
«Treinta años sin arrodillarse”
Escrita por Bjorn
Hay bandas que necesitan reinventarse para seguir vivas. Amon Amarth ha hecho algo bastante más jodido: conseguir que tres décadas después siga sonando a Amon Amarth. Y eso es exactamente lo que nos encontramos en The Allfather Awakens, decimotercer asalto de una banda que hace tiempo dejó de ser simplemente una formación de death metal melódico para convertirse en una institución del metal contemporáneo.
The Allfather Awakens llega cuatro años después de “The Great Heathen Army”. No estamos ante una revolución. No han dejado de ser Amon Amarth. El resultado son diez canciones y 46 minutos en los que convive el Amon Amarth de toda la vida con pequeñas grietas por las que entra algo nuevo. El ejemplo más evidente es “Upphaf”, su primer tema acústico, pero el cambio va bastante más allá.
El disco no podía empezar de otra manera. Gjallarorn es el toque de corneta que anuncia que los dioses vuelven a caminar entre nosotros. Entran como si llevaran cuatro años esperando detrás de una puerta con un hacha en la mano.La letra recupera el sacrificio de Odín para beber del pozo de Mímir y obtener sabiduría. Hegg está enorme. Su voz sigue teniendo ese punto de rugido cavernoso que ya es prácticamente una firma registrada. Primer golpe y ya tienes claro que estos cabrones han vuelto.
Si “Gjallarhorn” abre las puertas, Eight legs of thunder entra montado en Sleipnir y derriba la puta puerta. Aquí Amon Amarth se van directamente al campo de batalla. La canción cuenta la historia del caballo de ocho patas de Odín cabalgando junto a su amo hacia el Ragnarök, sabiendo que la muerte está escrita de antemano. Musicalmente es una auténtica cabalgada. Las guitarras galopan, la batería empuja y el bajo de Ted Lundström mantiene todo ese monstruo sobre las vías. Con Kvasir’s blood empieza a aparecer el lado más interesante del disco. La historia de Kvasir es una de las más salvajes de la mitología nórdica: un ser nacido de la sabiduría de los dioses, asesinado para convertir su sangre en el famoso hidromiel de la poesía y el conocimiento. Las guitarras tienen ese sabor melódico marca de la casa, pero hay una oscuridad especial en el conjunto. Hegg narra la historia desde dentro, como si estuviera contando una leyenda alrededor de una hoguera que poco a poco se convierte en una carnicería. Hay menos sensación de himno inmediato y más intención narrativa.
La canción que hará que el público acabe remando es We Rule the Waves. Es Amon Amarth en su versión más grande, más directa y más descaradamente himn. Mar abierto, camaradería, guerra, y orgullo y ese concepto tan suyo de convertir una historia vikinga en una canción que parece escrita para treinta mil gargantas. Puede que We Rule the Waves no sea la canción más arriesgada del álbum, pero sí es una de las que mejor explica por qué esta banda ha llegado tan lejos.
Y entonces ocurre algo que hace unos años habría parecido una broma, una canción acústica.
Entra Upphaf que significa “origen” y adapta los primeros versos de la Völuspá, la gran profecía de la tradición nórdica. Paran, respiran, y dejan que la historia hable. Las guitarras acústicas crean una atmósfera casi ancestral mientras Hegg abandona por momentos el rugido y adopta una interpretación mucho más contenida. Lo más cercano que a imaginar cómo podría haber sonado una historia de la tradición nórdica alrededor de una hoguera. Con Die With a War Cry volvemos a sacar el hacha. Pero cuidado, la letra va mucho más hacia dentro: oscuridad, caos, miedo, dudas, pérdida de control y la decisión de plantar cara aunque sabes que no puedes escapar de tu destino. Es directa y contundente. Tres minutos y medio bastan para que Wallgren aporree los tambores, las guitarras entren a cuchillo y Hegg convierta el mensaje en una orden militar. Raven God vuelve a desplegar esa fórmula que Amon Amarth dominan como pocos: riff pesado, melodía reconocible y un estribillo que entra directamente por la puerta grande. Las guitarras tienen una tonalidad especialmente épica y Hegg parece menos interesado en contar una batalla que en describir una presencia. Odín está mirando y tú tienes la incómoda sensación de que, hagas lo que hagas, alguien ya lo sabe.
Con The Allfather Awakes llegamos al corazón conceptual del disco. Odín aparece como el Allfather, pero también como símbolo de una sabiduría dormida que necesita despertar. No es probablemente el corte más demoledor del álbum. Es algo más importante: es el que explica de qué va realmente todo esto. Con Odent’s Hunt vuelven a ponerse realmente cabrones. La historia es magnífica: una persecución nocturna, miedo, un anciano, una advertencia, ocho cascos golpeando la oscuridad y finalmente la aparición del propio Odín. El protagonista intenta sobrevivir mediante el engaño. Es uno de los cortes más divertidos y agresivos del disco.
Uno de los grandes trallazos del álbum.
Cerrar un álbum de Amon Amarth con casi siete minutos es jugársela. Y aquí la jugada sale bien. Ascending Like An Eagle es posiblemente la canción más ambiciosa del disco y también la que más claramente rompe con la estructura de “riff-estribillo-riff-estribillo”. No se trata de eliminar tus demonios, sino de aprender a elevarte por encima de ellos. Las guitarras tienen más espacio y la canción va adquiriendo altura poco a poco. No es simplemente “el tema largo para cerrar el disco”. Es una despedida. THE ALLFATHER HAS AWAKENED
Lo más fácil sería decir que The Allfather Awakens es otro disco de Amon Amarth.
Y sería verdad. Pero sería quedarse en la superficie. Porque precisamente ahí está el mérito: han conseguido evolucionar sin traicionarse.
La producción de Jacob Hansen vuelve a ser enorme, limpia y musculosa, Las guitarras,siguen siendo el auténtico corazón de esta banda. Y gracias a Odín por ello. Un disco sobre el precio de la sabiduría. Sobre enfrentarse al miedo. Sobre resistir cuando no puedes ganar. Sobre memoria. Sobre conocimiento. Sobre caer al inframundo y encontrar la manera de volver a salir. Eso hace que el álbum tenga más profundidad de la que su estética de guerrero vikingo podría hacer pensar.
VEREDICTO 8,5/10
Amon Amarth
Canciones

