“Despertar revisitado”

Reseña de Christian Dárchez

Jugada interesante la del sello madrileño Storm Alive Records: via bandcamp reedita dentro de su catálogo bandas europeas, algunas no muy conocidas y otras que si lo fueron y que por H o por B no pudieron prosperar, como es el caso de la extinta banda española Red Wine.  La banda se formó en 1997 en Logroño (La Rioja) y la misma estaba conformada por el cantante Mario Suarez, los guitarristas Jesús Zuazo y Dan Diez, el tecladista Iván Crespo y la base rítmica conformada por el bajista Daniel Martinez y el baterista Juan Carlos Marquez. No fue hasta mediados de agosto y septiembre del 2000 que se encierran en el estudio Sonido XXI para registrar el disco que hoy nos ocupa y a casi 25 años de aquel debut el sello Storm Alive Records lo reedita en formato digital y como digo siempre: bienvenido sea!

“Hijos Del Despertar”, debut de los españoles Red Wine editado en junio del 2001, mostraba a una banda enrolada en un power metal con las infaltables guitarras gemelas, melódicas y galopantes, los agudos vocales y las bases rítmicas trepidantes y teclados que amenizaban y acompañaban la faena. Como sigo siempre y no me voy a cansar de repetirlo: los discos son productos de un tiempo determinado, mejor Delorean que ese no vamos a tener y si bien el power europeo (o sea el cantado en ingles) por aquella época todavía seguía pegando fuerte, el power metal cantado en español en esos tiempos estaba muy verde. Y no por una cuestión de idioma sino mas por la modalidad sonora y muchas bandas sonaban inocentes o sumamente genéricas; algo que también compartían con muchas bandas argentinas (y lo digo sin miedo a represalias).

Y los españoles Red Wine no eran ajenos a esto: sonaban  aún muy verdes, pero es justo aclarar y entiendo que se trataba de un debut y los muchachos tenían potencial. Luego de una intro donde las teclas mandan el primer ataque llega con la canción homónima del disco, una pieza veloz y potente de buenas guitarras de Zuazo y Diez, bases precisas y trepidantes del bajista Martinez y el baterista Márquez, las teclas en plan neoclásicas  de Crespo y la correcta labor vocal de Suarez que pese a escuchárselo algo inseguro en algunas partes complementa muy bien el lineamiento pasando por el inicio romántico de teclas de la más movida y machacosa La caricia del sol que bajaba un poco el listón en cuestiones de velocidad y mi pieza favorita del disco: la onda maideiniana de la etílica y cambiante Ahogando penas de muy buenos pasajes épicos y la infaltable impronta de música clásica redondean muy muy buen tema.

Después de eso llega uno de los tracks mas extraños del disco: la inconexa En Isengard  y me explico: la misma empieza en la típica balada dulzona power y de golpe y porrazo para su estribillo toma matices intrincadas de metal progresivo a lo Dream Theater o Fates Warning. Entiendo la idea, pero las referencias se buscan y no se encuentran aunque si es menester reconocerles la osadía, claro está. La cosa levanta vuelo otra vez con el pulso repiquetado de la potente Hay que estar y que se complementa con la onda machacosa de la también muy melódica Santa hipocresía de linea rítmica cambiante que va desde los ritmos sincopados y velocidades aceleradas y con una letra de corte de denuncia social y las teclas en plan místicas del medio tiemplo Esperando un corte dominado por guitarras limpias y potentes y un estribillo acelerado y que cuenta con un curioso arreglo de guitarra acústica en su interludio hasta finalidad a pura velocidad. Un muy buen tema que aunque se nota cierta inocencia daba la pauta de que los muchachos sabían lo que hacían y a donde querían ir.

El sonido dentro de todo estuvo bastante bien aunque a nivel producción se notaba la falta de recursos y los muchachos tuvieron que trabajar con lo que tenían a mano en el estudio. Un ítem que después fueron mejorando en discos como “El fin de los tiempos” (2002) y su disco mas conocido “Sueños y locura” (2003) quizás su pico mas alto y con el que lograron difusión en Latinoamérica. Pero tras “Cenizas” (2004) un disco que no contó con mucha difusión y que coincidió de alguna forma con el inicio del declive del Power, la banda pareció desanimarse y en Octubre de 2005  optaron por separarse. Un año después aparecería su disco final “The end” (2006) que se trató de una recopilación de cover que la banda había grabado en actividad. En definitiva, “Hijos Del Despertar” se trató de un buen debut con todos sus aciertos y pecados de juventud que yo recomiendo mucho para los fans del power metal cantado en español.

Red Wine 2001

Mario Suarez: voz

Jesús Zuazo: guitarra

Dan Diez: guitarra

Iván Crespo: teclados

Daniel Martínez: bajo

Juan Carlos Márquez: batería

 

Canciones

Intro

Hijos Del Despertar

La Caricia Del Sol

Ahogando Penas

En Isengard

Hay Que Estar

Santa Hipocresía

Esperando

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