“A medio  camino de la trinchera del Thrash alemán.”

Crítica escrita por Luishard

Amigos de Dioses del Metal, unos me llaman Ares, otros Marte o Wotan, pero para todos soy el Dios de la Guerra. Aquí y ahora, observando un campo de batalla cualquiera de 1914, en Francia, voy a poner banda sonora, a una suicida carga a la bayoneta de la infantería francesa contra las ametralladoras prusianas. ¿Y sabéis porque lo hago?, porque tengo hambre de violencia y desolación y que mejor para ello que escuchar un poco de Thrash alemán.

Con más de una década en la lucha,desde 2004, Eradicator es una banda thrasher procedente de Olpe (Lennestadt, Alemania). Slavery, bajo el sello de Yolan Records,  es su tercer trabajo, después de The Atomic Blast (2009) y Madness Is My Name (2012) y ya ha sido presentado en directo el 31 de enero en su ciudad natal . Dejemos las cosas claras desde el principio, aunque éste sea su mejor disco, ellos no son Kreator ni Sodom ni Destruction, están varios peldaños por debajo, no muchos, pero los suficientes para pensar que aún les queda camino por recorrer y mejorar.

Once temas y casi cuarenta y tres minutos con casi nada innovador, pero en esta saturada escena del género, eso es muy difícil desde la mediocridad. Tampoco la portada desmiente este detalle, porque es típica. En la penumbra, un esquelético hombre poseído y encadenado por una fuerza misteriosa, en un mar de tentáculos metálicos, mejorable.

No está mal la producción en cuanto a contundencia e intensidad, alejada en la justa medida de la brutalidad pura, no destacando por eso la base rítmica. El pesado riffeo, alguna que otra pausa y cambios de ritmos, melodías y recursos ochenteros y canciones bien estructuradas, hacen de Slavery un álbum entretenido, pero sin esperar nada nuevo, ni siquiera en la voz de Sebastian Stöber, que aunque le echa ganas e intenta escupirnos la letra, está en el límite de la alambrada vocal de Thrash. ¿Lo menos bueno?, ritmos parecidos y riffs que se repiten, en definitiva, más de lo de siempre. En cuanto a lo mejor, esas guitarras que sacan acordes como proyectiles de ametralladora, y lo que echo en falta, más cambios de ritmo y estribillos adictivos.

Reunión de tropas bisoñas con la Intro. Acústica guitarra, con turbador sonido continuo de fondo surgiendo desde la nada, de menos a más. Empieza el cañoneo preparatorio para reblandecer nuestros tímpanos. Of Ashes And Sand, su melodía llega como una exhalación, huelen a los Sodom, pero lo mejor es ese estribillo corto y contundente y el cambio de ritmo en el 2´30”. A la par, los Capitanes arengan con frases altisonantes, Evil Command. En cuyo inicio, esos acordes de guitarra van preparando la llegada mucho Thrash, pero el de toda la vida, conservando todo el aroma de los ochenta en ese punteo.

Orden de calar bayonetas,  Two Thousand Thirteen parece una continuación lógica de la anterior, aunque es de comenzar a más profundidad,  conteniendo el ritmo en el estribillo y volviéndose a sentir un punteo de los memorables. Llegó el momento, silbato de oficiales al aire con los primeros sonidos de Scars, más de tirar de cervicales, porque es un medio tiempo más oscuro y parece que nos alejamos de la esencia del género, al faltarle pegada. Primeros metros al aire con Bloodbath, corta, no llega al 1´30”, difusa y que parece un parche en el disco, lo único a mencionar es el protagonismo del bajo.

Se alcanza la tierra de nadie. One Man Jury huele a victoria, quizás sea el tema más currado, con continuos cambios de ritmo y mucho riffeo teutón de toda la vida. Empieza la Muerte a batir sus alas, primeras bajas con Manipulhate, quelleva cortantes riifs por bandera y ritmo peleón, con unos coros que no desmerecen, apoyando al vocalista. The States Of Atrocity hace alcanzar a unos pocos las alambradas enemigas, aprovechando el doblete de las guitarras, continuando con un riff pegadizo y algunos cambios de ritmo atractivos.

El último en pie mira hacia atrás. Smash The Masquerade comienza veloz pero la base rítmica ya no es tan poderosa y el riffeo, aun cuando sigue despertando interés, se repite sin piedad. Se acabó, solo queda el silencio de la Muerte. Slavery es un tema decente más, pero no parece Thrash, pierde fuelle en ese estribillo y los puristas no lo perdonarán, aun cuando hay partes que se iluminan gracias a las guitarras.

Me quedo con las guitarras, base de este disco, no hay casi innovaciones pero se puede escuchar con agrado. Con pequeños cambios llegaría a ser un trabajo notable, pero se me queda en un bien alto, de 6,75 puntos sobre diez. Un saludo metálico a todos.

Canciones

  1. Intro
  2. Of Ashes And Sand
  3. Evil Command
  4. Two Thousand Thirteen
  5. Scars
  6. Bloodbath
  7. One Man Jury
  8. Manipulhate
  9. The States Of Atrocity
  10. Smash The Masquerade
  11. Slavery

Componentes

  • Sebastian Stöber. Vocalista, guitarra
  • Robert Wied. Guitarra
  • Sebastian Zoppe. Bajo, coros
  • Jan-Peter Stöber. Batería

Deja un comentario