«El verdadero infierno está en Clisson»
Crónica de PolMetalhead
Fotos de Floopy
El segundo día del Hellfest 2025 llegó como una bofetada ardiente. Con el termómetro rozando los 39 grados, el calor fue abrasador y empezó a hacer mella en los cuerpos. A cada paso se notaba el desgaste, pero ni el sol ni el cansancio frenaron las ganas.
La música seguía siendo la única cura, y el cartel del viernes venía cargado de nombres potentes, nuevas promesas y una variedad estilística que no dio respiro. Desde las primeras bandas de la mañana hasta el esperado concierto de Muse, que se convirtió en todo un espectáculo de cierre, Clisson ardía por dentro y por fuera.
Furies:
Ya apretando la calor desde bien temprano y el calor anunciando lo que sería un día infernal, Furies fueron las encargadas de abrir la jornada del viernes en la carpa Altar. A las 10:30 de la mañana, con el público aun recuperándose de la noche anterior y enfrentando los primeros 30 grados del día, la afluencia era modesta. Pero eso no impidió que la banda saliera a darlo todo.
Lo que ofrecieron fue una dosis directa de heavy metal con la energía por las nubes. Desde el primer tema, “Stars of the Burning Lands”, quedó claro que no iban a reservarse nada. Con una actitud arrolladora, se comieron el escenario pese a la hora y a la escasez de público.
Siguieron con “Antidote” y “Furry Tale”, manteniendo el ritmo alto, riffs limpios y una presencia escénica muy potente. La vocalista, entregada desde el primer segundo, supo levantar los ánimos y conectar con los que habíamos madrugado para verles.
La segunda mitad del set no bajó el nivel: “You & I”, “Poisoned” y “Voodoo Chains” cerraron un concierto breve, pero intenso, dejando una muy buena impresión.
La banda gala demostraron que no hace falta un Mainstage lleno para salir a matar. A esa hora y con ese calor, se agradece ver una banda que no se guarda nada. Una grata sorpresa para empezar el día con fuerza.
Cachemire:
Con el sol subiendo a lo bestia y el público empezando a llenar poco a poco la explanada principal, Cachemire se presentaron a las 11:00 en el Mainstage con una misión clara: levantar al personal pese a los casi 35 grados que ya nos caían encima. Y vaya si lo hicieron.
Desde el primer tema, “Reset”, dejaron claro que su rock directo, en francés, iba a funcionar igual o mejor que cualquier descarga internacional. El calor era horrible, pero la energía que desprendía la banda era contagiosa. “Je” y “Rouge” mantuvieron bien alto el pulso del concierto, con una actitud sobre el escenario que no se ve todos los días a esas horas.
Lo que más destacaría es su entrega absoluta. El cantante lo dio todo desde el primer segundo, moviéndose sin parar y arropado por una banda compacta, sólida, que no se achantó ni un instante. “SUIS-MOI BABY!” y “PIED AU PLANCHER” cayeron como un par de bombas a media mañana, con la gente respondiendo, saltando y coreando sin importar el sol.
El tramo final con “L’Animal” y “Moi Etre Roi” cerró el concierto por todo lo alto. Era pronto, hacía un calor insoportable y ya estábamos sudando como si fuera media noche, pero Cachemire se encargaron de que todo eso quedara en segundo plano. Un conciertazo.
Charlotte Wessels:
A las 11:30, con el sol golpeando sin piedad y el público ya ocupando buena parte del Mainstage pese a los 35 grados, Charlotte Wessels nos regaló uno de esos conciertos que no buscan aplastar, sino emocionar. Y lo consiguió.
Salió al escenario con una serenidad que contrastaba con el ambiente infernal, y desde el primer tema, “Chasing Sunsets”, dejó claro que estábamos ante algo especial. Su voz, el sonido cristalino y la ejecución impecable marcaron la diferencia. Todo sonaba perfecto, equilibrado, con una mezcla de melancolía y fuerza que atravesaba el aire denso del recinto.
Siguió con “Dopamine”, uno de los momentos más esperados del set, pues es mi favorita del último disco de la neerlandesa. Aunque fue una gran interpretación, no puedo negar la decepción por la ausencia de Simone Simons, que colabora en la versión de estudio. Hubiera sido un momentazo verlas juntas en el escenario del Hellfest, pero no fue el caso.
El concierto continuó con “Ode to the West Wind”, “The Crying Room” y “Soft Revolution”, en una secuencia que reforzó ese tono íntimo y envolvente que caracteriza su propuesta. El público, lejos de desengancharse por la hora o el calor, se mantuvo atento y conectado, dejándose llevar por cada atmósfera.
Cerró con “The Exorcism”, un tema que combinó a la perfección la intensidad emocional con un cierre digno de todo un escenario principal. Fue un concierto que aportó un respiro emocional en medio del caos del festival. Y aunque faltó ese dueto soñado, lo que se vivió en Clisson fue más que suficiente para reafirmar que Charlotte Wessels tiene un lugar propio y merecido en el Hellfest.
Amira Elfeky:
En medio de un día marcado por el calor abrasador y la intensidad constante, Amira Elfeky ofreció un oasis oscuro y profundamente emocional. Su concierto fue uno de esos momentos en los que el tiempo se detiene y todo el festival parece mirar en la misma dirección. Me encanta su música, pero verla en directo fue otra cosa.
Desde la “Intro” inicial se respiraba una atmósfera distinta, íntima pero poderosa. Cuando arrancó con “Take Me Under”, su voz llenó el recinto con una mezcla de fragilidad y furia contenida. Cada palabra sonaba sincera, cada nota era un corte limpio.
El setlist fue impecable, lleno de contrastes y tensión emocional: “Secrets”, “Coming Down” y “Everything I Do Is For You”, mi favorita, construyeron un bloque de intensidad que encogía el alma. Su forma de moverse sobre el escenario, sin exageraciones, pero con una presencia magnética, lo decía todo. No hacía falta más.
El corazón del concierto llegó con “Forever Overdose”, “Save Yourself”, “Numb” y “A Dozen Roses”, canciones que mezclan dolor, belleza y una producción envolvente que en directo gana aún más fuerza. El público la acompañaba en silencio, hipnotizado, como si nadie se atreviera a romper el hechizo.
En la recta final, “Will You Love Me When I’m Dead”, “Tonight” y “All of Me” fueron el broche perfecto. Introspectivas, oscuras, brillantes. Un final que no necesitó estridencias para calar hondo y lo logró. Lo único que no me gustó fue que no se despidio, se fue sin más.
Future Palace:
Cuando el calor ya no perdonaba y el público empezaba a abarrotar el Mainstage con fuerza, llegó una de las sorpresas más gratas del viernes: Future Palace. No traían grandes expectativas a cuestas, pero salieron al escenario con una seguridad y una energía que rápidamente captaron toda la atención. Y lo mejor: cumplieron con creces.
Desde los primeros compases de “Malphas”, el sonido fue nítido, potente, sin artificios ni adornos sobrantes. Lo que más impactó, sin duda, fue la voz de Maria Lessing: afilada, poderosa, y al mismo tiempo capaz de transmitir una emocionalidad brutal. Una vocalista con carisma y una presencia escénica increíble.
El setlist mantuvo una dinámica impecable: “Uncontrolled”, “Defeating Gravity” y “Dreamstate” encadenaron melodía y agresividad con mucho equilibrio. La banda sabía manejar los cambios de ritmo, y el público lo notaba: muchos descubrían sus canciones allí mismo y se iban enganchando tema tras tema.
A medida que avanzaban con “Rays of Light”, “The Echoes of Disparity”, “Decarabia” y “Dead Inside”, el concierto ganaba en intensidad. Ellos iban a más, el público también. Y el remate con “Heads Up” y “Paradise” fue sencillamente perfecto: directo, contundente, emocionante.
Future Palace no solo dejaron una gran impresión. Se ganaron el respeto y la atención de todos los que pasamos por allí con curiosidad. Una banda a seguir de cerca. En Clisson, salieron como promesa y se fueron como realidad.
The Warning:
Con el público ya completamente entregado al calor y al polvo, fue el turno de The Warning. Las tres hermanas mexicanas llegaron al Mainstage con una propuesta clara: rock directo, sin adornos y con actitud. Y vaya si lo consiguieron.
Desde el arranque con “S!CK”, el sonido fue rotundo. Guitarras afiladas, batería firme y una voz al frente que no se achicaba ante nada. A esa hora, y con ese sol, no era fácil mantener la energía en alto, pero ellas lo hicieron con naturalidad y fuerza, como si llevaran toda la vida en escenarios así.
El setlist fue un acierto de principio a fin. “Qué Más Quieres”, con ese toque bilingüe y ese sonido contagioso, conectó enseguida con el público. Siguieron con “Escapism”, “MORE” y “ERROR”, temas que demuestran cómo dominan los cambios de intensidad y juegan entre lo melódico y lo rabioso.
La conexión entre las tres se nota a cada segundo. Dany, Pau y Ale funcionan como una sola unidad, con una precisión y compenetración que da gusto ver en directo. Canciones como “Sharks”, “DISCIPLE” o “Hell You Call a Dream” mantuvieron ese pulso firme, sin bajones.
El tramo final con “EVOLVE” y “Automatic Sun” cerró el concierto con una energía brutal. El público respondió con aplausos sinceros y alguna que otra cara de sorpresa ante la pegada de una banda tan joven.
Las de Monterrey demostraron que están para cosas grandes. Salieron con confianza, tocaron como veteranas y se ganaron a Clisson por méritos propios. Un show sólido, honesto y cargado de carisma. Eran una de mis bandas esperadas y barrieron con todo, chapeau.
Royal Republic:
En plena sobremesa, con el calor apretando y la gente buscando sombra como si fuera oro, Royal Republic se encargaron de prender fuego a un Mainstage ya bien caldeado. Lo suyo no fue solo un concierto: fue una fiesta descarada, divertida y ruidosa.
Abrieron con “My House”, y desde ese momento no hubo vuelta atrás. El groove, las poses, la sonrisa permanente de Adam Grahn y esa actitud de “venimos a pasarlo bien, sí o sí” se apoderaron del escenario. Le siguieron “LoveCop” y “Getting Along”, confirmando que la banda sueca juega en su propia liga: la del rock bailable con alma punk y traje de gala.
Con “Baby” y su versión de “Venus” (de Shocking Blue), la locura ya era total. Bastaba con dejarse llevar por el ritmo, el humor y la conexión que la banda genera con una naturalidad envidiable.
La segunda mitad del set mantuvo el nivel altísimo: “Full Steam Spacemachine”, “Lazerlove” y una versión acústica de “Boomerang” aportaron dinamismo y variedad sin romper la fiesta. Y entonces soltaron una bomba inesperada: una versión salvaje de “Battery” de Metallica que dejó a todos con la boca abierta. Un homenaje que nadie vio venir.
Cerraron con “Tommy-Gun” y “RATA-TATA”, dos trallazos que nos dejaron con la sensación de haber vivido algo único. Rock, sí. Pero también teatro, comedia, ritmo y carisma.
Royal Republic no fallan. Te divierten, te sacan una sonrisa, te hacen bailar… y además, lo hacen sonando como un cañón. En un día de calor asfixiante, fueron un soplo de aire fresco con sabor a gasolina.
Spiritbox:
El sol empezaba a caer, pero el calor seguía sin dar tregua cuando Spiritbox tomaron el escenario. Y sin importar la temperatura ni el cansancio, lo que hicieron durante su actuación fue simplemente arrollador. Una mezcla perfecta de brutalidad y emoción que dejó al público clavado en el sitio.
Arrancaron con “Fata Morgana” y “Black Rainbow”, desplegando desde el primer segundo ese muro de sonido tan característico suyo, donde las atmósferas se mezclan con riffs afiladísimos. Pero lo que marcó la diferencia, como siempre, fue la voz de Courtney LaPlante: angelical una frase, demoníaca a la siguiente, modulando entre el gutural más visceral y las líneas melódicas más envolventes con una naturalidad que impresiona.
Siguieron con “Perfect Soul”, “Jaded”, nominada a un Grammy, y “The Void”, una trilogía que dejó claro que la banda no necesita concesiones ni juegos escénicos para impactar: todo está en la música y en cómo la transmiten. “Circle With Me” fue uno de los momentos más coreados y celebrados, y cuando sonó “Holy Roller”, el público estalló en caos.
El bloque final con “Sew Me Up”, “Soft Spine”, “No Loss, No Love”, “Ride the Wave” y “Cellar Door” mantuvo el nivel altísimo. Ni un solo momento flojo, ni una bajada de intensidad emocional. Lo suyo no fue solo un concierto: fue un viaje.
Spiritbox ofrecieron una actuación poderosa, intensa y profundamente conmovedora. Técnica impecable, sensibilidad en cada acorde, y un control absoluto del espacio. De esas bandas que no solo tocan: te atraviesan.
Epica:
El cuerpo ya empezaba a pasar factura. Después de una jornada interminable de calor, conciertos y sol aplastante, intenté ver a The Cult… pero el calor fue demasiado. Me empecé a marear y tuve que retirarme. Busqué sombra, agua, y recuperé el aliento. Cuando me sentí con fuerzas, me acerqué al Mainstage para ver la última media hora del concierto de Epica. Y qué suerte tuve de no perdérmelo del todo.
Lo que viví en ese tramo final fue una descarga de metal sinfónico de primer nivel, con una banda que, pese a todo el peso de la jornada, sonaba imponente, compacta y con un sonido limpio y monumental. Simone Simons, como siempre, estaba inmensa: poderosa en los agudos, dulce en las transiciones melódicas, y entregada al público.
No pude ver el inicio ni toda la narrativa del show, pero lo que sí vi fue suficiente para recordar por qué Epica es uno de los grandes nombres del metal sinfónico. Las orquestaciones, los coros, la fuerza de las guitarras, el juego de luces… todo se alineaba para crear una experiencia envolvente y épica (sí, con todas las letras).
La recta final fue puro espectáculo. El público seguía entregado a pesar del calor y del desgaste acumulado, y la banda correspondía con profesionalidad y corazón. Esas últimas canciones fueron un bálsamo y una explosión a la vez.
No vi el concierto entero, pero esa media hora bastó para dejarme con ganas de volver a verlos en condiciones óptimas. Porque incluso al límite de mis fuerzas, Epica logró emocionarme.
Pentagram:
Con Within Temptation y Exodus actuando a la misma hora, sabía que tenía que elegir. A los primeros los veré pronto en el Leyendas del Rock, y a los segundos los vi solo una semana después en Rockfest, así que me decanté por una oportunidad mucho más rara: Pentagram. Y fue una decisión acertada.
Ubicados en uno de los escenarios secundarios, lejos del bullicio del Mainstage, lo que se vivió allí fue un ritual oscuro, lento y magnético. Doom de la vieja escuela, en su forma más pura, liderado por un Bobby Liebling que, aunque envejecido, aún conserva esa aura inconfundible de leyenda maldita.
El set comenzó con “Live Again” y “Starlady”, envolviendo la carpa en una niebla densa de riffs arrastrados y atmósferas opresivas. A diferencia de otros shows más explosivos del día, aquí todo iba en cámara lenta… pero con una fuerza que te iba atrapando poco a poco.
Con “The Ghoul”, “I Spoke to Death” y la inmensa “When the Screams Come”, quedó claro que estábamos ante una clase magistral de doom. Sin artificios, sin grandes pantallas, solo música directa desde las entrañas.
El tramo final con “Solve the Puzzle”, “Sign of the Wolf (Pentagram)”, “Dull Pain” y “Review Your Choices” cerró un concierto distinto, casi paralelo a lo que pasaba en el resto del recinto. Mientras muchos corrían entre escenarios, aquí todo era calma densa, gravedad, peso emocional.
No fue un concierto para todo el mundo, pero sí una experiencia valiosa para quien sabe lo que representa Pentagram. Una reliquia viva. Una oscuridad que no pide permiso para existir.
Muse:
El viernes se cerraba por todo lo alto con una de las bandas más esperadas de todo el festival: Muse. Había muchas miradas puestas sobre ellos, muchas ganas… y no defraudaron. Lo que ofrecieron fue un espectáculo total, de esos que se sienten tan grandes como el propio Hellfest.
Abrieron con “Unravelling” y “Stockholm Syndrome”, y desde el primer segundo desplegaron su arsenal: luces, visuales, fuego, pantallas, escenografía distópica… Todo estaba medido al milímetro, como una gran maquinaria artística que no da respiro. Y sin embargo, no fue solo forma: hubo fondo, potencia y una ejecución musical impecable.
“Psycho”, “Kill or Be Killed”, “Won’t Stand Down” y “Hysteria” fueron trallazos que combinaron la crudeza guitarrera con esa elegancia que Muse lleva años perfeccionando. El público respondió entregado, y aunque no todos eran fans acérrimos, pocos podían resistirse a lo que estaban viendo.
La narrativa del concierto fue casi cinematográfica. Desde los interludios como “Simulation Theory Theme / [JFK]” o “The 2nd Law: Isolated System”, hasta los clásicos “Time Is Running Out”, “Supermassive Black Hole” y “Plug In Baby”, el show se construyó como una escalada progresiva hacia el delirio colectivo.
Uno de los momentos más potentes fue mi favorita, “Uprising”, coreada de principio a fin por todo el recinto, y el cierre con “Knights of Cydonia” fue directamente apoteósico. Pirotecnia, cabalgadas épicas, guitarras desatadas. Todo lo que un cabeza de cartel debe entregar… Muse lo dio.
Podrán no ser la banda más extrema del cartel, pero en cuanto a espectáculo, ejecución y poder escénico, están a la altura de cualquiera. Cerraron el viernes como se debe: por todo lo alto, dejando a miles de personas sin aliento y con los ojos aún brillando.
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