
«Que ruja el hard rock»
Crónica por PolMetalhead, Fotos ofiiciales del festival
Ya ha pasado un año desde que Rock the Sun celebró su primera edición en la majestuosa Carpa del Poble Espanyol de Barcelona. Desde entonces, me enamoré de este festival dedicado a los amantes del hard rock.
Tengo que decir que, si la edición anterior me gustó, esta fue para quitarse el sombrero. El cartel ya pintaba bien, pero no esperaba los impresionantes conciertos que vivimos durante las dos jornadas. Todas las actuaciones fueron increíbles. Evidentemente, según los gustos de cada uno, algunas entusiasmaron más que otras, pero todas rozaron la perfección. Si a eso le sumamos un sonido impecable, una gran iluminación para los conciertos nocturnos, los descansos entre bandas y la zona de picnic situada en la parte superior, donde podíamos sentarnos a descansar, estamos hablando de un festival de diez, sin lugar a dudas.
Redshark
De la banda liderada por Philip Graves y Pau Correas solo pude disfrutar de dos temas. Llegué tarde por culpa del tráfico barcelonés: un trayecto de unos 35 minutos se convirtió en ¡hora y media! Y eso que salimos con tiempo, pero las circunstancias mandan. Las canciones que pude ver fueron Beware of the Shark y Fight the Rules of Power. Por lo que presencié, Redshark es una banda ya muy hecha. Sus integrantes se lo pasan en grande sobre el escenario y hacen disfrutar a quienes van a verlos.

Si, además, cuentan con Pau Correas, uno de los mejores vocalistas de heavy metal que tenemos actualmente en España, nada puede salir mal.
Al ser la banda que abría el cartel, todavía no había mucha gente. Eso no impidió el buen hacer de los barceloneses, con quienes seguro volveremos a encontrarnos durante 2027 por los escenarios de España. Están creciendo como la espuma, y no es por casualidad.
Kilmara
Eran las 17:15 y, ya acomodados en el festival, llegaba el turno de disfrutar de otro grupo local: Kilmara. Es una banda que ha ido creciendo poco a poco desde sus inicios hasta asentarse como una de las mejores del género, sobre todo desde que publicó el año pasado Journey to the Sun, uno de los mejores discos nacionales a mi parecer. Es una majestuosidad musical que te transporta a un futuro en el que el heavy y el hard rock se hacen muy grandes, como lo son Kilmara.
A pleno sol y ataviados con los monos espaciales que aparecen en la portada del disco, los músicos saltaron al escenario para atacar con Journey to the Sun. Ya desde el comienzo nos dejaban con la boca abierta gracias a su maestría musical. Siguieron con My Haven, el primer tema que interpretaron de Across the Realm of Time, que en directo suena aún más espectacular que en disco.

La banda cuenta con John Portillo a la guitarra, Dani Ponce a la voz, Dídac Pla al bajo, Carles Salse a la otra guitarra y un batería cuya identidad conviene confirmar antes de publicar. Carles Salse es uno de los grandes guitar heroes de nuestro país. ¡Cómo toca este hombre y con qué técnica! Lo hace parecer fácil. Impresionante. Volvimos al disco más reciente con Wildfire, una delicia musical en la que John y Carles se alternan los solos para dejarnos a todos anonadados. ¡Temazo!
Seguimos con Journey to the Sun gracias a Power of the Mind. ¡Cómo me gusta este disco! Dani lo bordaba y el resto de la banda se hacía grande sobre las tablas. Para la ocasión rescataron también Disciples, de su anterior trabajo, un disco más cercano al power metal, lo que hace que estos temas suenen más heavies en directo.
La traca final llegó con cuatro canciones de Journey to the Sun: Liberticide, Chances, presentada por Dani como «la canción de amor más cañera del mundo», Take Me Back, que nos hizo cantar a todos los presentes, y Alliance of the Free. Esta última arrancó una sonora ovación que dudo que la banda olvide. Kilmara llegó, tocó y salió por la puerta grande de Rock the Sun.
The Cruel Intentions
Desde Noruega llegaban The Cruel Intentions por primera vez al festival. La banda de sleaze y hard rock volvió locos a los presentes: pura energía en directo.
Entraron como un vendaval con Beating in My Chest, de su último trabajo, All Hail Hypocrisy. Lo que vino después apenas dio respiro: Triple Threat, Living Out of Line, Sunrise Over Sunset… Su vocalista, Lizzy DeVine, ya nos tenía metidos en el bolsillo. Sonó Chemical Vacation y la fiesta fue tal que incluso quienes no conocían a la banda acabaron saltando, cantando y levantando los puños.
Entonces Lizzy anunció que tocarían una canción en su idioma: Salt i ditt sår. No desentonó en absoluto dentro del repertorio. Desde ese momento y hasta el final nos hicieron sudar con Go Fuck Yourself, Weekend Suffering y el tema que da título a su nuevo álbum, All Hail Hypocrisy. Con este último se desató el éxtasis en la Carpa del Poble Espanyol. Todos, creo que incluso quienes no son amantes de nuestra música, bailaban al son de este temazo.
Seguimos con When Eden Burn, cuyo riff se te mete dentro, y con Kerosene. Por desgracia, la actuación se acercaba a su final, aunque todavía faltaban cuatro auténticos temazos: Jawbreaker, Chaos in a Bombshell, Check Your Head y Sick Adrenaline.
Era la primera vez que los disfrutábamos en nuestro país, pero estoy completamente seguro de que no será la última. El grupo salió contentísimo con la reacción del público. Esperaremos su regreso con muchas ganas.
Crazy Lixx
Después de The Cruel Intentions y de un merecido descanso, a las 20:25 llegaba el turno de Crazy Lixx. Los suecos tenían que demostrar por qué eran uno de los grandes reclamos del festival, y lo hicieron con creces. Para mí, dieron el mejor concierto del día, y con diferencia.
La fiesta del hard rock comenzó con Rise Above y Hell Raising Women. Sin darnos un respiro, llegaron Lock Up Your Daughter y Girls of the 80’s. Salieron decididos a darlo todo. Se notaba que llevaban tiempo esperando este concierto y que no iban a defraudar a nadie. Su versión de Sword and Stone, de Bonfire, fue uno de los himnos de esta edición de Rock the Sun. Era increíble ver al público levantando los puños mientras sonaba la canción. Después llegó un clásico tras otro: 21 ’Til I Die, Silent Thunder, muy coreada, y una de las grandes sorpresas de la noche, Wild Child. Este tema abre su maravilloso Ruff Justice y hacía mucho tiempo que no lo tocaban. La carne de gallina con esta maravilla.
Tengo que destacar a Danny Rexon, líder de la banda. Está en un estado vocal impresionante y no paró de correr por el escenario ni de animar a los asistentes. En serio: un concierto de diez. Whiskey Tango Foxtrot, Hunt for Danger y Forever Wild tampoco nos dieron respiro. Después, Danny salió con una máscara de Jason Voorhees, el personaje de Viernes 13, para atacar con XIII mientras nos amenazaba con un cuchillo, como parte de la puesta en escena de la canción.
El final se acercaba y llegó a lo grande: primero, el medio tiempo Blame It on Love; después, la hiperrockera Who Said Rock ’n’ Roll Is Dead?, enlazada con un pequeño fragmento de Detroit Rock City, de Kiss. Aquello hizo que más de uno nos derritiéramos aún más, pese a las altas temperaturas de esa noche en la Ciudad Condal.
Fue un concierto increíble de una banda que, con los años, se ha hecho un hueco en el género. Si sigue así, pronto la veremos encabezando más carteles. ¡Chapó por Crazy Lixx!
Eclipse
Llegaba el turno de los cabezas de cartel, Eclipse. He perdido la cuenta de las veces que los he visto, pero esta fue, sin duda, su mejor actuación de los últimos años. Siempre he sido muy fan de la banda de Erik Mårtensson, aunque sus discos más recientes me han parecido demasiado parecidos entre sí. Por eso esperaba que recuperasen canciones antiguas, y esta vez tuve suerte: volvieron a sonar temas que echaba de menos en directo, como Wake Me Up y Blood Enemies.

Eran las 22:30 cuando los suecos salieron dispuestos a comerse el escenario. Abrieron con Roses on Your Grave. Philip Crusner no estaba a la batería; en su lugar tocaba Magnus «Adde» Andreasson, conocido por su etapa en Hardcore Superstar. Desde mi posición no sabía si se trataba de un cambio definitivo, pero allí estaba este pedazo de batería, desplegando toda su energía.
Siguieron con All I Want, el único tema que tocaron de Megalomanium II. Tengo que decir que en directo fue otra cosa. A mitad de la canción, Adde se levantó con un tambor e inició un redoble que se enlazó con las guitarras de Erik y Magnus Henriksson. Fue un momento muy vistoso. Después regresamos a Wired con Dying Breed y, seguidamente, llegó la que para muchos fue la sorpresa de la velada: Wake Me Up, de su maravilloso Bleed & Scream. ¡Por fin! Ya tocaba que se acordaran de ese disco, para mí el mejor de su carrera junto a Armageddonize.
Volvimos a Wired con Twilight. Al final del tema, todos cantamos la melodía conocida como el Himno a la Alegría, que resonó con fuerza en la Carpa del Poble Espanyol.
La primera canción que sonó de Monumentum fue The Downfall of Eden. Es un tema muy comercial, pero en directo resulta todo un regalo. Luego llegó otra de las grandes sorpresas de la noche: Blood Enemies. Tras un solo de Magnus Henriksson, la banda atacó con fuerza y todos nos dejamos la voz en su estribillo. Está claro que no soy el único que reclama canciones de esos discos.
Para mí, la intensidad bajó un poco con High Road, de Megalomanium. Es una canción que gana en directo, aunque yo la habría cambiado por algún clásico más conocido entre sus seguidores. Después llegó el momento melancólico de la noche con la preciosa balada Hurt. Mientras sonaba, se alzaron los brazos de lado a lado y Erik nos ofreció uno de sus mejores momentos vocales.

Regresamos al hard rock más cañero con Bite the Bullet, posiblemente la mejor canción de Wired. Puños en alto y cabezas moviéndose a su ritmo. Le siguió Saturday Night (Hallelujah), una canción que a mí me parece algo simple, aunque en directo el público se vuelve loco con su pegadizo estribillo. El bloque terminó con Battlegrounds en formato acústico. Posiblemente sea uno de los himnos del grupo y, con hora y media de actuación por delante, no podía faltar en Barcelona.
El momento más heavy del concierto llegó con Black Rain, posiblemente una de las canciones más duras de la banda de Estocolmo. En directo sonó todavía más cañera. Las cabezas seguían el ritmo de las dos guitarras y de los coros de Victor Crusner, el bajista. Merece una mención aparte: ha aportado una frescura increíble a Eclipse durante los últimos años y se unió a Erik a la voz en numerosos momentos del concierto.
La recta final empezó con The Hardest Part Is Losing You, otro corte de Megalomanium que a mí no me dice demasiado, aunque parece encantar a sus seguidores más recientes. Con Runaways ya fue otra cosa: tanto los nuevos fans como los veteranos cantamos hasta dejarnos la voz. Fue uno de los momentos triunfales de la noche.
Anthem nos hizo cantar de nuevo y Viva la Victoria puso a todos a saltar para despedir un día difícil de olvidar. El viernes 18 de septiembre nos había regalado grandes conciertos y todavía quedaba una jornada más.

