
«Doce historias talladas con el corazón»
Rock andaluz – España
Escrita por Crom
Recuerdo como hoy cuando escuché este disco por primera vez, me emocionó mucho, no me había dado cuenta de cuánto necesitaba el color y el embrujo que trajo a mi vida la música de Medina Azahara hacía tantos años, y que me había quedado huérfano porque la banda dejó de gustarme bastante en estudio desde que editó el «Dónde está la luz», y de eso hacía casi 20 años… Así que cuando escuché Retazos de vida, la magia del Rock andaluz, esas melodías envolventes, el sentimiento y mimo que ponía Arábiga en cada una de las composiciones, me enamoró de inmediato, amor a primera vista, que perdura a día de hoy,. Porque es frecuente que regrese a este álbum, que busque refugio en sus canciones. Además, Dioses del Metal iniciaba su andadura en junio de 2012, y el disco salió pocos meses después, y recuerdo que hice una entusiasta reseña del álbum, así como una entrevista, pero al menos la crítica se ha perdido con los cambios de la web, y ahora, que he vuelto a revisitar el disco, como cuando quedas con un viejo amigo después de largo tiempo sin verlo, creo que es hora de darle un espacio en nuestra sección de Discos 10.
Arábiga irrumpió desde Lucena (Córdoba) para reivindicar el Rock andaluz en pleno siglo XXI. Tras sorprender con un debut homónimo en 2008, la banda –fundada por Mario J. Alcántara (guitarra) y José Pino (teclados), ex miembros de Sefarad– consolidó su propuesta con Retazos de vida en 2012, un libro-disco autoeditado que confirmó a Arábiga como estandarte del “nuevo Rock andaluz”. Este segundo álbum se presentó en un lujoso formato de 32 páginas, entrelazando micro-relatos literarios con 12 canciones hechas desde el corazón. Arábiga no inventaba nada, pero recuperó la esencia del Rock andaluz más genuino (Medina Azahara, Triana) aportando frescura y sinceridad, con su propio sello lírico y sonoro. Este seundo disco de la banda supuso un paso adelante consolidando su propuesta musica y su identidad, afianzando un estilo de hard rock melódico de raíces andaluzas y letras cargadas de sentimiento y poesía. No es casualidad que la crítica los llamara “herederos del Rock andaluz”, pues este disco con alma y lleno de buenas melodías revitalizó el género. A nivel lírico, el grupo muestra una marcada personalidad: letras emotivas y cercanas, inspiradas en vivencias, historia local y pasión por su tierra, algo poco común en la escena.
El álbum abre con Eres tú, toda una declaración de amor a ritmo de puro Rock andaluz. Desde sus primeras notas, la cálida voz de Juan José Benítez (vocalista) y los teclados envolventes de José Pino nos sumergen en un medio tiempo romántico y potente, reminiscente de los mejores Medina Azahara. La canción –elegida como primer videoclip del disco– engancha con un estribillo sincero y melodioso, apoyado por la guitarra de Mario que aporta un solo breve pero emocionante, y la base rítmica sólida. Esta canción la he escuchado cientos de veces y nunca me cansa, como no debería cansar el amor si es verdadero. Como frase de entrada al álbum, “Eres tú” deja claro el sello Arábiga: rock melódico con duende sureño y sentimiento a flor de piel. Le sigue Universos digitales, un corte más dinámico donde la banda aborda el tema contemporáneo de las relaciones a través de internet 8ahora ya es algo totalmente integrado en nuestra realidad, hace 13 años no tanto). Con riffs pegadizos y ritmos ágiles, esta canción aporta un toque actual sin perder la esencia andaluza; su estribillo contagioso y las armonías de teclado le dan un aire luminoso, demostrando la versatilidad compositiva del grupo. En Hablo de ti, una de mis preferidas, encontramos uno de esos estribillos pegadizos marca de la casa: la voz entona una dedicación personal y apasionada, arropada por mágicos arreglos de teclado que destilan influencias progresivas. La sección instrumental aquí brilla especialmente, con José Pino tejiendo melodías sobre la potente base de Raúl Torrico (bajo) y la batería, logrando un equilibrio entre delicadeza y fuerza. Para cerrar este primer tramo, Un ángel caído del cielo introduce matices más dramáticos: con guitarra más afilada y toques sinfónicos, la banda pinta un paisaje sonoro casi literario, un bello y sentido homenaje a la protagonista de la letra, que se erige en la figura de una madre, escrita por un hijo que reprocha al mismo Dios que le prive de su amor y tutela: «No quiso el destino que viera cómo voy creciendo, maldigo el ser que esa noche apagó su reloj».
Tras esa primera mitad vibrante, Arábiga da espacio a la sensibilidad. Rosas rojas nos regala la primera balada del álbum, un medio tiempo sentimental donde la voz de Juan José se luce transmitiendo nostalgia. Las guitarras, más limpias y envolventes, se entrelazan con un colchón suave de teclados, creando una atmósfera íntima. La sección rítmica late con sutileza, marcando el pulso de esta canción romántica que añade variedad al repertorio. Quizás no sea uno de mis baladas favoritas, pero tiene Alma. El contrapunto llega con Tras el cristal, uno de los temas más rockeros y enérgicos del disco. Arranca con una línea de bajo marcada y potente de Raúl Torrico, que da paso a un riff adictivo. Aquí destaca la colaboración especial del guitarrista José Rubio, cuya guitarra solista aporta un plus de garra y virtuosismo en los punteos La voz imprime carácter cambiando de registros –más agresiva en las estrofas, melódica en el estribillo– mientras los teclados adornan con sutileza sin restar fuerza. Este corte muestra a Arábiga en pleno músculo rockero, recordándonos que bajo la piel melódica late un corazón heavy bien templado, y es una de mis canciones preferidas.
Una noche de verano inicia su recorrido de forma sorprendente: su introducción con guitarra española acariciando acordes exquisitos nos transporta a una cálida noche. Es un corte que narra una historia de amor prohibida (infidelidad), casi tórrida, llena de un urgente e irreprimible deseo sexual. La voz entra suave y va ganando intensidad conforme avanza el tema, mientras el ritmo crece poco a poco. Mario J. Alcántara, además de la guitarra eléctrica que retoma protagonismo en el estribillo, fue responsable de la producción del álbum, y en cortes como este demuestra su buen hacer para equilibrar la delicadeza acústica con su buen desempeño con la eléctrica. Cabe resaltar que Arábiga se auto-produjo el disco entero con mucho cuidado, mostrando cómo una banda independiente puede lograr un sonido de calidad profesional y una presentación de lujo (el álbum se vendió en físico a solo 5€, gesto de agradecimiento hacia sus seguidores). Despues llega Hoy camino junto a ti, un tema que resume la esencia del cuarteto: estructura clásica de rock andaluz, riff pegadizo, teclado armonizando cada rincón y un estribillo entrañable. Es una canción alegre y cercana, alegre, de esas que invitan al oyente a cantarla y sentirla. La base rítmica aquí cobra fuerza moderada –batería y bajo bien compenetrados– dando un soporte firme a la melodía principal.
Hacia el tramo final, Retazos de vida reserva algunos de sus momentos más memorables. ¡Ay, Amor! (título que le hace justicia con exclamación incluida) emerge como uno de los puntos álgidos del disco por su emotividad. Es un tema cargado de corazón, desde su arranque delicado hasta su desarrollo rico en matices musicales. La letra aborda el amor en su faceta más pura y la memoria de los seres queridos; de hecho, me atrevería a interpretar que está inspirada en la vivencia de un familiar con alzheimer… no lo sé al 100%, pero recientemente viví en carne propia un trago amargo con un familiar cercano, y me ha removido cosas al escucharlo. Musicalmente, “Ay, Amor” destaca por sus unos buenos arreglos: arpegios de guitarra eléctrica llenos de feeling, teclados omnipresentes que aportan profundidad y un canto lleno de ternura y pasión. A continuación encontramos Recordarte y suspirar, canción muy especial por su carga emocional y su homenaje a la tierra natal de la banda. Si Medina Azahara dedicó en su día el clásico “Córdoba” a la capital califal, Arábiga no quiso ser menos con su querida Lucena. Con esta canción rinden tributo a su ciudad, lamentando a la vez cómo el paso del tiempo y la dejadez han hecho desaparecer parte de su legado histórico, por oscuros intereses políticos. El tema combina melancolía y orgullo: empieza con acordes sentidos y cierto aire moruno en los teclados (que evocan la herencia sefardí y árabe de Lucena), para luego desplegar un estribillo poderoso y reivindicativo. Yo me quedo con el deseo, lleno de amor por Lucena, de cómo les gustaría ver su ciudad: «Quiero ver, balcones llenos de colores, terrazas con sabor a tí, poder pasear por tus calles y el pasado revivir, sentir el encanto de un pueblo, orgullo de dónde nací». Es imposible no sentir el cariño y la tristeza a la vez en cada nota, logrando uno de esos cortes inolvidables que Arábiga lleva cosidos a su piel, y que no tardas en llevarlos cosidos a la tuya.
Como penúltima parada, Pasodoble y humillación gira la mirada hacia un tema social candente: la polémica de las corridas de toros y el maltrato animal. Con un título elocuente, la canción arranca con furia contenida: un riff incisivo y ritmos marciales que recuerdan al paso doble taurino, pero subvertido en clave de rock duro. La letra aborda con valentía la humillación y crueldad implícitas en la tauromaquia, reflejando la indignación del narrador que de niño juró alzar la voz contra esa injusticia. Musicalmente es uno de los temas más enérgicos del álbum: todos los instrumentos suenan con rabia y pasión, desde la batería redoblando con potencia hasta el bajo galopante de Torrico. La guitarra lanza riffs y solos llenos de ira contenida y la voz de Juanjo se vuelve aguerrida, casi escupiendo las frases con contundencia. Esta canción es un alegato hecho canción, donde Arábiga demuestra que también sabe posicionarse con valentía cuando hace falta, sin perder su esencia melódica pero añadiendo una carga de rabia rockera realmente efectiva. Finalmente, el cierre del disco llega con Entre estos vagones, y pocos finales podrían ser tan emotivos. Esta balada comienza con la dulzura del piano de José Pino y la voz susurrante de Juan José, dibujando una atmósfera íntima y nostálgica. Pronto sabemos a quién va dedicada: a las víctimas del 11-M de 2004, la trágica fecha de los atentados en los trenes de Madrid. La canción avanza con respeto y sensibilidad; cada estrofa es un recuerdo doloroso y a la vez un canto a la esperanza. Cuando la instrumentación crece, se suman la guitarra española y luego la eléctrica junto al bajo, construyendo un clímax solemne. La letra conmueve al reflexionar sobre cómo tras un golpe tan duro uno puede hundirse o encontrar fuerzas para seguir adelante. Esta canción consigue que reflexionemos mientras disfrutamos de su belleza musical, combinando tristeza y consuelo en un abrazo sonoro. Con esta pieza, Arábiga cierra el álbum por todo lo alto, nos deja con el corazón encogido y a la vez esperanzado, admirando la capacidad del grupo para plasmar emociones reales en su música.
Recibí Retazos de vida como un soplo de aire fresco dentro de la escena rockera cuando salió, trece años después, su legado sigue intacto: nos hallamos ante un disco imperecedero, capaz de emocionar hoy igual que en 2012. Sus canciones quedaron grabadas en mi memoria y en la de muchos seguidores, llegando a formar parte de la banda sonora personal de quienes las escuchamos. La combinación de guitarras inspiradas, teclados llenos de magia, una voz apasionada y una base rítmica equilibrada hace que cada pista brille con luz propia. Fue una sorpresa agridulce cuando la banda cesó su actividad un par de años después, tras la marcha del cantante, dejando este disco como testamento adelantado de su grandeza. Afortunadamente, la banda regresó con un gran disco 10 años después, Amores y desengaños, donde el propio Mario asumía el rol de vocalista, además de guitarrista… Pero esa es otra historia, que ya conté en su día.
TRACKLIST:
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Eres tú – 4:08
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Universos digitales – 4:45
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Hablo de ti – 4:51
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Un ángel caído del cielo – 4:08
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Rosas rojas – 3:44
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Tras el cristal – 5:34
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Una noche de verano – 5:09
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Hoy camino junto a ti – 4:57
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¡Ay, Amor! – 5:14
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Recordarte y suspirar – 6:02
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Pasodoble y humillación – 4:58
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Entre estos vagones – 3:55

MIEMBROS:
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Juan José Benítez – Voz
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Mario J. Alcántara – Guitarra
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José Pino – Teclados
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Raúl Torrico – Bajo
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Manuel Reyes – Batería (colaboración especial)

