“Un amargo final”

Reseña de Christian Dárchez

Al igual que ocurrió con la retro reseña de “Never say die” (1978) de Black Sabbath, lo de “Buenos discos” nuevamente es más bien una formalidad ya que no encaja con otras secciones, y cuando lean esta reseña entenderán otra vez el por qué. Como comenté en más de una ocasión y a diferencia de otras latitudes como en España, en mi Argentina natal de los años 80’ no hubo una escena realmente prolífica de heavy metal. Las razones son de los mas variada, pero las principales pasaban por el lado de al ser un estilo nuevo e incipiente no había productores o discográficas dispuestas a trabajar con gente que no fuera del palo de la cumbia o el denominado Rock Nacional (de argentina, claro) ya sea porque no lo entendían o bien lo vilipendiaban al no ser un estilo comercial, y tampoco había gente interesada en difundir al género y solo unos pocos valientes como lo fue el programa radial Cuero Pesado hizo que muchos jovencitos de la época se enteraran de las novedades en lo que se refiere al metal tanto local como de afuera.

Y recordemos también que hace poco se había vuelto a instaurar la democracia, solo que la policía no se había enterado de eso y seguían con sus tácticas represivas típicas de la dictadura militar, persiguiendo a todo aquel que llevara el pelo largo y ropas negras o de cuero, contribuyendo a demonizar y marginar a una comunidad que solo le importara la música y que terminaba pagando los platos rotos por los desmanes que hacían unos pocos. Aquello fue una combinación para que muchas bandas de la época a duras penas pudieran grabar siquiera un disco o a lo sumo un EP no pudieran prosperar y terminaran separándose, o bien esperar a la década siguiente para editar sus respectivos debuts, tan solo hubo 2 bandas que pudieron editar más de 2 discos y ellas fueron Riff y quienes hoy nos ocupan: los míticos y pioneros del heavy metal en Argentina, V8.

Primero es menester empezar haciendo un poco de historia: “Luchando por el metal” (1983) y “Un paso más en la batalla” (1985) sentaron las bases de lo que hoy se conoce como “Metal argento” tanto en la agresividad de los riffs y machaques como de las líricas de corte más combativas, y aunque ambos discos como era de esperarse no fueron éxitos de ventas, lograron una buena legión de seguidores y entre ellas se destacaban las denominadas “Brigadas metálicas” como se conocía a los grupos de metaleros que iban en grandes multitudes a los shows metaleros para evitar que la policía los molestaba e intente llevárselos detenidos porque sí.

Hablando en términos artísticos, “Un paso más en la batalla” había significado una clara evolución en el sonido de la banda conformada por el bajista Ricardo Iorio (QEPD) el guitarrista Osvaldo Civile (QEPD) el cantante Alberto “Beto” Zamarbide y el baterista Gustavo Rowek ya que contaron con un poco mas de recursos que en el debut “Luchando por el metal”, al poco tiempo de la edición del segundo disco la banda se dispone a brindar conciertos en numerosos festivales de la época con muchas bandas como Bloke, los ya citados Riff, Dhak y Thor por citar unas pocas.

Hasta que en febrero de 1985 se produce lo que sería el germen del principio del fin: tanto Zamarbide como Rowek viajaron a Brasil para asistir al mítico Rock In rio, quedando impresionados por la enorme convocatoria al festival, pensaron (erróneamente) que en el país carioca tendrían más oportunidades de las que estaban teniendo en Argentina. Y así se tomó una de las peores decisiones que se podía haber tomado para V8: los 4 componentes viajaron a Brasil, pero al ver que la situación no era muy distinta a la de Argentina (pregúntenles a los de Sepultura que lo sabrán muy bien) al poco tiempo surgieron serias diferencias y terminaron peleados.

Tras aquel frustrado intento de radicarse en Brasil, Iorio y Zamarbide volvieron a la Argentina para reformar la banda ya sin Civile ni Rowek y tras desfilar nombres como el del guitarrista Walter Giardino (que por aquellos años ya ideaba el debut de Rata Blanca) y el baterista Gustavo Andino como también una vuelta de Rowek que no llegó a  darse; la nueva formación se consolidó a fines de 1985 con Zamarbide en la voz, el guitarrista Miguel Roldán, el bajista Ricardo Iorio y el baterista Adrián Cenci y tras algunos shows de fin de año, a principios de 1986 la banda entra al estudio Panda registrar su último y controvertido disco final: “El fin de los inicuos” y a 40 años de su lanzamiento aquí les traigo la reseña.

“El fin de los inicuos”, tercer y último disco de mis compatriotas argentinos V8 editado en septiembre de 1986, si bien intentó de manera muy noble mostrar un sucedáneo coherente con lo que habían sido “Luchando por el metal” y “Un paso más en la batalla” en lo que se refería a ese Heavy Metal potente, veloz y ágil; terminó siendo un disco de un nivel muy inferior al de sus predecesores, algo que también se debe a una producción mediocre (incluso hasta peor de la del debut) e incapaz de disfrazar las falencias compositivas. Uno de los aspectos que más se criticó en su momento fue el cambio de las temáticas de las líricas: abandonando la crítica social, la lucha y la rebelión para tomar un mensaje puramente evangélico.

Igual es lo de menos porque el disco tiene otros problemas y ya se sienten como en la inicial La gran ramera un tema veloz y potente ideal para abrir el disco pero al talentoso cantante Alberto Zamarbide no se le logra entender muchas partes pasando por la también veloces Ciega ambición que se presenta como la prima cercana de “Cautivos del sistema” del disco anterior pero sin llegarle a los tobillos y No enloqueceré que curiosamente Iorio mas tarde en el debut de Almafuerte en 1995 reversionó como “Voy a enloquecer” (ya que esa era la idea inicial de la letra, pero no le gustó al resto de la banda) conforman un buen tridente  inicial que dentro de todo retoma la enjundia y la fiereza que caracterizó al grupo.

Sin embargo, los problemas empiezan con el medio tiempo El vivo sustento del inquisidor donde la banda parece desconectada de la idea central, las guitarras por momentos desaparecen y dejan al bajo desamparado y sin ningún contexto meten un solo de violín que resta más de lo que suma. La raquítica producción hace desastres en un medio tiempo como lo es Antes que los viejos reyes donde las guitarras casi no lastiman y para colmo de males la voz de Zamarbide está tan atrás que cuando canta rápido no se le logra entender casi nada, Salmo N.º 58 ya arranca mal desde su intro acústica y cuando irrumpen los riffs y machaques el sonido de la batería tira abajo todo el esfuerzo. La cosa levanta un poco con la veloz canción homónima del disco que se conforma como lo mejorcito del disco y para el final llegan la también veloz Trágico siglo que aprueba con lo justo y el medio tiempo Reina ciega tiene justamente el mismo problema que “Antes que los viejos reyes” aunque esta suena con más convicción y potencia guitarrera cierra un disco flojo y no precisamente por la temática de sus letras.

“El fin de los inicuos” al momento de su edición, tuvo una respuesta bastante negativa que la de sus predecesores por motivos muy diversos: el primero fue que los fans no solo no se sintieron satisfechos con el nivel disco sino que no toleraron la dirección de las letras de corte evangelistas producto de la conversión a dicha religión por parte de Zamarbide y Roldán, la pobre producción, promoción y difusión del disco puesto que por aquellos años la discográfica Umbral atravesaba una muy mala situación económica.

Para colmo de males los problemas en el seno del grupo por cuestiones ideológicas se hacían cada vez más frecuentes: Iorio no conectaba para nada con el mensaje evangélico de Zamarbide y Roldan y las peleas estaban a la orden del día, tanto en los ensayos como en los shows. El último show de la banda fue en octubre de 1987, ya que Iorio se negó a presentarse en Colombia porque según él, los fans no iban a tolerar el mensaje plenamente religioso que poco tenía que ver con los primeros años de la banda.

Finalmente, tras una llamada de Iorio en la que trató de convencer a Zamarbide de que abandonara dicho mensaje y también para despedir a Roldán de la banda, este terminó negándose y así Iorio abandonó a V8, no hubo anuncio ni show final: solo silencio. Iorio por su parte formaría a Hermética y tanto Zamarbide como Roldán harían lo propio con Logos.

Y así fue el final para una banda pionera dentro del metal argentino que con el tiempo se convertiría en toda leyenda, tanto así que con el tiempo “El fin de los inicuos” fue mucho más valorado tanto por la crítica como los fans del metal y como suele suceder en estos casos de valorización por el pasado, aluden también a una búsqueda por ir un poco más allá de sus posibilidades; pero como digo siempre, a la hora de hablar de discos como este hay que situarse en tiempo y espacio y hablar de los mismos tal cual fueron; “El fin de los inicuos” aunque tiene instancias potables, se trató de un final amargo y alejado de lo que habían sido sus hoy clásicos predecesores. Pero también como digo siempre: hay público para todo, incluyendo para discos como este.

V8 1986

Alberto Zamarbide: voz

Miguel Roldán: guitarra

Ricardo Iorio: bajo

Adrián Cenci

Canciones

01- La Gran Ramera
02- Ciega Ambición
03- No Enloqueceré
04- El Vivo Sustento Del Inquisidor
05- Antes Que Los Viejos Reyes
06- Salmo N.58 (Según «No Destruyas») De David
07- El Fin De Los Inicuos
08- Trágico Siglo
09- Reina Ciega

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