
“Canciones que no se cantan, que no se escuchan, que se sienten, que enamoran”
Hard Rock / Rock Melódico – España
Escrita por Crom
Esta no va a ser una reseña convencional… las mías casi nunca lo son, tampoco es que vaya a ser muy leída, cada vez se lee menos, por eso, y porque este Los Años del Silencio es uno de mis álbumes más importantes, un disco 10, me voy a permitir expresar mis sentimientos respecto a este trabajo de ECO, y mi forma de vivir la música, sin prisas. Estás a tiempo de dejarlo aquí, querido lector constante, o acompañarme, quizás merezca la pena. Lo cierto es que cuando se publicó el disco de forma oficial, hace ya casi 5 años, yo no le preste mucha atención, nos llega mucha música y eso pasa a veces, que no te da la vida, aunque sí que le dimos espacio en la web con una reseña (https://diosesdelmetal.org/eco-los-anos-del-silencio-2021) y una entrevista con la banda (https://diosesdelmetal.org/entrevista-a-eco).
Tiempo después, y por recomendación del autor de ambas, mi amigo y compañero David, le dediqué mi atención, y esta segunda entrega de ECO, a la postre quizás la última, llegó a mi vida para quedarse, para acompañarme en momentos únicos. Porque mi vida está hecha de canciones, y sí, sé lo cursi que suena esto, lo manido, lo ambiguo… Pero así es, cada momento importante de mi vida, bueno o malo, tiene su banda sonora, y esas canciones me acompañan en mis distintos estados de ánimo, de forma que cuando llega un momento bajo, por ejemplo, recurro a la “playlist” que siento que me va a levantar el ánimo, o simplemente reconfortarme, porque la música no cura las heridas, pero es un bálsamo que te calma el dolor, las canciones son mis mejores amigas.
Porque lo cierto es que no nos sobran los amigos ¿verdad? hablo de los de verdad, de los que les importa cómo te sientes, de los que te pueden ver por dentro… que quieren verte por dentro, de los que te escuchan y les interesa saber cómo piensas, que no te juzgan por tu apariencia, edad o sexo, que te ven como la persona que eres. Yo nunca he tenido amigos o amigas que reúnan todas esas cualidades, y sé que nunca es tarde, porque a veces llega gente especial a tu vida, tengas 20 ó 60 años, con la que conectas, y crees que que esa persona siente y entiende la música, la vida, como tú, algunas te hacen bajar las defensas y les dejas entrar, y casi siempre te equivocas. Pero la música, como los animales, sabes que nunca te van a fallar, y las canciones de Los Años del Silencio ya son mis amigas, mejores amigas, y Roberto Espinosa, compositor y vocalista, creó letras únicas para este álbum que son importantes en mi vida.
Quizás te preguntes, después de todas estas… Digresiones, por qué ahora, por qué hablar de un álbum que salió hace ya casi un lustro. Pues porque lo he rescatado para nuestra sección de discos 10, busqué de nuevo el disco, como he hecho otras veces, porque necesitaba unas canciones amigas en unas semanas difíciles, y mi corazón me llevó a la “playlist” de ECO, y escribir sobre este álbum, aparte de una necesidad aparcada mucho tiempo, ha sido fruto de saber que la banda dejó un comunicado en sus redes hace más de un año (no soy muy activo en ellas) anunciando que cesaban su actividad, diciendo algo así como que “su altavoz no había tenido el volumen suficiente para llegar a nosotros” (te dejo una captura del comunicado abajo), lo que me causó mucha tristeza, y me empujó a rendirle un modesto homenaje “póstumo” en forma de reseña… Aunque lo bueno de la música, de las canciones, es que viven en tí para siempre, y no solo en sentido figurado, como cuando pierdes a una persona que amas, puedes volver a escucharlas en cualquier momento. Era necesario para mi hablar de este disco, creado con mimo y escrito desde el corazón, que no ha sido entendido y/o valorado como creo que se merecía.
Haciendo un poco de historia, Los Años del Silencio vio por fin la luz un viernes 23 de abril de 2021 de la mano de Duque Producciones. Su publicación no fue inmediata: el disco llevaba grabado desde 2019 y sufrió retrasos debido a la dichosa pandemia, tras haber sido anunciado inicialmente para otoño de 2020. De hecho, la banda lanzó un primer sencillo en septiembre de 2020 (el tema homónimo con videoclip grabado en A Coruña) y un segundo adelanto en diciembre, posponiendo el lanzamiento completo hasta la primavera de 2021. Este nuevo trabajo supuso el segundo trabajo de estudio de ECO y su regreso discográfico tras nada menos que 14 años desde el debut Réplica (2007). Musicalmente, es un álbum en el que se ha cuidado cada detalle en el sonido, grandes riffs, muy buenas melodías, base rítmica con pegada cuando hace falta, fíjate por ejemplo en Éxodo, la más cañera del álbum, se nota mucho el trabajo que hay detrás, los años que llevaron construir cada uno de los temas, y la voz de Roberto Espinosa, única, te hace sentir cada estrofa, transmite como pocos vocalistas. Ahora te hablaré un poco de sus canciones, pero me enfocaré en las letras, porque son las que han hecho este álbum tan importante para mí, estas hablan de morir y renacer, de depresión y superación, amor y desengaño, hablan de muerte, hablan de vida.
Tras la intro de Ultreya llega uno de mis cortes favoritos: Los Años del Silencio, que fue, como decía, la primera que vio la luz en forma de videoclip, y que es una canción existencial, de sacar fuerzas para empezar de nuevo, quizás contando la vuelta de la propia banda después de esos más de 10 años de silencio, la necesidad de mostrar al mundo que no hay que tener miedo a volver a intentarlo “… Y jamás voya pedir perdón por querer mirar a los ojos del Sol, por querer mostrarme tal y como soy, de rodillas en medio de este mar, decidí morir para resucitar, para volver a ver, para volver a ser, ser libre en la penumbra de estos años, de este circo que me ha hecho tanto daño, para poder gritar, y no callarme más, decirle al mundo entero que estoy vivo, que no hay nada que pueda acabar conmigo… los años de silencio han terminado”… Bueno, es que podría citar cada estrofa, cada verso vital que contiene esta canción, que tantas y tantas veces he escuchado. Termina con unas grandes guitarras que la dejan muy arriba, casi en todas las canciones se apaga la voz para que sean las seis cuerdas las que cierren cada tema.
No puedo, no me quiero extender demasiado profundizando en cada canción, esta reseña no acabaría nunca, y quiero que seas tú quien descubra este álbum, aunque necesito contar lo que sus canciones significan para mi, porque llevo años escuchándolas, sus letras las he ido interiorizando, haciéndolas mías, y no es hasta que escribo sobre ellas que se me presentan en toda su dimensión. Mares de Paz te asoma al abismo, la muerte a un paso, parece fácil terminar con todo, ¿es de cobardes?… “Ahora todo está en el aire, ahora ya no hay vuelta atrás, que no hay más leña que la que arde, y ya no hay fuego en tu mirar. Esta verdad es tan cruel, es tan absurda y despiadada a la vez, que me obliga a mantener, la distancia entre mi alma y mi piel, que me ayude a caminar, por el filo de la vida sin echar la vista atrás, que me ayude a navegar, mares de paz”.. Es una canción muy especial, yo nunca podría verbalizar mis sentimientos más profundos de una forma tan, no sé, ¿explícita, sincera, descarnada? Todos luchamos con nuestros propios demonios, ¿pero somos conscientes de que están ahí dentro, o preferimos no abrir según qué puertas por miedo a lo que podamos encontrar, te conoces de verdad? “El futuro no es bastante, si el pasado está presente, si te tengo aquí delante, masticandome la mente, asomado a la locura, busco el aire que me suba hacia la eternidad. No quiero de verdad que ni un segundo, si tengo que seguir en este mundo, no quiero ver la luz de la mañana…”. La letra de cada canción está cosida a la piel de Roberto, no se pueden escribir estas cosas si no las llevas dentro, muestra verdad, y eso lo sabrás reconocer si tienes verdad dentro de tí.
¿Dónde están los amigos cuando todo acaba, cuando cae la luz, cuando muere el día, y solo quedas tú? ¿Dónde están ahora, todas esas manos, que iban a salvarte, a librarte del fracaso… ¿Dónde están ahora que la suerte te abandona?. Nadie va a salvarte. Realmente es para mí muy difícil quedarme con una canción, y es porque cada de ellas respira un aire distinto, vital, necesario, forman parte indivisible de un Todo. Buenísimas las guitarras que cierran este tema. En el corte siguiente, el protagonista es el amor, o su ausencia, que en esencia ambos son sentimientos que siempre terminan por doler: “Aunque cada 5 minutos, me tenga que apuñalar, la mano contra la mesa para no llamar, para no escribir tu nombre, de nuevo en el portal, para no romperlo todo, porque ya no estás. Sobran perchas en el armario, la casa es como un solar, me quema este calendario, de vinagre y sal, hoy me siento como un extraño, en medio de ningún lugar, ahogado en el desengaño de la libertad…”. Y si me dices que la canción que mejor representa el desamor es la de Sabina, sí, la de 19 días y 500 noches, puedes dejar de leer ya, jaja. Aquí el dolor es real, vulnerable, no es canalla, no hay orgullo, solo el dolor por la pérdida, solo la soledad y el abatimiento. “Mi cabeza es un laberinto, la noche no tiene fin, el cielo ya no es el mismo, ahora es frío y gris, las palabras no dicen nada, solo consigo oír, Sirenas envenenadas que me llevan hasta tí… Es más fácil atrapar el viento, que dejar de oír tu voz”.
Éxodo, como te decía, es la más heavy del disco, y destila rabia, es muy energética, me encanta. Pero Fuego en las Alas es la que se ganó mi corazón casi desde la primera escucha, no se puede expresar mejor la ira que te provoca una traición: “Te voy a regalar la rabia, que me regalas sin venir a cuento, cuando mis alas quemas con tu fuego, cuando disparas con ese veneno, te voy a regalar la nada, porque la nada es todo lo que tengo, y aunque tú creas que te estoy mintiendo, quiero que mueras como yo me muero, te voy a regalar palabras, esas palabras que se lleva el viento, te voy a regalar infierno, ese maldito infierno en el que estoy viviendo… Y ahora te digo al oído, lo que he gritado en soledad, cómo me cuesta decirlo, cómo me duele esta verdad, quise mostrarte un camino, si no lo viste qué más da, yo sigo”. No tengo más que añadir, he escuchado esta canción decenas de veces, me ha hecho sentir, me ha hecho llorar y, aunque no te puedo explicar cómo ni por qué, porque entre mis miles de carencias está la de no poder expresar en palabras algunos sentimientos, conectar con esta canción, con su dolor, entenderla, me ayuda a entenderme mejor a mí mismo.
Ingravidez simboliza el reconocer cuando te equivocas, cuando caes pero consigues volver a ponerte en pie, preparado para el siguiente asalto, sin querer evadirte de la culpa: “Quiero recordarlo todo, quiero recordarlo siempre, prefiero que me duela un poco, pero que me haga más fuerte, quiero recordarlo para siempre”. Cantares es una versión muy rockera del poema de Machado que Joan Manuel Serrat convirtió en canción, y suena realmente bien. Parece que hacia el final me vengan las prisas ¿verdad? Es que esta reseña se está alargando más de lo que ya sospechaba, creo que es la que más me ha costado realizar en estos 14 años que llevo escribiendo sobre discos para Dioses del Metal, porque es un álbum que para alguien como yo, que no se queda en el aspecto musical y le encantan las buenas letras, ha supuesto un auténtico reto, he disfrutado de muchos y buenos discos en estos… 41 años en los que llevo cosido el Metal a mi piel, y creo que es de los 5 discos más trabajados y honestos que he escuchado nunca.
El disco se cierra con un corte que sí que respira un aire distinto, que he necesitado de muchas escuchas para poder apreciarlo como se merece. Es un tema reposado, con la voz sosegada (al inicio) de Roberto Espinosa fundida con la narrada de José Polo… ¿Pero qué puedo decir? Que es preciosa, que me remueve cosas por dentro: “Tengo un nudo en la garganta que no me deja gritar, tengo rota la esperanza, tengo ganas de llorar, tengo un agujero negro, en medio del corazón, donde guardo los secretos, que no pueden ver el Sol”. ¿Se puede expresar algo con palabras más bellas, hablando del dolor, de las voces dormidas, de viejas heridas, se pueden contar cosas así con mejores versos que estos?. Lo dudo: “Lágrimas que no se lloran, caen al alba, y ahogan, lágrimas que no se lloran, hacen daño, nos devoran”. Aquí la instrumentación, guitarras con un feeling que te ponen la piel de gallina, la base rítmica, los teclados (creo que los de Manuel Ramil), le dan un empaque al tema que lo llevan a otro nivel… ese redoble de tambor, fundiéndose con el rumor de las olas hacia el final, es simplemente sublime.
Uff! se termina el viaje, largo, lo sé, llevo años posponiendo escribir esta reseña, creo que hay discos que se crean para sentirlos, no para hablar de ellos. Pero curiosear en sus redes y saber… más de un año después, que la banda se despidió con esos motivos que podéis leer más abajo, me pareció tan injusto, cuando es un disco tan importante para mí, que me obligué a sentarme e intentar, infructuosamente seguro, llevándola al terreno personal como nunca he hecho, escribir sobre estas canciones, que no se cantan, que no se escuchan, que se sienten, que enamoran. Gracias Roberto Espinosa.
Tracklist:
- Ultreya (Intro)
- Los Años del Silencio
- Mares de Paz
- ¿Dónde están ahora?
- Sirenas
- Éxodo
- Fuego en las Alas
- Ingravidez
- Cantares (versión de Joan Manuel Serrat/A. Machado)
- Lágrimas (con narración de José Polo)

Formación:
Roberto Espinosa – Voz
Luís Rivera – Guitarra
Pablo Espido – Batería
Javier Tejido – bajo


