
«40 años después, seguimos echando de menos a Santa y Azuzena»
Escrita por Crom
No hay piedad para los condenados (1985) es el segundo álbum de Santa, un trabajo que marca un giro significativo en su trayectoria musical. Producido por Carlos de Castro, guitarrista de Barón Rojo, este disco muestra una evolución hacia un sonido más melódico, alejándose un tanto del heavy metal clásico que caracterizó su debut Reencarnación. Grabado bajo el sello Chapa Discos, este álbum refleja tanto las ambiciones como las tensiones internas que comenzaban a surgir dentro de la banda.
La formación incluye a Jero Ramiro en las guitarras, Azuzena Dorado (R.I.P. 2005) liderando con su poderosa e inconfundible voz rasgada, Bernardo Ballester tras la batería, Miguel Ángel Collado en los teclados y Diego Jiménez en el bajo. La incorporación de Collado fue clave para darle al sonido de Santa una textura más atmosférica, algo evidente en cortes instrumentales como «Intermezzo» o «Viena» , que añaden momentos de calma entre las canciones más potentes. La portada del álbum, muestra a la propia Azuzena atada a un poste preparada para su ejecución, como las brujas que quemaban en la Inquisición
El álbum abre con Todo Mi Honor, una canción que establece el tono épico del disco. Desde el primer riff, Jero Ramiro demuestra su habilidad para crear buenas melodías, mientras que Azuzena entrega una interpretación cargada de pasión. La letra, es una mano amiga que te tienden cuando más lo necesitas: «Dime si alguien te tiende la mano, Cuando el dolor te hace caer de rodillas», y es muy fácil conectar con ella, son esas las cosas que me hicieron amar esta música hace más de 40 años, cuando escarbé en sus canciones más allá de las supuestas estridencias, y vi que la gente del Heavy Metal estaba muy alejada de los estereotipos que vendían en los 80. Es una declaración de principios que invita a levantarse cada vez que te sientes derrotado.
Luego llega No Eres Suficiente, donde Azuzena demuestra por qué era una de las mejores vocalistas femeninas del Heavy Metal español. Su técnica vocal aquí es impresionante: consigue transmitir ese sentimiento de deseo mezclado con desprecio, de sensualidad y dominio femenino, décadas antes del empoderamiento que se busca hoy. En aquellos días una mujer al frente de una banda de Rock, era todo un reto, y Azuzena era una guerrera. Las guitarras de Jero son contundentes, con un solo que destaca por su intensidad. Sus líneas como «Arder de amor cada noche / Descansar y empezar» tienen un mensaje que no deja lugar a malentendidos.
Pasamos a Sin Compasión y Solo Eres Tú, dos temas que exploran diferentes facetas del en un estilo hardrockero. La primera tiene buen ritmo, con una base rítmica sólida gracias al trabajo de Bernardo Ballester en la batería y Diego Jiménez en el bajo. En contraste, «Solo Eres Tú» es más introspectiva, destacando la capacidad de Azuzena para abordar temas más sentimentales sin perder su fuerza característica.
Después de estos temas, encontramos Intermezzo y Viena, dos interludios instrumentales que ofrecen un respiro entre el corte que da título al disco. Estos cortes muestran cómo los teclados de Collado pueden agregar capas adicionales al sonido de Santa, creando atmósferas más sutiles que complementan perfectamente las canciones más potentes. No Hay Piedad Para Los Condenados, que da título al álbum, es un homenaje al rock & roll en su forma más cruda. Las guitarras distorsionadas crean una atmósfera densa, mientras que los coros le dan un toque épico. Las líneas como «No hay piedad para los condenados, No hay ningún lugar a donde ir» resuenan como un mantra para todos aquellos que se sienten marginados o incomprendidos… Que en aquella época lo éramos todos los heavies me temo. Es una declaración de principios que aún tiene vigencia hoy día.
Continuamos con D’Astaire Club, que combina elementos de rock clásico con toques modernos. Aquí, las guitarras de Jero brillan con solos técnicos pero accesibles, mientras que Azuzena sigue con sus enormes prestaciones vocales. Le sigue Levántate, un tema motivador que anima a superar adversidades. buenos riffs y un estribillo perfecto para cantar a todo pulmón. Arma mortal es una canción de catástrofe por amenaza bélica, tristemente vigente a día de hoy: Si los rusos se preparan ya no hay nada que pensar, Si los yanquis no se cortan todo se derrumbará, No hay razones suficientes para poder alentar, Por las calles se presiente el desenlace fatal.
Finalmente, cerramos con Huérfanos de la Tormenta, una de las joyas del disco. Esta canción es un tributo a los viejos gladiadores del rock, aquellos que dieron todo por la música sin importar las consecuencias. Las guitarras acústicas y eléctricas se entrelazan perfectamente, creando una melodía emotiva que complementa a la perfección la voz de Azuzena, casi un susurro por momentos, poderosa como el trueno cuando la canción gana en intensidad. Es un tema que te hace reflexionar sobre el precio que algunos pagamos por perseguir nuestros sueños, sus letras hablan de sacrificio y perseverancia, es la esencia rockera que me enamoró hace más de 40 años, y aún sigo de Luna de Miel.
No hay piedad para los condenados es un disco que muestra la madurez artística de Santa, aunque también revela las tensiones internas que llevaron a su separación poco después. La incorporación de teclados y la orientación hacia un sonido más melódico no impidieron que la banda mantuviera su esencia Heavy. Azuzena Dorado dejó una huella imborrable en este álbum, demostrando una vez más por qué era una figura icónica en el heavy metal español. Su voz sigue siendo inigualable, capaz de transmitir tanto fuerza como vulnerabilidad. Por su parte, Jero Ramiro consolidó su posición como uno de los guitarristas con más talento de la época, aportando riff tras riff memorables, que sigue en plena forma tocando en Saratoga a día de hoy.
Si bien este álbum no alcanzó el éxito comercial de Reencarnación, sigue siendo un clásico para muchos fans. Es un disco que vale la pena redescubrir, no hace mucho que editaron una versión remasterizada… aunque su sonido sigue siendo algo deficiente como producción, pero es algo fruto de los 80 en el Heavy Metal español. En resumen, No hay piedad para los condenados es mucho más que un simple álbum; es un testimonio de una época y una banda que supo cómo hacer que cada nota contara. Y aunque Azuzena ya no está entre nosotros, su voz sigue siendo un bálsamo para todos aquellos que alguna vez sintieron que eran «Huérfanos de la tormenta».
Canciones
- Todo mi honor (04:53)
- No eres suficiente (04:00)
- Sin compasión (04:25)
- Solo eres tu (04:22)
- Intermezzo (01:43)
- No hay piedad para los condenados 03:51)
- Viena (00:26)
- D’astaire club (03:46)
- Levantate (03:04)
- Arma mortal (03:36)
- Huérfanos de la tormenta (04:55)
Formación
- Jero Ramiro – Guitarra
- Azuzena Dorado – Voz
- Bernardo Ballester – Batería
- Miguel Ángel Collado – Teclado
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Diego Jiménez – Bajo


