
«Murcia se convierte en bastión del Heavy Metal con la llegada de Hammerfall»
Crónica escrita por Isa M., fotos de Crom
El pasado domingo 18 de enero, Murcia se convirtió en bastión del heavy metal con la llegada de HammerFall a la sala Mamba. La banda sueca hacía parada en la ciudad dentro de su gira “Freedom Tour Crusade”, con la que presenta en directo su último trabajo, Avenge The Fallen. El concierto fue el segundo de los cinco programados por la banda sueca en España y reunió a seguidores del heavy metal más épico. La expectación era máxima: no todos los días una formación clave del heavy europeo pisa suelo murciano en plena forma.
TAILGUNNER
La banda que acompaña a los suecos a su paso por España son los jóvenes británicos Tailgunner. El partido de baloncesto que se estaba celebrando en el Palacio de los deportes, a
escasos metros de la sala, condicionó la llegada de muchos de los asistentes retrasando su entrada motivada por problemas de aparcamiento en los alrededores. Ajenos a esta problemática, los británicos hicieron algo que jamás he vivido en conciertos con grupos españoles: salieron a escena diez minutos antes de la hora prevista mientras la sala aún se iba llenando poco a poco. Nada más comenzar su show, los británicos pusieron a saltar a todo el público. La estética de los músicos llamaba la atención por su look de heavy metal tradicional ochentero. No los había visto en directo y lo primero que pensé fue “¡pero si parecen unos críos!”.
La decoración del escenario era sobria ya que estaba todo preparado para Hammerfall y solo se apreciaban unos bultos tapados por lonas negras. De todas formas a la banda no le hizo falta decoración ninguna porque ellos solos consiguieron llenar el escenario con su actitud.
Liderados por su fundador y bajista, Thomas Hewson, la banda —completada por Craig Cairns a la voz, Zach Saivini y Jara Solís a las guitarras, y Eddie Mariotti a la batería— desplegó un repertorio todavía breve pero intenso. Su setlist se apoyó, por un lado, en los temas de su debut en estudio, Guns for Hire (2023), y por otro, en cuatro adelantos de su próximo trabajo, Midnight Blitz, previsto para febrero y producido nada menos que por K.K. Downing, exguitarrista de Judas Priest. Mención aparte merece el llamativo pie de micro luminoso, coronado con el logo de la banda, todo un detalle que no pasó desapercibido.
Su guitarrista Rhea Thompson no puedo acompañarlos ya que está en un proceso de rehabilitación por motivos de salud que se está alargando más de lo previsto. Durante la primera parte de su gira mundial, está siendo sustituida por la sevillana Jara Solis, que dejó boquiabiertos a todos. No soy experta en leer labios, pero su espontáneo “me cago en la puta” se entendió perfectamente cuando tuvo algún problemilla con la conexión de su guitarra. Le salió del alma. La actuación de los británicos duró unos escasos cuarenta minutos. Por poner un “pero”, la banda perdió tiempo pidiendo al público que repitiera los coros. En un concierto de dos horas no me parece mal del todo para fortalecer la conexión entre los músicos y el público, pero para un concierto de apenas cuarenta minutos, considero que deberían de aprovechar cada segundo para lucirse.
Después de verlos en directo creo que esta banda tiene un futuro prometedor y que tienen muchas papeletas para ser el relevo generacional del heavy metal. No os perdáis la oportunidad de verlos este agosto en el Leyendas del Rock.
Más fotos: TAILGUNNER en la Sala Mamba de Murcia, 18-1-26
HAMMERFALL
Esta es la quinta vez que veo a la banda en directo. Hasta ahora, siempre la había visto en festivales o en grandes salas acompañando a otra banda. Pero esta es la primera vez que los veo como cabeza de cartel y estaba como una cría la noche de reyes.
El cambio de escenario entre las dos bandas duró casi lo mismo que el show de Tailgunner. Tras retirar los elementos de los teloneros, se retiraron las lonas y se quedó al descubierto la escenografía de los suecos: un martillo gigante a la izquierda del escenario, un escudo a la derecha y la batería de David Wallin elevada en el centro decorada con cadenas y la máscara de Jason Voorhees. Al fondo, apenas se podía vislumbrar una lona con el nombre de la banda. Apuesto a que por la escasa iluminación y la colocación de la lona, la mayoría ni la vio. Un poco sobria comparada con la decoración de giras anteriores.
A las 21:00 exactas se apagan las luces y se aceleran las pulsaciones del público. El concierto abrió con un público entregadísimo coreando “Avenge! Avenge! Avenge!”, dando paso a la canción que da título a su último álbum «Avenge the Fallen». Un subidón de adrenalina para cualquiera con un poco de sangre en las venas.
La banda sueca, liderada por Oscar Dronjak y Joacim Cans, optó un setlist de puro impacto: una hora y media de himnos sin apenas parones (solo los speechs y chascarrillos de Joacim) que dejó a muchos con ganas de más. Joacim se movía con soltura y la banda ofrecía esa combinación de técnica y energía que les define. Oscar, especialmente, se convirtió en el foco visual con su característica guitarra en forma de martillo.
“Heeding the Call” y “Any Means Necessary” elevaron aún más la intensidad gracias a un trabajo de guitarras espectacular. “Hammer of Dawn”, del disco anterior, mantuvo el ritmo y permitió ver la dinámica de la banda, con una presencia escénica muy medida y una ejecución impecable. Hay bandas en las que los fotógrafos pueden hacer su trabajo en los dos primeros minutos: los músicos apenas se mueven, las poses se repiten y, al final, todas las fotos salen igual. Con Hammerfall pasa justo lo contrario: los fotógrafos están en alerta constante, porque la banda no para ni un segundo. Cada tema trae una pose nueva, un gesto épico o un momento digno de congelar.
Del nuevo disco sonaron varios temas, entre ellos “Freedom”, una pieza claramente concebida para el coreo masivo aunque menos memorable que otras del repertorio. Pero cuando sonó “Renegade”, el motor se puso a rugir y quedó claro que los clásicos siguen siendo el núcleo del show, capaces de despertar a la sala en cualquier momento.
La comunión con el público alcanzó uno de sus puntos álgidos con “Hammer High”, donde Joacim animó al público a alzar los puños imaginando que eran martillos. El final a cappella fue un momento de conexión total, casi ritual, entre la banda y sus seguidores, con Oscar levantando (otra) guitarra-martillo con lucecitas que le trajo un pipa para cerrar la canción. Después llegaron “Last Man Standing”, una de esas canciones que logra que toda la sala cante como si no hubiera un mañana, y “Fury of the Wild”, un tema que destacó por su registro vocal más agudo y por su estructura menos típica, lo que aportó variedad a la noche. Para dar un respiro a Joacim, la banda encadenó un medley instrumental —“Chapter V: The Medley”— en el que Pontus brilló especialmente, mientras el resto de músicos mantenían el reloj perfectamente sincronizado. La entrega del público murciano se hace notar cuando, acabado el tema y apagadas las luces corea al unísono el nombre de la banda, creando otro de los muchos momentos únicos vividos esa noche.
En este momento llega la típica pregunta que Joacim hace en todos los directos de Hammerfall: “¿Quién de vosotros está viendo a Hammerfall por primera vez?”. Gran parte de la sala, tal vez sin entender lo que dice, grita entusiasmada “Yeeeahhh”. Al creer tal cantidad de gente primeriza, el frontman reformula la pregunta “¿Quién ha visto a Hammerfall antes?”, pero la respuesta es exactamente la misma. La verdad es que los hayas visto antes o no, cada concierto de Hammerfall se vive con la misma intensidad
Después Joacim presentó “Let the Hammer Fall”. El clásico siempre funciona, y esa noche volvió a convertirse en un himno que unió a todos. Acto seguido, “Glory to the Brave” puso la única balada de la noche creando un momento mágico y muy íntimo. En este tema Joacim hace un cambio de vestuario exprés y reaparece con un chaleco diferente.
La intensidad volvió con “The End Justifies”, acelerada y potente, y con “Sweden Rock”, un homenaje a la escena sueca que ya se ha consolidado como uno de sus himnos modernos más celebrados. Unas chicas suecas entre el público lanzaron al escenario la bandera de Suecia, la cual Joacim colocó en el pie de micro como pudo dándole un toque aún más épico al show. Antes de los bises, Joacim presentó a la banda con su habitual toque de humor.
En los bises se mantuvo la misma línea: “Hail to the King” confirmó que el nuevo material tiene cabida en directo. Antes de la despedida final viene el último chascarrillo de Joacim y le da al público la opción de elegir entre una última canción o la posibilidad de escucharlo hablar sobre su vida durante cinco minutos. Difícil decisión para un público con el corazón en llamas. La despedida llegó con “Hearts on Fire”, un cierre festivo y explosivo que desató la locura final y selló una noche impecable.
El sonido de la sala fue inmejorable y cada uno de los 90 minutos que duró el concierto, irrepetible. La sala estaba llena de personas de diferentes edades y procedencias unidas por la misma pasión que no querían perderse tan señalada cita. Más de treinta años después, los suecos continúan alzando el martillo con la misma fuerza —o incluso más— que en sus inicios.


