«La chispa que desató la explosión del pop metal ochentero»

Hard Rock / Pop Metal – Reino Unido

Lanzado el 20 de enero de 1983, Pyromania es el tercer álbum de Def Leppard, y 43 años después sigue considerándose un clásico imprescindible. Este disco convirtió a los británicos en superestrellas, detonando el inicio de una década de éxitos para la banda. Bajo la producción del afamado hitmaker Robert John “Mutt” Lange, el sonido de Def Leppard evolucionó del heavy metal áspero de sus inicios hacia un hard rock mucho más pulido y melódico, repleto de coros masivos y ganchos pegadizos que estaban hechos a medida para la radio. La portada misma es toda una declaración: una mira telescópica apunta a un edificio envuelto en llamas, imagen icónica que simboliza la “piromanía” a la que alude el título. En cuanto a la formación, Pyromania supuso el debut del guitarrista Phil Collen (ex-Girl) en la banda, quien entró a mitad de las sesiones para reemplazar al miembro fundador Pete Willis, despedido por sus problemas con la bebida. Así, la alineación de época quedó conformada por Joe Elliott (voz principal), Steve Clark (guitarra), Phil Collen (guitarra), Rick Savage (bajo) y Rick Allen (batería). Con esta nueva formación consolidada de inmediato en el estudio, Def Leppard emergió triunfante con un álbum exuberante, vanguardista y lleno de confianza, plagado de riffs majestuosos y coros impecables, y rebosante de himnos del hard rock. No en vano Pyromania resultó prácticamente imparable: llegó al #2 del Billboard (solo superado por el Thriller de Michael Jackson) y acabó vendiendo más de 10 millones de copias (certificado Disco de Diamante en EE.UU.).

Con todos estos galones, Pyromania encendió la mecha de la explosión del hard rock melódico en los años 80, tendiendo un puente entre el rock duro y el pop metal que dominaría aquella década. ¿Preparados para revivir este clásico? Acercaos al fuego de Pyromania y repasemos sus canciones, que aún hoy arden con la misma intensidad.

Rock! Rock! (Till You Drop) abre el disco de forma explosiva, como un cañonazo de adrenalina. Tras una breve intro misteriosa, nos golpea con riffs potentes y la batería atronadora de Rick Allen marcando un ritmo imparable. Este corte –sobre vivir al máximo el estilo de vida del rock– es probablemente lo más metalero que ofrece el álbum, mostrando que la banda aún podía rugir con fiereza antes de desplegar toda su faceta melódica. Un grito de “Yeah!” de Joe Elliott da el pistoletazo de salida y ya no hay vuelta atrás: Rock! Rock! es puro hard rock de alto octanaje, un himno fiestero que te sube las pulsaciones y te prepara para todo lo que viene. Queda claro desde el minuto uno que Def Leppard venía por todas y que este no era el mismo Leppard de sus comienzos – aquí empiezan la conquista del mundo a base de estribillos gigantes y producción sofisticada.

Sin darnos tregua llega Photograph, el primer sencillo y uno de los temas más emblemáticos de los 80. Aquí la banda muestra su lado más melódico y accesible: un riff inmediato, un estribillo glorioso y unos coros armónicos multilayer marca de la casa Mutt Lange. La combinación fue infalible: Photograph se convirtió en un éxito instantáneo y arrasó en MTV, llegando a desplazar al mismísimo “Beat It” de Michael Jackson como el videoclip más solicitado del canal. La canción, en la que Joe Elliott canta sobre una obsesión amorosa idealizada –«All I’ve got is a photograph, but it’s not enough»–, destila ese espíritu himno capaz de hacer cantar a todo estadio. Sus lanzamientos de guitarra y el solo incisivo de Collen/Clark la convirtieron en un clásico imperecedero del rock. No es de extrañar que gracias a Photograph Def Leppard lograra su primer Top 20 en Estados Unidos, abriendo la puerta a la conquista del mercado americano.

El tercer corte, Stagefright, acelera de nuevo el pulso y nos devuelve al terreno del hard rock contundente. Pensada para el directo, la pista simula un ambiente de concierto añadiendo ruido de público al inicio, para luego estallar en un torbellino de guitarras afiladas y ritmo vertiginoso. Steve Clark y Phil Collen se lucen aquí con duelos de solos y riffsendiablados, demostrando su química a las seis cuerdas. El tema es rápido, furioso y frenético, un golpe de energía que captura esa sensación de nervios y euforia antes de salir al escenario. Con su estribillo simple pero efectivo (“Stagefright, all night!”), Stagefright funciona como un himno de rock & roll para corear con el puño en alto, recordándonos que a pesar del pulido comercial, Leppard podía rockear tan duro como cualquiera.

Bajando un poco las revoluciones, Too Late for Love aporta un contrapunto más atmosférico y emotivo. Comienza con arpegios y un aura casi de balada oscura –la tonalidad menor y los teclados sutiles crean un aire misterioso–, pero poco a poco va cobrando fuerza hasta convertirse en un medio tiempo potente. La voz de Joe Elliott brilla aquí transmitiendo melancolía y dramatismo, alcanzando notas agudas llenas de sentimiento. La canción oscila entre la penumbra y la explosión: pasa de pasajes suaves a un estribillo lleno de poder, logrando un efecto épico. Too Late for Love mostró la versatilidad de Def Leppard y también fue lanzada como single tras el éxito de los anteriores (aunque sin videoclip, logró resonar en las listas rock). Hoy se la reconoce como una power ballad temprana, predecesora de las baladas que inundarían la segunda mitad de los 80, pero con un toque más sombrío en su ADN que la hace especial.

En el ecuador del álbum nos encontramos con Die Hard the Hunter, el tema más largo del disco (supera los 6 minutos) y uno de los más ambiciosos en lo musical y lírico. Arranca de forma cinematográfica, con sonidos de helicóptero y disparos que nos sitúan de lleno en el campo de batalla de su letra. Y es que esta canción aborda una temática inusual para Leppard: la historia de un veterano de guerra incapaz de superar sus traumas del Vietnam, que sigue librando esas batallas en su mente al volver a casa. El tono del tema es más denso y “merodeador” –como un depredador al acecho–, con riffs que construyen tensión y un bajo robusto de Rick Savage marcando el paso. Las guitarras de Clark aportan acordes pesados que imprimen un sentimiento de gravedad y tristeza, capturando el tormento del protagonista. Hacia la mitad, Die Hard the Hunter nos regala uno de los solos más sentidos de Steve Clark, extendiéndose sobre la base rítmica con gran dramatismo. Es un corte profundo y emotivo a su manera, que demuestra que la banda sabía ponerse seria cuando la ocasión lo ameritaba. A pesar de no ser sencillo, muchos fans lo consideran un favorito oculto del álbum por su atmósfera y su desarrollo casi épico.

Damos la vuelta al vinilo (o cassette) y nos recibe Foolin’”, devolviendo el protagonismo a la faceta más melódica y romántica de Pyromania. La canción inicia con una breve guitarra acústica y la voz de Joe en un registro suave, para luego encenderse con poderosos acordes eléctricos: es la clásica power ballad ochentera en su formulación, aunque aún conserva garra rockera. Foolin’ brilla por su estribillo irresistible, sostenido por las capas de armonías vocales meticulosamente trabajadas por Lange (esos “F-f-f-foolin’” son marca registrada). La interpretación vocal transmite anhelo y desengaño amoroso a partes iguales, y la instrumentación equilibra bien la dulzura con la fuerza. No por casualidad fue el tercer single de Pyromania y otro éxito más, colocándose en el Top 30 en EE.UU.. Es una de esas canciones que uno nunca se cansa de escuchar; emotiva y contundente al mismo tiempo, captura a la perfección el gancho del hard rock melódico que Def Leppard llevaría a la cima. Foolin’ nos invita a cantar a coro y encender mechero en alto, sin empalagar, y por eso permanece como un momento cumbre del disco.

Llegamos así a Rock of Ages, quizá el himno definitivo de Pyromania y una declaración de principios del rock and roll eterno. Desde el primer segundo resulta memorable: esa cuenta regresiva ininteligible –«Gunter glieben glauten globen»– que pronuncia Mutt Lange en la intro se ha vuelto legendaria entre los fans. Lo que sigue es una explosión de rock grandilocuente y festivo. Rock of Ages está construida sobre un riff sencillo pero matador y un ritmo marcial que invita a marchar al son del rock. Joe Elliott adopta un tono casi predicador en los versos, para luego liderar uno de los estribillos más coreables de los 80: “Rock of ages, rock of ages, still rollin’, keep a-rollin’”. La canción rinde tributo al propio espíritu del rock («Long live rock ’n’ roll», clama Joe) y lanza un mensaje desafiante cuando, hacia el final, suelta la célebre frase “It’s better to burn out than fade away” (“es mejor consumirse que desvanecerse”). En apenas cuatro minutos, Rock of Ages condensa todo lo que hace grande a Def Leppard: potencia, melodía, actitud desenfadada y producción impecable. Fue otro single de alto vuelo (Top 30 en USA al igual que Foolin’) y hasta dio título a un famoso musical décadas después – prueba de su impacto en la cultura rock. Hoy por hoy, es imposible no escucharlo sin imaginar a miles de personas cantando “¡Larga vida al rock!” a pleno pulmón.

En la recta final del álbum nos topamos con Comin’ Under Fire, un tema que mantiene el alto nivel aunque no haya gozado de la fama de los sencillos. Es un medio tiempo sólido, con un aire más relajado pero igualmente cargado de gancho. Las guitarras de Clark y Collen se entrelazan sobre una base rítmica muy marcada, mientras Joe Elliott entrega otra actuación vocal sobrada de carisma. El estribillo de Comin’ Under Fire es de esos que crecen con cada escucha, resultando bastante pegajoso. Quizá quedó algo opacado entre tanto hit alrededor, pero cumple con creces su función en el álbum: aportar variedad y profundidad, sin bajar la guardia en cuanto a calidad. Un tema contundente y bien armado, que refleja ese equilibrio entre lo duro y lo melódico tan característico de Pyromania.

Penúltimo asalto: Action! Not Words nos sacude con una dosis de rock directo y divertido. Aquí no hay mucha filigrana; la canción va al grano con riffs sencillos y ritmo upbeat, recordándonos las raíces más pub-rockeras de Def Leppard. El título lo dice todo: “¡Acción, nada de palabras!”, y ese espíritu se siente en la ejecución enérgica de la banda. El estribillo es simple y efectivo, casi un chant, ideal para el directo (uno se imagina a Joe incitando al público a cantar “Action! Not words!” con el puño en alto). Si bien es quizás el corte más ligero del álbum en cuanto a pretensiones, aporta frescura y mantiene el dinamismo hasta el final. En un disco sin relleno, Action! Not Words se asegura de que la llama siga encendida justo antes del gran final.

Y ese gran final llega con Billy’s Got a Gun, clausurando Pyromania de manera sorprendente e intensa. La canción tiene un tono más oscuro y dramático, contando la historia de Billy, un tipo con un arma que parece haber perdido el control. La atmósfera casi cinematic noir envuelve el tema: las estrofas avanzan con un groove sigiloso de bajo y una batería contenida, mientras la voz de Joe añade tensión narrativa (sus “Billy’s got a gun…” resuenan con eco, cargadas de ominosidad). En los coros, la canción explota con acordes potentes y coros que acentúan la sensación de peligro inminente. Para cuando llega el solo, las guitarras gimen con un tono casi desesperado, pintando la escena de ese chico armado al borde del abismo. Billy’s Got a Gun atrapa por su dramatismo poco habitual en los Leppard, y además se da el lujo de incluir un easter egg sonoro: tras terminar la canción, los últimos segundos en el vinilo esconden un inquietante tema instrumental incidental, conocido como “March of the Wooden Zombies”, a modo de coda oculta. Es un guiño final que añade un toque de misterio y nos deja con la piel de gallina tras el fundido. En suma, Billy’s Got a Gun cierra el álbum por todo lo alto, manteniendo la intensidad y demostrando que Pyromania no pierde fuelle en ningún momento.

Tras este recorrido, es fácil entender por qué Pyromania pertenece a nuestra sección de Discos 10. Cada canción aporta algo especial, no sobra nada, y el conjunto marcó un antes y un después. Def Leppard consiguieron aquí el equilibrio perfecto entre la fuerza del hard rock y el gancho comercial del pop, en un álbum que influiría enormemente en la escena rockera de los 80. La producción milimétrica de Mutt Lange, los inspirados riffs de Clark/Collen, la pegada juvenil de Rick Allen (con solo 19 años grabó este disco), la base sólida de Savage y la voz inconfundible de Joe Elliott conformaron una fórmula ganadora. Pyromania prendió la llama que haría arder la era dorada del glam/hair metal y, cuatro décadas después, sus himnos siguen sonando tan vibrantes como en 1983. Un clásico entre clásicos, obligatorio para entender la evolución del hard rock y para disfrutar, una y otra vez, de un puñado de canciones inmortales.

Tracklist:

  1. Rock! Rock! (Till You Drop)

  2. Photograph

  3. Stagefright

  4. Too Late for Love

  5. Die Hard the Hunter

  6. Foolin’

  7. Rock of Ages

  8. Comin’ Under Fire

  9. Action! Not Words

  10. Billy’s Got a Gun

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