«El regreso al sonido más crudo de los australianos»

Hard Rock – Australia/Gran Bretaña

Escrita por Crom

En agosto de 1983 AC/DC se encontraba en un punto de inflexión. Tras el éxito colosal de Back in Black (1980) y la buena acogida de For Those About to Rock (We Salute You) (1981), la banda australiana decidió dar un giro radical en su noveno álbum de estudio, Flick of the Switch. Publicado el 15 de agosto de 1983, este disco marcó una vuelta a lo básico en su sonido: por primera vez en años prescindieron del productor Robert “Mutt” Lange (arquitecto de su sonido pulido y éxitos previos) para producir ellos mismos el álbum, buscando deliberadamente un estilo más crudo y directo. La grabación tuvo lugar en los Compass Point Studios de Nassau (Bahamas) poco después de una intensa gira europea a inicios del 83. De hecho, las sesiones fueron rápidas – Flick of the Switch se grabó en menos de un mes – y hasta la portada reflejó esa austeridad: un sencillo dibujo a lápiz, fondo blanco, de Angus Young accionando un enorme interruptor eléctrico. 

En el plano interno, AC/DC atravesaba dificultades: el baterista Phil Rudd sufría problemas de adicción y tensiones con Malcolm Young (agravadas tras la muerte de Bon Scott años antes), lo que derivó en su despido a mitad de la grabación (aunque sus partes de batería ya estaban terminadas). Sería el último disco de Rudd con AC/DC hasta 1995, siendo sustituido posteriormente por Simon Wright (quien aparece en los videoclips promocionales). A nivel comercial, Flick of the Switch alcanzó el nº4 en las listas británicas y nº15 en las estadounidenses – cifras decentes pero inferiores a sus predecesores – y la falta de promoción se notó. La crítica inicial tampoco fue unánime: algunos lo tildaron de “menos explosivo” que Back in Black y acusaron a los Young de repetirse. Sin embargo, con el tiempo este álbum ha sido revalorizado como una auténtica joya de hard rock puro.

La dureza arrogante con la que abre Rising Power deja las cosas claras desde el primer segundo. Un riff pesado y rocoso nos da la bienvenida, repitiéndose como una rueda imparable, sobre un ritmo marcado por la solidez de Cliff Williams al bajo y Phil Rudd a la batería. La estructura es la típica de la banda (riff principal, puente, estribillo y vuelta a empezar), pero aquí ejecutada con una garra especial: Brian Johnson ataca las líneas vocales con su característico desgarrado y Angus suelta un solo breve pero salvaje. Todo suena más áspero que en álbumes previos, con menos adornos. Sin bajar la intensidad, This House Is on Fire sigue con un rock sencillo y directo, construido sobre cuatro acordes básicos. Aunque es probablemente de las piezas menos destacadas del disco, cumple su cometido: ritmo primitivo, energía a raudales y ese nervio de AC/DC que hace imposible escuchar sin mover la cabeza. La banda demuestra que, incluso con recursos mínimos, sabía crear buen rock and roll cargado de electricidad. Aquí no hay coros pegajosos ni efectos de estudio – solo riff a piñón fijo y actitud macarra.

Cuando llega la tercera canción, el tema título Flick of the Switch, encontramos uno de los platos fuertes del álbum. Construida alrededor de un riff principal sencillamente demoledor, la canción engancha al instante por su groove y simplicidad efectiva. Angus y Malcolm sacan chispas de sus guitarras con ese riff de alto voltaje, mientras Brian Johnson interpreta con entrega absoluta. La base rítmica mantiene un pulso sólido y contundente. El resultado es un tema pegadizo, potente, sin una pizca de grasa: hard rock en estado puro. En contraste llega Nervous Shakedown, que baja las revoluciones y nos mece con un blues denso y pantanoso. Aquí AC/DC se pone pesado de verdad: el riff principal es primitivo, machacón, casi tribal, marcando un medio tiempo aplastante. Cliff y Phil construyen un groove monolítico, repetitivo a propósito, mientras Brian adopta un tono más contenido y rítmico, casi escupiendo la letra entre dientes, acorde al ambiente tenso de la canción. El cierre de la cara A viene con dinamita pura: Landslide acelera el tempo de golpe, entregando uno de los cortes más rápidos y cañeros que la banda grabó en los 80. La energía aquí es contagiosa: puro nervio rockero que recuerda a la fiereza de Let There Be Rock (1977) pero en versión concentrada. Los redobles de Phil Rudd en la batería añaden emoción extra, y el solo de Angus, veloz y al grano, encaja a la perfección. 

La cara B abre con otro momento estelar: Guns for Hire. Un punteo inicial épico y retumbante nos pone la piel de gallina al instante, antes de explotar en un riff robusto y guerrero. La canción destila actitud de sobra, y presenta a unos Young inspirados en los fraseos de guitarra. Es incomprensible que AC/DC no la toque más en vivo hoy en día, porque tiene madera de himno. De hecho, el tema fue rescatado años después para la banda sonora de Iron Man 2 (2010), aunque en los conciertos sigue siendo una rareza injustamente olvidada. En seguida le sigue Deep in the Hole, quizá el corte más sencillo y minimalista de todo el LP. Aquí no hay intro grandilocuente ni arreglos complejos, pero ¡vaya si funciona! El riff principal, directo al hueso, y el ritmo cadencioso logran exactamente lo que se proponen: que asentemos el pie y la cabeza al compás. A diferencia de “Nervous Shakedown”, esta canción sí culmina lo que promete con su sencillo planteamiento; no será la más memorable del lote, pero mantiene alto el nivel y añade variedad con su feeling casi de jam pesada.

Entrando en la recta final, Flick of the Switch nos regala otro momentazo con Bedlam in Belgium. Este tema lo tiene todo para ser un clásico: riff afilado de sabor Powerage (1978), base rítmica acelerada y una historia genial detrás. ¿De qué va “Bedlam in Belgium”? Sus letras narran un incidente real ocurrido en 1977 en un concierto de AC/DC en Bélgica, que terminó en batalla campal contra la policía local (la banda había excedido el horario de ruido permitido y se armó la de Dios). Brian Johnson, aunque no estuvo allí (él entró al grupo años después), escribió la letra metido en el papel de quien vivió aquel caos: He gave me a crack in the back with his gun / Hurt me so bad I could feel the blood run” (“Me dio un culatazo en la espalda con su arma / me hizo tanto daño que sentí correr la sangre”), canta, evocando los porrazos de los gendarmes. Son versos crudos y vibrantes, muy al estilo Bon Scott. Musicalmente, “Bedlam in Belgium” es pura adrenalina: ritmo veloz, Malcolm y Cliff marcando el paso con precisión, y Brian desgañitándose de forma superenergética hasta llevarte en volandas al éxtasis del solo de Angus. La guitarra líder aquí echa humo, con Angus desatado sobre la base rítmica que no afloja. El resultado es un temazo directo y rebelde que captura a la perfección la esencia gamberra de AC/DC: rock ’n’ roll peligroso, sin ley, ideal para corear puño en alto.

Tras semejante tralla, Badlands desacelera apenas medio paso, proponiendo un medio tiempo pesado con cierto aroma blues sureño. Es un corte que podría haber encajado en For Those About to Rock por su tempo más pausado y grandilocuente, aunque aquí aparece desnudo, sin los brillos de producción de aquel álbum. La canción tiene un deje country/blues en sus riffs, evocando paisajes polvorientos (como su título sugiere). Si bien Badlands no alcanza el nivel de las joyas que la rodean en el tracklist, desempeña bien su papel: aporta variedad tonal, un respiro relativo, y permite a Brian lucir un tono vocal más melódico dentro de su registro rasposo. El estribillo es menos inmediato, pero el tema va ganando con las escuchas y demuestra que incluso en modo contenido, AC/DC suena potente. Finalmente, el disco cierra con Brain Shake, una inyección de rock acelerado y fiestero para despedir a lo grande. Aquí la banda retoma la velocidad y la picardía: Riff principal sencillo pero efectivo, ritmo enérgico y Brian gritando con desenfreno. Algunos la han considerado una canción extraña o menor en el catálogo, pero muchos fans (incluidos los más acérrimos) la defienden a muerte. ¿Por qué? Porque “Brain Shake” es divertidísima y 100% AC/DC. Cuando el último acorde resuena, uno queda con la adrenalina por las nubes y una sonrisa de oreja.

Aunque su recepción comercial fue más tibia que la de sus predecesores, con el tiempo Flick of the Switch ha sido reivindicado por fans y críticos como uno de sus discos más honestos. Aquí no hay artificio ni intención de gustar a todos: es AC/DC mirando de frente, enchufando el ampli y diciendo “esto es lo que hacemos, y si no te gusta, que te den”. Hoy, más de cuatro décadas después, el disco sigue siendo un ejemplo para las bandas que buscan autenticidad: una lección de que no hace falta adornar el rock para que sea potente, y de que la actitud lo es todo. Este álbum no solo capturó a la banda en su versión más cruda, sino que dejó un legado de integridad y fuerza bruta que aún inspira a muchas formaciones.

FORMACIÓN:
– Brian Johnson – voz
– Angus Young – guitarra líder
– Malcolm Young – guitarra rítmica y coros
– Cliff Williams – bajo y coros
– Phil Rudd – batería

TEMAS:

  1. Rising Power

  2. This House Is on Fire

  3. Flick of the Switch

  4. Nervous Shakedown

  5. Landslide

  6. Guns for Hire

  7. Deep in the Hole

  8. Bedlam in Belgium

  9. Badlands

  10. Brain Shake

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