EPISODIO III. Quien mucho abarca…

by luishard

Nueva entrega de esta épica lucha por devolver la gloria al Metal!

Escrito por Luishard

Antecedentes.

La primera batalla suprema contra los Cuatro Jinetes del Aburrimiento, el Pop, el Dance, el Reguetón y el Rap,  ha finalizado con la contundente victoria de las bandas del Metal y Rock. Nuestro querido planeta, la Tierra, casi se ha visto libre de las hordas anti metaleras, casi. Las Diosas Nuri y Valkriana hace tiempo desaparecieron de nuestro lado buscando nuevos horizontes, el Dios Rob Jalford convalece de una herida en el ojo y permanece en la Tierra agrupando a los rezagados y sometiendo a las nuevas bandas a unos conciertos implacables, el Dios Crom, repuesto de sus graves heridas pero aun débil, buscó vencer cuanto antes y se marchó con la Guardia Thrash…..ya leeréis que ocurrió.

En una eternidad todo ha dado un vuelco y ahora, el resto de los Dioses estamos aquí, en nuestro planeta origen, Metalfín, en el Universo Acero, a las puertas de la antigua capital, Ironmetal, ahora llamada Cuidad Gagapop, asediándola….., sin éxito….

Cuidad Gagapop. Anfiteatro del Pop. Amanecer. 

- ¡¡Maldita sea, por Angus¡¡, como he podido ser tan estúpido, dejándome atrapar como un principiante en aquella posada, gritó Crom, mientras golpeaba con los puños ensangrentados la húmeda pared de piedra de la celda que lo retenía.

Sus pensamientos se trasladaron a aquella fatídica noche, cuando sin escolta, se acercó a ese lugar de confluencia de peregrinos y supervivientes de conciertos de bandas tributo, la Posada del Cover. Iba a reunirse con un desconocido, eso era lo de menos, lo importante es que podría saber el punto vulnerable de las nuevas murallas de Ciudad Gagapop, el riesgo valía la pena porque la guerra podría ganarse mucho antes y así volver a casa.

Todo había sido tan rápido, abordado por varios desconocidos, apenas tuvo tiempo de sacar la daga, un golpe a traición en las inmediaciones de la puerta y la oscuridad lo inundó todo. 

Hacía semanas que había perdido la noción del tiempo, tantos traslados, tantas celdas oscuras. Llevaba varias horas en esa gélida mazmorra, desde antes del amanecer. Hoy los guardias poperos estaban generosos, le habían dado de desayunar un verdoso pero abundante pan ácimo, un par de piezas de fruta maduras y agua pestilente, un pequeño cambio en la dieta de ratas e insectos, mejor que nada. Conforme el astro rey se adueñaba del horizonte, empezó a escuchar un griterío ensordecedor. Por una de las hendiduras de la pared pudo vislumbrar débilmente el exterior, estaba en una especie de circo romano, una  muchedumbre enfervorizaba lo inundaba todo de fétidas melodías.

- ¡Eh, tú!, Crom o como te llames, ahí tienes lo que pediste. Un fornido carcelero lanzó a través de las rejas una espada corta, un escudo rectangular y un yelmo. - Prepárate rápido que la muerte te espera, apremió el otro.

Recogió lentamente el equipo del suelo, comprobó la calidad del acero y los señaló tranquilamente uno a uno con la espada, - Cuando termine con ellos volveré a por vosotros.

- Jajaja, nadie vuelve de entre los muertos, te espera una “munera sine missione”, un  combate sin fin.

Sonrió levemente, no sería la primera vez que obligaba a Caronte a dar la vuelta a su barca. Se aprestó el equipo de combate y se dirigió a la puerta, cuando al fin se abrió, necesitó unos segundos para que sus ojos se acostumbraran a la centelleante luminosidad, avanzó hacia el centro del gran circulo observando a su alrededor. Eran miles los poperos y dances reunidos al olor de la sangre, en este caso de la suya, un carrusel de estridentes y refinadas canciones, llenas de pegajosa musicalidad  recorrían el aire. - Arg!!!, vaya sonido tan nauseabundo, escupió al suelo con ganas. 

En un instante se hizo el más absoluto silencio, allá en lo que parecía un palco, acababan de entrar unos personajes ricamente ataviados por teclados, eran los Jinetes del Pop y del Dance.

Exteriores de Ciudad Gagapop. Campamento de Dioses del Metal.

Llevaban tiempo intentando conquistar esa inexpugnable ciudad y liberar así al temerario Dios Crom. El cerco impuesto no era muy férreo, a duras penas habían podido trazar una línea continua de bandas. Los metaleros y rockeros aún no se habían recuperado de las últimas actuaciones en directo y además, las bajas estaban siendo muy numerosas, porque las salidas de los raperos y otros estilos eran casi diarias. Se lanzaban furiosamente como poseídos por Mecano contra nuestras primeras trincheras guarnecidas por los Death y Doom Metal, afortunadamente sin más consecuencias que sembrar la tierra de nadie con mutilados instrumentos.

Rockberto observaba en un altozano las murallas y torres. - Estamos aquí plantados hace semanas y lo único que hemos conseguido es aumentar nuestra lista de bajas, así no podemos seguir, dijo apesadumbrado, hemos de cambiar de estrategia.

- Estoy de acuerdo contigo, comentó Moralabad, ofrezcamos algún tipo de trato a esos engreídos y marchémonos de aquí cuanto antes, todavía no estamos preparados para tomar esa innombrable ciudad, debemos reagruparnos, hacernos más fuertes.

Mike Young y Christian Darchez pensaban otra cosa, más asaltos, más conciertos, más sangre, no puede haber paz para los malvados, - y por qué no continuamos con nuestro lema “siempre Metal, victoria o muerte”, comentó uno de ellos. Se hizo el silencio.

- Porque perderemos Mike, ahora perderemos, lo sé. Mandemos cuanto antes un parlamento, quizás quieran algo, que desaparezcamos de aquí, por ejemplo, ellos también llevan lo suyo, dijo Metalparca. Iré yo junto a Luishard.

Anfiteatro del Pop. Comienza el juego.

- Crooommm!!!!, se alzó una cavernaria voz de entre la multitud. Te condenamos a un combate sin fin, solo podrá haber un superviviente en la arena y ese nunca serás tú. Danos un buen espectáculo y quizás dejemos que los perros se queden con las ganas de degustar tus huesos, puede que hasta devolvamos tus mortajas a esos patéticos amigos tuyos que están tras nuestras murallas.

Tuvo un sobresalto, - ¿ellos aquí?, se preguntó. Tan cerca y tan lejos, su pulso se aceleró unos instantes, pero había otros acontecimientos que reclamaban su atención. 

Sintetizadores al viento, los primeros gladiadores poperos y dances saltan por un pequeño portón a la arena, unas siluetas enormes pero empequeñecidas por la masa inconmensurable de las gradas. Son más de una veintena y están cubiertos por toda clase de piezas de metal y de cuero, llevan en la mano izquierda un escudo de grandes dimensiones y en la otra, una espada larga que brilla al sol. El primer contrincante, un dance, se acerca pesadamente a él, esto acaba de empezar.

Sólidamente afirmado en sus piernas, Crom parece esperar, mantiene el escudo contra el pecho en actitud agresiva, la mano derecha aprieta la espada contra la cadera, sobresaliendo la punta tímidamente del borde de su defensa y cuando el primer gladiador, con su escudo  situado verticalmente a la altura de la barbilla y sujetando la espada en alto, se lanza con brío hacia él, evita el ataque con un ligero movimiento de todo el cuerpo, el público, seducido, murmura en señal de aprobación. 

Pero no es más que el preludio,  las armas entrechocan ahora en unos pases mucho más largos, en el curso de los cuales, cada uno de los dos, para y ataca sucesivamente e infinidad de veces, juegos hábiles de espada se suceden. Crom sabe que debe terminar con él cuanto antes para no cansarse, debe jugar la baza de la agilidad que le da su ligero equipamiento. Finta a la izquierda con la espada y en un rápido movimiento logra superar la defensa de su adversario, propinando un profundo tajo  a la altura de la muñeca derecha enemiga, ese no volverá a coger el escudo, pensó. Lo siguiente fue fácil, ve a suplicar a Madonna, le dijo y con ganas arrojó la cabeza recién cercenada hacia el palco, gritando, - ¡¡¡no será el último!!!.

Exteriores de Ciudad Gagapop. Campamento de Dioses del Metal. Mediodía.

- ¡!Por todos los conciertos de  los Judas¡¡¡, ¿de dónde procede ese jolgorio?, exclamó Luishard.

El día estaba diáfano y favorecía la transmisión de los sonidos, un murmullo perfectamente audible, envuelto en gritos, llegaba con nitidez al campamento de los Dioses. – Parece que estén celebrando algo o quizás…., miradas de preocupación se cruzaron.

- No hay tiempo que perder, mandemos una embajada ahora mismo, apremió Metalparca.

Anfiteatro del Pop. Mediodía. 

No acabó de decir esas desafiantes palabras, cuando el segundo dance acorazado se le echa encima con ganas, pero reacciona a tiempo y consigue espacio, se encorva, dobla los brazos, coloca la espada a punto de salir por el borde del escudo, cubriendo parte del cuerpo con él y se lanza a su vez contra ese nuevo adversario con toda su rabia contenida. El tiempo se detiene, resoplidos, choques de acero, sudor y sangre. La del otro, porque en un corto y rápido giro, Crom logra voltear la espada abriendo a su oponente una profunda herida en la espalda, éste cae de rodillas entre gritos de dolor, momento que es aprovechado para sesgarle la vida con un rápido degüello, las gradas braman de placer y premian la hazaña con un mar de vítores. 

No hay descanso, llega otro, un popero y otro, hace tiempo que perdió la cuenta de los muertos que tiene alrededor. Uno más le alcanza como un felino, sabe que no podrá durar así todo el día, a pleno sol, en medio de un polvo ardiente, chorreando sangre, aunque casi toda sea del enemigo. Y la lucha prosigue, pero a un ritmo distinto, un dance, animado por la multitud, le acosa sin descanso hasta acorralarlo contra el muro donde él se limita a parar los golpes. Está a punto de abandonarse a su suerte y saludar a Caronte, cuando unas trompetas lastimeras hacen que se detenga el combate y tal como llegaron, la docena restante de guerreros supervivientes desaparece por el portón. Exhausto y aturdido, se da cuenta que de su brazo derecho gotea sangre por ambos lados del codo y que en su costado izquierdo burbujea otra herida que hasta ahora quedaba escondida por el escudo, aun así toma aire, mira desafiante hacia el Jinete del Pop y ruge a la multitud, - ¡¡ eso es todo lo que sabéis hacer, Metaaaal!!.

Un saludo de acero a todos.

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