«Avalanch demuestra que la llama eterna arde aún con fuerza en Murcia, 30 años después»

Crónica Isa M., Fotos by Crom

Avalanch celebró su 30 aniversario con una nueva parada en Murcia el pasado 22 de noviembre en la mítica sala Garaje Beat Club, en un concierto marcado por la ausencia de Ramón Lage. El vocalista, cuyo esperado regreso había generado gran expectación entre los seguidores de la banda, continúa apartado de los escenarios por problemas de salud, lo que ya le impidió participar en la fecha anterior en Bilbao. Me incluyo entre aquellos que se llevaron una decepción con la noticia, pero esta era la tercera vez que veo a la banda y su show para celebrar su 30 aniversario en un espacio de cinco meses así que tampoco me puedo quejar.

He de reconocer que tenía mis dudas con respecto al éxito de la cita pues la banda no las tenía todas consigo. Al hecho de que los asturianos actuaran a pocos kilómetros de la capital hace apenas un mes había que sumarle la baja de Ramón Lage, un gran reclamo para muchos. Encima, las bajas temperaturas no acompañaban. Llegué pocos minutos después de que abrieran las puertas y me llevé una grata sorpresa al ver la sala bastante llena. De repente mis dudas se disiparon y volví a recordar que Avalanch no es una banda cualquiera y que su público sigue siendo fiel a pesar de los contratiempos. La decepción que supuso la noticia para muchos seguidores no impidió que la sala registrara una asistencia considerable.

El concierto contó únicamente con la actuación de la banda asturiana, sin artistas invitados ni teloneros. Mientras el público esperaba el comienzo del show, en la sala se proyectaba en la pantalla una imagen de la banda mientras algunos técnicos pululaban de un lado a otro del escenario. Media hora después de lo anunciado, se apagan las luces y se proyecta el video de la intro en la pantalla. Después del vídeo, la banda aparece en el escenario entre gritos y aplausos de un público que arropó a los asturianos desde el primer momento que pusieron un pie en el escenario hasta que se marcharon. 

Las canciones escogidas para abrir el concierto fueron “Horizonte Eterno” y “El Dilema de los Dioses”, ambas pertenecientes a su álbum más reciente y homónimo de la segunda “El Dilema de los Dioses”. A partir de ahí, el repertorio dio paso a temas más clásicos como “Delirios de Grandeza”, coreada desde su primer verso por una audiencia entregada, y la icónica “Xana”, uno de los momentos más celebrados de la noche.

Para los que hemos tenido la fortuna de ver el show con Ramón Lage, su ausencia se hizo especialmente evidente durante “Lucero”, tema con el que aparecía en escena. Es en este momento cuando José Pardial le dedicó unas palabras de ánimo y fuerzas al ausente cantante. Aunque siguieron sonando temazos como “Niño”, “Mil Motivos”, “Aún Respiro” o “Bárbara”, eché en falta algunas canciones que eliminaron del setlist por la baja de Ramón como “Lágrimas Negras” y la emotiva “Alborada”.

Uno de los momentos más destacados llegó tras “Aún Respiro” con el solo de batería de Bjorn Mendizabal, quien hizo una demostración técnica que confirma su idoneidad en el puesto tras la partida de Mike Terrana.

La presencia escénica de Alberto Rionda contrastó bastante con la energía de Nando Campos, que no paraba de moverse y dar juego sobre el escenario. Creo que no hay nada que enganche más al público que un músico disfrutando en directo y Nando supo transmitirlo a la perfección. No seré yo quien diga que Rionda no disfruta encima del escenario, cada cual tiene su manera de expresar sus emociones. El fundador de la banda permaneció inmóvil todo el show en la misma posición sin apenas hacer contacto visual con el público. Es precisamente durante sus solos de guitarra, donde realmente podría lucirse porque tiene un talento innegable, que evita todo contacto con el público y centra la mirada en su guitarra, dejando el dinamismo en manos de Nando. Aunque Ramón no pudo estar presente, la banda hacía constantes alusiones al cantante. Después de su solo de guitarra, Alberto Rionda volvió a aludir a Lage, animando a la sala a corear su nombre y dedicándole el solo de guitarra.

El momento más mágico e íntimo de la velada llegó sin duda con “Vientos del Sur” con la voz de José Pardial y los teclados Manuel Ramil solos sobre el escenario. En este momento Ramil recobra el protagonismo robado por una mala iluminación en la parte trasera del escenario. Desde primera fila se veían perfectamente las aves que decoraban los trastes de la guitarra de Rionda pero apenas se intuía la silueta del teclista. A la impecable voz de Pardial se sumaron las voces del público, que cantó de principio a fin uno de los temas más emblemáticos del grupo.

El final del concierto estuvo marcado por “Otra Vida”, “Pies de Barro” y la pegadiza “Alas de Cristal”. Tras esta canción, las luces se apagaron y la banda desapareció del escenario durante unos momentos. Sabían de sobra que no engañaban a nadie y el público gritaba impaciente esperando que volvieran y Ramil diera paso a “Torquemada”, imprescindible en sus directos. Dicho tema fue el encargado de cerrar un concierto que, a pesar de las circunstancias, demostró que la banda aún sigue teniendo tirón con tres décadas a sus espaldas. Momentos como los vividos el pasado 22 de noviembre dejan muy claro que la llama de Avalanch será eterna.

La ultima foto es de Isa M., autora de la crónica, feliz con su «caza» de esa noche, la púa de Alberto Rionda

Abre las imágenes para verlas a mayor tamaño, más fotos en el blog del Crom, fotocrom.com

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