
Día maratoniano con Accept y The Darkness como fundamentales protagonistas.
Por Rockberto.

El segundo día sería una maratón para mí, sobre todo al final del mismo.
Me reservé un poco por la mañana, porque lo que me venía por la tarde noche era muy fuerte. Así que desayuno y a ver una leyenda norteamericana.
Quizás alguien pueda pensar que qué pintaba el bueno de Pat en un crucero donde el hard rock y el heavy metal son los reyes absolutos. Pues bien, es que Pat es un leyenda por aquellos lares y que por aquí no sea muy conocido no es motivo para no incluirle en este crucero.
Al principio daba algo de pena ver que se hubiese planteado este concierto en el Teatro, ya que había poca gente y la cosa quedaba muy desangelada. Afortunadamente, a medida que avanzaba el show, se iba añadiendo gente que hizo que el recinto presentase finalmente una media entrada.
Hay que decir que es una maravilla ver a un veterano como Pat Travers defendiendo lo que más le gusta de la manera que lo hace. Además, tiene al lado a dos instrumentistas extraordinarios como David Pastorius, sobrino del virtuoso Jaco Pastorius, del que ha heredado la pasión por el bajo y Alex Petrosky, que demostró durante todo el concierto cómo se tiene que aporrear, en el buen sentido de la palabra, una batería.
Así, en formato de power trío y con un público escaso, pero que se conocía bien el repertorio, dio comienzo el show con “Rock´n´Roll Susie”, “Life in London” y “Crash and burn”, siendo suficientes estos para saber que estábamos ante un combo muy bien compenetrado.
A mitad de concierto arrancó con “Ronnie”, un tema de su último disco “The art of time travel”, que dedicó sentidamente a su, supongo, amigo Ronnie Montrose. Entre el repertorio incluyó tres versiones clásicas, una de las cuales, “Boom, boom, out goes the lights” de Little Walker, animó mucho al personal con su vacilón estribillo. Fue un placer ver cómo se despacha con su guitarra un tipo que es historia misma del rock americano como Pat Travers.
Después del gran show de Pat Travers, mi intención era descansar un poco porque sabía que lo que se venía encima era muy tremendo. Tras de recargar el estómago en el buffet del crucero, cometí el primer error grave del viaje.
La casualidad hizo que coincidiesen en fecha y hora el concierto de Y&T con la Photo Experience con cuatro bandas como Ace Frehley, April Wine, Extreme y Joe Satirani. Además, este era el único show que iban a ofrecer los de Meniketti, ya que estuvieron de cabezas de cartel en la inauguración en el Casino en la que no pude estar. Al final decidí guardar la cola para Photo Experience, cuando la experiencia de días posteriores, me demostró que podría haber visto parte del show de Y&T y llegar al final de la foto para hacérmela prácticamente sin colas.
En fin, cosas de principiante. Afortunadamente, ya había visto a la banda en Madrid hace unos años.

Era uno de los conciertos esperados por mí y por mis acompañantes.
Yo les vi hace unos años en Madrid, en la Sala Mon y sabía ya lo que son capaces de ofrecer en directo. El show se celebró en la pisciona al aire libre y la afluencia de público fue muy grande, demostrándose que los ingleses eran una de las atracciones principales del crucero.
The Darkness saben lo que la gente quiere oír y en un show de sólo una hora saben que triunfarán si basan su setlist en el celebérrimo “Permission to land”, por lo que, dicho y hecho.
Si tuviésemos que dar el premio a la banda más pinturera del crucero, sin duda, The Darkness, estarían entre los favoritos, con un Justin con unas mallas similares a la de sus primeros vídeos con la banda y un Frankie Poullain con un look totalmente setentero.
Pero lo que está claro es que la banda no es sólo imagen, como muchos han intentado vender en ocasiones.
Sus directos son pura dinamita y si empiezan con dos cañonazos como “Black Shuck” y “Get your hands off my woman”, imaginaos la reacción de la gente. El sonido no estaba mal del todo para ser el concierto en el escenario al aire libre, pero sí es cierto que en el teatro y el Studio B se consigue un sonido mucho más nítido.
A las primeras de cambio ya teníamos al amigo Justin haciendo el pino con las piernas abiertas, como suele hacer en cada show y demostrando que de voz va sobrado para atacar todos esos agudos imposibles con que nos regala en cada disco.
Para que os hagáis una idea, en este concierto yo tenía a mi lado a Gary Cherone de Extreme y en un momento dado se acercó a él Jeff Scott Soto. Juntos mantuvieron una animada charla que finalizó en que los dos terminaron viendo el show durante unos minutos juntos y en un momento dado en que Justin llegó a un agudo imposible se miraron atónitos de lo que estaban oyendo.
Además de Justin, que acapara multitud de miradas, el resto de la banda no le va a la zaga en cuanto a calidad instrumental, con su hermano Dan certero al máximo con la guitarra y una base rítmica con el señor Poulain y Rufus Taylor (hijo de Roger Taylor de Queen) más que asentado ya en la formación. La banda siguió desgranando temas, la mayoría de “Permission…” y alguno de sus highlights fueron “Growing on me” y “One way ticket” de su fantástico también segundo disco, en los que la peña disfruto a lo grande.
Pero lo que todo el mundo esperaba estaba claro que era su mayor éxito, “I believe in a thing called love”, coreada por todos los allí presentes y que desató la locura por la reacción del personal.
A estas alturas, pensando que sería seguro el último tema (ahí me equivoqué) y sabiendo que Accept empezaban en unos minutos, me dirigí a Studio B para coger un buen sitio, cosa que logré. Me perdí según he visto en la crónica de Javi Están en El Antro del Metal “Love on the rocks with no ice”, en el que Justin fue a hombros de alguien de seguridad para hacerle llegar hasta el jacuzzi donde hizo parte del tema. Impresionante lo de estos chicos, de nuevo.


Y es que uno de los conciertos más esperados por mí era el de Accept.
Sé que el único superviviente de su gran era de los 80 es Wolf Hoffmann, pero desde que este reclutó a Mark Tornillo los discos que han publicado durante estos años son muy, muy recomendablesy sobre todo este último “Too mean to die” que a mí me ha parecido una pasada.
Y no me decepcionaron en absoluto. La banda suena compacta e hiper potente y la única duda que se podía tener es cómo iba a estar la voz de Mark Tornillo que unos meses antes tuvo que ser sustituido por problemas en su garganta. En cuanto sonaron los primeros compases de “Zombie apocalypse”, uno de mis temas recurrentes de los últimos años, se disiparon las dudas, Mark estaba en perfecta forma.
Decir que la banda se divierte en escena es decir poco. La química que transmiten con continuos clichés heavy metaleros como adelantarse todas las guitarras al unísono al centro del centro del escenario es impresionante. Esto que si nos sonasen bien en directo sería accesorio, es un plus adicional ya que el sonido era increíble, cosa que me alucina teniendo en cuenta que, a veces, había desarrollos instrumentales en que no es que se doblasen las guitarras, se triplicaban al coexistir en la banda tres guitarristas.
Hay que decir que el Studio B se llenó hasta arriba y disfrutó de los lindo de los himnos que descargaron los teutones.
El setlist fue una mezcla bastante variopinta de su época 80 y temas más actuales y, la verdad, he visto el setlist del día siguiente, un poco más centrado en su música de los 80 y hubiese preferido ese show, sólo por oír temas como “Flash rockin´ man” o “Losers and winners”, pero no seré yo quien se queje porque fue un sueño de concierto.
Los grandes himnos fueron lo más coreado del concierto y así “Restless and wild”, “Metal heart” o “Balls to the wall” se llevaron la palma, pero la locura se desató con la celebérrima “Fast as a shark”, uno de los temas que más me marcaron en esos gloriosos años. Además, estrenaron en directo el nuevo single del nuevo álbum que saldrá en breve al mercado, titulado “Humanoid” y que sonó de maravilla y alternaron grandes temas de su etapa más reciente como “Teutonic terror” y “Pandemic” que no desentonan en absoluto.
A destacar el gran momento de forma de la banda y en concreto de Philip Shouse que da una clase de actitud junto a Wolf. Uno de los mejores conciertos del crucero. Este día hasta el momento había sido ligerito, pero lo que se desarrollaba a partir de la tarde/noche era muy apetitoso para mí, así que decidimos cenar pronto y una vez lo hicimos, yo me dediqué al carrusel de conciertos siguientes. Al principio pensé en no ver a tanta gente, pero una cosa llevó a la otra y… en fin…

Creo recordar que a Ace Frehley le tenía programado para otro día, pero me picó el gusanillo y me pasé ya que quedaba todavía un buen rato para que empezase la siguiente actuación a la que quería asistir.
Cuando llegué el teatro ya estaba hasta arriba, no cabía un alma, pero, contra todo pronóstico, me dejaron entrar y me quedé al fondo del mismo viendo lo que se venía encima.
Creo que llegué a la cuarta canción, “Rock soldier”, por lo que me perdí el single de su nuevo disco “10.000 volts”, que, sinceramente, me hubiese gustado escuchar. El siguiente tema fue “Love gun”, cantado muy bien por el batería, que he leído por ahí que era Scott Coogan (sinceramente, no lo sabía), curtido ya en muchas batallas al lado de Brides of Destruction, Lita Ford, Brett Michaels o L.A. Guns. Por supuesto, la gente enloqueció al oír los primeros compases.
A esta le siguió “Rip it out”, cantada por el propio Ace y “New York groove”.
Pero la traca final era lo que todo el mundo estaba esperando y ahí Frehley jugaba a caballo ganador. Empezó todo con “Detroit rock city”, cantada por el bajista Ryan Cook de manera muy fiel a lo que hacía el mismísimo Paul Stanley. “Cold gin” daba paso a la fiesta de despedida de “Rock and roll all nite”, en la que la fiesta se disparaba al máximo.
Sin duda, la canción más reconocida de KISS. No faltó el humo saliendo de la guitarra y todos los clichés de Ace en su antigua banda y el show estuvo interesante, pero mentiría si no dijese que Ace no estuvo muy activo en el escenario, lo cual deslució un poco el concierto. Todo lo contrario se puede hablar de su banda que en todo momento derrochó actitud.
Aún así, es un placer siempre oír tal cantidad de clásicos.

Había otra cita justo al finalizar el show de Ace Frehley a la que quería prestar atención.
Era el proyecto paralelo a Maiden de Steve Harris, British Lion.
Al llegar había una una pobre entrada en el Studio B que achaqué a la cercanía de la hora del show del ex-Kiss. Aprovechando la pobre asistencia, me coloqué en un lado del escenario en el que había hueco para poder tener buenas instantáneas del momento. He de decir que ni por esas me salieron nítidas nítidas las fotos, en fin… No es lo mío, desde luego.
La descarga se basó, como es normal en los dos buenos discos que tienen en el mercado y he de decir que en directo la banda da un gran espectáculo.
Evidentemente, casi todas las miradas iban dirigidas a Mr. Steve Harris (me incluyo entre ellos), pero el resto de la banda estuvo enchufadísimo durante todo el show.
El sonido en Studio B, al contrario de lo que ocurrió en Accept, sonó al principio bastante embarullado, cosa que fue solventándose a medida que iba avanzando el set list.
Al final la sala presentó una tercio de entrada que no me explico muy bien dada la importancia de uno de los miembros. Eso sí, la implicación de los que estaban allí fue total. Entre las canciones que pasaron por el show se encontraban “This is my god”, que inició la descarga un tanto ruidosamente, “The burning” o “2000 years” en las que el cantante Richard Taylor demostró ser un buen frontman y defender el material de una manera muy certera. Ni que decir tiene que Steve se dejó la piel sobre el escenario, como suele hacer de costumbre.
Como quería ver otro concierto, me despedí del show en todo lo alto, lamentando no poder estar hasta el final, pero es que en otro lado del barco esperaba un grupo que sólo podía ver en esta ocasión porque por aquí no vienen nunca, Faster Pussycat.

Tenía muchas ganas de ver a Faster Pussycat y esto sucedió en el escenario de la piscina donde, las cosas como son, a veces el sonido no es el mejor.
Los Pussycat no son de los que se prodigan por Europa y más de uno hubiese pagado el precio del crucero sólo por verlos a ellos.
Hay que decir que, a pesar de la hora a la que programaron el show, las 10:30 de la noche la asistencia fue muy buena, aunque yo pude estar tranquilamente situado.
La banda emitía unas vibraciones sleazy que el público captaba y se nota que a los americanos este tipo de rock les encanta porque todos cantaban los estribillos y se lo estaban pasando a lo grande.
Aunque el sonido no era lo más nítido posible (ya he dicho que en este escenario era difícil) la implicación de la banda y el público era muy alta.
El set list, como no podía ser de otra manera, fue compuesto en su mayoría por temas de sus dos primeros discos y por el mismo circularon “Where there´s a whip there´s a way”, con la que iniciaron el show, “Ship rolls in”, que al parecer no habían tocado desde 1989 en directo, “Cathouse”, “Slip of the tongue” o la fantástica “Don´t change that song” de su debut. La chulería “sleazy” de la banda no ha decaído en absoluto con el paso de los años a pesar de que el único de los componentes originales que permanece en la misma es Taime Downe.
A pesar de ello hay que destacar que al bajo tienen a todo un Danny Nordhal.
A pesar de que me estaba gustando mucho la descarga pasada la mitad del concierto, me di cuenta de que en el teatro empezarían en breve su show Heat, por lo que decidí irme para ver a los suecos, a los que no podría ver en su segundo concierto.
Craso error, porque nada más irme atacarían, según he visto en los setlists de internet dos de sus mayores éxitos, “House of pain” y “Poison Ivy” y en los dos últimos temas, al parecer, se les unió en el escenario Jacob Bunton, al que sigo desde los tiempos en que estaba en Lynam y que ahora mismo es el vocalista principal de Mick Mars.
En cualquier caso, descarga muy recomendable de los de Downe, que se muestran como una máquina muy bien engrasada.

Como he comentado la noche fue muy movida y ahora tocaba acercarse al teatro para ver la descarga de H.E.A.T.
La banda tuvo un contratiempo considerable con la salida de Erik Grönwall (acaba de anunciar su salida de Skid Row), pero la llegada de Kenny Leckremo de nuevo en la banda desde el 2020, después de 10 años de ausencia, le ha dado un nuevo vigor al grupo.
El teatro presentaba una media entrada achacable sin duda a las coincidencias de horarios entre bandas, ya que me consta que era un concierto muy esperado.
Y es que el bueno de Kenny derrocha simpatía y vivacidad sobre el escenario.
Estaba bastante cerca del escenario debido a que no había mucha gente y me pude acercar bastante, pero la probabilidad de hacerle una foto a este tipo es casi nula :), una vez llega a tu lado y comienzas a enfocar, ya se está marchando, es un culo de mal asiento, je, je…
Comenzaron a lo grande con la marchosa “Demon eyes” de su último disco de estudio (exceptuando el refrito de “Extra force”) “Force Majeure”, un increíble comienzo para un show de grupo que aspira a estadios en un futuro.
“Rock your body” puso la pausa y la melodía al comienzo, pero estaba, al igual que la inicial cargada de intensidad.
Hay que decir que, aunque las miradas se las llevaba casi todas Kenny, la banda estuvo en todo momento de 10, con Dave inmenso a la guitarra, Jona dando ese toque 80´s con su teclado y Jimmy y Crash formando una contundente base rítmica.
El siguiente tema “Hollywood” fue de los que más levantó al público, con ese estribillo tan pegadizo y que tanto se presta a que el público participe… ¡¡¡Y vaya si participó!!! La verdad es que todo el repertorio está cargado de buenos temas como “One by one”, la balada “Cry” o una de mis preferidas, “The point of no return”.
En definitiva, una descarga que demuestra que esta banda está destinada a cotas más altas que actualmente y no es que les vaya mal, ni mucho menos. Ahora tocaba ir a ver a otros suecos, Harcore Superstar, una banda más visceral, pero también muy disfrutable.

Cuando me presenté en el Studio B ya había una cola considerable para entrar. Así que, tocaba esperar. La hora estimada, 11:45, llegaba y aquello no se movía para nada.
Así estuvimos hasta una hora después, en uno de los pocos fallos de la organización o no sé de quien porque no llegué a enterarme qué es lo que había pasado.
En fin, destrozado de un día inacabable me dispuse a disfrutar el show de este torbellino llamado Hardcore Superstar.
Como he dicho, estaba cansdo, pero es que los suecos, al haber tocado en la jornada inaugural en el Casino de Miami, sólo darían este show este día y si quería verles tenía que aguantar, así que, aguanté 🙂
Con una hora de retraso salieron al escenario y pidieron perdón por lo sucedido atacando con “Kick on the upperclass” de su disco de 2009 y aquello estalló.
El estudio B no estaba lleno, pero había una entrada bastante buena, como algo más de la mitad, lo que a esas horas era toda una proeza.
La siguiente fue la contundente “She´s offbeat” del mismo disco que la anterior. La intensidad que transmite la banda en directo es abrumadora, con un Jocke Berg que no sé cómo puede controlar tanta intensidad, un Martin Sandvik al bajo que es toda una institución en la banda (hubo un momento en que se coreó insistentemente su nombre) y un Vic Zino a la guitarra exhuberante.
Hay que destacar que los suecos tuvieron un golpe duro unos días antes del crucero cuando su batería Magnus Andreasson dejaba la banda, ante lo cual estos le suplieron con Johan Reivén, que a tenor de lo visto ese día es un acierto, aunque parece ser sólo una solución provisional y que siguen en busca de un batería fijo.
Siguieron el show con “Guestlist” y con “Last forever”, sin bajar un ápice la intensidad (palabra clave para definir esta banda), para dar paso a “Last call for alcohol”, momento en el que el cantante se dirige a alguien de la organización pidiendo permiso para algo que es concedido.
En ese instante se va a un lado del escenario y empieza a invitar a la gente para subirse al escenario y unas 20 personas más o menos tuvieron durante un par de canciones la suerte de compartir el mismo con la banda y hacer coros y bailes más o menos coordinados 🙂 Toda una fiesta.
Mi estado físico empezó ya a ser deplorable a partir de la segunda mitad del concierto, por lo que más o menos a 15 minutos del final del show me retiré a mi camarote no sin ir pensando que había visto gran parte de uno de los shows del festival, aunque hubo tantos memorables que es muy difícil hacer una clasificación exacta.

