
“Cantando por un desastre, parte 2”
Calificación: 1/10 género: drama/musical
Reseña de Christian Dárchez
Hace varios días que venía con un dilema existencial sobre si llevar a cabo o no esta reseña, puesto que seguramente muchos, desde el otro lado, argumentarán por qué me gasto en escribir sobre una película que no me gustó, como si le estuviera dando tanta importancia a este engendro. De hecho, hasta yo mismo llegué a pensar eso, pero si tanta gente por ahí dio su opinión (gente que ni siquiera es de prensa, como los youtubers), entonces, ¿por qué no debería hacerlo yo? Ahí empiezo: es sumamente complicado hablar de esta película sin primero mencionar todo el affair que la rodeó y aún la rodea, porque hay demasiado para contar. Por ejemplo, el revuelo que causó su estreno en México, donde personalidades como el actor Eugenio Derbez manifestaron su enojo en los medios por cómo se abordó el tema de la violencia narco y los desaparecidos en la película. El público mexicano la odió tanto que no solo les chupa un huevo y la mitad del otro los premios que está ganando, sino que exigió reembolsos por las entradas a la cadena de cines Cinépolis, al punto de que no dieron abasto con la ola de reclamos. Incluso organizaron un boicot de “salas vacías” contra la película.
Ese fue apenas el inicio ya, en medio de este quilombo generalizado, se filtraron viejos twitts de la actriz trans Karla Sofía Gascón, de naturaleza xenófoba y hasta racista en los que incluso atacó a Selena Gómez llamándola «Esa rata rica», lo que provocó una funa masiva en las redes contra la actriz, quien debió salir a disculparse y luego cerrar su cuenta en X, pero de nada le sirvió ya que la academia está evaluando seriamente retirarle la nominación a «mejor actriz». Y no fue la única, puesto que el rengo mental del director Jacques Audiard una vez aseguró que “el español es una lengua de países emergentes, una lengua de países modestos, de pobres y de migrantes”. Pero el gran pelotudazo de Audiard, lejos de bajarse del pedestal, salió al cruce de las críticas asegurando que las mismas “son maliciosas y no lograrán hacerles daño” y que «Gracias a mí y a mi película se está hablando de la violencia existente en México». “El tipo más humilde del mundo” le dicen a Audiard. Zoe “Gamora” Saldaña, por su parte, fue más inteligente (aunque no tanto como para prestarse a esta bazofia) tomó distancia del tema y prefirió no hablar. Y como broche de oro al festival de la bizarreada, hace poco Selena Gómez publicó un video llorando y mostrándose devastada por la medida de deportación de mexicanos adoptada por Donald Trump, un video que estuvo mucho mejor actuado que lo que hizo en esta película (más adelante entenderán por qué). En lugar de recibir apoyo, la catarata de insultos por parte de los mexicanos hacia Selena no se hizo esperar puesto que ella antes había declarado estar muy contenta con el resultado de «Emilia Perez» y que volvería a hacer una peli similar.
Si creen que ese es el final déjenme decirles que aún hay más: en el cuartel general de la malvada plataforma Netflix con tantas polémicas a cuestas retiraron su apoyo a la peli siendo que al principio la produjeron y pusieron a los actrices al frente de la campaña, y hace poco anunciaron una inversión 1000 millones en México para producir contenidos en ese país…a eso le llamo «querer lavar culpas». Frente a todo este panorama, ahora me toca hablar de la película más amada por los premios snobs y los Oscars (¡13 nominaciones! Mamita, ¡qué manera de lavar dinero!), pero odiada con pasión por la gran mayoría del público, sobre todo el mexicano. Y, desde mi humilde opinión, debo decir que estamos ante una de las peores películas de todos los malditos tiempos…
La trama de Emilia Pérez (cuyo personaje fue tomado de la obra del escritor francés Boris Razon, Écouté, de 2018) tiene a un líder de un cártel narco llamado Manitas del Monte (Karla Sofía Gascón), que le pide ayuda a Rita, una abogada de poca monta, para que lo ayude a salir del país y fingir su muerte, ya que su sueño es ser mujer. El criminal, gracias a una vaginoplastía mágica se convierte no solo en mujer sino que de la nada en una buena persona y en la santa patrona de los desaparecidos de México, desenterrando cadáveres que, en sus tiempos de narco, mandó a enterrar él/ella. Si ya con esta breve sinopsis no les explotó el cerebro, paso a comentar que este mamarracho del director Jacques Audiard (mejor me voy a referir a él como “pelotudazo”, que es más apropiado) es el festival no solo de lo inverosímil, sino también de la vergüenza ajena, donde el pelotudazo exhibe no solo una ignorancia abrumadora sobre los temas que aborda, como la transición y la identidad trans, y la violencia narco en México, sino que los trata con una superficialidad que asusta más que la última de «Halloween» . De hecho uno llega a pensar que estuvo tan mal hecha a propósito con el fin de reforzar los estereotipos ofensivos que los gringos tienen tanto de México como el resto de Latinoamérica, la cual creen que es una villa miseria donde todas las cosas malas solo pasan acá. Ya comentado el tema de que Manitas (ni al autor del cómic de «Dick Tracy», Chester Gould, se le hubiera ocurrido un nombre tan ridículo) un día decide hacerse cortar el miembro para que el doctor se lo envuelva “para llevar” porque quiere ser mujer y, mágicamente, se vuelve buena, lo de Emilia Pérez es algo pocas veces visto en el cine, ya que, encima, es un musical donde cada dos minutos hacen una canción de algo tan banal como un tenedor. Para colmo de males las canciones son horrendas y hacen que «Joker 2″ del año pasado parezca una obra de Baz Luhrmann, con métricas calculadas por un chimpancé retardado y letras que además de tener menos rimas que una canción de los madrileños Ñu (aguante Ñu jejeje) dan la sensación de que el pelotudazo las escribió con el pene tras una sobredosis de Viagra y usando el Google Traslator (¡Oscar a mejor guion adaptado… una patada en el culo habría que darle!). Cuando suena alguna de las canciones (una de ellas nominada a mejor canción original, XD) equivalen a que te estuvieran sodomizando por los oídos pero con un palo de escoba.
Desde el lado de las actuaciones, viene lo peor: Gascón tiene menos gesticulación y reacciones que un cadáver, parece salida de una de esas novelas que Thalía solía protagonizar en los 90, y hacen que la labor de Sofia Coppola en «El padrino III» (1990) sí sea para nominar al Oscar. Zoe Saldaña salió un poco mejor parada, aunque el pelotudazo no le hizo ningún favor en el guión y tiene las peores líneas; eso sumado a que los acentos de ambas poco tienen que ver con el mexicano. Y lo peor de lo peor viene para lo último: la pésima actuación de Selena Gómez. Está bien, ella, aunque teniendo familia mexicana, toda su vida habló en inglés y se puede entender, pero el ridículo épico que hace en la película lo pudo haber evitado si tomaba clases de fonética española. Cada vez que habla en español, parece como si estuviera en estado total de ebriedad, ya que no se le entiende nada o pronuncia muy mal las palabras, y el cenit de la vergüenza ajena es su canción «Bienvenida», coronando un momento épicamente bizarro.
De última queda reírse de lo mala que es «Emilia Pérez», pero como uno no está tan mal moralmente parado como sí lo está el pelotudazo que pretendió educarnos con este engendro progre/woke (cuyo reinado, y más con el avance de la ultraderecha, está llegando a su fin), sabemos que la violencia narco, los femicidios y los desaparecidos en México no son algo como para reírse. Y menos como para hacer canciones pelotudas. Las poco más de dos horas que dura este mamarracho son una tortura, y su final, con el tiroteo inverosímil y su epílogo, son una falta total de respeto enorme para quienes hayan perdido a un ser querido a manos de la violencia narco.
Como ya sabrán, la película está ganando casi todos los premios en los que fue nominada, aunque yo no veo la gracia en el hecho de que se premien entre ellos cuando el consenso general en el público es por demás negativo. Motivo por el cual resultó en un fracaso sonado de taquilla, como el mencionado en México, donde no solo pedían que les devuelvan el dinero de la entrada, sino que terminaron boicoteándola. Es mas, un grupo de realizadores en Youtube hicieron una parodia llamada «Johanne Sacrebleu» (que dicho sea de paso, está mucho mejor realizada) y que tuvo mucho mas reconocimiento positivo por parte del público que este mamarracho. De última todos los premios que les están regalando pueden envaselinarlos y metérselos por el culo hasta que se les oxiden bien adentro, ya que «Emilia Pérez» es sin duda una de las peores películas de todos los tiempos y no vale la pena gastarse en verla, pero como sé que hay público para todo, de última están a su cuenta y riesgo si quieren verla. ¡Después no quiero quejas!

