“La llave que abrió el futuro del Metal”

Power / Speed Metal – Alemania

Escrita por Crom

Cuando Helloween cruzaron las puertas de los Horus Sound Studios a principios del 87, lo hicieron con una convicción que se podía palpar… al menos creemos pensar que fue así, porque daba inicio a una nueva era dentro de los cánones del heavy Metal tradicional, algo iba a explotar, y lo iba a llenar todo de trozos de calabaza. Venían de incendiar la escena con Walls of Jericho, pero tenían claro que aquello era solo el prólogo. El fichaje del imberbe Michael Kiske (18 añitos, casi un crío) liberó a Kai Hansen de la exigencia de cantar y tocar a la vez, mientras Michael Weikath traía un puñado de composiciones más melódicas que no encajaban del todo en la crudeza más Speed Metal del debut. Bajo la batuta de los dos Tommys —Hansen y Newton— la banda se permitió soñar a lo grande: meter coros casi corales y arreglos sinfónicos y, sobre todo, melodías pegadizas.

Initiation es un simple saludo, un portón que se abre con redobles y teclados envolventes. Pero basta el primer riff de I’m Alive para saber que algo ha cambiado: velocidad de vértigo, el bajo galopante de Markus Grosskopf y un Kiske que sube a los agudos sin esfuerzo, con aquellos agudos cristalinos capaces de romperla – “I’m alive, I’m alive…, tan fresco que cuesta creer que estuviera grabando su primer disco grande. El estribillo, directo como un latigazo, se te queda a la primera escucha. A Little Time condensa lo que sería la fórmula Helloween en adelante: verso correoso y estribillo luminoso. Pero lo que me sigue atrapando es la sección intermedia: ese reloj, las voces procesadas, la risa malévola… un mini-viaje que parte la canción en dos y demuestra que estos chavales no le tenían miedo una puesta en escena simpática y atrevida, fresca.

Twilight of the Gods mantiene el turbo encendido, pero con un punto épico que ya mira al power europeo que luego copiarían medio continente. Hansen dispara el solo de guitarra con la misma rabia que en los tiempos de Ride the Sky, y Kiske le contesta con líneas melódicas sin bajar el ritmo, pero añadiendo mucho feeling. En A Tale That Wasn’t Right se permiten bajar un tanto las revoluciones, sí, pero no la intensidad. Una balada cargada de nostalgia —“Here I stand all alone and I’m lost in a dream”— que se sostiene sobre guitarras limpias y un solo de Weikath que vale su peso en oro. 

Giramos el vinilo y Future World estalla con un riff casi rockero y un estribillo que sigue siendo un himno generacional, coreadado hasta el infinito y más allá en miles de conciertos en estas casi 4 décadas. Aquí la producción brilla: cada instrumento se abre paso sin pisar al de al lado, prueba de que Tommy Newton y Tommy Hansen sabían dónde querían llegar. Y llegamos a Halloween, trece minutos que definieron la palabra “épico” para todo el metal europeo. Introducción siniestra, parte central repleta de cambios —del pasaje narrado al riff cortante, del relajo acústico a la cabalgada final— que hacia el final sube las pulsaciones hasta dejarlo en lo más alto. Si buscas la semilla de obras como Nightfall in Middle-Earth o Ecliptica, está aquí.

Follow the Sign cierra como venía abriendo: atmósfera mística, un susurro que promete continuación… y la promesa se cumpliría un año más tarde con la segunda parte.

Keeper of the Seven Keys Part I marcó un antes y un después. Abrió la puerta a que la velocidad no estuviese reñida con la melodía, llegó al gran público, a una nueva generación de fans entusiastas de nuevos sonidos sin perder la esencia de lo que ya les era conocido, alzó el listón vocal en el metal europeo gracias a Kiske, e inspiró a infinidad de bandas —Gamma Ray, Stratovarius, Angra, Avalanch— a buscar su propio “mundo futuro”. Escucharlo hoy, casi cuatro décadas después, me sigue transmitiendo la misma emoción, ya en su día sabía que estaba viviendo algo que recordaría décadas después. No hay artificios: riffs sólidos, coros que invitan a seguirlos y una producción que, aun superada técnicamente, mantiene ese punto orgánico que muchos siguen buscando.

Tracklist

  1. Initiation

  2. I’m Alive

  3. A Little Time

  4. Twilight of the Gods

  5. A Tale That Wasn’t Right

  6. Future World

  7. Halloween

  8. Follow the Sign

Helloween en 1987

  • Michael Kiske – Voz

  • Kai Hansen – Guitarras, coros

  • Michael Weikath – Guitarras, coros

  • Markus Grosskopf – Bajo

  • Ingo Schwichtenberg – Batería

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