
«La era del cuero y las tachuelas comienza aquí»
Heavy Metal – Gran Bretaña
Escrita por Crom
El quinto álbum de Judas Priest, Killing Machine, llegó a las tiendas europeas el 9 de octubre de 1978 bajo el sello CBS. Fue un año prolífico para el Sacerdote de Metal: apenas meses antes habían lanzado Stained Class. Con Killing Machine culminaban la década de los 70 consolidando no solo su sonido, sino también su imagen. En la portada, obra del polaco Rosław Szaybo, la banda aparece ataviada en cuero y tachuelas, institucionalizando una estética que a partir de entonces sería sinónimo de heavy metal. Este disco, último con el baterista Les Binks en la formación, se grabó en Londres durante el verano del 78 y fue coproducido junto a James Guthrie. Para el mercado norteamericano, los siempre recatados yanquis decidieron cambiarle el título a Hell Bent for Leather, editándolo en febrero de 1979 vía Columbia Records e incluyendo como extra el potente cover de Fleetwood Mac“The Green Manalishi (With the Two-Pronged Crown). Judas Priest despedía así los años 70 con un álbum que preparó el terreno para la explosión metálica que vendría después.
Musicalmente, Killing Machine supuso algunos cambios respecto a su antecesor. Las letras dejaron a un lado las fantasías complejas para volverse más simples y directas, casi un regreso al estilo desenfadado de Rocka Rolla, su debut. Rob Halford, por su parte, redujo un poco sus alaridos más agudos –sobre todo si comparamos con los chillidos estratosféricos de Stained Class– y en su lugar optó por un registro más aguerrido y rasposo, acorde con la atmósfera más oscura y densa del disco. La producción enfatiza guitarras con mayor distorsión y un sonido de base más duro, alejándose del enfoque más pulido de discos previos. Se notaba que Judas Priest empezaba a coquetear con un estilo más accesible y directo, sin perder la potencia heavy que les caracterizaba. De hecho, ellos mismos buscaban competir con la energía del punk emergente y conquistar al público americano, simplificando un poco las formas pero manteniendo la actitud intacta.
El arranque del álbum no podía ser mejor. Delivering the Goods nos da la bienvenida entregando la mercancíadesde el primer segundo: un riff afilado que se clava en la oreja y una guitarra omnipresente que lidera la carga. Tras los vertiginosos licks iniciales, K.K. Downing y Glenn Tipton se lucen con un sololarguísimo y galáctico que nos deja boquiabiertos, hasta que un alarido de Halford nos sacude de nuevo para entrar al estribillo. ¡Vaya manera de abrir fuego! Le sigue Rock Forever, un tema más fresco y desenfadado, de espíritu hard rockero. Quizás carezca de la pegada demoledora de futuros himnos ochenteros de la banda, pero se las arregla para hacernos mover el cuello gracias a sus guitarras gruesas y, cómo no, gracias a “La Voz” imponente de Halford comandando el cotarro. Cerrando la primera parte, Evening Star baja las revoluciones y apuesta por la melodía: es la cara más AOR y accesible de Priest en este disco, con un estribillo muy pegadizo (aunque algo inocente comparado con la artillería heavy a la que nos acostumbrarían luego). No por ello deja de tener su encanto setentero; imagina corearlo encendiendo mecheros en el concierto, puro feeling de la época.
Pasamos el ecuador y Judas Priest pisa el acelerador con Hell Bent for Leather, himno absoluto de su repertorio. En poco menos de tres minutos logran encapsular la esencia del Heavy Metal: ritmo galopante, riff contundente made in Tipton y una línea de bajo de Ian Hill que retumba como una moto Harley en marcha. Halford brilla aquí con voz agresiva y a la vez melódica, cantando ese estribillo inolvidable (“Hell bent, hell bent for leather!”) que a día de hoy sigue encendiendo a las audiencias. Por su parte, Take On The World baja un punto de velocidad pero dobla en grandilocuencia. Construida sobre un ritmo marcial de batería y palmas, con coros himnóticos, fue un intento deliberado de crear un canto de estadio al estilo del “We Will Rock You” de Queen. Y vaya si lo consiguieron: al escuchar “Take on, take on the world!” es imposible no imaginar un pabellón entero coreando al unísono. De hecho, este sencillo logró colarse en las listas británicas de 1979, demostrando la versatilidad de Priest para componer tanto tralla metalera como himnos accesibles. Burnin’ Up retoma la senda más pesada y sugerente: emerge de la nada con un riff grave, envolvente, que casi arropa la voz de Halford. Rob se pone aquí más macarra y seductor, cantando con un tono semi susurrado en las estrofas que desprende un aire callejero y hasta sado (no olvidemos el guiño erótico de su letra). En el estribillo la canción explota con guitarras ardientes; es un tema que te aprieta contra la pared y no te suelta, mostrando ese lado más canalla de Priest. ¿Y qué decir de Killing Machine, la canción que da nombre al álbum? Irónicamente, no es la más violenta del lote, pero sí es pegadiza y “enrollada” a más no poder. Tiene un toque misterioso en sus riffs y un groove medio tiempo que engancha, mientras las hachas Tipton y Downing intercambian acordes y solos con una compenetración tal que casi salen chispas de la aguja del tocadiscos. Sin ser un trallazo ultrarrápido, “Killing Machine” destila actitud y te invita a disfrutar con cada giro de sus guitarras.
En la recta final nos encontramos con Running Wild, un corte que invita precisamente a desmelenarse. No es el más veloz ni el más pesado del disco, pero tiene magia y buen rollo a raudales. Su letra celebra la fiesta y la libertad nocturna, y musicalmente combina un riff juguetón con un ritmo trepidante que lo convierten en uno de los temas más heavy del álbum en cuanto a espíritu. Es de esas canciones que, sin ser cañonazos, te dibujan una sonrisa mientras sacudes la cabeza; pura adrenalina rockera de fin de los 70. Bajando las pulsaciones llega Before The Dawn, la balada acústica del disco. Aquí Judas Priest demuestra que también sabían tocarte el corazón: comienza con delicadas guitarras limpias y Halford cantando con una emotividad sobrecogedora (“Before the dawn, I hear you whisper…”). Es una baladita preciosa y melancólica, breve pero muy efectiva, hecha a la medida para que Rob se luzca en tonos medios y nos erice la piel con su feeling. A estas alturas del disco, uno ya está totalmente entregado, y aún queda el broche final: Evil Fantasies. Este tema de cierre arranca con batería pesada y cadenciosa (gran trabajo de Binks marcando un ritmo casi de procesión oscura) y unas guitarras que dispersan acordes con parsimonia, creando una atmósfera densa y sensual. “Evil Fantasies” se cuece a fuego lento, con Halford susurrando líneas provocativas; es un final lento pero seguro, que cae sobre nosotros como plomo derretido.
¿Ya han pasado 38 minutos de Metal? ¡Joder, qué rápido! Sin darte cuenta has devorado un disco entero, sintiendo a Judas Priest en plena forma y con hambre de conquistar el mundo. Killing Machine puede verse como el último rugido de los 70 para la banda, el puente hacia los gloriosos 80 que se avecinaban – se huele en el ambiente ese cambio de era. De hecho, tras este álbum llegaría el bombazo de British Steel (1980), pero nada de eso hubiera sido posible sin la evolución natural que supuso Killing Machine. Aquí Judas Priest endureció su sonido a la vez que lo hizo más asequible, encontró su estética definitiva y nos regaló un puñado de clásicos imperecederos. La recepción en su momento fue positiva, especialmente en Europa, y aunque en EE.UU. tardó en obtener reconocimiento (no alcanzó el disco de oro hasta una década después), con el tiempo Killing Machine ha sido reivindicado como uno de los grandes álbumes de Judas Priest y del heavy metal setentero. Su legado es enorme: inspiró a la siguiente ola de bandas metálicas (esa New Wave of British Heavy Metal que estaba por explotar) y canciones como “Hell Bent for Leather” o “Running Wild” siguen siendo infaltables en los directos del grupo.

Lista de canciones:
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Delivering The Goods
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Rock Forever
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Evening Star
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Hell Bent For Leather
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Take On The World
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Burnin’ Up
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Killing Machine
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Running Wild
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Before The Dawn
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Evil Fantasies
Formación (1978):
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Rob Halford – Voz
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K.K. Downing – Guitarra
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Glenn Tipton – Guitarra (y piano)
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Ian Hill – Bajo
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Les Binks – Batería

