
«23 años de un clásico del metal melódico»
Melodic Death/Power Metal
Escrita por Crom
En enero de 2003 salió a la luz Hate Crew Deathroll, el cuarto álbum de Children of Bodom. Hoy, 23 años después, me encuentro recordando la sacudida que supuso para la escena del metal melódico de principios de los 2000. Recuerdo que, por aquel entonces, el nu metal estaba perdiendo fuelle y muchos ansiábamos un regreso a la agresividad y la autenticidad del metal más extremo Hate Crew Deathroll llegó en el momento justo: una época en la que en Estados Unidos emergía el metalcore y la New Wave of American Heavy Metal, mientras en Europa el metal extremo retomaba protagonismo. En ese contexto, Children of Bodom ofreció algo distinto: una fusión híper-melódica pero rabiosa de death metal con tintes clásicos que no encajaba del todo ni con el metalcore ni con el death tradicional, atrayendo fans de ambos mundos. Para quienes estábamos decepcionados con los giros comerciales de otras bandas melódicas (pienso en el Reroute to Remain de In Flames en 2002), este disco fue un soplo de aire fresco, una dosis de metal desenfrenado y melódico que parecía hecho a nuestra medida.
Hate Crew Deathroll supuso la consolidación del sonido característico de Children of Bodom. Los tres primeros álbumes del grupo ya habían dejado huella en el underground (cada uno puliendo más la fórmula), pero este cuarto disco fue el punto en que los planetas se alinearon y la banda “encontró su estilo propio” por completo Con este álbum los finlandeses dieron un pequeño giro respecto a trabajos anteriores: las influencias neoclásicas y adornos sinfónicos que asomaban en Something Wild (1997), Hatebreeder (1999) o Follow the Reaper (2000) quedaron reducidos, dejando paso a un enfoque más condensado, crudo y orientado al thrash Las guitarras toman aquí el mando absoluto mientras los teclados pasan a un segundo plano de apoyo atmosférico. El resultado fueron canciones más pesadas y agresivas, con un toque groove inédito hasta entonces en su música, pero sin perder del todo el gancho melódico. De hecho, este álbum está repleto de riffs demoledores y ritmos veloces que no dan respiro: 36 minutos de trallazos de principio a fin, en los que cada tema entra directo como un cañonazo.
Esa mayor agresividad no significó renunciar a la esencia de Children of Bodom, sino llevarla a otro nivel. Hate Crew Deathroll aún conserva el ADN clásico de la banda, esa mezcla única de virtuosismo extremo y melodía pegadiza que los hizo destacar, y para muchos seguidores este es su mejor disco. La propia banda notó que algo especial había ocurrido: “ninguno de nosotros planeó un cambio, simplemente empezamos a componer y de pronto los pasajes clásicos desaparecieron, y pensamos ‘¡vaya, nos encanta esto!’”, contaría más tarde el teclista Janne Wirman. No es de extrañar que muchos vean este álbum como un punto de inflexión en la carrera de COB: fue el disco con el que “se hicieron mayores” y entraron por la puerta grande en la escena global. A día de hoy se le considera con justicia un disco de culto y un hito del género, uno de los puntos álgidos de su discografía.
Eso sí, en su lanzamiento Hate Crew Deathroll no estuvo exento de polémica entre los fans más veteranos. Algunos puristas, acostumbrados a los arpegios neoclásicos y la velocidad desenfrenada de los primeros álbumes, acusaron a la banda de suavizar su sonido o incluso de “venderse” por alcanzar mayor público La ausencia de interludios de música clásica (un sello en discos previos) y la producción más pulida y moderna tomó por sorpresa a quienes esperaban una simple réplica de Follow the Reaper. Curiosamente, los mismos que habían aplaudido a COB como abanderados del death melódico se mostraban escépticos con esta evolución más dura y moderna. En perspectiva, queda claro que la banda necesitaba esta evolución para no estancarse: Hate Crew Deathroll presentó “la correcta inclinación que la banda necesitaba para existir en su momento”, un paso adelante sólido que abrió la puerta a nuevas etapas en su carrera. Pasados los años, incluso muchos de aquellos críticos han reconocido el valor de este trabajo como uno de los más sólidos de Children of Bodom.
Si algo define a Hate Crew Deathroll es su ejecución instrumental arrolladora. Alexi «Wildchild» Laiho brilla aquí como el auténtico guitar hero que es – o mejor dicho, era, ya que lamentablemente nos dejó en 2020 – desplegando algunos de los mejores solos y riffs de su carrera. Desde el arranque vertiginoso de “Needled 24/7”, Laiho deja claro por qué muchos lo consideran un “dios de la guitarra de la era moderna”. Sus riffs combinan la ferocidad del thrash y el death metal con melodías casi gancheras, mientras sus solos alternan shredding endiablado con fraseos pegadizos dignos del mejor power metal. Pero la grandeza instrumental del álbum no es solo lucimiento de guitarra: la dupla entre Laiho y el teclista Janne Wirman (Warman) aporta una dimensión única. Guitarra y teclado entablan duelos frenéticos en varios temas, reflejando influencias que van desde Yngwie Malmsteen hasta los videojuegos (ese riff de “Triple Corpse Hammerblow” tiene un aire a Mega Man que arranca sonrisas nostálgicas). Wirman se luce con solos de teclado memorables —por ejemplo, en la oscura y dramática “Angels Don’t Kill” coloca atmósferas de terror gótico— demostrando que el teclado puede ser igual de metal que las seis cuerdas cuando se usa con ingenio y pasión. En este disco la “matrimonio” entre teclados de power metal, guitarras melodeath vertiginosas y ganchos enormes alcanza su punto perfecto, logrando un equilibrio que quizás nunca volvieron a repetir del todo.
Otro aspecto a destacar es la energía demoledora que la banda imprime en cada canción. La producción potente y clara realza cada detalle sin restar agresividad, y la sección rítmica (Jaska Raatikainen en batería y Henkka Blacksmith en bajo) suena más aplastante que nunca, otorgando solidez a la locura melódica de Alexi y Janne. El disco es corto (apenas 37 minutos) pero eso juega a su favor: no hay espacio para el relleno ni para dar un respiro al oyente. Como dijo un crítico en 2003, escuchar Hate Crew Deathroll te deja con una sonrisa metalera permanente; es imposible no hacer headbanging o esbozar ese “metal grin” ante la cascada de solos maníacos y estribillos frenéticos La adrenalina se mantiene al tope de principio a fin, ya sea en temas ultra veloces como “Chokehold (Cocked ‘n’ Loaded)” o en medios tiempos contundentes como “Sixpounder” (con su riff pesado de afinación baja que anticipaba el rumbo más groove de discos posteriores). En conjunto, la banda suena afilada, virtuosa pero también divertida y desenfadada – se percibe que estos cinco músicos tocaban con hambre y complicidad, disfrutando cada nota a pesar de la ferocidad del sonido.
En cuanto al estilo lírico, Hate Crew Deathroll mantiene la tónica macarra y oscura que caracteriza a Children of Bodom, pero con un toque de guasa y auto-referencia. El propio título del álbum es una declaración de intenciones: la “Hate Crew” (tripulación del odio) hace alusión tanto a la banda como a sus fanáticos más fieles, un término que desde entonces quedó instalado para describir la comunidad COBHC (Children of Bodom Hate Crew) Las canciones no exploran temas filosóficos profundos ni falta que hace; en su lugar, Alexi Laiho escupe letras de rebeldía, muerte y desamor con una voz rasgada llena de actitud. Frases sangrientas y provocadoras abundan, pero siempre con un punto de irreverencia juvenil que impide tomárselas demasiado en serio. Por ejemplo, en medio de la velocidad de “You’re Better Off Dead” suelta la pintoresca imagen de “lavarte las manos en tu propia sangre mientras agonizas”, y aun así la canción te hace sentir eufórico, casi como si esa macabra escena fuera motivo de celebración. Esa es la magia de COB en este disco: convierten la negatividad en himnos catárticos. Uno termina coreando con una sonrisa malévola letras como “They ripped out my heart to show me how black it is” (de “Bodom Beach Terror”) junto a miles de almas en un concierto, sintiendo una hermandad en la oscuridad. La actitud de la banda en Hate Crew Deathroll es desafiante pero festiva a la vez: cinco chavales finlandeses vestidos de negro, cerveza en mano, rindiendo tributo al metal clásico (cada solo, cada grito “¡Woo-ahh!” de Alexi parece guiñar un ojo a sus héroes de los 80) mientras llevan el extremismo sónico al límite. Esta combinación de agresión y diversión gamberra hacía que COB destacara sobre otras bandas de death metal melódico más solemnes; aquí se nota que están pasándolo en grande en medio del caos. Como fan, siempre aprecié esa dualidad: poder desahogarme con la furia de los temas pero sintiendo a la vez la camaradería fiestera de la Hate Crew.
La importancia de Hate Crew Deathroll dentro del metal melódico y la escena metalera de los 2000 es difícil de sobreestimar. Este álbum fue el pasaporte de Children of Bodom al estrellato internacional, rompiendo barreras que muy pocas bandas extremas habían cruzado hasta entonces. Por primera vez, un grupo salido del underground finlandés lograba rotación en MTV2: recuerdo la sorpresa de ver el videoclip de “Needled 24/7” en el programa Headbangers Ball, con sus imágenes de cirqueros de fuego y locuras con agujas, entre los clips de metalcore estadounidenses de moda. De la noche a la mañana, COB pasó de ser un secreto a voces entre metaleros a convertirse en una sensación inesperada. Para un público masivo cansado del rap metal y los DJs, ver a unos tipos jóvenes con pelo largo, camisetas negras y solos de guitarra endiablados fue una revelación refrescante. Hate Crew Deathroll les abrió las puertas de festivales y giras de gran calibre; liderados por el carisma y virtuosismo de Alexi Laiho, pronto estaban conquistando escenarios principales alrededor del mundo. “Fue alucinante, todo pasó muy rápido… no tuvimos ni tiempo de asimilar lo que ocurría a nuestro alrededor”, contaba Alexi sobre aquel boom repentino. Y es que el mainstream no había visto algo tan auténticamente metal en mucho tiempo: en 2003 hacía casi una década que no irrumpía en la corriente principal un álbum de metal melódico con tanta fuerza Children of Bodom trajeron de vuelta la esencia del heavy metal clásico (velocidad, solos, actitud rebelde) a una nueva generación que quizás la había perdido de vista.

Canciones
| 1 | Needled 24/7 | 4:08 | |
| 2 | Sixpounder | 3:24 | |
| 3 | Chokehold (Cocked ‘N’ Loaded) | 4:13 | |
| 4 | Bodom Beach Terror | 4:35 | |
| 5 | Angels Don’t Kill | 5:13 | |
| 6 | Triple Corpse Hammerblow | 4:07 | |
| 7 | You’re Better Off Dead | 4:12 | |
| 8 | Lil’ Bloodred Ridin’ Hood | 3:24 | |
| 9 | Hate Crew Deathroll | 3:37 |
Créditos
- Bass – Henkka T. Blacksmith
- Drums – Jaska W. Raatikainen
- Guitar – Alexander Kuoppala, Alexi «Wildchild» Laiho
- Keyboards – Janne Warman
- Lyrics By – Alexi «Wildchild» Laiho
- Mastered By – Count Jussila*
- Music By – Alexi «Wildchild» Laiho
- Producer – Anssi Kippo
- Vocals – Alexi «Wildchild» Laiho

