«Lamb Of God destruyen Viveiro bajo la mirada del King Diamond»

Texto por José Meh (verde) y Zoe Lilith (naranja)

Fotos por Zoe Lilith

Y aquí estamos, último día del Resu. 361 días esperando como cabrones y ala, se fue, se marchó. Bueno, es lo que tiene la vida, te pasas más tiempo esperando las cosas buenas que disfrutando de ellas, pero al final eso es lo que las hace tan buenas, ¿No? Con lo filosófico que me he puesto cualquiera diría que toca hablar de un día lleno de brutos, cafres y salvajes subidos a los escenarios, pero así soy yo, un romántico del Metal.

Arrancamos a las 14:30 con los andaluces Perpetual Night y lo cierto es que esas horas no ayudaron NADA a esta banda de death metal progresivo que tuvieron, aunque muy animado, una escasez de público que nos dejaba helados. Igualmente, estos chicos estuvieron muy agradecidos y cercanos con los asistentes que allí habíamos y nos deleitaron en el Ritual con un setlist muy bien seleccionado basándose en su reciente LP debut Anâtman y un sonido y un juego de luces que, aunque buenos, se hubieran disfrutado muchísimo más y mejor en un horario más fresco y nocturno.

Fui abriendo la veda con una panda de putos bestias venidos de Asturias. Cathexia, formados hace ya unos añitos y con miembros de Legacy of Brutality o Mercyless entre otros, venían a darnos una lección de cómo se hace Death Metal a la vieja usanza. Presentando su más reciente trabajo de estudio, Complete Obliveration, dieron un buen repaso a nuestras ya maltrechas cervicales a base de ritmos pesados, baterías rápidas y un sonido atronador. El Desert Stage no suele recibir palizas sónicas de este tipo, pero al final volvió a ser el escenario con el sonido más limpio de los cuatro del festival y le vino al pelo al sonido de Cathexia. Tras la intro de Fall Of The Unholy Race, entraron a la bulla con Entrails Of the Earth y Blessing/Extermination, con las que ya me convencieron de que había sido buena idea verlos. Al principio me costó pillarle el punto a la voz de Abel Suárez, muy sucia y rasgada, pero me acabó molando y formó un buen dúo con el ex-vocalista de la banda, Isaac Ríos, cuando este se subió a cantar el tema Before The Disaster. Era jodido, mi cuello me pedía tranquilidad, que solo estábamos empezando, pero los ritmos endiablados de los asturianos no me permitían estar quieto, y menos con temas como Inert o Virus. Finalmente quedaba No Rest Beyond Death, con la que rematarían un gran bolo. Fue el descubrimiento del día y posiblemente del festival, no los conocía de antes, colega, y como siempre ocurre en los mejores festivales, me llevé un disco de escucha obligada a casa.

A los que sí conocía y no me iba a perder ni de broma era a Celtibeerian, la banda multinacional de Folk era la encargada de abrir el Main Stage el último día y lo hicieron armando un fiestote de tardeo cojonudo. Presentando su reciente álbum Deiwos, protagonista claro del setlist, dieron una exhibición de versatilidad instrumental con sus gaitas, flautas, violines y demás comandando el sonido de la banda. Entre temas más ‘serios’ como The Wolf I Am o Deiwos, en los que la voz de Patri, dulce y envolvente, contrastaba con la voz cazallera de Gus, protagonista de los cortes más ebrios y cachondos de la formación como Fear My Beard o su clásica The Booze Song, que armaron circle pits, walls of death y bailoteos lamentables de un servidor con otros borrachuzos tempraneros. Looking For Beer, con la que acabamos saltando descamisados como locos, fue el tema encargado de terminar el concierto de Celtibeerian, uno de los más divertidos del festival sin lugar a dudas. Me lo pasé teta con esta peña y es que bandas como ellos son necesarias en los festivales, peña que te dé cuarenta, cincuenta o sesenta minutos de fiesta desenfadada y te saque unas risas mientras tocan de puta madre. Ojalá repetir pronto.

Desde la misma Coruña, el thrash metal llegaba a Viveiro de la mano de Strikeback con muchísima potencia y velocidad. Una gran puesta en escena decorada con columnas de humo muy recurrentes, un buen sonido y unos integrantes que lo daban todo y más a pesar del calorazo, otros que se habrían disfrutado mucho más algo más tarde. Aún con todo eso, repartieron caña a diestro y siniestro sin contemplaciones. Recordando mucho a los grupos clásicos de heavy y thrash, siendo muy directos, muy rápidos y con unos riffs muy elaborados.

Luego me tomé un rato de tranquilidad viendo a los gallegos Strikeback de lejos, aunque fue complicado estarse quieto. Practicando un Thrash de manual, afilado, rápido y directo, armaron un buen pifostio frente al Ritual Stage, del cual aprovecho para comentar que creo que necesita un pequeño repaso para mejorarle sonido y visibilidad, puesto que si no estás en el meollo, falla un poquito y, ya que al Main Stage no hay que tocarle nada más porque ya está brutal, creo que es buen momento para dedicarle un esfuerzo a un escenario por donde pasan bandas de nivel medio/alto y para las que no siempre es fácil ver. Dicho esto, Strikeback molaron, sonaron muy potentes y se dejaron el alma presentando su reciente (y thrasheramente recomendable) LP The Plague. Como curiosidad, el primer concierto de la banda fue en el casino de Viveiro hace ocho años, así que imagino que para ellos debe ser muy especial volver a tocar en la ciudad. Como profetas en su tierra, congregaron un buen puñado de peña frente al escenario, buen trabajo.

El día estaba thrashero, pues antes de la descarga de uno de los mastodontes del género, Testament, tocaba ver a unos zagales que vienen desde la otra punta del planeta, concretamente Nueva Zelanda, y que están llamando bastante la atención. Es el caso de Alien Weaponry quienes, con su propuesta de Thrash/Groove mezclada con elementos maoríes, juntaron bastantes curiosos frente al Main Stage a las 17:30. Tres muchachos que entre los tres posiblemente no sumen la edad de King Diamond, parecían unos muchachitos que podían estar entre nosotros flipándolo con Testament, pero metieron una cera interesante. Con ritmos pesados, casi más Groove que Thrash, vinieron a presentar su primer y único LP Tū’, con temas como Holding My Breath, Ahi Ka o Raupatu, moviendo al personal, mareado de tanto circle pit, y haciendo cabecear a más de uno mientras exprimían a saco las máquinas de humo del escenario. Es una banda en crecimiento, se les nota que aún están un pelín verdes y a sus composiciones les falta un poquito de cuerpo, pero son tres muchachos que les está empezando a salir la barba, hay tiempo para pulir detalles y, de momento, su humildad y buen hacer les auguran un futuro prometedor. Kai Tangata, su tema más conocido, fue el encargado de cerrar el bautismo de fuego de Alien Weaponry, quienes nos dejaron pendientes de los próximos movimientos que vayan a hacer.

Por su parte, en el Chaos tocaban ver a unos chicos que llevan un recorrido estelar, son buenos, son potentes y son Close to the Sky. Desde Viveiro aseguramos que tocaron el cielo. Presentando aún su último trabajo de estudio, The Distant View. Aunque se nota que aún les falta un poquito de experiencia sobre escenarios grandes, demostraron que su metalcore es resultón, es bestia y que llegará aún más alto si siguen luchando así de bien por ese camino. 

Destroyers of All hicieron honor a su nombre metiendo tralla en el Ritual y Atavismo manejaron su peculiar propuesta en el Desert, vi un ratito suelto de ambos pero no lo suficiente como para poder opinar con propiedad, el rollo es que había poco tiempo antes de uno de mis platos fuertes de todo el festival y es que aún no había tenido ocasión de ver a los putos Testament en directo. Los de Chuck Billy y Alex Skolnick se me han resistido cuanto han podido però, por fin, los tuve en frente. Y, colega, salieron a dar una puta lección de Thrash Metal, así de claro. Chuck Billy, con un carisma de tamaño superior a su portentoso físico, Skolnick y Peterson haciendo llorar a sus guitarras, DiGiorgio con su corrosivo bajo y Gene Hoglan destrozando los parches, no tuvieron puta piedad. Brotherhood of the Snake, The Pale King y More Than Meets the Eye empezaron a hacer morder el polvo al personal pero, cuando llegaron los clásicos Do Not Resucitate, Eyes Of Warth, Low y, sobre todo, Into the Pit, en cuyo circle pit incluso perdí una camiseta (DEP), solo nos quedaba rezar por nuestras almas. Sonido aplastante, duro, certero. No había tiempo para bromas, ni siquiera para respirar, a Testament no les van esas mierdas, ellos vienen a cascarte Practice What You Preach, Electric Crown, Over The Wall y Disciples of the Watch a zapatilla, a hostia limpia, si sobrevives o no, es tu puto problema. Chuck haciendo air guitar con su pie de micro, igual como lo suele hacer un Rey que iba a salir unas horas después y nosotros a aguantar el tipo mientras unos tipos que superan la cincuentena se descojonaban de nosotros. Jefazos. The Formation Of Damnation fue la única que nos dio respiro… porque fue la última. Lección absoluta de unos maestros del rollo, siempre injustamente a la sombra del ‘big four’, claro, pero partiendo lomos como muy pocos, tanto de su generación como de la nuestra, pueden hacer. Salvaje.

Pese al palizón de Testament e intuyendo que venía después, no se me pasaba por la cabeza perderme a los vascos Vhäldemar, cagüenros, una de las formaciones más interesantes del Heavy Metal clásico nacional. Fue un día de ‘primeras veces’, pues tampoco había visto nunca a los de Barakaldo, autores del enorme discazo Against All Kings editado el año pasado, y les tenía ganas. Son una formación ya con el culo pelado en la escena nacional, unos veteranos del rollo, y en este estilo la veteranía es un grado. Con una actitud envidiable, salieron a repartir su Speed Metal sin bromas, «a muerte» como a Carlos Escudero, un mal hablao de cuidado, le gusta predicar, y lo hicieron con temazos como Bastards, en cuya presentación Escudero se cagó en la puta madre de los que no habían venido, de los que estaban esperando a Lamb of God, de los que estaban cenando y de un tipo de la tercera fila que lo miró mal y luego empezó a repartir cera. Molaba porque te llamaba hijo de puta todo el tiempo pero lo hacía con gracia, te daban ganas de que te lo dijera otra vez, un crack. También cayeron temas muy coreados, con aires de himno, como Metalizer, con la que abrieron a saco, seguida de una coreadísima 1366 (Old King’s Visions) que huele a hitazo eterno de la banda, la Gravediggera Howling At The Moon, Lost Worlds o la final Energy, que remató el bolo de una banda que sonó de vicio y transmitió un magnífico buen rollo con una actitud Heavy que ojalá se me haya contagiado, amigo. Bolazo en toda regla de unos tíos que saben perfectamente de qué va esto del Metal.

Pero bueno, es que lo que viene después es para santiguarse, amigo. Los corderos de Dios, vaya palizón. Lamb Of God volvían seis años después a tierras gallegas, tras haber pasado muuuuuuchas cosas que no hace falta volver a relatar, y lo hacían para rematar a los heridos que dejaron Testament. Con el mejor sonido que dio el Main Stage en todo el fin de semana, un Randy Blythe desatado transpirando carisma por todos los poros de su cuerpo, que me cago en todo, una mirada suya te partía el alma, dieron el concierto más salvaje que recuerdo en mucho tiempo. Omerta, Ruin, Walk With Me In Hell y Now You’ve Got Something to Die For para empezar, así, zas, en tu jeto de metalerillo. Circle pits por todo el recinto, la peña revolucionadísima, menos mal que estábamos cansados, tron, llegamos a estar en forma y las grietas en el suelo llegan a Vigo. Set to Fail, 512, Engage The Fear Machine, otras tres bofetadas, pon la otra mejilla si tienes huevos. El concierto avanzó inexorablemente, temazo tras temazo y claro, llega el descanso previo a los bises. Un descanso traicionero, pues no puedes relajarte sabiendo que vienen Laid To Rest y Redneck, amigo, no puedes. Primero el destroy yourself, luego el this is a motherfucking invitation, dos gritos con los que soltábamos el poco aire que nos quedaba en los pulmones, la adrenalina del público tapaba el cielo, el carisma de Lamb Of God también. Lo más profesional habría sido irme al pandemonium y verlo desde ahí con un Monster en la mano, pero no podía ser, no podía quedarme quieto, tronco. Eso había que vivirlo con los fans. Y diréis, «este es un putifan de Lamb Of God que blablabla…» pues no, tío, en casa me pongo cuatro temas sueltos, pero su directo estuvo a otro nivel, una salvajada inconcebible, reyes absolutos del Heavy Metal Americano como ellos han bautizado, otro rollo. Igual ahora sí soy fan de esta peña, es lo que hace un buen directo, coleguilla.

A pesar del cambio el horario y salir 2h más tarde de lo previsto, el Chaos Stage estaba abarrotado de fans de la conocida banda de blackened brutal death metal portuguesa, Analepsy. Todo se inundó de oscuridad, gritos guturales y un sonido demoledor, pesado y grave. Como una apisonadora pasaron por el Resurrection sin dejar a nadie indiferente, sí con muchas ganas de más tras casi 1h que se nos hizo muy corta. 

No podía recuperarme de LoG, amigos. No siempre tienes una segunda oportunidad de despedirte de una banda que te ha marcado y había que aprovecharla. Berri Txarrak, la primera banda que vi en concierto, última vez que los tenía en frente. No podía ir a cenar todavía. Encima, conscientes de dónde estaban, se cascaron el setlist más bestia que tienen, qué gustazo poder escuchar Espero Zaitzaket en directo por una vez. Y Zertarako Amestu, Katedral Bat, Maravillas… algunas son habituales en su setlist pero otras no y moló lo suyo. Es una banda a la que le tengo un cariño muy especial, lo digo siempre que los veo (y van cinco o seis veces) y me parece muy triste que lo dejen cuando están en su mejor momento pero, al final, cada uno decide su destino y, si Berri Txarrak necesitan parar, que lo hagan y no fuercen, prefiero despedirme de ellos viéndolos en todo lo alto que arrastrándose (cosa que sé que jamás harán, pero bueno, por si acaso). Al final dieron un show explosivo, haciendo saltar y moverse a los fieles que aprendieron euskera (o se lo inventaron) gracias a sus letras, incluidos los chavales de los Resukids que los vieron desde arriba. Una vez más, y creo que ya sí es la última, eskerrik asko, Berri. Bastante considerable la cantidad de gente que reunieron frente al Ritual, habría molado despedirse de ellos en el Main Stage, la verdad.

Turno para una de las bandas más grandes del metal sinfónico, Within Temptation, que salieron con ganas al escenario que estaba decorado con dos enormes serpientes formando unos cuernos, englobando a toda la banda y en el centro, una plataforma redonda. El sonido empezó muy mal, mal mal mal, que fue el más bajo de todo el festival. Que se oía más a la gente que a ellos. Quitando eso, la escenografía y los juegos de luces fueron esplendorosos, pero hasta que el sonido no mejoró, no pudimos apreciar en directo la hermosa y arrebatadora voz de la vocalista Sharon Del Adel. Vinieron presentándonos Resist, su último disco tras cinco años desde Hydra, todo eso sin olvidarse de temas como Stand my Ground, himno de la banda, junto a otros temas como fueron In the middle of the night, Paradise (What About Us?), Raise your Banner o Angels, otro himno coreado por los espectadores, que se siguieron oyendo más durante todo el concierto. Increíble la mala ecualización que tuvieron, siendo una banda de renombre y siendo los únicos en el Main Stage con ese tipo de problemas tan grandes sin resolver en toda la actuación.

Ahora sí me podía relajar un rato, Within Temptation tocaban en el escenario principal y es una banda que, por cuestiones simplemente estilísticas, no me va. Me puse a verlos cerveza en mano desde el otro escenario esperando a Cult Of Luna y bueno, el sonido no acompañó a los holandeses, no sé muy bien en qué narices estaría pensando su técnico, pero tardó un buen rato en pillarle el punto. Más allá de eso fue un show muy visual, con una pantalla llenando el escenario, una producción currada y Sharon Den Adel luciendo su vozarrón como ella sabe. Temas como Stand My Ground, que resonó hasta en Los40 Principales en su momento y la cantó hasta una señora mayor que paseaba el perro en Covas, Paradise (What About Us?) o Faster funcionaron muy bien hasta que Mother Earth puso el punto final e hizo que nos girásemos al Ritual Stage, donde los suecos Cult Of Luna, la banda que más quería ver del festi pese a que no acababa de cuadrarlos en un ‘open air’, iban a mostrarnos su asombrosa propuesta. Con una producción brutal que fue lo que les llevó a tocar en el Ritual en vez del Desert, ya que ahí no cabían, la banda salió, vio y venció. Sin más, sin interactuar más que con miradas desafiantes, ni un puto “thank you”, solo riffs agobiantes, ambientes opresivos y brutalidad visceral y descarnada. Había momentos en que lo atmosférico de su propuesta, el juego de luces y el humo convertían el concierto en una experiencia extrasensorial que te transportaba a otro mundo, un mundo de dolor, angustia y desconsuelo, sí, lo que les mola a estos y lo que nos mola a los que vamos a verlos. El nuevo tema The Silent Man, con sus diez minutitos de nada, abrió el camino a Finland y Ghost Trail, dos maravillas sónicas que cayeron sobre nosotros sin misericordia e hicieron que me olvidase hasta del cansancio, tron, qué manera de limpiarte el alma. Una maravilla que acabaría antes de tiempo con In Awe Of, les quedaban unos siete minutos de show cuando acabaron, pero supongo que no tenían temas de tan corta duración para cerrar jejeje. Lo dicho, fue un viaje, una experiencia diferente, que al que no le molase el rollo seguramente se le hizo un poco bola, sobre todo a la una de la madrugada del último día, y lo comprendo, pero los seguidores de Cult Of Luna salimos extasiados, con el alma limpia y lamentando que no tocasen una hora más.

Los británicos Brutality Will Prevail, desde Gales, vinieron a romper el Chaos Stage presentando In Dark Places, su último disco desde hace dos años y el quinto de la formación. A pesar de coincidir con un gran cabeza de cartel, la amplia diferencia de estilos les hizo tener a tanta gente viéndoles que no cabía un alma más allí. Haciendo honor a su nombre con un sonido brutal y una puesta en escena sencilla pero sin duda de las más potentes, hasta violentas (en el buen sentido) aunque no tanto para la cantidad e mosh pits, circle pits y wall of deaths que se produjeron.

Y cerramos la decimocuarta edición del Resurrection Fest con Nasty. Que tuvo que compartir horario con el rey de la noche, pero muy bien que cerraron el Chaos Stage. Los alemanes dieron coba a pesar de que para los más harcoretas, ya parecía que había acabado la cosa con Brutality Will Prevail, pero no. Devastador directo d los belgas, sonido y potencia con los cambios de ritmo. Abarrotado hasta los topes, l gente no quería despedirse del festival sin dar un último golpe, que no se notase que ya empezaban a escasear el cansancio y las fuerzas. Pero como siempre, todo eso no importa cuando estás disfrutando de la buena música y en un ambientazo como el que se montó en el Chaos Stage con esta pequeña pero gran banda.

A servidor le tocaba cerrar también, pero iba a ser en el otro escenario. Ya era el momento de ir a la barra a gastar los tuentis que quedaban y ver a su majestad, el único Rey al que le guardo una absoluta pleitesía, Mr. Kim Bendix Petersen, más conocido como King Diamond. Su rollo de ‘o lo amas o lo odias’, hace que mucha gente que no lo soportaba por su peculiar timbre se fuese a ver a Colour Haze, a Nasty o a buscar una discoteca en Viveiro para acabar la noche, dejando solo a los fieles frente al escenario, pero nos daba igual, más sitio para cabecear y más libertad para ir de paseo a la barra. Abrieron con The Candle y Voodoo mientras el Rey iba calentando la voz, algo errática al principio, y que ya empezó a funcionar cuando llegaron los dos temas representantes del Abigail, Arrival y A Mansion In Darkness, en la que el solo de Andy LaRoque le puso los pelos como escarpias a más de uno. El escenario habitual, recreando la clásica mansión encantada que tanta inspiración le ha dado al danés, con sus luces azules que iluminaban a la vez que transmitían inquietud, frío y oscuridad, se llenaba con los musicazos que forman la banda y los actores y actrices que le sumaban el aire teatral que tanto demanda un show de King Diamond. Una ronda de clásicos, junto a su nuevo tema Masquerade Of Madness, un temazo que aún no está grabado y que viene presentando en directo en esta gira, seguían encandilando a los fans, que nos dejábamos la voz en lamentablísimas imitaciones del peculiar timbre de Kim hasta que, casi sin darnos cuenta, habíamos llegado al final del show, que se daría con Burn y Black Horsemen, encargadas de cerrar el notable concierto de King Diamond, quien conserva un estado de forma envidiable a sus sesenta años, y con ello se iba un nuevo Resurrection Fest.

Una buena, aunque algo descafeinada forma de acabar la edición más tocha del festival gallego (por la poca peña que quedó, digo), que sigue siendo una referencia a nivel nacional y que cada vez atrae a más gente de nuestro y de otros países. Un festival que sigue mejorando, escuchando a sus seguidores y aprendiendo de cualquier error que se pueda cometer, lógico en eventos de tal magnitud. Cada año es un gustazo irme a Galicia a disfrutar de este festival, sus bandas, sus gentes y de Viveiro, que sigue recibiéndonos con los brazos abiertos. Ahora a ver hasta cuándo me durará este acento gallego, carallo, que soy de Palma y parezco nacido en Ourense. Sea como sea, nos vemos el año que viene, Resurrection Fest. Del 1 al 4 de julio, apuntado queda.

Deja un comentario