«Preludio de una Leyenda»

Escrita por Christian Darchéz

Hace muy pocas horas se supo la triste noticia del fallecimiento del cantante Saúl Blanch, uno de los mejores cantantes que haya dado la escena argentina de rock pesado y el metal, a los 75 años de edad luego de estar hospitalizado durante varias semanas. La noticia fue confirmada por el afamado periodista César Fuentes Rodríguez, quien también agregó que los familiares de Blanch no quieren exposición de ningún tipo y que tampoco se llevará a cabo un velatorio, ya que se fue como él quiso: a puro rock. Con su partida se apagó una de las mejores voces que nos haya dado el rock y el metal en Argentina, pero no así un legado que hoy ya es inmortal. Primero queda hacer un poco de historia: tras un breve paso por V8 reemplazando a Osvaldo Civile en 1985, el guitarrista Walter Giardino (ex Punto Rojo) tendría vía libre para darle forma a una idea que tenía dando vueltas hace tiempo: formar a Rata Blanca. Uno de los primeros aliados para esta aventura lo tendría en el baterista Gustavo Rowek (ex V8), quien se había interesado en algunas de las canciones que Walter Giardino compuso para V8, pero que el bajista Ricardo Iorio descartó al sentir que no encajaban con la propuesta del grupo; aunque tuvo que pasar un poco de tiempo para que tras algunos cambios de formación Giardino encontrara un plantel más estable con el guitarrista Sergio Berdichevsky, el bajista Guillermo El Negro Sánchez (QEPD), el baterista Gustavo Rowek y la última incorporación sería la del cantante Saúl Blanch (ex Plus y WC). Fiel a su filosofía de pulimiento y profesionalismo, Giardino optó más por ensayar que por salir a tocar con el objetivo de estar mucho más aceitados y afilados a la hora del primer show oficial, y tras 2 años de arduo trabajo en salas de ensayo la banda se presenta en el Teatro Luz y Fuerza de San Telmo ante 600 personas. Tras la buena acogida del primer show, la banda hace su segundo show en septiembre de ese mismo año en el Teatro La Salle, pero tras ese show Blanch abandona la banda asegurando que el grupo tenía buenas intenciones y una gran propuesta musical, pero siempre terminaban con números rojos, puesto que los shows no dejaban ganancias y todo se hacía a pulmón. Para cubrir el puesto vacante, Giardino convoca al cantante Carlos Périgo para un tercer show en enero de 1988 en el Teatro Fénix de Flores (ciudad natal de Walter Giardino), quien brindó el tema Días duros, que originalmente se llamaba Un camino nuevo. Luego de ese único show, Périgo debió dejar la banda por problemas de salud. Viendo el potencial de la propuesta, el sello PolyGram se interesa en ellos y les ofrece un contrato para grabar el primer disco, pero surge otro problema: teniendo las guitarras y las bases ya grabadas y faltando una semana para terminar la producción, el cantante Shito Molina sufre varias complicaciones de salud que lo dejan sin voz. Otra vez sin cantante, Giardino convoca a Lowy Novello, quien se queda solo para un par de ensayos. Pero el tiempo se acababa y Novello no estaba listo para grabarlo, por lo que se llama nuevamente a Blanch, ya que conocía las canciones, y tras su visto bueno se meten al estudio para registrar una placa histórica y, a modo de homenaje para él, aquí les traigo la reseña del debut de Rata Blanca.

El debut homónimo de Rata Blanca, editado el 24 de octubre de 1988, mostraba una banda enrolada en un heavy metal de corte clásico con mucha potencia, virtuosismo y arreglos en las guitarras, sobre todo en la de su líder Walter Giardino; todo un enamorado del legado de Ritchie Blackmore, tanto con Deep Purple como con Rainbow, siendo esta quizás la influencia más notoria, al igual que los autores de música clásica. También se diferenciaban de muchas bandas de la época por las temáticas de sus letras, que iban desde el amor a la fantasía, aunque no temían abordar otras temáticas más sociales, por decirlo de alguna forma. La faena metalera la abre el colchón de teclas de la marcha media y machacosa y riffera de las guitarras de Giardino y Berdichevsky de La misma mujer, con la base rítmica amurallada de Rowek y Sánchez y, por último, la estupenda labor de la voz hiperaguda de Blanch, entrando por la puerta grande, corona un temazo portador de un solo virtuoso de esos con los que Giardino nos acostumbraría más adelante, pasando por la rápida y pesada Solo para amarte, en que Blanch nos regala unos agudos bien de metal clásico en un tema que bebe mucho de Rainbow y que hoy es uno de los clásicos indiscutibles del grupo, y la primera bajada llega con el machaque y riff en plan hard rockero de la marcha lenta acompañada con teclas de Gente del sur, con una letra dedicada a los caídos de la guerra de Malvinas. La velocidad y el machaque trepidante con la muy speed Rompe el hechizo, que cuenta con un gran trabajo de Rowek, que ya tenía experiencia creando bases pesadas y rápidas, y se corona con un gran solo, al igual que Blanch con sus hirientes agudos. Luego llegaría otro gran clásico que hoy ya es inmortal: la marcha machacosa y virtuosa de la gran El sueño de la gitana, donde Blanch deja la garganta y el alma con una tremenda performance de antología, y la marcha media y pesada de la tremenda Chico callejero, portadora de un riffazo para una letra de corte social al que le sigue un gran solo, y si hablamos de solos, ahí está el instrumental Preludio obsesivo, con Giardino prendiendo fuego a su Stratocaster blanca, que solo es secundado por algunos colchones de teclados, en el que el guitarrista argentino se gana merecidamente el título de alumno aventajado de Blackmore junto con el sueco Yngwie Malmsteen. Para el final llega la marcha acelerada y el riff de metal clásico de la extensa El último ataque, portadora de un larguísimo solo y pasaje, y la onda folk de la guitarra acústica de Otoño medieval cierran un auténtico discazo.

Rata Blanca, al momento de su edición, contó con una recepción muy positiva por parte de la prensa especializada y, aunque no fue un éxito de ventas descollante (más teniendo en cuenta la situación económica del país, que se dirigía a un colapso apenas un año después), le fue muy bien en ese campo, vendiendo unas 20.000 copias y 7 meses después fue certificado disco de oro, gracias en parte a El sueño de la gitana como corte de difusión que atrajo a gente que no estaba relacionada con el metal y a Chico callejero, que se convirtió en uno de sus primeros himnos; pero claro que dicha exposición atraería el recelo del público más afín a un metal de corte más nacionalista y combativo, cosas que le importarían muy poco a un Giardino por demás contento con el resultado del disco. Tras algunas fechas de presentación y ya con Hugo Bistolfi como tecladista fijo de la banda, Saúl Blanch, ya de 38 años por aquel entonces, decide abandonar la banda en 1989. Cuando todo parecía perdido, un amigo de la banda le presenta a Giardino al cantante Adrián Barilari y, aunque este no estaba convencido con la idea, sus amigos lo animan a hacer una audición en la casa de Giardino. ¡El resto es historia! Y así Saúl Blanch, con un solo disco, entró por la puerta grande en el metal y, aunque no tuvo una carrera solista precisamente prolífica, ya que tuvo solo a Fiel a sus fieles (1990) y Refugiado (2006), contó para siempre con el legado de un disco inmortal que, pese a los prejuicios, hoy ostenta el título de clásico del metal argentino, y que no tenía nada que envidiarle a las bandas de afuera.

¡Hasta siempre y gracias por todo, Saúl Blanch!

Rata Blanca (1988)

Saúl Blanch: voz
Walter Giardino: guitarra
Sergio Berdichevsky: guitarra
Guillermo Sánchez: bajo
Gustavo Rowek: batería

Tracklist

  1. La misma mujer
  2. Solo para amarte
  3. Gente del sur
  4. Rompe el hechizo
  5. El sueño de la gitana
  6. Chico callejero
  7. Preludio obsesivo
  8. El último ataque

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