«Murcia despierta al “Dios Fragmentado” en una noche de metal con Rey Lobo y Night Dream»

Crónica escrita por Isa M., fotos de Crom

El pasado 13 de marzo de 2026, la Sala Garaje Beat Club de Murcia acogió una nueva cita con la escena local de metal, reuniendo sobre el escenario a dos bandas murcianas: Rey Lobo y Night Dream.

La noche tenía un aliciente especial, ya que suponía el arranque de la gira de presentación de El Dios Fragmentado, el nuevo trabajo de Rey Lobo, publicado el pasado 10 de febrero. Fieles a su tradición, la banda eligió su ciudad natal para dar el pistoletazo de salida a esta nueva etapa.

REYLOBO

A las 21:20 daba comienzo el concierto de ReyLobo con una intro acompañada de un vídeo proyectado, marcando desde el inicio una clara apuesta por una puesta en escena cuidada. La escenografía incluía varias pantallas —dos de ellas a pie de escenario— que reforzaban el componente visual del show, junto a detalles como el pie de micro personalizado con el logo de la banda y un reloj de cadena, elementos que encajaban con la estética conceptual del nuevo disco.

La formación, compuesta por Nacho Fernández a la voz, Pedro Gallego a la guitarra, Wences Miralles al bajo, Miguel Torralba a los teclados y Carlos Marín a la batería, abrió con “Anochecer” y “Espiral”, ambas pertenecientes a su nuevo trabajo. Fue tras este segundo tema cuando Nacho tomó la palabra para dirigirse al público, señalando que habían pasado “eones” desde su última visita y explicando el concepto detrás de El Dios Fragmentado, una obra que gira en torno a la idea de un mundo en cuenta atrás, fragmentado en múltiples esquirlas.

El repertorio continuó con “Hidalgo” y “Nunca Más”, antes de entrar de lleno en la narrativa del nuevo disco con “Hijos del Edén”, donde el vocalista propuso la primera “prueba” al público: cada vez que pronunciara la palabra libertad, los asistentes debían alzar los brazos. La respuesta fue inmediata, en un ambiente cada vez más implicado en el espectáculo. El concierto no solo avanzaba en lo musical, sino también en lo conceptual, con Nacho ejerciendo de narrador entre canciones, en ocasiones con un tono cercano y distendido. En uno de esos momentos, incluso bromeó con sus propios discursos, arrancando risas del público al comentar que sus compañeros quizá no lo querían demasiado por sus “turras”, mientras ellos estaban ahí para tocar y lucirse. Uno de los momentos más especiales llegó con “Valeria”, introducida con un sencillo “dale, maestro”, dejando al teclado como protagonista en un inicio íntimo, con la sala prácticamente a oscuras y una iluminación tenue centrada en Miguel Torralba. La narrativa continuó con una nueva “prueba” antes de “La Dama de Ayer”, en la que el público debía corear palabras como “esperaba” y “anhelaba” para “despertar al dios”, reforzando ese concepto teatral que vertebraba todo el concierto.

La intensidad regresó con “La Jauría Humana”, donde contaron con la colaboración de Valentín Miralles, invitado al escenario para compartir el tema. Poco después, Wen tomó protagonismo en solitario para lanzar una breve reflexión crítica sobre la inteligencia artificial, reivindicando el valor insustituible de la música en directo y agradeciendo la existencia de salas como la Garaje Beat Club, auténticos “templos” donde conectar de verdad con el público. El tramo final del concierto dejó momentos tan curiosos como la aparición de la banda con gorros de vaquero durante “Harmónica”, aportando un toque desenfadado antes de encarar el desenlace. Tras el tema, el grupo se despidió momentáneamente asegurando que habían conseguido “despertar al dios fragmentado”. Sin embargo, aún quedaban cartuchos por quemar. Un vídeo proyectado sirvió de antesala para “Las Águilas Blancas”, antes de afrontar el cierre definitivo con “Kalopsia”, donde contaron con la colaboración de Juan Pedro Cascales a la guitarra acústica. Como colofón visual, Valentín regresó al escenario para ondear una bandera negra con el logo de la banda junto a Nacho, poniendo la imagen final a una actuación muy trabajada.

A las 22:25, con el telón bajando, ReyLobo cerraba un concierto que combinó música, narrativa y puesta en escena, dejando claro que esta nueva etapa con El Dios Fragmentado supone un paso adelante en su propuesta artística.

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NIGHT DREAM

Tras el potente despliegue de Rey Lobo, el telón volvió a levantarse a las 22:50 para dar paso a Night Dream. El cambio de escenario era evidente: desaparecían las pantallas a pie de escenario y en su lugar aparecían dos roll-ups a ambos lados con la portada de su último trabajo, Heart in Fury. También se notaba en la sala una menor afluencia de público, con muchos asistentes que habían acudido principalmente a ver a Rey Lobo.

Aun así, la banda murciana no bajó el listón en ningún momento. Tras la intro, arrancaron con fuerza con “Wings of Rebellion”, aunque el inicio se vio marcado por problemas técnicos que obligaron a detener momentáneamente la actuación. Lejos de venirse abajo, el grupo retomó el control con profesionalidad, saludando al público antes de “At Blade’s Edge” y agradeciendo a Rey Lobo la invitación para compartir escenario.

El concierto continuó con “Crimson Memory” y el tema que da nombre a su segundo álbum, “Heart in Fury”, eje central de esta etapa de la banda, que sigue presentando un trabajo cargado de intensidad y fuerza. A lo largo del set también hubo espacio para mirar atrás y reivindicar su primer disco con temas como “Spell” y “Minotaur”, que fueron bien recibidos por los asistentes. Uno de los momentos destacados llegó con “Love and Dread”, donde contaron con la colaboración de Hela Nymph, vocalista de la banda murciana RAIS, aportando un contraste vocal que enriqueció el tema en directo. La actuación avanzó con “Prey to Oblivion”, “Song of a Warrior” y “There and Nowhere”, manteniendo una energía constante sobre el escenario pese a la menor presencia de público. La banda no perdió intensidad en ningún momento, entregándose como si la sala estuviera llena.

Antes del tramo final, el público presente llegó incluso a pedir un bis. Fue entonces cuando aprovecharon para presentar oficialmente a su nueva incorporación, el guitarrista Álex Martínez, también miembro de Acrónica. El cierre llegó con “Forgotten Ruins”, poniendo el broche a una actuación impecable en la que Night Dream volvió a demostrar su compromiso y actitud sobre el escenario.

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