
«Crisol de estilos para la primera jornada de esta quinta edición del Rock Imperium»
Crónica escrita por Isa M., fotos oficiales del festival
Crom: Afrontábamos la quinta edición del festival más importante de la Región de Murcia, y Dioses del Metal volvía a estar acreditado como medio, esta vez no como el año pasado, que fui como fotógrafo, fueron dos pases de redactor, pero quizás hasta me vino mejor, porque salía de una cirugía y estaba lejos de estar al 100%, y las escaleras del “escenario pequeño” eran un autentico reto. Este año fuimos el combo Isa Baggins/Crom, no fue como en otras ocasiones, pero me alegro mucho de que Isa viviera como prensa uno de los grandes festivales, tiene una capacidad de trabajo enorme, y en los meses que lleva con nosotros se ha ganado por méritos propios ser una pieza muy importante del staff, redactora, cronista, entrevistadora, redes… ningún reto es demasiado para ella, y suyas son la mayoría de crónicas de las bandas que pasaron por el festival, yo solo añadiré detalles de unas pocas, y todas ellas, menos las dos bandas con las que fui de fotógrafo, del escenario grande, el de abajo, por lo que decía antes, subir esas escaleras era un poco demasiado para mi.
Del día de hoy, para mi, por supuesto mis EvilacT, una banda que estoy viendo crecer y con la que crezco como fotógrafo, contando con su confianza; Crimson Glory fue una banda que me marcó, y la verdad es que no me decepcionaron; Y siempre me han gustado vocalistas excepcionales como Cristina Scabbia y Sharon den Adel. Vamos a contaros un poco de esta primera jornada.
TRISKEL
No podía haber mejor manera de arrancar el Rock Imperium que con una banda de casa. Los cartageneros Triskel fueron los encargados de inaugurar el escenario principal, arropados por muchos seguidores que no quisieron perderse este momento tan especial. Aunque su actuación fue breve, hubo tiempo para repasar algunos de sus temas, como «Ensueño Medieval», «Inquebrantable», «Arenas del Tiempo», «Resaca en Alta Mar» o «La Taberna de Triskel». Violín, flauta, guitarras y mucha energía fueron los ingredientes de un concierto que dejó claro, desde primera hora de la tarde, que el talento de casa también tiene mucho que decir en un festival de la magnitud del Rock Imperium.
EVILACT
EvilacT ya presentaron a Jose como segundo guitarrista, nada de rítmica, un solista más con Lolo, y la verdad es que su aporte beneficia la puesta en escena de la banda. Siguen presentando su último trabajo Futuro amenaza del pasado año (Puedes leer nuestra reseña aquí: https://diosesdelmetal.org/evilact-futuro-amenaza-2025/).
Canciones que ya son clásicos de la banda y tocaron antes de sacar el nuevo disco, y ocupan un lugar destacado en sus conciertos, como Matadero, con la que es muy fácil identificarse, la rutina del trabajo, póntela un día de curro en que estes agobiado, y te ayudará, créeme, las canciones son un bálsamo. La apuesta musical de la banda es un Thrash Metal muy contundente, oscuro por momentos, que Richard, vocalista y bajista, sabe escenificar muy bien. Conozco a Ángel, baterista, desde hace tiempo, sé de su voluntad de mejorar día a dia, y casa vez está más seguro tras las baquetas. ¿Qué decir de Lolo? Vive la música con mucha intensidad, la guitarra es una prolongación de sí mismo, y ademas es un tío super humilde. A José aún lo estoy conociendo, su calidad como músico está fuera de toda duda, y espero que se sienta parte de la familia EvilacT.
Empezaron con Futuro, me encanta Resistencia, muy coreable, la oscura Vacío… El público fue sumándose a la fiesta conforme pasaban las canciones, que comience un show arriba, a casi 10 minutos andando desde el escenario principal, justo al concluir la última canción de la banda de turno, hace imposible no perderte algo. Mención especial a la asociación Ejecutores, a la que pertenecen varios miembros de la banda, y a la que Richard le dedicó el “evitando el ablande” que es un poco como su grito de guerra, inspirado en la mítica canción homónima de la banda argentina Hermética. Las canciones ritual y una de mis preferidas, Celdas Rotas, por lo distinta, cerraron un concierto importante para la banda, cómo no va a serlo tocar el en Rock Imperium Festival… A por todas chicos!

CRIMSON GLORY
Escrito por Crom
Hay bandas que alcanzan el éxito gracias a las cifras de ventas y otras que consiguen algo mucho más difícil: convertirse en objeto de culto. Crimson Glory pertenece, sin discusión, a ese reducido grupo de formaciones cuyo legado trasciende cualquier moda. Su discografía apenas ocupa un puñado de álbumes, pero la influencia que ejercieron sobre el heavy y el metal progresivo sigue siendo incuestionable casi cuatro décadas después de su nacimiento. Con un horario complicado, todavía a plena luz de la tarde, los norteamericanos tenían por delante el reto de conquistar a un público heterogéneo en el que convivían seguidores incondicionales con aficionados que quizá nunca habían tenido la oportunidad de verlos sobre un escenario. Bastaron apenas unos minutos para comprobar que la historia pesa, pero el oficio pesa todavía más.
El repertorio apostó por recorrer los momentos más emblemáticos de su carrera, con especial protagonismo para sus dos obras fundamentales, Crimson Glory y Transcendence, sin olvidar el presente de la banda mediante la inclusión de material perteneciente a Chasing the Hydra, demostrando que el grupo continúa mirando hacia adelante. El arranque con Lady of Winter fue toda una declaración de intenciones. Pocas canciones representan tan bien la personalidad de Crimson Glory, combinando melodía, velocidad y un inconfundible aire épico que continúa diferenciándolos de buena parte de sus contemporáneos. A partir de ahí llegaron Valhalla y Dragon Lady, dos clásicos que sirvieron para recordar por qué la banda de Florida siempre ocupó un lugar propio dentro del heavy metal americano, alejándose tanto del power metal europeo como del thrash que dominaba aquella época.
Uno de los grandes aciertos del concierto fue no convertirlo en un simple ejercicio de nostalgia. Pearls of Dust, perteneciente a su nueva etapa creativa, encajó con absoluta naturalidad entre los clásicos, dejando claro que la identidad compositiva de Crimson Glory permanece intacta. Lejos de sonar como un añadido obligado para promocionar nuevo material. Tampoco faltaron composiciones imprescindibles como Masque of the Red Death o Azrael, probablemente dos de los momentos de mayor intensidad del concierto. La primera volvió a desplegar toda su carga dramática, mientras que la segunda permitió disfrutar de esa capacidad tan característica de la banda para construir desarrollos progresivos sin perder nunca la contundencia propia del heavy metal clásico.
Especialmente celebrada fue Where Dragons Rule, una de esas canciones que han terminado convirtiéndose en auténtico símbolo para los seguidores de la formación. Su interpretación recordó por qué Transcendence continúa apareciendo de manera habitual entre los mejores discos de metal progresivo de todos los tiempos. Son composiciones que desafían el paso de los años y que siguen transmitiendo exactamente la misma emoción que cuando fueron editadas a finales de los años ochenta. Musicalmente, Crimson Glory ofreció una actuación muy sólida. Las guitarras volvieron a poner de manifiesto la extraordinaria calidad compositiva que siempre distinguió al grupo, alternando riffs contundentes con armonías de enorme riqueza melódica. La sección rítmica sostuvo el repertorio con firmeza y permitió que cada tema desarrollara toda su amplitud dinámica, mientras la interpretación vocal afrontó con solvencia un repertorio especialmente exigente.
El cierre con Red Sharks puso el broche a una actuación que confirmó que las leyendas no sobreviven únicamente gracias a la nostalgia… Aunque para mi fue inevitable echar de menos los locos registros de su vocalista original, el añorado Midnight, que nos dejó en 2009. El paso de Crimson Glory por el Rock Imperium Festival 2026 fue un magnífico recordatorio de la enorme deuda que el heavy metal mantiene con una de las bandas más personales, elegantes e influyentes que ha dado la escena estadounidense. Puede que nunca disfrutaran del reconocimiento masivo de otros nombres de su generación, pero precisamente ahí reside parte de su grandeza.
THE GATHERING
Treinta años después, la magia de Mandylion sigue intacta
Escrito por Crom
No todos los conciertos consiguen detener el tiempo. Algunos, sencillamente, hacen que el reloj deje de importar durante algo más de una hora. Eso fue exactamente lo que ocurrió cuando The Gathering subió al escenario del Rock Imperium Festival 2026 para celebrar el trigésimo aniversario de Mandylion, uno de los discos fundamentales del metal atmosférico de los años noventa y una obra cuya influencia sigue siendo evidente tres décadas después.
La expectación era grande. No sólo por la oportunidad de volver a contemplar a Anneke van Giersbergen interpretando el repertorio que marcó a toda una generación de aficionados, sino porque esta gira supone un acontecimiento excepcional. Como dice mi hija: Anneke tiene una voz deslumbrante, buscaba la complicidad del público para interactuar con él, se movía con soltura y siempre sonriendo, los vídeos del fondo le daban un plus al concierto.Tras el éxito de las primeras fechas de la reunión con motivo del aniversario del álbum, el festival cartagenero se convirtió en una de las paradas más esperadas.
Desde el primer instante quedó claro que aquello no iba a ser un simple ejercicio de nostalgia. The Gathering apareció con la serenidad de quien sabe perfectamente el legado que representa, pero también con la convicción de que estas canciones siguen teniendo plena vigencia. Lejos de sonar como piezas ancladas en el pasado, las composiciones de Mandylion mantienen intacta esa mezcla de melancolía, intensidad y sensibilidad que convirtió al disco en una referencia imprescindible dentro del metal más atmosférico. La presencia de Anneke van Giersbergen volvió a convertirse, una vez más, en el centro emocional del concierto. Su voz conserva esa extraordinaria capacidad para transmitir cercanía sin perder fuerza, alternando pasajes delicados con otros de enorme intensidad. Pocas vocalistas han conseguido establecer una conexión tan natural con su público, y en Cartagena volvió a demostrarse por qué su nombre continúa siendo uno de los más respetados dentro del género.
Si hubo dos canciones especialmente esperadas fueron Strange Machines y Leaves. Ambas siguen funcionando como auténticos himnos y fueron recibidas con una mezcla de emoción y entusiasmo por parte de unos asistentes que, en muchos casos, llevaban décadas esperando volver a escuchar este repertorio interpretado por su formación clásica. Pero reducir el concierto únicamente a esos dos clásicos sería profundamente injusto. El gran mérito de The Gathering reside precisamente en la coherencia del conjunto. Cada tema fue construyendo una atmósfera envolvente en la que las guitarras, los teclados y la base rítmica encontraron el equilibrio perfecto entre contundencia y delicadeza.
La banda volvió a demostrar que nunca necesitó recurrir a la velocidad ni a la exhibición técnica para emocionar. Su lenguaje siempre ha sido otro: el de las texturas, las dinámicas y la capacidad para transportar al oyente a un paisaje sonoro muy personal.
Musicalmente, la compenetración entre todos los integrantes resultó evidente durante toda la actuación. Las guitarras alternaron momentos de gran contundencia con pasajes de enorme sensibilidad, mientras que los teclados aportaron ese característico colchón ambiental que define la personalidad de la banda desde mediados de los noventa. Todo ello sostenido por una sección rítmica sólida y elegante que permitió que las canciones respiraran con absoluta naturalidad. También merece destacarse la respuesta del público del Rock Imperium. Aunque el festival reúne propuestas muy diferentes dentro del rock y el metal, la actuación de The Gathering consiguió crear uno de los ambientes más íntimos de toda la jornada. Durante buena parte del concierto predominó el respeto absoluto hacia unas composiciones que invitan más a la contemplación que a la explosión física, demostrando que también existe espacio para la sensibilidad dentro de un cartel dominado por nombres de enorme contundencia.
El paso de The Gathering por el Rock Imperium Festival 2026 fue mucho más que una reunión con sabor nostálgico. Fue la reivindicación de una obra irrepetible y de una banda cuya influencia continúa presente en buena parte del metal contemporáneo. Cartagena asistió a uno de esos conciertos que difícilmente se olvidan, no por su espectacularidad, sino por la enorme carga emocional que transmitió de principio a fin. Treinta años después, Mandylion sigue siendo exactamente lo que siempre fue: un disco capaz de detener el tiempo durante algo más de una hora.
AVULSED
La veterana banda madrileña de death metal, liderada por Dave Rotten desde 1991, convirtió el escenario secundario en un auténtico campo de batalla desde el primer minuto. Llamaba especialmente la atención la sincronía de los guitarristas, moviendo las cabezas al unísono en un festival constante de molinillos que parecía perfectamente ensayado y regalando una imagen tan espectacular como una guitarra de doble mástil. Dave, volvió a demostrar su facilidad para conectar con el público. Nada más empezar bromeó con la división del recinto: «Una putada para hacer un wall of death… bueno, haremos dos», y más tarde bautizó las dos zonas como «la VIP» y «la garrula» antes de organizar el doble choque entre ambas. También hubo tiempo para agradecer a quienes habían subido la cuesta hasta el Thunderbitch: «Somos el patito feo de los festivales», dijo entre risas. Entre sangre falsa salpicando a los músicos durante las presentaciones, humor negro y una descarga de death metal, Avulsed volvió a demostrar que, más de treinta años después de su nacimiento, sigue siendo una apuesta segura sobre cualquier escenario.
MASTODON
La tarde dio un salto de intensidad con la llegada de Mastodon al escenario principal. Los estadounidenses demostraron por qué siguen siendo una de las bandas más respetadas del metal moderno, combinando con una naturalidad asombrosa el sludge, el progresivo y el groove en un concierto que sonó enorme de principio a fin. Con Nick Johnston ya plenamente integrado tras la desaparición de Brent Hinds, la banda arrancó con «Tread Lightly» y «The Motherload», dejando claro desde el primer minuto que la precisión técnica no está reñida con la contundencia. El excelente sonido permitió disfrutar de cada detalle de unas composiciones tan complejas como exigentes. Durante el concierto también hubo espacio para recordar a Brent Hinds. Su ausencia fue inevitablemente palpable, pero su legado estuvo muy presente. El tramo final, con temas como «Megalodon», «I Am Ahab», «Steambreather» y la imprescindible «Blood and Thunder», terminó de confirmar una de las actuaciones más completas de la jornada. Sin grandes discursos ni artificios, Mastodon dejó que fueran las canciones las que hablaran por ellos.
GRAND MAGUS
Los suecos Grand Magus revalidaron su condición de culto con una exhibición de puro acero escandinavo. El combo comandado por el imponente Janne “JB” Christoffersson, escoltado por la rítmica de Mats “Fox” Skinner y Ludwig “Ludde” Witt, subió las revoluciones del festival amparado en la frescura de su reciente obra, Sunraven. Aquellos melómanos que aceptaron el reto de subir hasta el escenario Thunderbitch se toparon con una propuesta única: un puente perfecto entre las cabalgadas del heavy metal más tradicional y las texturas densas heredadas del doom clásico.
WITHIN TEMPTATION
Escrito por Crom
Había mucha expectación por ver a Within Temptation en Cartagena. No era para menos. El grupo neerlandés llegaba al Rock Imperium Festival 2026 como cabeza de cartel de la primera jornada y con el atractivo añadido de ofrecer su único concierto en España este año. Más de un cuarto de siglo después de su nacimiento, la formación liderada por Sharon den Adel continúa demostrando que ha sabido evolucionar sin perder la esencia que la convirtió en uno de los grandes referentes del metal sinfónico.
Cuando las luces se apagaron y comenzaron los primeros compases de We Go to War, el ambiente del Parque de la Cuesta del Batel cambió por completo. La banda apostó desde el principio por un repertorio equilibrado entre su material más reciente y aquellos himnos que han marcado su trayectoria. Lejos de limitarse a vivir de la nostalgia, dejaron claro que Bleed Out sigue teniendo un peso importante dentro de su propuesta actual.
La voz de Sharon den Adel volvió a convertirse en el principal eje del espectáculo. Su capacidad para alternar pasajes delicados con interpretaciones llenas de fuerza continúa siendo una de las grandes señas de identidad de la banda. Sin necesidad de excesos teatrales, consiguió mantener una conexión constante con el público, guiando cada canción con la naturalidad que sólo poseen los artistas que llevan décadas sobre los escenarios.
Tras el potente inicio llegaron Don’t Pray for Me, Faster y Supernova, tres composiciones que mostraron la enorme amplitud estilística del grupo. La primera aportó el componente más épico y cinematográfico, mientras que las otras dos incrementaron el ritmo del concierto antes de dar paso a uno de los momentos más esperados de la noche.
Fue entonces cuando aparecieron clásicos como Stand My Ground e In the Middle of the Night, recibidos con entusiasmo por un público que respondió desde las primeras filas hasta el fondo del recinto. Son canciones que han envejecido extraordinariamente bien y que siguen funcionando como auténticos himnos en directo.
Uno de los puntos fuertes del concierto fue comprobar cómo la banda consigue integrar de forma natural composiciones pertenecientes a etapas muy diferentes de su carrera. El salto entre los discos más recientes y trabajos fundamentales como The Heart of Everything o Mother Earth resulta completamente orgánico gracias a una identidad sonora perfectamente consolidada.
La parte central del concierto permitió recuperar What Have You Done, The Heart of Everything e Ice Queen, tres piezas imprescindibles para comprender la evolución artística del grupo. Especialmente emotiva resultó la interpretación de Mother Earth, convertida desde hace años en una de esas canciones capaces de unir varias generaciones de seguidores bajo una misma melodía.
En el tramo final llegó otra de las demostraciones de que Within Temptation sigue mirando hacia delante. Our Solemn Hour mantuvo intacta su contundencia mientras que Bleed Out puso el broche a una actuación que dejó claro que la banda continúa encontrándose en un excelente momento creativo. Lejos de convertirse en un simple ejercicio de nostalgia, el concierto sirvió para reivindicar que todavía poseen material contemporáneo capaz de convivir con sus clásicos más celebrados.
El Rock Imperium Festival arrancó con un nivel muy alto y Within Temptation dejó una de esas actuaciones que recuerdan por qué el metal sinfónico continúa teniendo un lugar privilegiado dentro de los grandes festivales europeos. Una demostración de experiencia, elegancia y oficio por parte de una banda que, lejos de acomodarse, sigue escribiendo nuevos capítulos de su historia.
ROCKIN’ LADIES
Una de las sorpresas más agradables de la jornada fue, sin duda, Rockin’ Ladies. Llegué con curiosidad y salí convencida Más allá del espectáculo, la banda tiene un mensaje muy claro: visibilizar el enorme talento de las mujeres dentro del rock y el metal nacional y reivindicar el lugar que les corresponde sobre los escenarios. «No somos la excepción, somos parte de la historia», afirmaron, antes de animar al público a seguir apoyando tanto a las bandas locales como a las mujeres de la escena. La formación fue cambiando de integrantes durante la actuación, dando protagonismo a distintas músicas, hasta desembocar en un emotivo final con diez mujeres compartiendo escenario para interpretar «All We Are» de Doro. Un cierre que arrancó una gran ovación del público y dejó claro que Rockin’ Ladies es mucho más que una banda: es una declaración de intenciones.
LACUNA COIL
Los encargados de cerrar la primera jornada en el escenario principal fueron los italianos Lacuna Coil. Pasada la medianoche, la banda alternanó canciones de su último trabajo, Sleepless Empire, con clásicos imprescindibles como «Our Truth» o su ya habitual versión de «Enjoy the Silence», uno de los momentos más coreados de la noche. Una vez más, el gran atractivo de Lacuna Coil estuvo en la combinación de las voces de Cristina Scabbia y Andrea Ferro, perfectamente complementarias. En un bonito momento del concierto, Cristina presentó a Andrea no solo como su compañero de banda, sino también como un amigo, reflejando la complicidad que ambos transmiten sobre el escenario. Con «I Wish You Were Dead», «Oxygen» y «Never Dawn», los de Milán pusieron el broche final a una intensa primera jornada del festival, despidiéndose entre una merecida ovación.

