«Cuando la oscuridad y la belleza chocan para crear magia»

Crónica y fotos por PolMetalhead

El pasado 28 de octubre, la Sala Salamandra de L’Hospitalet de Llobregat acogió una noche dedicada al Metal más oscuro con la visita de los italianos Messa, acompañados por los alemanes The Night Eternal.

Dos propuestas musicales bastante diferentes, pero con un denominador común: una enorme calidad instrumental y una personalidad propia muy marcada. Una velada que prometía mucho sobre el papel y que terminó convirtiéndose en uno de los conciertos más destacados de mi año.

The Night Eternal: 

La velada arrancaba con los alemanes The Night Eternal, una formación que ya había tenido la oportunidad de ver anteriormente y que volvió a demostrarme por qué son una de las propuestas más interesantes del Heavy Metal actual. Desde los primeros compases dejaron claro que venían dispuestos a darlo todo, ofreciendo un sonido realmente bueno y una ejecución instrumental prácticamente impecable.

Uno de los grandes protagonistas fue el guitarrista Rob Richter, que empezó a repartir solos afiladísimos desde el primer tema. Su virtuosismo y la facilidad con la que se adueñaba de las composiciones resultaron impresionantes, aunque tampoco podemos olvidarnos de Ricardo Baum, un vocalista con una voz muy personal, potente y que encaja a la perfección con la propuesta musical de la formación. Además, demostró ser un auténtico frontman, sabiendo conectar con el público y liderar a una banda tremendamente sólida sobre el escenario.

Entre los primeros grandes momentos destacó Eurydice (Don’t Look Back), una composición con un estribillo tremendamente pegadizo que entró de maravilla en directo. Sin embargo, uno de mis momentos favoritos de su actuación llegó con Prince of Darkness, una auténtica barbaridad musical en la que la batería adquirió un protagonismo enorme, acompañada de unos riffs demoledores. Sin duda, uno de mis temas favoritos de la formación y una demostración de lo bien que saben combinar contundencia y melodía.

Tampoco se quedó atrás Caught in a Spell, que volvió a regalarnos unos riffs espectaculares que me recordaron inevitablemente a una cabalgata hacia el campo de batalla. Un tema con ese espíritu épico del Heavy Metal más clásico, coronado por otro solo de guitarra extraordinario y un estribillo potentísimo. Fue una de esas canciones que te recuerdan por qué este género sigue teniendo tanto que ofrecer.

El bajo también encontró sus momentos de protagonismo durante la actuación, aportando una base contundente y demostrando que el buen funcionamiento del conjunto no dependía exclusivamente de las guitarras. Y es que, más allá de las exhibiciones individuales, una de las mayores virtudes de The Night Eternal fue precisamente la solidez del grupo.

También hubo tiempo para presentar material reciente, y nuevamente Rob Richter volvió a enfundarse su particular capa de héroe para regalarnos otro solo absolutamente espectacular. Una composición que me dejó con muchas ganas de seguir explorando su nueva etapa discográfica y comprobar hasta dónde puede llegar una banda con semejante potencial.

Otro de los momentos más destacados llegó con Elysion (Take Me Over), donde Ricardo Baum ofreció una verdadera exhibición vocal, dejando patente su enorme capacidad interpretativa y su dominio de los registros más exigentes.

La actuación terminó de la manera más contundente posible, apostando por una composición más rápida y agresiva que el resto del repertorio, con una orientación cercana al Speed y al Thrash Metal. Los riffs se aceleraron y hasta pudimos disfrutar de unos gritos rasgados extraordinarios por parte de Ricardo Baum, que sacó a relucir una faceta vocal todavía más salvaje.

Una actuación sobresaliente de una banda que, pese a los contratiempos que casi les impidieron llegar al concierto, terminó ofreciendo una auténtica exhibición de Heavy Metal. The Night Eternal tiene grandes músicos, composiciones de enorme calidad y, sobre todo, la actitud necesaria para seguir creciendo. Una apertura difícil de superar.

Messa:

Tras semejante exhibición de Heavy Metal, llegaba el turno de los italianos Messa, una formación que había despertado enormemente mi interés gracias a su particular manera de combinar el Doom Metal con elementos del Rock Progresivo, el Jazz y otras influencias. Sin embargo, por mucho que me gustase su propuesta sobre el papel, no estaba preparado para lo que iba a presenciar aquella noche.

Desde los primeros compases de Babalon quedó claro que estábamos ante algo verdaderamente especial. Sara Bianchin posee una voz absolutamente increíble, capaz de transmitir una sensibilidad y una fuerza difíciles de describir, mientras que Alberto Piccolo demostró desde el primer momento ser un guitarrista excepcional. Su ejecución fue prácticamente perfecta y sus intervenciones solistas alcanzaron un nivel espectacular.

Lo más curioso de Messa es que apenas necesitan moverse sobre el escenario. No encontramos las carreras, los saltos ni los gestos exagerados habituales de otras formaciones, pero tampoco los necesitan. Su música es capaz de llenar por completo el espacio y atrapar al espectador gracias a la intensidad de sus interpretaciones. Una presencia escénica construida a partir de la propia música que resulta absolutamente hipnótica.

Con Fire on the Roof continuaron desarrollando esa atmósfera tan particular, acompañada de otro riff absolutamente extraordinario que volvió a demostrar el enorme talento compositivo de la formación. El sonido de las guitarras, la profundidad del bajo y la extraordinaria interpretación vocal formaban un conjunto tremendamente compacto en el que cada instrumento tenía su espacio.

En este sentido, también merece una mención especial el trabajo del bajista, fundamental para construir esas atmósferas oscuras y pesadas que caracterizan la propuesta del grupo. Lejos de limitarse a acompañar las guitarras, su instrumento aportaba una profundidad extraordinaria a las composiciones.

A medida que avanzaba la actuación, Messa fue desplegando todo su universo musical, alternando pasajes delicados y casi introspectivos con explosiones de una contundencia abrumadora. Por momentos me vinieron a la cabeza los suecos Avatarium, especialmente por esa capacidad de combinar riffs densísimos con una voz femenina de enorme personalidad y un componente melódico muy marcado. Aunque ambas formaciones tienen identidades muy diferentes, considero que comparten esa habilidad para dotar al Doom Metal de una elegancia y una sensibilidad extraordinarias.

Uno de los momentos más contundentes llegó con Thicker Blood, un auténtico temazo que me dejó completamente impresionado. Su riff principal es una barbaridad y los constantes cambios de ritmo convierten la composición en una auténtica montaña rusa musical. Por momentos resultaba imposible mantener la cabeza quieta, demostrando que Messa, además de emocionar con sus pasajes más delicados, también saben ser absolutamente demoledores cuando se lo proponen.

Pero si hubo un instante que consiguió elevar todavía más el nivel de la actuación, ese fue Immolation. Después de tanta intensidad instrumental, la banda nos regaló uno de los momentos más íntimos y emocionantes de toda la velada. La interpretación de Sara Bianchin fue sencillamente estremecedora, transmitiendo cada palabra con una sensibilidad que consiguió crear una atmósfera verdaderamente mágica.

Fue uno de esos momentos en los que la música parece detener el tiempo y todo lo demás desaparece. Sin necesidad de grandes artificios, solamente a través de la interpretación y la emoción, Messa consiguieron ofrecer una de las experiencias más especiales que he vivido en una sala de conciertos durante este año.

Y es precisamente ahí donde reside la grandeza de esta formación. Su música puede ser oscura, pesada y compleja, pero también extraordinariamente bella. Las composiciones se desarrollan con una naturalidad asombrosa, pasando de la delicadeza más absoluta a una contundencia capaz de hacer temblar la sala. Todo ello con una ejecución instrumental soberbia y una personalidad musical que los diferencia claramente de buena parte de sus contemporáneos.

Pocas veces he visto a una banda conseguir tanto haciendo aparentemente tan poco sobre el escenario. Messa no necesitan grandes movimientos ni artificios visuales porque cada riff, cada solo y cada intervención vocal consiguen mantener al público completamente cautivado.

Sin ninguna duda, uno de los mejores conciertos que he presenciado durante 2026. Una actuación de una calidad musical extraordinaria que me permitió descubrir la verdadera dimensión de una formación que, después de esta noche, ha conseguido ganarse un lugar muy especial entre mis experiencias musicales recientes.

Deja una respuesta