“Campamento del aburrimiento”

Escrita por Christian Darchéz

En 2015 se estrenó en USA “La última chica”, de Todd Strauss-Schulson, con Taissa Farmiga y Malin Akerman, un muy buen film que parodiaba de manera muy inteligente al subgénero slasher y que de paso le dio una vuelta de tuerca muy interesante e innovadora al cine de asesinos psicópatas. Pese a ser muy bien recibida en los medios especializados, al obtener incluso mejores reseñas que la olvidable “Batman v Superman” (2016), la peli no logró distribución internacional por culpa de los idiotas de Sony y muchos la conocieron recién cuando llegó a Netflix, hasta que el paso del tiempo la condenó de manera injusta al olvido. 9 años después llegaría “In a Violent Nature” (2024), de Chris Nash, un film experimental que, si bien presentaba una premisa interesante dentro del slasher al enfocar el protagonismo desde la perspectiva del asesino no muerto a lo Jason Voorhees, se trató de un film fallido y que terminaba aburriendo, puesto que hasta que el asesino en cuestión encontraba a una víctima pasaban varios minutos donde uno lo veía caminar sin cesar. Pero, como conté en aquella reseña, la crítica que ve estos filmes cada muerte de obispo se deshizo en elogios altamente exagerados, aludiendo que estábamos ante una peli innovadora que representaba la reinvención del subgénero slasher. Algo similar ocurrió este año con “Teenage Sex and Death at Camp Miasma”, de la directora y guionista Jane Schoenbrun, que, al ser un nombre tan largo, voy a dejarlo en “Camp Miasma”, recibió un “El día después de mañana” de elogios exagerados por parte de la siempre prensa vendehumo, en el cual resaltaron una y otra vez la supuesta creatividad mostrada por Schoenbrun en el film; algo que también está siendo alimentado por el cáncer moderno del cine: los influencers que por un suculento sobre de las productoras en menos de un minuto les venden a sus seguidores estas pelis sin importar si se están jugando la reputación por un par de billetes. Hace poco la pude ver (o, mejor dicho, soportar) y mi veredicto es el siguiente: ¡“In a Violent Nature” es “El exorcista” al lado del bodrio que es “Camp Miasma”!

La trama tiene a Kris Williams (Hannah Einbinder), una joven cineasta que viene de romperla en el Festival de Sundance con su film experimental onda “Psycho”, que relataba la peli desde la perspectiva de la cortina de ducha (¡!), que es contratada por un estudio para revivir a su franquicia slasher “Camp Miasma”, que tras buenos films en los 80 y su posterior sobreexplotación comercial quedó arruinada por secuelas mediocres. Pero cuando visita a la estrella de la peli original, Billy Presley (Gillian Anderson), una actriz que ahora vive recluida y envuelta en misterio, las dos caen en una espiral de sangre, deseo, miedo y delirio… Bueno, es más o menos esa la sinopsis de la trama (o la falta de la misma) en la que la directora y guionista Schoenbrun cayó víctima del consabido “Quien mucho abarca, poco aprieta”. ¿Por qué digo esto? Es que con “Camp Miasma” Schoenbrun pretende deconstruir el subgénero slasher desde una mirada más compleja, elaborada y queer, pero que no termina de funcionar porque el film, además de presentar de los peores metalenguajes y metahomenajes que se hayan visto en un film, producto de las pretensiones de la directora, es extremadamente aburrido por culpa de un guion torpe que (otra vez) quiere abarcar mucho y consigue poco. En tiempos en donde Hollywood se está dando cuenta de que los contenidos progres son cada vez más repudiados por el público y no generan ganancias (no por nada el nuevo CEO de Disney, Josh D’Amaro, anunció que va a eliminar la inclusión en los contenidos con el objetivo de recuperar al público masivo), ningún estudio le daría la tarea de revivir a su franquicia estrella a semejante idiota pretenciosa como lo es el personaje de Hannah Einbinder. Su Kris Williams se expresa con “lenguaje inclusivo” y se comporta con el starter pack de la progre actual, donde además de ser abiertamente lesbiana y que (como no podría ser de otra forma) tiene la obvia idea de que el slasher es un subgénero altamente misógino y la franquicia necesita una nueva mirada queer y compleja para conectar con el público, ya que, según ella, sabe mucho del subgénero del slasher y se la pasa nombrando pelis como la saga de Freddy Krueger, Jason Voorhees y “Sleepaway Camp” (1983). Es casi la misma estupidez que pensar que porque uno conoce muchos estilos de metal podría ser un gran músico y compositor. Ojo, la culpa no es ni de Hannah Einbinder ni de la exagente del FBI Dana Scully, Gillian Anderson, que hicieron lo que pudieron con el guion torpe y paupérrimo con el que debieron trabajar, y gran parte de la peli transcurre en larguísimos diálogos de las protagonistas en los que se recurre al metalenguaje de cine, los miedos y la inminente atracción de las protagonistas una por la otra, que derivan en insinuaciones o directamente actos sexuales. A ver, no es que me moleste ver a 2 mujeres besarse o hablando de lo mucho que a una le asusta el acto sexual por culpa de la primera peli de la franquicia; pero, al ver que la peli se estanca en eso, uno espera que el asesino de género fluido llamado “La pequeña muerte” (una burda metáfora sobre el orgasmo) se materialice y empiece a matar gente, ¡así la trama avanza de una buena vez! “Camp Miasma” sobresale por sus aspectos técnicos, en los que la directora usa cámaras de 35 mm para emular efectos de videocasete en varias escenas y en la composición de planos muy coloridos que se destacan también por una buena puesta en escena. Hacia el final, cuando se recrea la primera peli de la franquicia en un guiño bastante pedorro a “La nueva pesadilla de Wes Craven” (1994) o la referencia a la peli “Videodrome” (1983), de David Cronenberg, la cosa se pone un poco más interesante, pero la sangre y las matanzas llegan muy tarde y uno ya tiene ganas de que la peli termine, puesto que la directora predispone mal al público con sus pretensiones desmedidas y mal ejecutadas.

Como ya mencioné arriba, la peli recibió elogios sumamente exagerados por parte de la prensa especializada, al mismo tiempo que viene siendo muy recomendada por los influencers ensobrados en sus posts; pero de nada está sirviendo porque ni siquiera está logrando recuperar su ínfimo presupuesto de 10 millones de dólares con una pobre recaudación de un poco más de apenas 1 millón y medio de dólares. Una estrategia que funcionó con la regular “Obsesión”, pero que, a diferencia de “Camp Miasma”, al menos es un film más entretenido. Sinceramente, me aburrí mucho con “Camp Miasma” y me cuesta recomendarlo, ya que es un film que pretende más de lo que logra y, si hay un subgénero que ya no necesita innovación, ese es el slasher. A lo mejor con los found footage tienen más suerte…

El tráiler de “Camp Miasma”

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