitero, este disco destila optimismo, con mensajes muy positivos y letras que llegan al alma, y es que este disco es Anandamida pura.

Sober
Carlos Escobedo: Voz y bajo
Jorge Escobedo: guitarra
Manu Reyes: batería
Juan Sánchez: guitarra
Canciones
1.Anandamida
2.Mi refugio
3.Dile al miedo
4.Indestructible
5.Efímero
6.En la orilla
7.Cae el telón
8.Círculo rojo
9.4 paredes
10.Infinito
11.El beso de Judas

