«La consolidación de un gran festival»
Crónica por PolMetalhead, Fotos ofiiciales del festival
Llegaba la segunda jornada de este Rock the Sun y tengo que decir que fue apoteósica. Todos los conciertos, en todos los aspectos, rozaron la perfección. El anterior día ya fue espectacular, pero es que este fue como si cada banda que salía al escenario intentara ser mejor que la anterior. Impresionante.
Lonely Fire
Eran las 16:00 y, con bastante calor, los cartagineses Lonely Fire salieron al escenario a comérselo,
y eso que contaban solo con 30 minutos para demostrar lo buenos que son y que en nuestro país también tenemos grandes bandas de este género. Os puedo asegurar que, después de muchos comentarios que escuché tras su actuación, lo consiguieron y con creces.
La banda arrancaba con todo con Sin City. Sin apenas pausa, atacaron justo después con Learn to Rock, primer sencillo de lo que será su próximo disco, con un Frank Roses a la voz totalmente desatado, llegando a agudos imposibles. Seguíamos con Frontline, último single hasta la fecha de la banda, muy bien recibido por los asistentes. Hay que decir que para esta hora había bastante más gente que el anterior día con Redshark.
Más heavy es More Than a Miracle, con ese comienzo metalero y con cambios de ritmo que te transportan a la época de Dokken, Tesla y demás. Aquí tengo que resaltar las guitarras de Nano y Carlota Agatha, que se iban intercambiando, creando un sonido propio que nos dejaba con la boca abierta.

Para la recta final nos regalaban dos temazos de su único disco editado hasta la fecha, The Last Ride. Las canciones en concreto fueron Casual Encounter y, para el final, Victory. Este último ya convertido en himno del grupo y uno de los temas más esperados, según se vivió en el Rock the Sun este día.
Jolly Joker
«Oh my God, it’s amazing». Estas fueron las palabras que escuché de una turista británica una vez acabado el bolazo que nos dieron en la Ciudad Condal. ¡Espectacular!
No sé si es porque tocaban el mismo día que algunas de las bandas con las que habían crecido, como Faster Pussycat o Michael Monroe, pero he visto muchas veces a los valencianos Jolly Joker en directo y, aunque todos fueron muy buenos por una u otra cosa, lo de ese día fue otra historia. Tenían media hora, sí, ¡pero qué media hora!
Con el recinto ya hasta la bandera, la banda salió a demostrar que no habían venido de paseo para nada. Arrancaban con la sexta marcha puesta con Sky Is So High y ya nos hicieron levantar los puños y saltar junto a ellos, con su frontman, Lazy Lane, en un estado estelar.
Siguieron con Shotgun. Rock and roll de alta calidad se estaba apoderando del escenario del Rock the Sun. El público estaba entregadísimo con ellos y la banda lo notaba. Qué mejor manera de congraciarse con ellos que regalándoles dos clásicos, primero World Collapse para luego seguir con Damage.

Ya la banda se desataba completamente y ver la felicidad de Yannick a la guitarra y Andy al bajo te llenaba de emoción, como pude confirmar cuando estuve hablando con ellos un rato después del concierto y aún seguían con la adrenalina encima.
Blood Velvet hizo que nos transportáramos a Los Ángeles de finales de los 80 y con I Just Wanna (Kiss You) nos hicieron bailar, saltar, cantar… Llegaba el final con Rockin’ in Stereo, el himno del grupo y su tema más conocido. En el Rock the Sun se hizo aún más grande de lo que es, y es mucho.
Acabamos todos con ganas de que esto no se acabara nunca, pero aún quedaba mucho día y muchas bandas. Fue poco tiempo, pero dudo que nadie olvide el concierto de Jolly Joker aquella tarde en el Barcelona Rock the Sun.
Chez Kane
Un torbellino pasó por Barcelona. Este sería el titular que pondría al concierto de la vocalista británica a su paso por la Ciudad Condal. Ya con las tres primeras canciones, Personal Rock N’ Roll, Too Late for Love y Love Tornado, convirtió el recinto del Rock the Sun en una auténtica caldera. Todos nos volvimos locos con el despliegue de voz, movimientos y el buen hacer de Chez Kane.
Pero, aparte de la cantante galesa, tengo que mencionar a los guitarristas Harry Scott Elliott, también guitarrista de Tyketto, y James Ready. Si en el Leyendas del Rock Harry fue el que ocupó casi todo el protagonismo con el instrumento, esta vez fue James el que nos dejó anonadados. La pareja estaba constantemente riéndose, jugando y, lo más importante, pasándolo como niños en el escenario. Cuando tenían que hacer los solos, era impresionante.

La vocalista estaba en su salsa y cogió su guitarra para interpretar dos temas de su nuevo trabajo, Reckless: la canción que da título al disco, Reckless, y Bad Girl. Llegaba el momento de un repaso a su anterior obra con Love Gone Wild y volvíamos a su trabajo más reciente con Strip Me Down, su nuevo single, y Tongue of Love.
Llegaba el final del concierto, que, por cierto, como hizo en el Leyendas del Rock, alargó un poco y se salió de la hora, con dos cortes que nos hicieron brincar y cantar como locos. Primero Rocket on the Radio, con ese estribillo tan pegadizo que ya se saben todos sus fans, como pudimos comprobar, para acabar a lo grande con la hiperrockera Powerzone.
Impresionante show de Chez Kane, una pieza más del puzle perfecto que fue esta jornada, que quedará para siempre en el recuerdo. Como anécdota, la vocalista nos narraba que estaba muy feliz por tener a sus padres entre el público y, para colmo, era el cumpleaños de su padre. Evidentemente, le cantamos el cumpleaños feliz.
Si Chez Kane estuvo impresionante, lo que venía a partir de aquí fue para quitarse el sombrero. Lo siguiente: Faster Pussycat.
Faster Pussycat
Llegaba uno de los momentos más esperados de la jornada. Faster Pussycat, anunciados cuando el cartel ya parecía cerrado, aterrizaban en Barcelona para traer consigo una buena dosis del hard rock americano de finales de los 80. Buena parte de su repertorio sigue bebiendo de sus dos primeros discazos, Faster Pussycat (1987) y Wake Me When It’s Over (1989), y había muchas ganas de comprobar cómo sonarían tantos años después.
Puntuales como un reloj, a las 19:20 saltaba al escenario la banda liderada por Taime Downe. Junto a él, sus viejos escuderos Danny Nordahl al bajo y Chad Stewart a la batería, acompañados por Ace Von Johnson y Chris Borell a las guitarras.
Arrancaron con Motorbike, su tema de 2025, para lanzarse inmediatamente a por Don’t Change That Song y Cathouse. Sin respiro llegó Slip of the Tongue y el recinto parecía estar a punto de venirse abajo, con todo el mundo cantando, saltando y rebosante de felicidad. Mención aparte para Danny Nordahl, que, con el calor que hacía y ataviado con traje, bufanda y sombrero, tendría que estar sufriendo un poco el hombre.

Después llegaba un tema menos conocido, pero no por ello peor, Like a Ghost, antesala de una traca final imposible de olvidar. Primero, el gran hit de los californianos, House of Pain, llenó el recinto de emoción, lágrimas y un sentimiento que costará mucho olvidar. Era impresionante ver cómo todo el mundo cantaba mientras un Taime Downe visiblemente emocionado daba las gracias al terminar la canción.
Pero estábamos allí para disfrutar y, aunque aquel momento ya no nos lo quita nadie, tocaba volver a saltar, cantar y acabar exhaustos en un concierto que muchos llevábamos décadas esperando.
You’re So Vain, la pedazo de versión de Carly Simon, que estaba muy claro que todos conocíamos, nos hizo volvernos locos y volver a ser jóvenes, por lo menos en mi caso. Where There’s a Whip There’s a Way nos devolvió 40 años atrás, antes de afrontar el final con Bathroom Wall y Babylon. En esta última subieron varios invitados a hacer los coros, entre ellos Lorraine Lewis, de Femme Fatale, llevándonos al éxtasis final.
Un concierto que se nos quedará grabado a todos los que estuvimos allí.
Treat
Era el momento de los cocabezas de cartel, los legendarios Treat y su gira de despedida. Este show también servía de presentación de su nuevo trabajo, The Wild Card, para mí de lo mejor del pasado 2025. Una banda infravalorada. No sé qué hubiese pasado si, en vez de ser de Suecia, hubieran salido de las islas británicas o Estados Unidos. También les tocó lidiar con el éxito de sus compatriotas Europe, que, al contrario que ellos, sí tuvieron el éxito que se merecían.
Según decían, este era el último concierto de la gira y, si era la gira de despedida, ¿estábamos ante el último concierto de la historia de Treat? Pues esperemos que no, porque después de disfrutar de su directo os puedo confesar que fueron una de las mejores bandas de todo este fin de semana.
Eran las 20:45 y, con el sol ya abandonándonos, el quinteto de Estocolmo saltó al escenario con One Minute to Breathe, de su última obra. Con un sonido impecable, un telón gigantesco con la portada de este último disco y una puesta en escena impresionante, llegaron a dejarnos con la boca abierta.
Destacar sobre todo a un Robert Ernlund en un estado vocal excepcional y que no dejaba de animar a los presentes. Le acompañaba su fiel escudero Anders “Gary” Wikström a la guitarra, juntos desde 1981. Junto a ellos, Jamie Borger en la batería, miembro de la banda desde 1987 y que volvió a reunirse con el grupo en 2006, en la ya mítica reunión de la banda de hace 20 años, Patrick “Green” Appelgren a los teclados y, para acabar, Nalle Påhlsson, bajista del grupo también desde la reunión.
El show continuaba con Paper Tiger, del impresionante Coup de Grace (2010), del cual cayeron hasta cuatro temas, siendo el disco con mayor presencia en el repertorio. 1985 fue el último de los temas que tocaron de The Wild Card, muy bien recibido por los allí presentes, con ese estribillo facilón que tanto les gusta hacer a los suecos.

Volvíamos a viajar a Coup de Grace para disfrutar de uno de los temas de la noche, Skies of Mongolia. Una canción alucinante que hizo que nos dejáramos la voz, literalmente, con su impresionante estribillo. ¡Cómo me gusta esta canción!
Nos iban a hacer saltar con el siguiente tema, Rev It Up, con ese riff tan ochentero, haciéndonos disfrutar de un momento mágico. Tras esto vivimos un momento inolvidable, con todo el público cantando el siguiente tema, Home of the Brave. Parecía que hasta al cantante, Robert Ernlund, le costaba seguir con el tema entre el sonido ensordecedor y la emoción. Acababa dando las gracias por el apoyo y nosotros dando las gracias por semejante recital.
Continuábamos con The Endgame (2022) y el corte Preludian Skies, que, aunque no mantuvo el éxito de la anterior entre el público, sí cosechó una gran ovación. Llegaba el momento más tierno con la balada We Own the Night, tiempo para disfrutar del grupo. Un tema que se nos quedaría a todos en el corazón y que sirvió para relajarnos para lo que vendría a continuación.
Lo siguiente fue lo mejor para mí y para muchos de los asistentes de todo el festival. Primero Roar, que sonó hiperheavy para la ocasión, con la guitarra de Anders y el bajo de Nalle más potentes que nunca. Y ahora hay que quitarse el sombrero, Get You on the Run, que nos hizo dejarnos la voz. Tras esto, Conspiracy, uno de los mejores temas que ha grabado la banda, fue el siguiente y acabamos con su gran himno, World of Promises.
Todo el mundo saltando, cantando y en pleno éxtasis musical. Nos dijeron adiós con el típico «oe, oe, oe» para que el grupo no se retirara. Porque lo que vivimos esta noche no sé si fue la despedida de una de las mejores bandas de hard rock europeas de la historia, pero lo que sí os puedo decir es que dudo que quienes disfrutamos de esta «despedida» la olvidemos nunca.
Gracias, Treat, por tanto…
Michael Monroe
Esto ya se acababa y lo hacía a lo grande con un cabeza de cartel de mucha altura, el vocalista finlandés Michael Monroe, todo un torbellino en directo. Es más, nunca había visto a un frontman con tanta vitalidad como el rubio ex-Hanoi Rocks, saltando, botando, corriendo, subiéndose por todos los sitios… ¡Y tiene 64 años! Si a todo esto le sumamos un sonido perfecto y una banda que quita el hipo, ¿qué puede salir mal?
Junto al bueno de Michael estaban Frank Ferrer a la batería, ex-Guns N’ Roses, Steve Conte a la guitarra, ex-New York Dolls, Rich Jones, ex-The Dogs D’Amour y Amen, a la otra guitarra, y el excompañero de Monroe en Hanoi Rocks, Sami Yaffa, al bajo. Pura nostalgia.
El concierto comenzó con uno de sus grandes éxitos en solitario, Dead, Jail or Rock ’N’ Roll, con el vocalista tocando la armónica a la vez que cantaba y cogía su micro. Ya saltaba a las primeras filas para ponerles el micrófono y que cantaran el estribillo junto a él. Seguíamos con Old King’s Road y el primer tema de Hanoi Rocks, Motorvatin’. Como decía, todo era impecable en todos los sentidos y, con este comienzo, estaba claro que los organizadores habían escogido al cabeza de cartel perfecto.
Continuábamos con Last Train to Tokyo, tema muy punk setentero mezclado con ese hard tan poderoso que tenía su antigua banda.

Era el momento de presentar dos temas del discazo sacado en este 2026, Outerstellar, para mí de lo mejor publicado este año. Puro hard rock punk, dinamita pura. Los temas en cuestión, Rockin’ Horse y Black Cadillac.
Volvíamos a Hanoi Rocks con uno de los momentos de la noche, I Can’t Get It. Menudo temazo, ¡y cómo suena en directo! Llevo días sin quitarme el estribillo de la cabeza. Todo el mundo se volvió loco con la canción y aún más cuando Monroe se puso a escalar una de las torres en las que estaba el logo del festival y siguió cantando desde las alturas. Brutal.
Shinola, de su nuevo trabajo, fue el siguiente corte en caer. Después llegaba un breve repaso a su etapa en los 90 con Demolition 23. y Nothin’s Alright, en la que el vocalista volvió a demostrar su impresionante agilidad escalando, esta vez, la estructura lateral del escenario y cantando desde fuera. Vamos, adrenalina pura.
Con Hammersmith Palais, también de Demolition 23., viajábamos a la etapa más punk del vocalista. Para acabar de presentar su último trabajo llegaba Rode to Ruin, cuarto y último tema que caía de este.
Volvíamos a Hanoi Rocks con uno de los cortes más emblemáticos del grupo, Boulevard of Broken Dreams, muy esperado por sus fans, que lo agradecieron coreando desde el primer segundo. Si la gente quería temas clásicos de Hanoi Rocks, pues aquí tenía dos más para los más nostálgicos, Don’t You Ever Leave Me y Back to Mystery City.
Llegábamos a la recta final de un concierto frenético. Primero Ballad of the Lower East Side, que empalmaban con otro tema de Hanoi Rocks, Malibu Beach Nightmare, en el que el rubio vocalista sacaba a relucir su saxo, con el cual nos hizo bailar a todos. Para cerrar, la versión de Creedence Clearwater Revival, Up Around the Bend. Locura y éxtasis total. La banda se retiraba momentáneamente para volver con los bises pocos minutos después.
Primero una versión de Dead Boys, Ain’t Nothin’ to Do, para luego volver a su mítica banda de los 80 con Taxi Driver. El fin de fiesta llegaba con otra versión, esta vez de The Heartbreakers, I Wanna Be Loved, con la que nos hizo gritar, saltar y volvernos locos para despedirse como lo grande que es. Este hombre se ha pasado el nivel, está un paso por delante.
Una vez finalizada la actuación, dijimos adiós a la segunda edición del Rock the Sun, que, después de asistir a las dos ediciones, tengo que decir que de un año a otro ha crecido muchísimo. Este año se veía mucha más gente que en el anterior y la calidad de las bandas ha sido muchísimo mejor. No hubo un concierto del que puedas decir que estuvo flojo o regular. Todos fueron de sobresaliente y, en muchos casos, rozando el 10.
Solo cabe esperar qué nos deparará 2027 y qué bandas tendremos en el festival. Yo ya tengo mis preferidas. ¿Cuáles son las tuyas?
