
Un 11 de septiembre a lo largo de las décadas ha visto nacer a talentos del rock, despedir a voces emblemáticas y lanzar discos en fechas imborrables. En el universo del Metal y el Hard Rock, esta jornada reúne momentos clave: desde el arribo de nuevos frontman que cambiarían la historia de bandas legendarias, hasta álbumes publicados en medio de tragedias globales o reconocidos con premios inesperados.
Nacimiento: Tommy Shaw, guitarrista y voz de Styx (1953)
El 11 de septiembre de 1953 nace Tommy Roland Shaw en Montgomery, Alabama, Estados Unidos. Shaw se integraría en 1975 a la entonces ascendente banda de rock progresivo/hard rock Styx, debutando en el álbum Crystal Ball (1976). Con su voz aguda y su habilidad en la guitarra, pronto se volvió una pieza fundamental del sonido del grupo.
Durante la etapa de mayor éxito de Styx a finales de los 70 e inicios de los 80, Shaw coescribió e interpretó algunos de los temas más emblemáticos del grupo, como “Renegade”, “Blue Collar Man” y “Too Much Time On My Hands”. Estas canciones no solo se convirtieron en himnos del rock arena, sino que demostraron la capacidad de Shaw para combinar melodía pegadiza con la potencia propia del hard rock melódico de la época.
Ya entrados los años 90, Tommy Shaw expandió su legado musical más allá de Styx. En 1989 se unió al guitarrista Ted Nugent, al bajista Jack Blades (Night Ranger) y al baterista Michael Cartellone para formar el supergrupo Damn Yankees, que alcanzó gran popularidad gracias al sencillo “High Enough”. Asimismo, Shaw colaboró nuevamente con Blades en el proyecto acústico Shaw/Blades, cuyo álbum Hallucination vio la luz en 1995, explorando facetas más suaves de su composición.
En décadas posteriores, Shaw regresó a su banda madre. Con distintas reuniones y giras exitosas, ha mantenido a Styx en activo hasta la actualidad. A sus más de 70 años, Tommy Shaw continúa aportando su talento en vivo y en estudio, consolidándose como una de las figuras perdurables del rock clásico cuya fecha de nacimiento recordamos en esta efeméride.
Hito: Iron Maiden despide a Paul Di’Anno y da la bienvenida a Bruce Dickinson (1981)
El 11 de septiembre de 1981, Iron Maiden tomó una de las decisiones más trascendentales de su carrera: despedir a su vocalista original, Paul Di’Anno. Di’Anno había prestado su voz áspera y actitud punk a los dos primeros discos de Maiden –Iron Maiden (1980) y Killers (1981)–, contribuyendo enormemente a forjar el sonido inicial de la banda. Sin embargo, una combinación de problemas personales, un estilo de vida descontrolado y diferencias creativas llevó a un punto de quiebre.
La relación entre Paul Di’Anno y el fundador/ bajista Steve Harris se había ido deteriorando. Harris, líder de la agrupación, tenía claro el rumbo musical más ambicioso y pesado que quería para Maiden, mientras que Di’Anno se sentía cada vez menos cómodo con la dirección heavy metal que tomaba el grupo. De hecho, el propio Di’Anno admitiría después que percibía que la banda se estaba volviendo “demasiado heavy” para su gusto. A esto se sumaban sus ausencias y bajo rendimiento en conciertos debido al abuso de sustancias –él mismo confesó que consumía cocaína “24 horas al día” en aquel periodo–, lo que afectaba sus actuaciones en vivo y la estabilidad de las giras.
Tras un último concierto con Iron Maiden el 10 de septiembre de 1981 en Copenhague, la separación se concretó. Steve Harris explicó entonces que ya no podían continuar con Di’Anno, pues el cantante había perdido el entusiasmo por las giras –algo insostenible para una banda en pleno ascenso–. En su lugar, Maiden incorporó de inmediato al vocalista Bruce Dickinson, proveniente de la banda Samson. Con Dickinson al frente, Iron Maiden entró a grabar su tercer álbum The Number of the Beast apenas meses después, iniciando así una nueva era dorada marcada por el éxito internacional y discos clásicos del heavy metal.
Con el tiempo, incluso el propio Paul Di’Anno reconoció que la decisión de su despido fue la correcta para el bien de la banda. Esta efeméride refleja cómo un cambio doloroso en el momento –la salida de un miembro fundador– resultó en uno de los pasos más acertados para que Iron Maiden alcanzara su verdadero potencial y se convirtiera en un referente absoluto del metal.
Lanzamiento: Jethro Tull sorprende con Crest of a Knave (1987)
El 11 de septiembre de 1987 se lanzó Crest of a Knave, el decimosexto álbum de estudio de la banda británica Jethro Tull. Este disco marcó el regreso de Ian Anderson y compañía tras un silencio discográfico de tres años, presentando un sonido más orientado al hard rock en comparación con sus trabajos previos de los 80. Canciones como “Steel Monkey” mostraron guitarras más eléctricas y menos prominencia de la flauta, adaptándose a las tendencias rockeras de mediados de los ochenta.
Crest of a Knave obtuvo una acogida positiva tanto de la crítica como del público, revitalizando la carrera de Jethro Tull. De hecho, contra todo pronóstico, el álbum le valió a la banda el Premio Grammy de 1989 en la categoría inaugural de Mejor Interpretación de Hard Rock/Metal. En una de las decisiones más polémicas en la historia de los Grammy, Jethro Tull derrotó nada menos que a Metallica (nominados por …And Justice for All), lo que generó sorpresa generalizada –el propio Ian Anderson ni siquiera asistió a la ceremonia, seguro de que no ganarían. Tras la controversia, el sello de Tull publicó un recordado anuncio que decía: “La flauta es un instrumento de heavy metal”, a modo de humorada ante las críticas.
Con los años, Crest of a Knave ha sido reivindicado como uno de los trabajos destacados en la discografía de Jethro Tull, con temas como “Farm on the Freeway” y “Budapest” que mezclan la esencia folk-progresiva de la banda con una producción ochentera. Esta efeméride destaca no solo un lanzamiento discográfico importante, sino también un momento anecdótico donde el mundo del metal y el rock clásico se cruzaron inesperadamente en el escenario de los premios.
Lanzamiento: Slayer desafía al destino con God Hates Us All (2001)
El 11 de septiembre de 2001 quedaría marcado en la historia por motivos extramusicales, pero ese día el legendario grupo estadounidense Slayer estrenaba su noveno álbum de estudio, irónicamente titulado God Hates Us All. Previsto inicialmente para julio de ese año, el lanzamiento se pospuso debido a demoras en la mezcla y a la polémica en torno a su portada explícita –un diseño que mostraba una Biblia ensangrentada atravesada por clavos en forma de pentagrama–. Sin pretenderlo, la banda terminó publicando el disco el mismo día de los atentados del World Trade Center, lo que dio al título y a las letras una macabra coincidencia con el sentimiento general de la jornada.

Musicalmente, God Hates Us All significó un retorno de Slayer a la ferocidad de su sonido thrash metal clásico, tras las incursiones más experimentales de los 90. El guitarrista Kerry King compuso la mayor parte de las letras, abordando temas de rabia, violencia y cuestionamientos religiosos con un tono crudo y realista. El álbum introdujo además afinaciones más bajas y hasta el uso inédito de guitarras de siete cuerdas en algunos temas, agregando peso a su ya tradicional agresividad. La canción “Disciple” se convirtió en el estandarte del disco –y, curiosamente, recibió una nominación al Grammy en 2002– con su estribillo (“God hates us all!”) que muchos fans asociaron con el caos vivido aquel 11-S.
A pesar de las circunstancias adversas, God Hates Us All fue bien recibido por la crítica y los seguidores. Alcanzó el puesto 28 en la lista Billboard 200 de EE.UU., y con el tiempo ha sido reconocido como uno de los trabajos más brutales de Slayer en su catálogo de la era moderna. Cabe mencionar que este sería el último álbum con el baterista Paul Bostaph hasta su retorno en 2015. La oscura coincidencia de su fecha de salida le dio al disco una notoriedad involuntaria, convirtiendo esta efeméride en un recordatorio de cómo el contexto puede dar un giro inesperado al significado de la música.
Lanzamiento: Dream Theater y un concierto en vivo opacado por la tragedia (2001)
El mismo 11 de septiembre de 2001, los reyes del metal progresivo Dream Theater publicaron su tercer álbum en vivo, titulado Live Scenes from New York. El disco –un registro íntegro de un concierto grabado en Nueva York en agosto de 2000– salió a la venta con una desafortunada carátula que mostraba la silueta de la ciudad (incluyendo las Torres Gemelas) envuelta en llamas sobre una manzana, aludiendo al sobrenombre “La Gran Manzana”. Tras los acontecimientos trágicos de ese día, la banda y su sello decidieron retirar inmediatamente el álbum del mercado. En un gesto de sensibilidad, Live Scenes from New York fue reeditado semanas después con una portada diferente (el logo característico de Dream Theater en relieve dorado).
Controversias aparte, este álbum triple captura a Dream Theater en un punto álgido de su carrera. Con casi 3 horas de duración total, Live Scenes… ofrece la interpretación en directo completa del aclamado disco conceptual Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory (1999), además de varios bises con favoritos de los fans. Es también la primera grabación en vivo con el teclista Jordan Rudess en la formación de la banda, lo que marca el inicio de una nueva era en el sonido de Dream Theater tras su incorporación en 1999.
Aunque el lanzamiento de Live Scenes from New York quedó irremediablemente ligado al luto del 11-S, el álbum ha logrado destacar por méritos propios entre los seguidores del prog-metal. Las copias originales con la portada censurada se convirtieron en objetos de colección codiciados, mientras que la música en sí se valora como testimonio de la destreza en directo de Dream Theater. Esta efeméride recuerda cómo incluso en un día aciago para la humanidad, el arte siguió su curso –en este caso con un disco en vivo que, tras sobreponerse a la circunstancia, permanece como registro de la entrega y virtuosismo de la banda en tarima.
Lanzamiento: Repentless, el último trabajo de Slayer hasta hoy (2015)
El 11 de septiembre de 2015, Slayer –considerados pioneros del thrash metal– lanzó Repentless, su duodécimo álbum de estudio. Este disco llegó seis años después de su trabajo anterior y está cargado de significado: es el único álbum de Slayer sin la participación del guitarrista fundador Jeff Hanneman, fallecido en 2013, y marcó el debut en estudio de Gary Holt (Exodus) como su reemplazo en las seis cuerdas. También significó el regreso del baterista Paul Bostaph, quien no grababa con Slayer desde God Hates Us All (2001). Producido por Terry Date (conocido por su trabajo con Pantera y Soundgarden), Repentless rompió con una tradición de casi tres décadas trabajando con Rick Rubin y su equipo.
Fiel a su título –que podría traducirse como “Impenitente”–, el álbum destila la agresividad característica de Slayer sin señales de remordimiento ni suavidad a pesar de los cambios en su alineación. Canciones como “Repentless”, “You Against You” o “Cast the First Stone” ofrecieron riffs vertiginosos y la furia vocal de Tom Araya intacta, demostrando que la banda aún tenía mucho que decir. El recibimiento fue muy favorable: Repentless debutó en el puesto #4 del Billboard 200 de EE.UU., la posición más alta de Slayer en toda su carrera. Asimismo, escaló al Top 10 de las listas en una veintena de países, refrendando la base global de fans de la agrupación.
La crítica elogió la energía implacable del álbum, viéndolo como un tributo a la esencia de Slayer y a la memoria de Hanneman (quien alcanzó a componer “Piano Wire”, uno de los temas incluidos). Repentless acabó siendo el canto de cisne de la banda: tras su lanzamiento, Slayer realizó extensas giras de despedida y en 2019 puso fin oficialmente a su trayectoria. Esta efeméride no solo recuerda un lanzamiento discográfico importante, sino el cierre de capítulo para uno de los gigantes del metal extremo, dejando un legado sonoro incendiario para la posteridad.

