Montaña rusa de ritmos, ambientes y melodías de Heavy Metal USA

Crítica escrita por Luishard

Amigos de Dioses del Metal, hoy traemos a nuestra Web a los estadounidenses Divine Tragedy, originarios de Pittsburgh (Pennsylvania), ciudad que en el siglo XIX fue denominada Steel City, por los yacimientos de piedra negra que pululaban por los alrededores, así que, coincidencias aparte,  ahora veremos cuanto acero somos capaces de moldear y fundir en la fragua de estos yankees.

Fundados en el otoño de 1999, ellos definen su música como Heavy Metal, pero yo añado que se desarrolla en un subestilo muy particular, al que yo defino como “US Metal”, más bronco y desordenado que el anglosajón o teutón, por poner ejemplos. Además,  este disco, Viscera Reaction, en el mercado desde el pasado nueve de Enero, con el sello discográfico de Tragedy Records,  navega a la deriva por muchos ambientes, según la melodía y ritmos desplegados, ¡cuidado con los icebergs! Tenemos desde los típicos sonidos Maiden de la etapa del Killers, frescos y de agudos riffeos, hasta otros pasajes más oscuros y distorsionados, como los de Scar Symmetry o cortantes y más agresivos como los de Soilwork, pasando por los momentos talentosos de Paul Gilbert o los que desbordan melodías pegadizas más poperas, como Génesis, de hecho se declaran unos fans de Phil Collins.

La portada es sorprendente, porque parece la ideal para cualquier banda Thrash de nueva creación, colores verdes y rosados,  chillones, empalagan una escena de bebercio químico de un ser lobuno, reventándolo por dentro el verde elixir. Es un trabajo largo y denso, trece temas y más de una hora no es cualquier cosa. La producción es peculiar y no es la primera vez que me pasa con grupos allende los mares, parece que les gustan tamizar los sonidos, quitarles brillo, enfangar la instrumentación.

Hay que acostumbrar al oído a la distorsión de la guitarra rítmica, que llena mucho la base, potente, con una batería de locomotora. El vocalista, Krist McKee, tiene buenos registros, entona aportando melodía a los temas y el toque final rugoso, proporciona algo de calidez. No hay pistas con una pegada descomunal, ni escandalosas velocidades de vértigo ni cavan fosas en el Hades, más bien son de cañoneo de mediano calibre, pero hay muchos detalles atractivos en los acordes de guitarras y en los coros.

Sorpresiva es esta intro acústica, con acordes nativos de guitarra,  Down The Oublette, Pt 1 nos asienta para que demuestren que en Thrall hay tralla a punta de bulldozer, los parches marcan un ritmo peleón y agresivo, posee un estribillo potente y pegadizo y participa una oscura voz Death, buena carta de presentación. Play To Play resuena más anglosajona, ligera y fluida es esa melodía plena de riffeo, con rítmica cortante, otra pista atractiva.

Por ahora seguimos sin ver más allá de la punta del iceberg, Viscera Reaction ya es otra cosa, porque gana epicidad, aunque pierde melodía, más lenta, cadenciosa y profunda, llena de brumas con tantos tipos de voces y registros. Nothing Is Sacred vuelve al estilo del primer corte, desde el primer segundo toda la carne instrumental está en la fragua, pero no continua como debiera, porque se me difumina la apuesta y esas guitarras de fondo no me suenan bien, demasiada distorsión. Mucho sonido de Doncella de Hierro hay en Sonnet For The Neo-Savage, con la velocidad controlada por la guitarra rítmica llevando un bozal, lo mejor es el estribillo a pleno pulmón.

Misteriosa, como en las mil y una noches, llega The Sands Of Arrakis, distinta al resto, casi rozando lo progresivo y experimental, con una voz femenina de altavoz aeroportuario, se hace cansina hasta que llega de verdad, un medio tiempo opaco y sin mucho lustre. Mejoramos claramente con Skavenger, que posee el mejor riff de los escuchados hasta ahora, de los “silbables”, aunque sigue sin destacar la melodía en ese ritmo donde los parches mandan, menos mal que el directo y corto estribillo tiene “punch” y el punteo es goloso.

Descanso otra vez con el inicio de Hang ´em High, que me recuerda a “Los Trianeros de Pittsburg”, acordes muy aflamencados para que entre otro corte que me parece haber escuchado ya, ¿o no? Bajo y acústica guitarra dan penumbra a Down The Oublette Pt 2, para alzarse un haz de luz con ese riffeo, que nos conduce por otro tema que solo destaca por algunos acordes de guitarra lustrosos. Tampoco es que en  esta tercera parte se mejore mucho respecto a las dos anteriores, Down The Oublette Pt 3 no es más que el recitar del estribillo de la anterior con teclas de fondo, rara pieza.

Inundación de teclas e inicio Dance, ¡blasfemia!, Flesh And Blood raya lo Tecno Prog Metal, por decir algo a lo que se le parezca, otro invento metido a calzador en este trabajo. La acústica Dreamscape, relajante y sin pretensiones, me convence de que hemos terminado.

Dándole siempre a tanto Metal europeo, cuesta habituarse a este tipo de propuestas, distintas, cuesta mucho más que gusten, la experiencia me lo comenta así, eso y darle un montón de pasadas hasta fatigar tímpanos. Sin duda, es un disco heterogéneo, con algunos detalles que hechizan, pero sin llegar al notable, el conjunto está para un bien alto, de 6,7 puntos sobre diez. Un saludo metálico a todos.

 

Tracklist

1. Down The Oublette, Pt 1

2. Thrall

3. Play To Play

4. Viscera Reaction

5. Nothing Is Sacred

6. Sonnet For The Neo-Savage

7. The Sands Of Arrakis

8. Skavenger

9. Hang ´em High

10. Down The Oublette Pt 2

11. Down The Oublette Pt 3

12. Flesh And Blood

13. Dreamscape (acústica)

 

Componentes

Krist McKee. Vocalista, guitarra.

Justin Calligaro. Guitarra, coros

Dustin McKee. Bajo

Chris Pekor. Batería

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