Cisma en Dogma.

Por equipo de Dioses del Metal.

Tres de las componentes de Dogma han abandonado la banda, al parecer, por los comunicados compartidos en redes no de forma muy amistosa.

Se trata de Lilith, Lamia y Rusalka que, conjuntamente ha compartido este comunicado (se trata de resúmenes porque los originales son demasiado extensos):

“Fuimos parte de Dogma.

Amamos este proyecto, pero lo que hoy se está vendiendo no es Dogma. Durante las giras vimos decisiones unilaterales, promesas rotas, manipulación, maltrato y mentiras hacia los fans.
La persona que ahora controla el proyecto es una amenaza para el futuro de Dogma y no es ni artista ni músico. Convirtió a una banda en una marca, y a las personas en piezas desechables. Traicionó a los artistas, a sus socios y a los fans.

Las redes sociales con el nombre “Official Dogma” ya no representan a la verdadera banda ni lo que defendemos. Y también: no más máscaras. Las máscaras se hicieron para proteger la identidad, no para reemplazar a las personas. El único que debe quitarse la máscara es él”.

Como era de esperarse, la cuenta oficial de Dogma, donde todavía siguen Nixe y Abrahel, contestó, entre lo que podemos leer y sin entrar en muchas controversias:

“Aunque respetamos a todos los que han contribuido a nuestro viaje, queremos dejar claro que Dogma siempre ha sido y seguirá siendo mucho más grande que cualquier individuo. Como cualquier proyecto artístico, el cambio es parte de nuestro crecimiento. Cada miembro, pasado y presente, ha dejado una marca que ayudó a moldear lo que somos hoy, pero la visión y la música de Dogma continúan avanzando gracias a la dedicación del equipo actual y al apoyo de nuestros fans”.

Además de abandonar la banda, las tres componentes han dado a conocer sus verdaderas identidades. De esta manera, Lilith atiende al nombre de Grace Jane, Rusalka al de Patri Grief y Lamia al de Aveya.

Por otra parte, dos de ellas han publicado los siguientes comunicados. Este es el de Lilith:

«En 2024 me dijeron que sería la nueva cantante de Dogma. Pasé la audición, llegué a intercambiar contactos y estaba lista para viajar a Sudamérica para los ensayos. Desde el principio entendí que no se trataba de una banda real, sino de una marca controlada por la gerencia, donde las integrantes eran tratadas como personajes reemplazables.

Lo que encontré fue manipulación y abuso. Las mujeres involucradas estaban obligadas al silencio por contratos que las amenazaban con consecuencias legales si hablaban. El pago ofrecido era insultante —100 dólares por show— mientras los gerentes se quedaban con las ganancias. Todo estaba disfrazado de “feminismo” y “empoderamiento”, pero era pura explotación.

Me negué a firmar y luché durante meses para incluir condiciones básicas de derechos humanos, como protección contra abusos y la posibilidad de terminar el contrato si se violaban esas normas. Se negaron. En ese momento entendí que este proyecto predicaba libertad y autenticidad mientras le quitaba esas mismas cosas a las mujeres que lo conformaban.

Hablo porque sé que muchas no pueden hacerlo. Estoy del lado de Grace, Amber y Patri, y quiero que la gente vea lo que hay detrás de la máscara. Si un sistema se sostiene gracias al silencio y al control, no es empoderamiento: es explotación.»

Por su parte, Patri ha comentado lo siguiente:

«En 2024 me ofrecieron ser la nueva vocalista de la banda/marca DOGMA. Después de pasar audiciones e intercambiar contactos para viajar a Sudamérica a ensayar, me di cuenta de que no era una banda de verdad sino una marca controlada por la gerencia, en la que las integrantes eran tratadas como personajes reemplazables.

Desde el inicio me exigían anonimato, silencio y sumisión mediante contratos que les quitaban a las mujeres su identidad, su voz y su capacidad de hablar. El pago era bajísimo (100 dólares por actuación) mientras quienes manejan el proyecto obtenían las ganancias de entradas, merchandising y encuentros con fans. Los contratos les otorgaban a ellas pocas o ninguna protección de derechos humanos, laborales o creativos.

Mi abogado los revisó y los calificó de “trabajo esclavo”. Yo me negué a firmar. Después de meses de negociaciones, intentos de incluir cláusulas de salud, seguridad, y terminación del contrato en caso de abusos, la gerencia se cerró.

El proyecto se presenta como “autenticidad, libertad y expresión” y se disfraza de feminismo, pero en realidad se basa en control, anonimato y silencio para explotar a las mujeres. Estoy al lado de tres compañeras —Grace, Amber y Patri— y lanzo un mensaje: si apoyas este tipo de sistema, deja de ignorar a quién estás respaldando y qué industria estás contribuyendo a mantener.»

Sacad vosotros vuestras propias conclusiones.

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